Entrevista con Rusia Rumbo Aimale, quien en su infancia y adolescencia fue abusada sexualmente por su progenitor y el crimen fue encubierto por su madre.
Rusia tiene 29 años, estudia yoga y arteterapia. En su infancia y adolescencia fue abusada sexualmente por su progenitor y el crimen fue encubierto por su madre. En el año 2021 los denunció a ambos en la Fiscalía Número 9 de Lujan. Al día de hoy, sigue esperando respuestas de parte del Estado.
“El se metía en mi pieza mientras yo dormía, entonces yo pensaba que eran pesadillas y al día siguiente, cuando le contaba a él y a ella antes de ir a la escuela: soñé que me manoseaban, soñé que alguien se ponía enfrente mío, soñé que se acercaba una sombra a mi cama él decía que yo sólo tenía que cerrar los ojos y seguir rezando y que eso se iba a disipar”.
“Es difícil decir cuando comienzan o no las cosas, porque cuando una sobrevive y se acuerda siendo mayor de los abusos sexuales que vive en la infancia, se rompe la idea del tiempo, entonces, es como un montón que me pregunten cuando comenzó porque creo que comenzó cuando mi papa decidió empezar a acosarme, ahí comenzó”.
¿Pudiste contarle a alguien lo que te estaba pasando?
“Le conté a mi mamá. A veces intentaba arañarlo a él, cuando me abusaba de noche, que no llegaba porque aparte él entraba a mi pieza cuando estaba oscuro, entonces yo intentaba defenderme, lo intentaba rasguñar con manitos de una nena de cinco años y mi viejo tenía en ese momento treinta y tantos casi cuarenta».
«Le conté a mi tía Stella, la hermana mayor de mi mamá, le conté a mi tía Carmen que es la hermana mayor de ellas, de ambas. A mis primas se los mencionaba, no se los contaba directamente».
¿En la escuela?
“En la escuela yo no hablaba con la gente. El me decía que no hablara, que la gente era mala, que yo no podía confiar en la gente y la realidad es que cuando me acuerdo esa época tenía miedo todo el tiempo, solo quería poder estar tranquila lejos de mi casa”
¿Qué pasó cuando se lo contaste a tu mamá?
“Mi mamá decidía permitir que todas esas situaciones ocurran. Porque mientras tanto ella seguía estudiando abogacía sin tener que trabajar ni pagar un alquiler, entonces para ella lo pragmático era prostituirme siendo niña y adolescente para ella tener el tipo de vida que quería siendo una mujer blanca, heterosexual con hija y profesional. La realidad es que ella fue la primera mujer universitaria de nuestra familia, el resto de nosotras no, la mayoría no accedió al nivel universitario y ella tenía eso en mente y lo que tuviera que hacer lo iba a hacer. Y lo logró de hecho, hoy en día es abogada y todo. Digamos, prostituirme le funcionó para sus fines, económicos, académicos y sociales. Inevitablemente tener un título universitario en una ciudad como Luján, que es donde yo nací, donde ocurren todos los hechos, te hace pesar más. La gente tiene esta idea de que si tenes un título, una carrera, sos más valioso como persona y ese tipo de cosas. Y mi mamá se lo creyó, obviamente, sino no creo que hubiera hecho tanto esfuerzo por evitar que yo pudiera pedir ayuda”.
“Otra de las cosas que ocurría era que siendo adolescente yo quería acceder a la salud pública, quería acceder a psicólogas o psicólogos para poder contar la situación y ella, él y ella, no me lo permitían directamente. Tenía una obra social, de la puerta para afuera yo iba al medico, pero no tenía acceso a gente que pudiera creerme o que pudiera ver los síntomas que yo tenía en cuanto a la situación. Lo único que el sistema pudo lograr para resguardarme, de lo cual hay pruebas y las cuales las use también, es que cuando yo era niña no aprendía en la escuela».
«Algo que tenes cuando pasas por la tortura de un abuso sexual en la infancia, es que desconectas, totalmente, de repente tu mente se va a otro lado porque es tanto el dolor de una violación que la mente humana no lo puede soportar, normalmente ni siendo adulto, adolescente menos, niña todavía mucho menos. Entonces lo que sí pudo hacer el sistema por mí en esa época es que en la escuela cuando veían que yo estaba en primer grado y no estaba aprendiendo a leer me mandaron con una psicopedagoga para ver si había algún tipo de trastorno cognitivo o algún síndrome de algo, lo cual no fue así. Yo fui y no, no tenía problemas en sí de aprendizaje, el problema era la violencia que vivía en mi casa”.
¿Qué pasa después?
“Si bien comenzó en esa época, con los sucesos, con el crimen en sí, después de los catorce años para adelante me olvido de las mayorías de las violaciones y sigo adelante. Porque aparte en ese momento yo tuve que resignarme a que no iban a ayudarme. En su momento no había un movimiento feminista, las feministas éramos tres gatas locas que gritábamos solas en nuestra casa, no había un movimiento en las calles, por lo menos en Buenos Aires (provincia) digamos, por ahí en Capital era diferente, yo estoy hablando de un pueblo, católico».
«Entonces, bueno, en eso sigo sobreviviendo la adolescencia como puedo, a los 19 me escapo de mi casa, me voy a Buenos Aires, mi excusa era que iba a trabajar y estudiar, lo cual termine haciendo pero en realidad era para que pudiera dejarme ir y no me persiguieran, o me persiguieran lo menos posible, a la hora de irme, y porque era lo mas seguro, yo conocía ciertos lugares en Capital Federal, en cambio no tenía idea en el conurbano para donde ir. Otra de las cosas que él y ella hicieron fue que no me enseñaron en su momento como andar en colectivo. Yo tenía diecisiete años y no andaba en bicicleta por la calle, en bicicleta aprendí a andar me acuerdo que a los creo que doce o trece años porque no me querían dejar andar de chica y en colectivo aprendí a andar a los diecisiete más o menos, porque un novio que tenía en esa época me enseñó. Yo quería empezar a estudiar en Moreno me acuerdo y para llegar hasta ahí necesitaba tomarme un colectivo y ellos no querían que yo tomara un colectivo porque el decía que alguien podría hacerme algo, y eso podía afectarme un montón y yo no iba a poder soportarlo, no me dejaban ir a psicólogos porque él decía que los psicólogos eran chantas, eran gente mala, que se reían de sus pacientes y los usaban para divertirse. Y ella por supuesto, si mi amor, si mi amor”.
¿Pudiste en Capital recibir la atención psicológica que necesitabas?
“Me pude tratar primero en Luján, con una psicóloga que si me creyó y que bueno, mal que mal, me dio la fuerza para salir adelante porque por fin había encontrado a alguien que me creía y que hacía algo contundente para ayudarme. Después ya viviendo acá en Buenos Aires perdí tres años de mi vida atendiéndome con psicoanalistas, gente machista e inepta, que no estaba hecha para atender gente, que directamente no me creían cuando yo les contaba que mi papá me abusaba. Un año y algo no estuve atendiéndome y después empecé a atenderme con una terapeuta y termine de recordar lo que yo ya iba sospechando que me había pasado de chica. Recordé a mis veintisiete”.
Vos ya lo denunciaste ¿En qué estado está ahora la denuncia?
“Recordé a los veintisiete, a los veintiocho denuncié y actualmente ya el Estado me hizo las entrevistas y pericias pertinentes que tenían que hacerme y están esperando que él se presente en algún momento a declarar. Porque la fiscalía te llama hasta tres veces para declarar, mientras tanto el puede seguir violando libremente, no es que hay ningún tipo de control sobre su persona».
«Presenté diecisiete hojas de recuerdo, presenté una psiquiatra y dos psicólogas que corroboran las cosas que yo conté, presenté todos los certificados donde yo tenía que ir a una psicopedagoga porque no podía aprender por como él me abusaba. Y están esperando que él se presente a declarar”.
¿Hay una fecha límite?
“No hay fechas límite. Hay una cantidad límite de veces que te llama el Estado, te llama hasta tres veces, la primera fue en septiembre del año pasado, se que él no fue. Ahora tengo que volver a viajar a Luján, porque la última vez que me enteré de esto fue en noviembre, y me acuerdo que les pregunté la cantidad límite».
«Porque me dijeron: ‘No bueno, no se presentó, hay que llamarlo de nuevo y hay que ver si se presenta’. Y yo me los quedé mirando cómo ¿De qué me estás hablando? ¿Cuántas veces tienen que llamarlo? ¿Cuántas, tres, diez, cuarenta? ¿Cuánto tiempo le dan al pedófilo para seguir violando?».
«Y el administrativo de la fiscalía número 9 de Luján no me supo responder cuántas, me dijo que no sabía y yo volví en crisis a Capital Federal en el bondi número 57 que es el que conecta Capital Federal con Luján de manera directa y ahí decidí hasta marzo no volver a pisar Lujan”.
¿Tenes alguna herramienta de protección, alguna perimetral?
“No. Como yo vivo acá en Capital y los hechos fueron en Luján, la policía no me quiere dar perimetrales. O sea yo voy a Luján todos los meses, hace dos años que hice la denuncia y puedo cruzarme con él y con ella. Los dos tienen auto y viven cerca del centro que es donde está la Fiscalía, que es donde tengo que ir a verificar si pasan o no pasan las cosas. No me permiten contratar un abogado para preguntar por mí, tengo que ir yo en persona a preguntar el estado de la denuncia, y no me dan perimetrales, no me dan perimetrales acá en Capital y tampoco me dan perimetrales en Luján”.
“Algo que tiene mucho el Estado, lo que el Estado más hace con una mujer o niñez o adolescencia que sobrevive a un abuso sexual, es que sobre todo vigila y castiga. Yo mientras a mí me hacían las pericias y denuncias no me avisaban de nada, me llamaban de un momento a otro y si estaba trabajando, estudiando, todo lo que estuviera haciendo de mi vida, no importaba. Porque para el Estado cuando vos denunciás, sobre todo siendo adulta, un abuso sexual vos sos igual de delincuente que la otra parte. Literalmente, no hay ningún tipo de perspectiva en cuanto a la situación. Y después las pericias son tortura, me atendí con muchos tipos de personas, con muchos tipos de psicólogas, con muchos tipos de terapeutas, lo que hacen, de como toman las cosas, lo que quieren es acercar a la persona, a quien sobrevive a su trauma, necesitan que la persona se quiebre. Si no te quebrás y no volvés a romperte no te prestan atención. Es eso, te hacen pasar por una tortura psicológica para corroborar que no estas mintiendo. Y hay otros métodos, y saben que hay otros métodos, pero no les interesa tener otros métodos”.
Cuando vos denunciaste ¿Te ofrecieron algún tipo de asistencia psicológica?
“Ninguna. De hecho en su momento contratar un abogado para hacer una denuncia me salía 80 lucas hace dos años atrás, solo para radicar la denuncia. Después te van pidiendo más porque bueno, el trabajo de un abogado es así. Y recuerdo que cuando denuncie en sí, nada, normalmente por ejemplo cuando denunciás violencia de género te dan planillas donde hay abogadas, hay psicólogas, hay defensorías de género, hay lugares especializados».
«En este caso lo único que me dijeron es: ‘vas a necesitar un abogado’. Y nada más. Si yo me hubiera suicidado en cualquier momento de todos lo que decía matarme en estos años ni se hubiera enterado el Estado”.
¿Alguna vez intentaste contactarte con alguna organización feminista?
“Si, dos, las más importantes fueron dos. En realidad intente contactarme con varias personas, las dos contundentes que me sirvieron fueron una estudiante de abogacía que es Madre Protectora de su hija, Mariana Saldaña: a su hija le paso lo mismo que me paso a mí pero tuvo la suerte de que su mamá sí la escucho y sí la defendió. Y la Asociación que es como una luz en medio de la noche, Adultos por los derechos de la Infancia, que es una Asociación de sobrevivientes para sobrevivientes donde dan contenciones grupales todos los sábados y dónde dan asistencia también, legal y psicológica. Y si bien no usé lo legal y psicológico porque ya estaba en un momento donde ya tenía terapia y ya había movilizado lo legal, sólo el hecho de poder estar entre personas y ya poder hablar del tema de manera libre es un montón, porque no hay lugares donde hablarlo. Normalmente en el único lugar donde lo hablás es sola con tu terapeuta, después es muy difícil sociabilizarlo, cuando lo mencionás en grupo de Whatsapp no suelen contestarte, cuando lo hablás entre amigas si tenés buenas amigas te escuchan. Muchas veces no sos escuchada tampoco porque incomoda tanto el tema que como la pedofilia da asco, terminás vos generándoles asco y una como sobreviviente lo sabe, sabe que generá rechazo, y no tenes más ganas de vivir todavía mas rechazo en tu vida, Entonces directamente no lo hablás, o sonreís y decís que sí, que está todo bien que seguís en terapia que estas comiendo que estás trabajando. Es eso, seguís sobreviviendo de otra manera.
¿Cómo estás ahora respecto a lo que esperás que pase?
“Desapegada. Es muy tortuosa la espera, necesitas que te contengan inevitablemente porque vos estas tratando un tema que te quebró la vida. Si no fuera tan importante para mí no le pondría tanta energía, esa es la realidad, entonces estoy desapegada porque entendí que los resultados que pueda dar el Estado no puede cambiar mi felicidad, no pueden cambiar mi bienestar. El bienestar de una sobreviviente está en otros lados, está en poder reconstruir su identidad, reconstruir su autoestima, poder abrazar su propio cuerpo que es justamente el lugar a donde una la abusan entonces de repente tenes que volver a amigarte con lo físico, con la parte como más mundana y después de eso, sigue en espera, pero una espera desapegada, creo que es como lo más sabio que puedo hacer en este momento”.
Línea 102 Si necesitas ayuda o conoces a alguien que esté expuesto a violencia, llamá al 102. Es un servicio gratuito y confidencial, de atención especializada sobre los derechos de niñas, niños y adolescentes. Podés llamar ante una situación de vulneración de derechos. Si vivís una emergencia llama al 911.
¿Qué esperas de la Justicia?
“Lo que quiero que pase es que el y ella estén presos, porque es eso, son criminales, el es un pederasta y ella es una proxeneta infantil. Creo que quiero lo que es coherente con el caso, no quiero otra cosa, y si bien es muy difícil sobrellevar las secuelas del trauma más trabajar, más seguir rindiendo, más seguir socializando, más seguir siendo parte de la misma sociedad que permitió que me violen. Es un montón”.
Esta chica es una delirante. Hace no muchos años publicaba esto sobre su padre:
«Mi Papá laburo 15 horas diarias durante al menos 10 años de su vida como docente, en 4 escuelas diferentes, dentro de la ciudad de Luján para poder tener una vida con los recursos que deseaba para él mismo, su pareja y su hija (yo), su familia.
Lo que más recuerdo era el paso agil con el que entraba 15 minutos a nuestra casa al mediodía para comer rápido e irse, su presencia era como una levitación por lo poco que se mantenía dentro, me reía con mi Mamá y mi familia sobre su superpoder de ir y venir para estar en varios lugares al mismo tiempo, mi mente lo relaciono con el superheroé Flash para sobrellevar la angustia de su ausencia, luego de adolescente elegi pensar que su Ascendente en Geminis lo hacia versatil, adaptable y con predisposición al cambio, su misión tiene que ver con ser un agente de comunicación en el mundo, sentir a mi Papá con un misionero de la educación pública me ayudo a sobrellevar su dedicación desmedida al trabajo.
También me acuerdo patente de las trasnochadas familiares, diarias por cierto, cuando él llegaba nos levantabamos ambas para cenar en familia, porque tomaba horarios tanto a la mañana, tarde y noche para pagar la casa que estaban construyendo con mi Mamá, me acuerdo de «esforzarme» para dormir «mucho» para despertarme con los ruidos de la puerta que se abria a medianoche, en nuestra casa se cenaba muy tarde y se iba a dormir aún después, para mis maestras no estaba bien porque me desordenaba el sueño, para mi estaba perfecto porque en ese horario a mi se me ordenaba el alma.
Pensar que casi no tuve Papá para que ahora le quieran sacar la mitad de su jubilación. Ruletas rusas si las abra cuando se trata de ser parte de una sociedad.»
(pueden encontrarlo en su blog mujermercurio.blogspot.com)
Además tiene varios escraches de compañeras que fueron estafadas por ellas.
NO SEAN CÓMPLICES DE UNA PSICOPATA MANIPULADORA Y ESTAFADORA, NO SEAN COMPLICES DE OTRA FALSA DENUNCIA. BUSQUEN A ESOS PADRES Y ENTREVÍSTENLOS.
EXCLUSIVO: Pablo Grillo y la vida después del disparo que lo dejó “casi contándola desde el cielo”
En una charla íntima, el fotógrafo cuenta sobre la vida después del ataque: el apoyo de su familia, lo espiritual, la ausencia de rencor y la esperanza de justicia. También recuerda sus comienzos con la fotografía y los sueños que lo empujan a seguir.
En una tarde de abril, de esas en las que el sol parece querer quedarse un rato más, la escena tiene algo de refugio: banderines colgados, una foto de Maradona y unos mates que circulan sin apuro. La charla es íntima. Pablo Grillo habla sin solemnidad, con una mezcla de liviandad y profundidad que atraviesa toda la conversación.
“Cuando abría los ojos, eran los únicos dos que veía… los agarraba para que no me dejaran”.
Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).
“Hoy estamos alucinante, ATR. Estamos bien. Que no es poco”, dice, después de un año que define como “de casi contarla desde el cielo”. Su vida, admite, ya no es la misma. Cambió el ritmo, cambió la forma de moverse y también ciertas rutinas que antes eran naturales. “Ya no hago los mismos recorridos que hacía antes de salir al barrio… no por cuestión de que no lo puedo hacer, sino que no sé cómo hacerlo”.
La transformación también se mete en lo cotidiano, incluso en lo afectivo. Hace quince años que está en pareja, pero todavía no volvió a verla. “Estoy esperando que me llegue el mensaje”, sin enojo, más bien con una calma que sorprende después de todo lo vivido.
“La veo con otra carrera, con otro ritmo”, dice sobre la vida. Y, fiel a su forma directa de hablar, lo resume con una imagen brutal: “A lo mejor los noviazgos son para 20 años, o no… pero después te agarra un pelotudo, te pega un bombazo en la cabeza y te entierra”.
El día “D”
El 12 de marzo de 2025 no es un recuerdo lineal, pero tampoco se borró. Hay fragmentos nítidos: dos amigos, los únicos rostros conocidos entre la confusión, y la necesidad de no quedarse solo. “Cuando abría los ojos, eran los únicos dos que veía… los agarraba para que no me dejaran”.
El momento más crítico fue en la ambulancia. “Ahí sentí que me tenía que dejar hinchar las pelotas. Fueron 10 minutos”. Después, la intervención médica y el sistema de salud hicieron lo suyo: “Con toda la salud pública encima… me fui tranquilizando”.
No habla de miedo. Hace una distinción precisa: “Miedo no. Respeto. Respeto por lo que podría venir”.
Del gendarme que disparó (Héctor Guerrero) no tiene una imagen clara. No recuerda un gesto, ni una reacción. Sí, en cambio, una lógica: la de alguien que cumple un rol sin detenerse. Si lo tuviera enfrente, no imagina revancha. “Le tocaría el hombro y le diría: loco, tenés buena puntería, pero bajá un cambio. Bajá un cambio que tenemos vida por delante”.
Lo que lo sostuvo
En la reconstrucción, hay un sostén claro: su familia. Se aferra a su madre y a su padre, especialmente a su padre, a quien define como un referente. “Mi viejo es un líder para mí. Es un chabón que lo tengo ahí arriba. Y mi vieja también”, y agrega: “El chabón se cargó al hombro lo de los medios y salió en todos los medios”. También a su hermano, con quien creció entre discusiones y peleas típicas de la edad.
El Argentino Diario-Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).El Argentino Diario-Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).Fotos: Lu del Mármol (@ludelmarmol) https://www.instagram.com/ludelmarmol
Los amigos ocupan otro lugar central. Los nombra con orgullo, como una red que creció incluso en medio de la adversidad. También aparece la ausencia de uno de ellos, que murió en un viaje. Una pérdida que atraviesa el relato con naturalidad, sin dramatizar.
A ese entramado se suma algo más difícil de definir. Grillo no se declara creyente en términos tradicionales, pero reconoce que algo cambió. Las muestras de afecto, los mensajes, las personas que rezaban por él lo llevaron a acercarse a una idea de lo espiritual. “Mucha gente venía y me decía, estamos orando por vos, entonces con esas cosas me fui aferrando un poquito más», comenta. “No es joda ser creyente”, resalta.
Contar y ser contado
La fotografía aparece como hilo de continuidad: “La cámara es un objeto que vi siempre”. Empezó de chico, casi como un juego heredado: su padre tenía una cámara y él la tomó como propia. De los cumpleaños y eventos familiares pasó a formarse y a construir un oficio.
Hoy se define como documentalista. Alguien que sale a buscar historias.
Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).
Después de lo que vivió, esa mirada cambió. Ya no se trata solo de registrar, sino de entender mejor lo que está pasando. De anticipar, de leer el contexto.
También cambió su lugar: por primera vez, fue protagonista de una historia que otros contaron. Aun así, no hay rencor. “Cada uno actuó como tenía que actuar”, dice. Y agrega: “no siento rencor, y si lo siento, ya lo voy a liberar”.
Violencia institucional y la búsqueda de justicia
Cuando habla de política, el tono se vuelve más áspero. Recuerda la reacción pública de Patricia Bullrich y la indignación que le generó. Con Javier Milei es más directo, sin matices: “Es una basura”.
Cuestiona el rumbo del país y la dirigencia, y no oculta su posicionamiento político: se define abiertamente como “re-kirchnerista” y mantiene una identificación fuerte con Cristina Fernández de Kirchner, a quien incluso pudo saludar en una videollamada tras su internación y confiesa que le gustaría visitar.
En el plano judicial, su mirada apunta más arriba del autor material. Cree que el proceso no puede quedarse solo en quien disparó. “Agarraron al gendarme, pero las cabezas para arriba, bien, gracias”, dice. Y lo grafica con su propio lenguaje: “Están lavando los tuppers… y no es el único tupper”.
Lo que espera es claro: que la justicia avance y que lo haga de manera integral. “Lo tiene que hacer para que la gente vuelva a creer en ella”.
Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).
Lo que viene
Después de pasar un año internado, volvió a su casa en marzo de este año. Pablo hoy se mueve con cierta cautela, pero también con decisión. Se siente acompañado, reconocido incluso por gente que no conoce. Eso todavía lo sorprende.
No volvió a la cancha -es hincha de Club Atlético Independiente, pasión heredada de su padre- por recomendación médica, pero tiene claro que quiere volver a hacer lo que hacía. Salir, estar, registrar. “Voy a ir al mismo lugar y voy a sacar las mismas fotos”, dice.
Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).
Sueña con algo concreto: trabajar de fotógrafo, vivir de eso, que su trabajo sea valorado. Algo que antes le costaba decir y ahora no. También aparece un deseo más íntimo: volver a un lugar de su historia, Las Cañas, en Uruguay, donde pasaba los veranos con su familia. Un regreso que no tiene que ver con escapar, sino con recuperar algo propio.
“Valgo tanto”, dice. Y en esa frase, simple y nueva, parece condensarse todo lo que pasó.
Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).
Ping pong con Pablo Grillo
¿Messi o Maradona?
“Maradona”
¿Música?
“El rock and roll… y el reggae”
¿Qué es el barrio para vos?
“La vida. Me sacás del barrio y me sacás de la vida”
Maggie
05.04.2023 at 09:07
Esta chica es una delirante. Hace no muchos años publicaba esto sobre su padre:
«Mi Papá laburo 15 horas diarias durante al menos 10 años de su vida como docente, en 4 escuelas diferentes, dentro de la ciudad de Luján para poder tener una vida con los recursos que deseaba para él mismo, su pareja y su hija (yo), su familia.
Lo que más recuerdo era el paso agil con el que entraba 15 minutos a nuestra casa al mediodía para comer rápido e irse, su presencia era como una levitación por lo poco que se mantenía dentro, me reía con mi Mamá y mi familia sobre su superpoder de ir y venir para estar en varios lugares al mismo tiempo, mi mente lo relaciono con el superheroé Flash para sobrellevar la angustia de su ausencia, luego de adolescente elegi pensar que su Ascendente en Geminis lo hacia versatil, adaptable y con predisposición al cambio, su misión tiene que ver con ser un agente de comunicación en el mundo, sentir a mi Papá con un misionero de la educación pública me ayudo a sobrellevar su dedicación desmedida al trabajo.
También me acuerdo patente de las trasnochadas familiares, diarias por cierto, cuando él llegaba nos levantabamos ambas para cenar en familia, porque tomaba horarios tanto a la mañana, tarde y noche para pagar la casa que estaban construyendo con mi Mamá, me acuerdo de «esforzarme» para dormir «mucho» para despertarme con los ruidos de la puerta que se abria a medianoche, en nuestra casa se cenaba muy tarde y se iba a dormir aún después, para mis maestras no estaba bien porque me desordenaba el sueño, para mi estaba perfecto porque en ese horario a mi se me ordenaba el alma.
Pensar que casi no tuve Papá para que ahora le quieran sacar la mitad de su jubilación. Ruletas rusas si las abra cuando se trata de ser parte de una sociedad.»
(pueden encontrarlo en su blog mujermercurio.blogspot.com)
Además tiene varios escraches de compañeras que fueron estafadas por ellas.
NO SEAN CÓMPLICES DE UNA PSICOPATA MANIPULADORA Y ESTAFADORA, NO SEAN COMPLICES DE OTRA FALSA DENUNCIA. BUSQUEN A ESOS PADRES Y ENTREVÍSTENLOS.
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