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Acompañar: el 30% de las mujeres sufrieron violencia sexual

Acompañar es un programa ministerial que apoya económicamente durante seis meses a personas en situación grave de violencia.

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El 30 por ciento de las mujeres que ingresaron al programa Acompañar fueron víctimas de violencia sexual, según datos del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad, un dato que aporta a seguir visibilizando un delito que es más común de lo que se cree.

Acompañar es un programa ministerial que apoya económicamente durante seis meses a personas en situación grave de violencia, y hasta el 31 de enero de este año, 37.517 destinatarias atraviesan o atravesaron violencia sexual.

Representan cerca del 30% del total. A la fecha, más de 140.000 mujeres y LGBTI+ ingresaron al Acompañar, que no requiere de denuncia judicial.

Los datos fueron solicitados al Ministerio por Télam, para delinear un primigenio e inicial panorama, con información oficial, sobre violencia sexual, tema en agenda pública a partir de la nueva violación grupal de seis varones a una joven de 20 años, de día, en un barrio porteño.

Parte de la secuencia del delito quedó registrada en cámaras de vigilancia urbana y fueron difundidas por los medios de comunicación. De acuerdo al relevamiento oficial, en 2021 el Ministerio «abordó 62 situaciones relacionadas con violencia sexual, en particular violaciones».

El organismo intervino «articulando para garantizar la contención psicológica con efectores de la salud pública que trabajan esta problemática» y también «a través del asesoramiento jurídico y acompañamiento cuando la persona decidió judicializar estos hechos». Además, en algunos casos se realizaron presentaciones judiciales.

Otro dato surgió del Programa Acercar Derechos (PAD) compuesto por equipos de profesionales de la abogacía, la psicología y el trabajo social que trabajan en distintos lugares del país.

De las 4139 situaciones ingresadas al PAD hasta el 18 de febrero de este año, los equipos de trabajo identificaron presencia de violencia sexual en 811.

De ese total, el 80% se produjo en contextos de violencia doméstica, el 8% en contextos de violencia doméstica e institucional, el 3% en contextos laborales, y el resto en otros espacios. Y se encontraron dos situaciones de violencia sexual en la vía pública.

En cuanto a las llamadas a la Línea 144 de atención, contención y asesoramiento en situaciones de violencia de género durante 2021,el 14% correspondió a comunicaciones por violencia sexual. El total de llamadas el año pasado fue de 113.340 comunicaciones.

La nueva violación grupal que impacta en el país fue cometida el lunes 28 de febrero por la tarde, a plena luz del día, en la calle Serrano al 1300, en Palermo Soho, donde una pareja de panaderos y otro vecino intervinieron al ver que dentro de un auto Volkswagen Gol estacionado junto a la vereda abusaban de una chica.

Los imputados por la violación son Ángel Pascual Ramos (23), Lautaro Dante Ciongo Pasotti (24), Steven Alexis Cuzzoni (20), Franco Jesús Lykan (24), Tomás Fabián Domínguez (21) e Ignacio Retondo (22).

Línea 144: atención, contención y asesoramiento en situaciones de violencia de género. Por WhatsApp: +5491127716463

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Senado: denuncian proyecto de “falsas denuncias” intenta silenciar a las víctimas

A nivel global, organismos como ONU Mujeres ubican las denuncias falsas en torno al 1% de los casos.

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Senado: qué pasa con el proyecto de “falsas denuncias”

El conversatorio “Derecho a la voz: contra la criminalización de quienes denuncian violencia” funcionó como una respuesta urgente frente al proyecto impulsado por Carolina Losada, que ya cuenta con dictamen de mayoría en la Comisión de Justicia y Asuntos Penales. La iniciativa propone agravar las penas por falsa denuncia, falso testimonio y encubrimiento en casos de violencia de género, delitos sexuales y situaciones que involucren a niñas, niños y adolescentes.

Para quienes expusieron, el diagnóstico fue otro: no hay vacío legal ni problema empírico que justifique la reforma. Lo que sí aparece, señalaron, es una estrategia política para disciplinar a quienes denuncian y reinstalar el silencio.

Una arquitectura punitiva para desalentar la denuncia

La abogada Ileana Arduino, referente del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales, desmenuzó el corazón del proyecto. Sostuvo que no se trata de una falla técnica sino de una decisión deliberada: utilizar el derecho penal como herramienta de control social.

Funciona como una extorsión procesal”, advirtió. El planteo es claro: en un sistema judicial que ya resulta hostil, la amenaza de una contra-denuncia penal empuja a las víctimas a no hablar. El resultado no es más justicia, sino menos denuncias.

Arduino también apuntó a un efecto colateral clave: la criminalización de las redes de acompañamiento. Equipos interdisciplinarios, profesionales y organizaciones quedarían bajo sospecha por intervenir en procesos donde la prueba suele ser compleja y el tiempo judicial, lento.

Construir un problema inexistente

La ministra bonaerense Estela Díaz fue directa: “Lo falso es el problema que quieren instalar”.

Respaldada por un documento con más de 1.700 firmas, sostuvo que las falsas denuncias no representan un fenómeno significativo en Argentina. En cambio, sí lo es la subdenuncia en casos de violencia y abuso.

Para Díaz, la iniciativa se inscribe en una narrativa política más amplia que cuestiona la existencia misma de la violencia de género. En ese marco, el proyecto no busca mejorar el sistema penal, sino desplazar el foco: de la protección de las víctimas a la sospecha sobre su palabra.

El miedo como política pública

Desde el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, Natalia Gherardi aportó datos que desarman el argumento central del proyecto:

  • Solo una de cada cuatro mujeres en situación de violencia busca ayuda.
  • En abuso sexual infantil, más del 88% de los casos no llega a la Justicia.

En ese contexto, endurecer penas por denuncias “falsas” no resuelve un problema: crea otro. Introduce una amenaza concreta para quienes están obligados a denunciar, como establece la Ley Lucio.

La contradicción es evidente: el Estado exige denunciar ante la sospecha de abuso, pero al mismo tiempo instala el riesgo de persecución penal si la causa no prospera. El mensaje implícito, señalaron, es el silencio.

Convenciones internacionales vulneradas

La dirigente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, María Elena Naddeo, cuestionó la compatibilidad del proyecto con los estándares internacionales.

Mencionó dos marcos normativos clave:

  • Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer
  • Convención de Belém do Pará

Ambos obligan al Estado a garantizar el acceso a la justicia y a no generar obstáculos para denunciar violencia de género. La iniciativa, en cambio, invierte esa lógica: convierte a la denunciante en potencial imputada.

Naddeo también desarmó una de las falacias centrales: equiparar falta de prueba con falsedad. En delitos que ocurren en la intimidad, esa equivalencia no solo es errónea, sino funcional a la impunidad.

Datos incómodos para el oficialismo

A nivel global, organismos como ONU Mujeres ubican las denuncias falsas en torno al 1% de los casos. Se trata de una cifra marginal, que en general no está vinculada a violencia de género sino a otros delitos.

Sin evidencia empírica que justifique el endurecimiento penal, el proyecto queda expuesto como una definición ideológica: desplazar la centralidad de la víctima y reinstalar la sospecha sobre su palabra.

Efectos concretos: censura, desprotección e impunidad

El rechazo no se agota en el plano simbólico. Las organizaciones advirtieron consecuencias concretas:

  • Bozal mediático: limitaciones a la difusión de casos que han sido clave para visibilizar violencias.
  • Persecución profesional: equipos técnicos y redes de acompañamiento bajo amenaza penal.
  • Inseguridad jurídica: profesionales de salud y educación atrapados entre denunciar o protegerse.
  • Desaliento de denuncias: una profundización en la caída previsible en el acceso a la justicia.

En ese marco, el proyecto aparece como una herramienta de disciplinamiento que redefine el sistema: ya no se investiga al agresor, se sospecha de quien denuncia.

Una disputa de fondo: voz o silencio

Lo que se debatió en el Senado excede una reforma penal. Se trata de una disputa política y cultural: quién tiene derecho a hablar y bajo qué condiciones.

Frente a un escenario que intenta reinstalar el miedo como frontera, el feminismo articuló una respuesta clara. El derecho a la voz no es un privilegio ni una concesión: es un derecho humano básico.

Y su restricción, no fortalece la justicia. La debilita.

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