Entrevista
El Estado ausente frente al abuso infantil
Entrevista con Rusia Rumbo Aimale, quien en su infancia y adolescencia fue abusada sexualmente por su progenitor y el crimen fue encubierto por su madre.
Por Anna Láinez
Rusia tiene 29 años, estudia yoga y arteterapia. En su infancia y adolescencia fue abusada sexualmente por su progenitor y el crimen fue encubierto por su madre. En el año 2021 los denunció a ambos en la Fiscalía Número 9 de Lujan. Al día de hoy, sigue esperando respuestas de parte del Estado.
“El se metía en mi pieza mientras yo dormía, entonces yo pensaba que eran pesadillas y al día siguiente, cuando le contaba a él y a ella antes de ir a la escuela: soñé que me manoseaban, soñé que alguien se ponía enfrente mío, soñé que se acercaba una sombra a mi cama él decía que yo sólo tenía que cerrar los ojos y seguir rezando y que eso se iba a disipar”.
“Es difícil decir cuando comienzan o no las cosas, porque cuando una sobrevive y se acuerda siendo mayor de los abusos sexuales que vive en la infancia, se rompe la idea del tiempo, entonces, es como un montón que me pregunten cuando comenzó porque creo que comenzó cuando mi papa decidió empezar a acosarme, ahí comenzó”.
¿Pudiste contarle a alguien lo que te estaba pasando?
“Le conté a mi mamá. A veces intentaba arañarlo a él, cuando me abusaba de noche, que no llegaba porque aparte él entraba a mi pieza cuando estaba oscuro, entonces yo intentaba defenderme, lo intentaba rasguñar con manitos de una nena de cinco años y mi viejo tenía en ese momento treinta y tantos casi cuarenta».
«Le conté a mi tía Stella, la hermana mayor de mi mamá, le conté a mi tía Carmen que es la hermana mayor de ellas, de ambas. A mis primas se los mencionaba, no se los contaba directamente».
¿En la escuela?
“En la escuela yo no hablaba con la gente. El me decía que no hablara, que la gente era mala, que yo no podía confiar en la gente y la realidad es que cuando me acuerdo esa época tenía miedo todo el tiempo, solo quería poder estar tranquila lejos de mi casa”
¿Qué pasó cuando se lo contaste a tu mamá?
“Mi mamá decidía permitir que todas esas situaciones ocurran. Porque mientras tanto ella seguía estudiando abogacía sin tener que trabajar ni pagar un alquiler, entonces para ella lo pragmático era prostituirme siendo niña y adolescente para ella tener el tipo de vida que quería siendo una mujer blanca, heterosexual con hija y profesional. La realidad es que ella fue la primera mujer universitaria de nuestra familia, el resto de nosotras no, la mayoría no accedió al nivel universitario y ella tenía eso en mente y lo que tuviera que hacer lo iba a hacer. Y lo logró de hecho, hoy en día es abogada y todo. Digamos, prostituirme le funcionó para sus fines, económicos, académicos y sociales. Inevitablemente tener un título universitario en una ciudad como Luján, que es donde yo nací, donde ocurren todos los hechos, te hace pesar más. La gente tiene esta idea de que si tenes un título, una carrera, sos más valioso como persona y ese tipo de cosas. Y mi mamá se lo creyó, obviamente, sino no creo que hubiera hecho tanto esfuerzo por evitar que yo pudiera pedir ayuda”.
“Otra de las cosas que ocurría era que siendo adolescente yo quería acceder a la salud pública, quería acceder a psicólogas o psicólogos para poder contar la situación y ella, él y ella, no me lo permitían directamente. Tenía una obra social, de la puerta para afuera yo iba al medico, pero no tenía acceso a gente que pudiera creerme o que pudiera ver los síntomas que yo tenía en cuanto a la situación. Lo único que el sistema pudo lograr para resguardarme, de lo cual hay pruebas y las cuales las use también, es que cuando yo era niña no aprendía en la escuela».
«Algo que tenes cuando pasas por la tortura de un abuso sexual en la infancia, es que desconectas, totalmente, de repente tu mente se va a otro lado porque es tanto el dolor de una violación que la mente humana no lo puede soportar, normalmente ni siendo adulto, adolescente menos, niña todavía mucho menos. Entonces lo que sí pudo hacer el sistema por mí en esa época es que en la escuela cuando veían que yo estaba en primer grado y no estaba aprendiendo a leer me mandaron con una psicopedagoga para ver si había algún tipo de trastorno cognitivo o algún síndrome de algo, lo cual no fue así. Yo fui y no, no tenía problemas en sí de aprendizaje, el problema era la violencia que vivía en mi casa”.
¿Qué pasa después?
“Si bien comenzó en esa época, con los sucesos, con el crimen en sí, después de los catorce años para adelante me olvido de las mayorías de las violaciones y sigo adelante. Porque aparte en ese momento yo tuve que resignarme a que no iban a ayudarme. En su momento no había un movimiento feminista, las feministas éramos tres gatas locas que gritábamos solas en nuestra casa, no había un movimiento en las calles, por lo menos en Buenos Aires (provincia) digamos, por ahí en Capital era diferente, yo estoy hablando de un pueblo, católico».
«Entonces, bueno, en eso sigo sobreviviendo la adolescencia como puedo, a los 19 me escapo de mi casa, me voy a Buenos Aires, mi excusa era que iba a trabajar y estudiar, lo cual termine haciendo pero en realidad era para que pudiera dejarme ir y no me persiguieran, o me persiguieran lo menos posible, a la hora de irme, y porque era lo mas seguro, yo conocía ciertos lugares en Capital Federal, en cambio no tenía idea en el conurbano para donde ir. Otra de las cosas que él y ella hicieron fue que no me enseñaron en su momento como andar en colectivo. Yo tenía diecisiete años y no andaba en bicicleta por la calle, en bicicleta aprendí a andar me acuerdo que a los creo que doce o trece años porque no me querían dejar andar de chica y en colectivo aprendí a andar a los diecisiete más o menos, porque un novio que tenía en esa época me enseñó. Yo quería empezar a estudiar en Moreno me acuerdo y para llegar hasta ahí necesitaba tomarme un colectivo y ellos no querían que yo tomara un colectivo porque el decía que alguien podría hacerme algo, y eso podía afectarme un montón y yo no iba a poder soportarlo, no me dejaban ir a psicólogos porque él decía que los psicólogos eran chantas, eran gente mala, que se reían de sus pacientes y los usaban para divertirse. Y ella por supuesto, si mi amor, si mi amor”.

¿Pudiste en Capital recibir la atención psicológica que necesitabas?
“Me pude tratar primero en Luján, con una psicóloga que si me creyó y que bueno, mal que mal, me dio la fuerza para salir adelante porque por fin había encontrado a alguien que me creía y que hacía algo contundente para ayudarme. Después ya viviendo acá en Buenos Aires perdí tres años de mi vida atendiéndome con psicoanalistas, gente machista e inepta, que no estaba hecha para atender gente, que directamente no me creían cuando yo les contaba que mi papá me abusaba. Un año y algo no estuve atendiéndome y después empecé a atenderme con una terapeuta y termine de recordar lo que yo ya iba sospechando que me había pasado de chica. Recordé a mis veintisiete”.
Vos ya lo denunciaste ¿En qué estado está ahora la denuncia?
“Recordé a los veintisiete, a los veintiocho denuncié y actualmente ya el Estado me hizo las entrevistas y pericias pertinentes que tenían que hacerme y están esperando que él se presente en algún momento a declarar. Porque la fiscalía te llama hasta tres veces para declarar, mientras tanto el puede seguir violando libremente, no es que hay ningún tipo de control sobre su persona».
«Presenté diecisiete hojas de recuerdo, presenté una psiquiatra y dos psicólogas que corroboran las cosas que yo conté, presenté todos los certificados donde yo tenía que ir a una psicopedagoga porque no podía aprender por como él me abusaba. Y están esperando que él se presente a declarar”.
¿Hay una fecha límite?
“No hay fechas límite. Hay una cantidad límite de veces que te llama el Estado, te llama hasta tres veces, la primera fue en septiembre del año pasado, se que él no fue. Ahora tengo que volver a viajar a Luján, porque la última vez que me enteré de esto fue en noviembre, y me acuerdo que les pregunté la cantidad límite».
«Porque me dijeron: ‘No bueno, no se presentó, hay que llamarlo de nuevo y hay que ver si se presenta’. Y yo me los quedé mirando cómo ¿De qué me estás hablando? ¿Cuántas veces tienen que llamarlo? ¿Cuántas, tres, diez, cuarenta? ¿Cuánto tiempo le dan al pedófilo para seguir violando?».
«Y el administrativo de la fiscalía número 9 de Luján no me supo responder cuántas, me dijo que no sabía y yo volví en crisis a Capital Federal en el bondi número 57 que es el que conecta Capital Federal con Luján de manera directa y ahí decidí hasta marzo no volver a pisar Lujan”.
¿Tenes alguna herramienta de protección, alguna perimetral?
“No. Como yo vivo acá en Capital y los hechos fueron en Luján, la policía no me quiere dar perimetrales. O sea yo voy a Luján todos los meses, hace dos años que hice la denuncia y puedo cruzarme con él y con ella. Los dos tienen auto y viven cerca del centro que es donde está la Fiscalía, que es donde tengo que ir a verificar si pasan o no pasan las cosas. No me permiten contratar un abogado para preguntar por mí, tengo que ir yo en persona a preguntar el estado de la denuncia, y no me dan perimetrales, no me dan perimetrales acá en Capital y tampoco me dan perimetrales en Luján”.
“Algo que tiene mucho el Estado, lo que el Estado más hace con una mujer o niñez o adolescencia que sobrevive a un abuso sexual, es que sobre todo vigila y castiga. Yo mientras a mí me hacían las pericias y denuncias no me avisaban de nada, me llamaban de un momento a otro y si estaba trabajando, estudiando, todo lo que estuviera haciendo de mi vida, no importaba. Porque para el Estado cuando vos denunciás, sobre todo siendo adulta, un abuso sexual vos sos igual de delincuente que la otra parte. Literalmente, no hay ningún tipo de perspectiva en cuanto a la situación. Y después las pericias son tortura, me atendí con muchos tipos de personas, con muchos tipos de psicólogas, con muchos tipos de terapeutas, lo que hacen, de como toman las cosas, lo que quieren es acercar a la persona, a quien sobrevive a su trauma, necesitan que la persona se quiebre. Si no te quebrás y no volvés a romperte no te prestan atención. Es eso, te hacen pasar por una tortura psicológica para corroborar que no estas mintiendo. Y hay otros métodos, y saben que hay otros métodos, pero no les interesa tener otros métodos”.
Cuando vos denunciaste ¿Te ofrecieron algún tipo de asistencia psicológica?
“Ninguna. De hecho en su momento contratar un abogado para hacer una denuncia me salía 80 lucas hace dos años atrás, solo para radicar la denuncia. Después te van pidiendo más porque bueno, el trabajo de un abogado es así. Y recuerdo que cuando denuncie en sí, nada, normalmente por ejemplo cuando denunciás violencia de género te dan planillas donde hay abogadas, hay psicólogas, hay defensorías de género, hay lugares especializados».
«En este caso lo único que me dijeron es: ‘vas a necesitar un abogado’. Y nada más. Si yo me hubiera suicidado en cualquier momento de todos lo que decía matarme en estos años ni se hubiera enterado el Estado”.
¿Alguna vez intentaste contactarte con alguna organización feminista?
“Si, dos, las más importantes fueron dos. En realidad intente contactarme con varias personas, las dos contundentes que me sirvieron fueron una estudiante de abogacía que es Madre Protectora de su hija, Mariana Saldaña: a su hija le paso lo mismo que me paso a mí pero tuvo la suerte de que su mamá sí la escucho y sí la defendió. Y la Asociación que es como una luz en medio de la noche, Adultos por los derechos de la Infancia, que es una Asociación de sobrevivientes para sobrevivientes donde dan contenciones grupales todos los sábados y dónde dan asistencia también, legal y psicológica. Y si bien no usé lo legal y psicológico porque ya estaba en un momento donde ya tenía terapia y ya había movilizado lo legal, sólo el hecho de poder estar entre personas y ya poder hablar del tema de manera libre es un montón, porque no hay lugares donde hablarlo. Normalmente en el único lugar donde lo hablás es sola con tu terapeuta, después es muy difícil sociabilizarlo, cuando lo mencionás en grupo de Whatsapp no suelen contestarte, cuando lo hablás entre amigas si tenés buenas amigas te escuchan. Muchas veces no sos escuchada tampoco porque incomoda tanto el tema que como la pedofilia da asco, terminás vos generándoles asco y una como sobreviviente lo sabe, sabe que generá rechazo, y no tenes más ganas de vivir todavía mas rechazo en tu vida, Entonces directamente no lo hablás, o sonreís y decís que sí, que está todo bien que seguís en terapia que estas comiendo que estás trabajando. Es eso, seguís sobreviviendo de otra manera.
¿Cómo estás ahora respecto a lo que esperás que pase?
“Desapegada. Es muy tortuosa la espera, necesitas que te contengan inevitablemente porque vos estas tratando un tema que te quebró la vida. Si no fuera tan importante para mí no le pondría tanta energía, esa es la realidad, entonces estoy desapegada porque entendí que los resultados que pueda dar el Estado no puede cambiar mi felicidad, no pueden cambiar mi bienestar. El bienestar de una sobreviviente está en otros lados, está en poder reconstruir su identidad, reconstruir su autoestima, poder abrazar su propio cuerpo que es justamente el lugar a donde una la abusan entonces de repente tenes que volver a amigarte con lo físico, con la parte como más mundana y después de eso, sigue en espera, pero una espera desapegada, creo que es como lo más sabio que puedo hacer en este momento”.
Línea 102
Si necesitas ayuda o conoces a alguien que esté expuesto a violencia, llamá al 102. Es un servicio gratuito y confidencial, de atención especializada sobre los derechos de niñas, niños y adolescentes. Podés llamar ante una situación de vulneración de derechos. Si vivís una emergencia llama al 911.
¿Qué esperas de la Justicia?
“Lo que quiero que pase es que el y ella estén presos, porque es eso, son criminales, el es un pederasta y ella es una proxeneta infantil. Creo que quiero lo que es coherente con el caso, no quiero otra cosa, y si bien es muy difícil sobrellevar las secuelas del trauma más trabajar, más seguir rindiendo, más seguir socializando, más seguir siendo parte de la misma sociedad que permitió que me violen. Es un montón”.
Deja un comentario
Cultura
Nancy “La Pantera” González: “Yo fui parte del pogo más grande del mundo”
La música, docente y titular de UDEMUS (Unión de Músicos y Músicas), miembro de la CTA de los Trabajadores, Nancy «La Pantera» González, conmemoró en exclusiva para El Argentino sus comienzos musicales y el folclore de la época del Indio y el rock under en Argentina. Bajista de Mata Violeta primero y de La Fragua después, vecina del barrio donde vivió y murió el Indio, su testimonio es el de una sobreviviente del underground que nunca dejó de tocar ni de pelear por los derechos de los músicos.
Desde el under de los ’80 al sindicato: la lectura política y cultural de La Pantera sobre el legado del Indio Solari
La música y docente Nancy González, titular de UDEMUS (Unión de Músicos y Músicas), miembro de la CTA de los Trabajadores, rememoró en exclusiva para El Argentino sus comienzos musicales y el folclore de la época del Indio, los Redondos y el rock under en nuestro país.
Vivís cerca de Parque Leloir, a pocos kilómetros de donde murió el Indio el viernes por la mañana. ¿Cómo te llegó la noticia?
«No solamente vivo cerca de Parque Leloir, sino que el barrio de mi infancia, crianza y adolescencia es ahí donde está la casa del Indio. Cuando él compró la casa fue toda una revolución en el barrio, iba gente siempre a tratar de verlo. Mi hermana sigue viviendo ahí. Udaondo tiene mucha historia musical, está Cielito Lindo Records, y el Indio de hecho fue a vivir a Udaondo porque Parque Leloir está bien, pero es Udaondo. Renegamos un poco porque la casa de él es el casco de la rotonda Miryam, del Harás Miryam, que fue propiedad de los Leloir. Spinetta vivía ahí a ocho cuadras, también Lebón, Miguel Cantilo; Udaondo tiene esa historia. Al enterarme, desperté con esa noticia y estuve muy mal todo el día de ayer, no paré de llorar. Sinceramente tampoco puedo entender la parte política, la decisión de no velarlo a un ídolo de tamaña magnitud en un lugar accesible para la gente. Merecía el Congreso. El Indio merece todo. Tremendo.»
En los ’80 compartiste el circuito underground con los Redondos. ¿Cómo era ese ecosistema, y qué lugar ocupaba una mujer bajista en ese ambiente?
«Los conocí ni bien empezaron, porque yo escuchaba un programa de radio que se llamaba ‘El Loco de la Colina’, el locutor creo que era Ruga, y él pasaba siempre ‘Ñan fi fruli fali fru’ y yo decía: ‘¡Qué buen rock and roll, quiénes son!’ y nunca los mencionaba. Acá en Morón, que ahora la zona del Indio es Ituzaingó pero antes era el Gran Morón porque no estaban divididos todavía, en el centro comercial había un lugar que vendía cassettes piratas. Un día pasé y vi ‘Los Redonditos de Ricota’. Era del ’85. Me lo compré. El que me lo vendió me dijo: ‘Este tiene el tema que vos me decís siempre que escuchás’. Pasaba a Los Redondos y a Memphis la Blusera. Eso nunca me lo voy a olvidar: estaba hasta la una de la mañana escuchando radio y ahí conocí a los Redondos por primera vez.

Yo empecé a tocar en el ’89, y bueno, ellos ya estaban con todo el mito y la leyenda. Un guitarrista que conocí era muy amigo del ‘Piojo’ Ávalos, que fue el primer baterista de Los Redondos; todavía sigo en contacto con ese músico. Él me contaba que la primera vez repartían masitas de ricota, que eran redonditas. Por eso también decían que se llamaban Los Redonditos de Ricota.
El circuito underground era muy rico porque había muchos lugares para tocar. Había mucha ‘guerra’ también: el que iba a ver a los Redondos no iba a ver a Soda ni a SUMO, y cada tribu iba a ver a sus bandas favoritas. Era bastante lindo.
Como mujer bajista era dificilísimo. No había muchas mujeres músicas; las que había eran todas coristas, y las bandas de mujeres eran muy pocas. Estaban Las Brujas, también La Torre con Patricia Sosa, pero una banda de mujeres propiamente dicha era rarísima. Era complicado ser música y mujer en esa época.»
Mata Violeta y Patricio Rey, ¿eran parte del mismo circuito? ¿Hubo contacto, alguna anécdota concreta con ellos o con su gente?
«Mata Violeta no era del mismo circuito, era de otro palo. Además Los Redondos siempre tocaban en lugares un poquito más grandes que los nuestros. Nosotras no llegamos a Cemento; el Indio sí. Hicimos Arpegios, y ellos también tocaron ahí, pero ellos se dedicaban más a lugares un poquito más grandes. No hubo cruces directos porque ellos estaban en La Plata y nosotras éramos más del Oeste y de Capital. Lo que sí: compartimos escenario con El Soldado, que tenía como cantante al sobrino del Indio. Entonces mucho del público que seguía a Los Redondos también iba a ver a El Soldado, y cuando hicimos el Teatro Arpegios juntos, ese público nos vio a nosotras también.»

El Indio construyó un modelo de autogestión que hoy se estudia en las universidades. Desde tu experiencia como música y como dirigente sindical, ¿ese modelo es una referencia real para los trabajadores de la música o fue algo irrepetible?
«El modelo que construyeron el Indio junto a la Negra Poli y todos los músicos de ese momento era una manera de trabajar en cooperativa, de forma autogestiva. Me gusta más la palabra autogestión que independencia, porque al final, independencia ¿de quién? Gracias a esa autogestión el Indio pudo tener la casa que tiene, por los derechos de autor, que me parece una cosa fantástica. Muchos ahora critican que viajó a Nueva York, pero el tipo labró un montón y la plata que ganó la ganó en buena ley. Me parece fantástico.
Aparte, es una cosa difícil de replicar porque hay que dejar un montón de cosas de lado y exige un esfuerzo cooperativo enorme. A mí también me cuesta. Vengo hace años luchando, no solamente por tocar, sino también por los derechos de los músicos y músicas. Todo nació ahí, con el neoliberalismo de los ’90, cuando empezó a funcionar mal el tema de la música en vivo. El Indio es una referencia para los trabajadores de la música, aunque ahora es muy difícil, sobre todo con toda la tecnología, las plataformas y todo lo que está pasando.»
¿Qué es hoy La Fragua y cómo conviven en vos la bajista y la Secretaria General del sindicato? ¿Se retroalimentan o a veces se contradicen?
«La Fragua es mi banda, que arrancó directamente después de Mata Violeta. Vengo trabajando con mucha gente por años, pero no dejo nunca mi sueño. Una vez una figura con la que trabajé me dijo: ‘Vos tenés tu sueño, no lo abandones. Fracasás, no fracasás, no importa, seguí.’ Bueno, acá sigo, no me importa.
Y a veces se contradicen, sí. Me da mucha bronca tener que ir a tocar a la gorra cuando estamos pidiendo que se cumpla un convenio colectivo de trabajo. Me duele ver que un montón de músicos y músicas tienen que trabajar de otra cosa que no sea lo que realmente son. Ver a chicos y chicas que salen a tocar gratis o por nada, que no valoran su instrumento. Estamos haciendo la Ley Santiago, tratando de que se sancione en la Legislatura bonaerense, para que se haga la trazabilidad y se puedan asegurar los instrumentos. Lo estoy llevando también hacia otros países porque el tráfico de instrumentos es mucho. Lo pude comprobar pasando por las fronteras de Brasil, Paraguay y Uruguay, donde no te controlan nada. Los Secretarios de Cultura de todos los países que visité están interesados en la trazabilidad. Así que mis roles se chocan, se retroalimentan, pero chocan.»

El sindicato que conducís forma parte de la CTA. ¿Cuál es la situación concreta de los músicos en la Argentina de Milei? ¿Qué se está perdiendo que no se ve en los titulares?
«Estamos en la Central de Trabajadores de la Argentina de Yasky y venimos trabajando en lo que va a ser la futura Federación Bonaerense de Músicos, que se llamará Regional Sindical. Estamos tratando de sacar una ley que les dé facilidades a los locales que tengan músicos en vivo, que les desgraven impuestos para poder pagar el cachet correspondiente. La situación actual es que no hay laburo, está terrible. Se está perdiendo el laburo, se está perdiendo la visibilización del músico del barrio, de la región, que no puede tocar cerca de su casa porque no hay lugares. La crisis económica hace que cierren, o directamente que los dueños te cobren para tocar o te hagan tocar gratis. Los músicos y músicas somos el orejón de abajo del tarro.»
El Indio dijo en 2023 que Milei era «un disparate fascista» y que apoyaba al kirchnerismo porque «del otro lado había un peligro muy grande.» ¿Compartís esa lectura desde tu lugar sindical?
«Sí. En 2023 el Indio dijo eso y nosotros lo veníamos diciendo también. Es un fascista, es un sionista, es un peligro muy grande porque está entregando todo: no solamente la soberanía económica, sino que la soberanía cultural también está siendo dañada. A él no le interesa que los creadores de música tengan un desarrollo real, menos los que pensamos distinto. A nosotros nos está pasando en plataformas que nos bajan seguidores, que nos baja la audiencia. El fascismo que ejerce Milei en la Argentina está pasando aunque no lo quieran creer. Sí, comparto lo que dijo el Indio totalmente. Y sigue más vigente que nunca.»
La comunidad ricotera siempre fue de clase trabajadora y popular, la misma base social que debería nutrir al movimiento sindical. ¿Por qué esos mundos no terminaron de encontrarse políticamente?
«Yo creo que la comunidad ricotera sí nutre al movimiento sindical. Ayer me sorprendió que un montón de sindicatos sacaron condolencias hacia la familia, con flyers con el logotipo sindical. Y ahí te das cuenta de lo que el Indio produjo en la gente. Escuchaba entrevistas en vivo por la tele, gente que estuvo en la cárcel y que decía ‘hoy soy abogado por las letras del Indio’. Cosas así.
Creo que políticamente se están encontrando ahora. Se están reconociendo. Y creo que este fue el clic: cuando vi los flyers de los sindicatos con la foto del Indio, dije ‘¡Mirá, fulano que es tan serio es ricotero!’ Creo que esta es la bisagra. Lástima que tuvo que ser la bisagra con su muerte, que no lo haya visto. Porque calculo que era un sueño que él también tenía.»

¿Qué significa para el oeste del conurbano, para Ituzaingó y la zona, que el Indio haya elegido vivir y crear acá en silencio durante décadas?
«En el oeste siempre estuvo el agite, como dijo otra banda. En el ’82, pos Malvinas, todos los que tocamos un instrumento tratamos de juntarnos y componer algo. Udaondo, Leloir, esa zona siempre fue una isla: río Reconquista, quintas, sin acceso oeste todavía en mi adolescencia. Un triángulo donde si no tenías auto, el colectivo dejaba de entrar a las ocho. Y todos los que tocábamos tratamos de juntarnos y hacer canciones. Después fue cayendo gente que tenía que ver con la música, y uno de ellos fue el Indio. Fue tremendo para el barrio.
El Indio no salía mucho, pero mucha gente iba a dejarle cosas en la puerta; así como ayer vi al muchacho que le dejó una rosa. En el kiosco de mi mamá, que está a unas cuatro cuadras de la casa del Indio, en una de las pocas cuadras asfaltadas de la época, iban a buscar cigarrillos y cervezas para dejar en su puerta. Iba el Flaco Spinetta a comprar ahí, Charly García, todo el mundo. Udaondo es la cuna musical; de hecho la han nombrado así. Que el Indio haya elegido vivir ahí es un honor, es una medalla para toda la región.»
¿Qué le decís hoy a una piba de 17 años de la zona oeste que quiere ser bajista, que quiere tocar, y que siente que ese mundo no es para ella?
«Les digo: seguí tu sueño, seguí tocando. Si sos mujer, más todavía, porque siempre hacen falta mujeres en el escenario. Igual un montón de cosas fueron cambiando: sigue el machismo, lamentablemente, son tremendos, cero deconstrucción. Pero hay cada vez más mujeres que no son solo cantantes. Está Lula Bertoldi y hay muchas más. El under lamentablemente está cada vez peor, pero no importa, hay que seguir. Seguir el sueño, tocar, no abandonar. Porque si no, lo que muere es el rock nacional. La música pura, compuesta, basta de covers. Música compuesta por gente del Oeste, y de todo el país. Hay que empezar a exigir que haya canciones nuevas.»
Una última noche en Olavarría…
«Nunca pude ver a Los Redondos en vivo, y por insistencia de compañeros que querían ir a Olavarría a ver al Indio, agarré el auto de mi mamá y nos fuimos. Me impactó porque desde Cañuelas íbamos a paso de hombre. Tardamos un montón, había una cantidad de gente… Y de verdad no me arrepiento. Fue una experiencia que estuvo buenísima, ese recital. Yo viví el pogo más grande del mundo. Yo creo que fue ese, y el que seguramente se va a producir cuando lo despidan. Yo fui parte del pogo más grande del mundo. Una experiencia única, tristemente, porque no se va a repetir. Por suerte la pude vivir».
-
Córdoba2 díasEl entorno de la madre de Agostina Vega desmintió la toma de ADN, pero la Justicia la confirma
-
Música6 díasTras la muerte del Indio Solari, Los Fundamentalistas sostienen su show y lo convierten en homenaje masivo
-
Cultura5 díasNancy “La Pantera” González: “Yo fui parte del pogo más grande del mundo”
-
Goles! ⚽1 díaTragedia en el Estadio Azteca: murió un hincha alemán de 81 años durante el partido inaugural del Mundial 2026
-
Córdoba4 díasCórdoba en alerta: buscan a Luciana de 15 años
-
Música7 díasConfirmaron el velatorio del Indio Solari en Avellaneda: será este domingo a las 11
-
Cultura5 díasMás de un millón de personas despidieron al Indio Solari en la última misa ricotera de Villa Domínico
-
Córdoba3 díasCórdoba: encontraron sana y salva a Luciana, la adolescente buscada en Colonia Caroya

Maggie
05.04.2023 at 09:07
Esta chica es una delirante. Hace no muchos años publicaba esto sobre su padre:
«Mi Papá laburo 15 horas diarias durante al menos 10 años de su vida como docente, en 4 escuelas diferentes, dentro de la ciudad de Luján para poder tener una vida con los recursos que deseaba para él mismo, su pareja y su hija (yo), su familia.
Lo que más recuerdo era el paso agil con el que entraba 15 minutos a nuestra casa al mediodía para comer rápido e irse, su presencia era como una levitación por lo poco que se mantenía dentro, me reía con mi Mamá y mi familia sobre su superpoder de ir y venir para estar en varios lugares al mismo tiempo, mi mente lo relaciono con el superheroé Flash para sobrellevar la angustia de su ausencia, luego de adolescente elegi pensar que su Ascendente en Geminis lo hacia versatil, adaptable y con predisposición al cambio, su misión tiene que ver con ser un agente de comunicación en el mundo, sentir a mi Papá con un misionero de la educación pública me ayudo a sobrellevar su dedicación desmedida al trabajo.
También me acuerdo patente de las trasnochadas familiares, diarias por cierto, cuando él llegaba nos levantabamos ambas para cenar en familia, porque tomaba horarios tanto a la mañana, tarde y noche para pagar la casa que estaban construyendo con mi Mamá, me acuerdo de «esforzarme» para dormir «mucho» para despertarme con los ruidos de la puerta que se abria a medianoche, en nuestra casa se cenaba muy tarde y se iba a dormir aún después, para mis maestras no estaba bien porque me desordenaba el sueño, para mi estaba perfecto porque en ese horario a mi se me ordenaba el alma.
Pensar que casi no tuve Papá para que ahora le quieran sacar la mitad de su jubilación. Ruletas rusas si las abra cuando se trata de ser parte de una sociedad.»
(pueden encontrarlo en su blog mujermercurio.blogspot.com)
Además tiene varios escraches de compañeras que fueron estafadas por ellas.
NO SEAN CÓMPLICES DE UNA PSICOPATA MANIPULADORA Y ESTAFADORA, NO SEAN COMPLICES DE OTRA FALSA DENUNCIA. BUSQUEN A ESOS PADRES Y ENTREVÍSTENLOS.
Pingback: Los protocolos ante casos de abuso sexual a menores: las claves para detectar este flagelo - El Argentino Diario