Cultura
Milei contra el INCAA: trabajadores en disponibilidad y parálisis cultural
Hacía 33 años que no se implementaba una medida de este tipo en el organismo.
El gobierno de Javier Milei avanza con despidos en el Estado, y esta vez el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) vuelve a estar en la mira.
Según lo informado, cinco trabajadores de la planta permanente fueron puestos en “situación de disponibilidad”, aunque en total serían 40 los empleados afectados, quienes aún no tienen certezas sobre su reubicación en otras áreas del Estado.
El Poder Ejecutivo justificó la medida alegando que el INCAA está “excedido en su dotación óptima necesaria”. La resolución, oficializada el viernes, forma parte del llamado “proceso de readecuación de personal”, una política que busca reducir la estructura de organismos públicos.
• Situación de los trabajadores: Los empleados afectados fueron trasladados administrativamente al Ministerio de Desregulación y Transformación, pero no han recibido ofertas concretas de reubicación en otras áreas.
Rechazo y denuncias
Nicolás Leonardo Vetromile, delegado de ATE y montajista en el INCAA, criticó duramente la medida, calificándola como parte de un desmantelamiento del sector:
• “La dotación óptima que describen es tan precisa como el algoritmo de las plataformas”.
• “Tenemos casi 40 compañeros en esta situación desde hace más de dos meses y aún no les ofrecieron nada”.
Hacía 33 años que no se implementaba una medida de este tipo en el organismo.
Impacto en el cine nacional
La crisis en el INCAA no es nueva. En diciembre de 2023, bajo la gestión anterior, se suspendieron todos los concursos y subsidios al cine, lo que paralizó la producción de nuevas películas. Ahora, estos despidos agravan aún más la situación de un sector clave para la cultura y la identidad nacional.
El desguace del INCAA, símbolo de ajuste en la cultura
El ajuste en el INCAA es representativo de la política de reducción del Estado impulsada por el gobierno de Milei. Los despidos y la falta de reubicación concreta de los trabajadores no solo afectan al empleo público, sino que también profundizan la crisis de una industria ya debilitada.
Cultura
Día de la Historieta: un patrimonio cultural que sobrevive a la mercantilización
Cada 4 de septiembre, la Argentina recuerda una tradición que construyó identidad, pensamiento crítico y humor político durante más de un siglo. Mafalda, El Eternauta y Patoruzú son mucho más que personajes: son documentos de época.
No se trata de una efeméride decorativa. El Día Nacional de la Historieta Argentina, establecido por la Ley 26.652 sancionada en octubre de 2010, recuerda el nacimiento de una forma de narrar el mundo que fue censurada, exiliada y, en algunos casos, silenciada junto con sus autores. La fecha fue elegida en homenaje al primer número de Hora Cero Semanal, publicada por Editorial Frontera el 4 de septiembre de 1957, bajo la dirección de Héctor Germán Oesterheld, hoy desaparecido, y cuya obra El Eternauta fue declarada de interés cultural por el Congreso Nacional.
Un género que fue político antes de que la política lo reconociera
La historieta argentina no surgió en el vacío. Sus antecedentes pueden rastrearse hasta las revistas de fines del siglo XIX, como Caras y Caretas, que combinaban humor gráfico y crítica social en un país que todavía procesaba su identidad. Lo que vino después no fue solo entretenimiento: fue una forma de construir ciudadanía, de poner en escena conflictos que los medios hegemónicos preferían ignorar.
Oesterheld, el más político de los guionistas argentinos, pagó ese compromiso con su vida. Militante del Ejército Revolucionario del Pueblo, fue secuestrado durante la última dictadura cívico-militar. Junto con él desaparecieron sus cuatro hijas. Su obra más célebre, El Eternauta, fue resignificada como símbolo de resistencia colectiva precisamente porque su protagonista, Juan Salvo, no es un héroe individual sino un hombre común que solo puede sobrevivir con otros.
Los cinco personajes que atravesaron generaciones
La historieta argentina produjo personajes que trascendieron el papel y se instalaron en el imaginario colectivo con una persistencia que no tiene equivalente en otros formatos culturales. Cinco de ellos encabezaron esa lista de manera recurrente a lo largo de las décadas.
Mafalda, creada por Joaquín Salvador Lavado, Quino, comenzó a publicarse en Primera Plana el 29 de septiembre de 1964. La niña de clase media porteña que preguntaba por qué el mundo era tan injusto fue traducida a más de 30 idiomas y se convirtió en uno de los personajes argentinos con mayor reconocimiento internacional. Hay algo incómodo en la Mafalda de hoy: sus preguntas sobre la paz, el hambre y la hipocresía adulta tienen la misma vigencia que hace seis décadas, lo cual dice mucho menos sobre el genio de Quino que sobre el fracaso del mundo que ella cuestionaba.
Juan Salvo, El Eternauta, dibujado por Francisco Solano López sobre el guion de Oesterheld, protagonizó la historia de una nevada mortal y una invasión extraterrestre que muchos leyeron como alegoría del imperialismo y la represión. Su traje aislante y su visor se convirtieron en imágenes emblemáticas. La serie fue adaptada recientemente en formato audiovisual y volvió a generar debate sobre la vigencia política de su lectura.
Patoruzú, el cacique tehuelche creado por Dante Quinterno, apareció en las páginas del diario Crítica y terminó siendo un fenómeno editorial de masas. Desde el Ministerio de Cultura de la Nación fue reconocido como uno de los héroes ficcionales más importantes de los argentinos. Su lectura hoy es más compleja: el personaje condensó tanto la reivindicación simbólica de lo nativo como los límites paternalistas de una mirada criolla sobre los pueblos originarios.
Inodoro Pereyra, el gaucho paria creado por Roberto Fontanarrosa en 1972 en la revista cordobesa Hortensia, y su perro filósofo Mendieta, construyeron una forma de humor que usaba el absurdo y el lunfardo para desmontar estereotipos. Fontanarrosa fue uno de los escritores más queridos de Argentina y su muerte en 2007 fue sentida como una pérdida cultural de primera magnitud.
Clemente, el personaje sin brazos ni alas creado por Caloi que debutó el 8 de marzo de 1973, pasó de personaje secundario de Bartolo el maquinista a protagonista absoluto de una tira que hizo del humor sobre la Argentina cotidiana y el fútbol su materia prima. Su recordada polémica sobre los papelitos en el Mundial de 1978 lo instaló en el imaginario popular de una manera que ningún publicista podría haber planificado.
Una tradición que resiste la lógica del mercado
En el contexto actual, donde la política cultural del gobierno de Javier Milei ha recortado en términos reales el presupuesto destinado a cultura, educación y medios públicos, la historieta argentina subsiste gracias al trabajo de artistas que mayoritariamente publican de manera independiente, con escaso apoyo estatal y en un mercado editorial debilitado por la caída del consumo. La desregulación que el oficialismo propone como solución no resuelve el problema de fondo: que la producción cultural no puede sostenerse solo con lógica de mercado, especialmente en géneros que históricamente operaron en los márgenes del sistema.
Reconocer el Día de la Historieta no es un gesto nostálgico. Es una afirmación de que la cultura popular tiene un valor que no se mide en exportaciones ni en retorno de inversión, sino en la capacidad de una sociedad para narrarse a sí misma con honestidad, con humor y, cuando es necesario, con rabia.
Puntos clave
- El Día Nacional de la Historieta Argentina fue establecido por la Ley 26.652, sancionada en octubre de 2010, en homenaje al primer número de Hora Cero Semanal (1957).
- Héctor Germán Oesterheld, autor de El Eternauta, fue secuestrado y desaparecido durante la última dictadura cívico-militar junto con sus cuatro hijas.
- Mafalda, de Quino, fue traducida a más de 30 idiomas y es uno de los personajes argentinos con mayor reconocimiento internacional.
- Los cinco personajes más reconocidos del género, Mafalda, El Eternauta, Patoruzú, Inodoro Pereyra y Clemente, surgieron entre 1930 y 1973.
- En el contexto de recorte cultural del gobierno de Milei, la historieta independiente sostiene la tradición con escaso apoyo estatal y en un mercado editorial debilitado.
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