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Personajes

La salud del Indio: desmienten ACV, solo se hace un chequeo

La familia de Indio Solari salió a cortar de raíz una versión que circuló con fuerza en redes sociales y generó preocupación entre sus seguidores: el músico no sufrió un accidente cerebrovascular.

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A través de un comunicado difundido en las cuentas oficiales del artista, el entorno aclaró que Solari se encuentra estable y que solo está atravesando controles médicos de rutina, indicados por sus médicos.

Queremos desmentir la noticia que se ha echado a rodar irresponsablemente, respecto de que el Indio tuvo un ACV. La única verdad es que se está haciendo una serie de chequeos de rigor y que su salud está estable”, señalaron. El mensaje buscó llevar tranquilidad y, al mismo tiempo, apuntó contra la circulación de información no confirmada que terminó generando “un susto innecesario”.

El rumor había sido difundido horas antes por el periodista Ángel de Brito, quien aseguró que el exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota había sido internado tras sufrir un ACV. Poco después, el propio conductor rectificó la información y pidió disculpas públicas a la familia, al admitir que el dato no había sido corroborado de manera oficial.

La salud del Indio es un tema sensible desde marzo de 2016, cuando durante un recital en Tandil reveló que padecía Parkinson. Desde entonces, y especialmente tras su último show masivo en Olavarría en 2017, se mantiene alejado de los escenarios por recomendación médica. Sin embargo, nunca dejó de producir: desde su estudio Luzbola continúa componiendo y participando de manera virtual en presentaciones de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.

Hasta el momento no se difundió un parte médico oficial ni trascendió el nombre del centro de salud donde se realizan los estudios. La familia fue clara: no hubo ACV.

DDHH

Artistas en la Plaza: cuando la memoria también se vuelve popular

No hubo escenario ni alfombra roja. Hubo calle. Y en la calle, el gesto vale más que cualquier declaración. Lali con su madre en la marcha por la Memoria.

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La Plaza de Mayo volvió a ser ese lugar donde la historia respira. A 50 años del Golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, no sólo hubo organismos, militancia y columnas sindicales: también dijeron presente figuras de la cultura que, lejos del gesto vacío, eligieron poner el cuerpo en una fecha que no admite neutralidades.

Entre ellas, Lali Espósito, cuya imagen caminando entre la multitud circuló con velocidad en redes. No fue una aparición aislada ni decorativa: en tiempos donde ciertos discursos buscan relativizar el pasado, su presencia funcionó como amplificador de una consigna que sigue siendo incómoda para el poder.

La cultura toma posición

No fue la única. La actriz Griselda Siciliani también compartió su participación en la marcha, sumándose a una escena que combinó compromiso y visibilidad. A su alrededor, otras voces:

Julieta Díaz, que documentó la jornada en redes. Daniel Hendler, presente entre la gente. Gloria Carrá y Jorgelina Aruzzi, también en la Plaza. Juan Minujín, otro de los que eligió no mirar para otro lado.

No hubo escenario ni alfombra roja. Hubo calle. Y en la calle, el gesto vale más que cualquier declaración.

En un ecosistema mediático donde todo corre el riesgo de volverse contenido efímero, la presencia de figuras públicas en el 24 de marzo carga con otra densidad. No es sólo la foto. Es lo que esa foto representa.

Porque cuando artistas con alcance masivo se suman a la movilización, lo que hacen (consciente o no) es disputar sentido. En un contexto donde resurgen discursos negacionistas o intentos de “empatar” responsabilidades, cada cuerpo en la Plaza suma en una narrativa colectiva que se niega a diluir el pasado.

La Plaza como escenario político

La masividad de la jornada confirmó algo que incomoda a más de uno: la memoria sigue siendo un punto de encuentro transversal. Y en ese cruce, la cultura ocupa un lugar particular. No reemplaza a la militancia ni a los organismos, pero dialoga con audiencias que muchas veces quedan por fuera del circuito político tradicional.

Por eso, la presencia de figuras como Lali o Siciliani no es anecdótica. Es parte de una escena más amplia donde el arte, la cultura y el espectáculo también intervienen en la discusión pública.

Nunca más, también hoy

A medio siglo del golpe, el “Nunca Más” no es una consigna congelada. Se reactualiza, se discute, se tensiona. Y en esa disputa, cada voz cuenta.

Incluso (o sobre todo) las que tienen micrófono.

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