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Cultura

La Memoria contra la DesMemoria

Por Claudia Ainchil.

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Por Claudia Ainchil

El 24 de marzo es Memoria, Verdad y Justicia para que Nunca Más vuelva a ocurrir una dictadura sangrienta como la que vivió nuestro país. Han pasado 48 años y aun hoy existen personas que dicen que no hubo 30.000 desaparecidos, que siguen esgrimiendo la frase “los argentinos somos derechos y humanos”.

Muchxs parecen que vivieron en un termo en esa época, y como no les tocaba a ellxs las desapariciones, torturas y demás hechos aberrantes que sucedieron a la luz del día, tarde o noche, entonces siguieron viviendo su vida como si nada ocurriera.

También hoy hay algunos jóvenes que desconocen nuestra historia y no se esfuerzan por intentar saber lo que ha pasado y por que el 24 de marzo es el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, Ley 25.633, promulgada el 22 de Agosto de 2002. «Institúyase el 24 de marzo como Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia en conmemoración de quienes resultaron víctimas del proceso iniciado en esa fecha del año 1976″.

En estos días la editorial de Derechos Humanos, Marea fue víctima de un ataque digital. Expresan en un comunicado: “La tensión ideológica que hoy caracteriza el clima político en Argentina -y se agudiza en el marco del 24 de marzo-, escala en todos los ámbitos y las redes de Marea no fueron la excepción: en las últimas horas, nuestro Facebook se convirtió en un campo de batalla en el que una legión de trolls volcó más de 800 mensajes y comentarios de odio, en defensa de la última dictadura militar y contra las Abuelas de Plaza de Mayo, a dos de las cuales estaban dirigido los post originales, e incluso otras amenazas explícitas”.

Por Julio Cortázar. «Y el día en que los plumíferos y los sicarios de la junta militar argentina echaron a rodar la calificación de “locas” a las Madres de Plaza de Mayo, más les hubiera valido pensar en lo que precede, suponiendo que hubieran sido capaces, cosa harto improbable.Estúpidos como corresponde a su fauna y a sus tendencias, no se dieron cuenta de que echaban a volar una inmensa bandada de palomas que habría de cubrir los cielos del mundo con su mensaje de angustiada verdad, con su mensaje que cada día es más escuchado y más comprendido por las mujeres y los hombres libres de todos los pueblos. (…) Lo irracional, lo inesperado, la bandada de palomas, las Madres de Plaza de Mayo, irrumpen en cualquier momento para desbaratar y trastrocar los cálculos más científicos de nuestras escuelas de guerra y de seguridad nacional. (…) Sigamos siendo locos, madres y abuelitas de la Plaza de Mayo, gentes de pluma y de palabra, exiliados de dentro y de fuera. Sigamos siendo locos, argentinos: no hay otra manera de acabar con esa razón que vocifera sus slogans de orden, disciplina y patriotismo. Sigamos lanzando las palomas de la verdadera patria a los cielos de nuestra tierra y de todo el mundo. (Periódico La República, París, 19 de febrero de 1982.)

Alejandra Mendé nació en Buenos Aires en 1956. Escritora de poesía, ensayo, novela y crítica literaria. De1997 a 2001 dirigió la revista «La Juntaluz, letra y arte» con la anuencia e impulso de Juan Gelman. De 1999 a 2009 formó parte del consejo editorial de Omero Poesía. Publicaciones:1997- Hebra Mojada en colaboración con Jorge Rivelli, 2013- La Obra del Señor Joyce, 2013 – Letras Cardinales, Novela, 2014- Vera Mística,Poesía, 2015 – Escritura , Ensayo. En formato ebook: Manual para Talleres Literarios, Bioesfera relato. Otras actividades: 1997-Cuadro Conjetural; obra de teatro en colaboración con Jorge Rivelli , y Proyecto para talleres literarios de la red de Bibliotecas Populares de Argentina.

“Cómo veo el tema de los derechos humanos en la Argentina hoy, dice Alejandra Mendé, más allá de las controversias de lo que puedan ser el funcionamiento o el cumplimiento de los juicios de lesa humanidad, creo que está pasando algo mucho más terrible en materia de derechos humanos, que es cuando vos no le das remedios oncológicos a los pacientes oncológicos que no pueden adquirirlos, estás no quitando un derecho, estás matando a una persona o por lo menos quitándole oportunidades de vida. Lo mismo pasa cuando no entregás comida a comedores donde van niños indigentes, eso es terrible. También en relación al tratamiento que se hace con los jubilados, vos fíjate que hay un congelamiento del sueldo, un aumento constante de los precios, y no solo eso sino que además de esa terrible brecha económica que hay, donde realmente si no tenés un hijo que te ayuda o una forma de sobrevivir externa a la jubilación, no podés vivir, entonces estás llevando, empujando a toda una franja etaria, también a una situación crítica y grave. Entonces yo me pregunto cuáles son estas políticas, si estas políticas son acordes a los derechos humanos, obviamente que no, están matando gente con esta situación, se está muriendo gente, no sé si están matando, pero el producto de toda esta retención de medicamentos, de vacunas, de congelamiento de jubilaciones, de no entrega a los comedores, etc., evidentemente empuja a la gente a una crisis importante, una crisis humana importante, y vamos a tener una crisis humanitaria en ese sentido, esto me preocupa hoy en materia de derechos humanos”.

Contanos de tu hermano, Jorge Raúl…

AM:En cuanto a mi hermano, te diría que está en la misma línea de lo que uno piensa, era su pensamiento, mi hermano muy joven se recibió de médico, estudió en el Colegio Guadalupe, se recibió a los 15 años, de bachiller hizo dos años, rindiendo los exámenes para ingresar a medicina, ingresa a medicina y a los 21 años ya era médico. Esto hace que él inmediatamente ponga un dispensario con un compañero de él, Molinas, ahí empieza en realidad toda su preocupación por lo social. Va transcurriendo toda esa época de los años 70, él se inscribe en el peronismo montonero. Y en el final tenía 27, 28 años, estaba con Paco Urondo, con una fotógrafa que en este momento no puedo acordarme el nombre, y el matrimonio Ríos, que es un matrimonio de gente que tenía imprenta, eran gráficos, estaban por hacer un diario, es en esas circunstancias cuando él desaparece. Primero caen en la casa de los Ríos y después él desaparece. Es llevado a la ESMA, fue muy joven cuando desaparece. Yo lo miro ya pasados tantos años, y pienso en los jóvenes que veo, también hay que entender que era una madurez muy fuerte esa generación, eran gente muy madura, muy preocupada por todo, por la medicina en el caso de él, por su compromiso con la gente, en fin, era una generación muy preparada, muy nutrida, muy fuerte. Bueno, eso es lo que te puedo decir de mi hermano, y en lo personal, lógicamente, él me ha llevado 10 años, así que para mí era como un ejemplo y como una persona excepcional, y qué te puedo decir, que todos teníamos las expectativas que era brillante, empezó a trabajar, uno tenía otra idea de lo que podía pasar con su vida y lamentablemente pasó lo que pasó.

¿Cómo lo llevaste a la escritura?

AM: Lo llevé con una novela que fue un intercambio entre la novela y los procesos internos en donde uno va asimilando lo que pasa en el afuera y cómo esto se fue tramitando en la sociedad también. Una novela que se llama Letras Cardinales, yo ahí hice como un cambio, me preguntaba qué desapareció de mí con él, entonces la desaparecida es una chica, qué mitología lleva a este pueblo a tener tragedias tan fuertes, como que es un pueblo que no puede ser feliz, que tiene que ser trágico por alguna vía. Siempre han pasado cosas así en nuestro país desde el nacimiento de la patria. Y bueno, lo que me pasó fue eso, preguntarme sobre eso, entonces tiene una escritura mítica de unas cartas que el personaje va encontrando. Esa escritura mítica lo hace llegar a poder desentrañar lo que realmente le pasaba, que era tener una novia desaparecida. Está todo en ese círculo de amistad entre dos hombres que hablan de ella, de la desaparecida, y con uno de ellos que tiene que resolverlo a través de una pregunta mítica. Sería básicamente la estructura de la novela, tenía que ver con el pensamiento. Pero debo decir que al principio era una novela de dos hombres, después se sumó la desaparecida, después se sumaron las cartas míticas, fue como todo un trabajo que iba progresando de acuerdo a cómo iba modificándose el pensamiento de nuestra sociedad al respecto.

(Novela Letras Cardinales)

«Julián sube al mirador a buscar sus escritos (ella escribe en los boletos, en las servilletas de los bares, en las tapas de los cuadernos, en las paredes, en las puertas, en los espejos) hay papeles quemados.
Ovidio busca las últimas telas (Mariana pinta extensos horizontes) hay algunas cortadas».
«Se dan cuenta, tienen que salir de ahí cuanto antes. Y en el bar, esa sensación de N-A-D-A, N-A-D-A, N-A-D-A, están callados,
perdidos en el mar de esa ausencia. Un vaso cae y el vino se desparrama sobre la silla vacía.
Cuando los hombres se preparaban a hacer la fosa, ella los frenó: – Va conmigo. Lo llevo. Ató el cadáver de Juan Krüg a la
cintura. Pasó las riendas por encima de los hombros y empezó a andar con el cuerpo de Juan aferrado a su cuerpo.
Comenzó a galopar con los hombres hacia el sur, gritando: ¡A Los Paraísos Juan, dónde deben estar nuestros muertos!»

Una cosa interesante de eso es que el final de la novela tenía un final, que era un capítulo que después termina anterior, que es cuando ellos abren una librería, estos dos amigos, pero en realidad termina cuando antes de ir a declarar en el juicio sobre mi hermano, di vuelta eso y le puse otro final que era el mítico. Y tuvo mucho que ver en lo que me pasó, en el recurso que uno tiene para la vida, para hablar, para responder al mundo que es la literatura. Hay quienes tienen otros recursos, mi hermano era médico, tenía ese recurso. A mí me gusta la literatura, hago literatura y es mi recurso. Con el cual pude decir siempre lo que dije, porque creo que en materia de derechos humanos, el tema es que hay un sagrado que es el cuerpo del otro, y ahí está el gran deterioro de este país, cuando se va en contra del cuerpo yaciente del otro, y se mata y no se entierra y se esconde. Todo eso tiene un correlato mucho más doloroso que hay que resolverlo. La literatura es una vía regia para resolver, porque los escritores en realidad, como dice Balzac, los libros son acciones humanas en la muerte. Los escritores actuamos en la vida y en la muerte, en el silencio y en el mundo. Entonces eso es lo que te puedo decir de cómo lo llevo a la literatura. No sé si llevo el problema o lo que me pasaba, un poco sí, porque es el recurso que tenía, pero también es cierto que yo llevo la literatura, también a él de alguna manera cuando en el juicio puedo hablar y decir lo que dije, que en realidad tenía que ver con otras cosas que no pasan por la militancia política, que pasan por el simple hecho de ser humano.

«Todo esto resume en realidad que los derechos humanos no deberían existir, sino que todos deberíamos ser tan humanos como para entender que hay cosas que no tenemos que atravesar. No darle de comer a un niño es ser mala persona, quitarle los medicamentos a los ancianos, ¿vos lo harías?, si tuvieras en tus manos hacerlo.Yo me pregunto eso y me crispo porque realmente no es de buena gente hacer eso, ya que se habla tanto de la buena gente, del bien nacido. No es de bien nacido quitarle los medicamentos a los jubilados o que no tengan un ingreso como para comer o vivir dignamente. No es de bien nacido sacarle la comida de la boca a los niños. No es de bien nacido quitarle los remedios oncológicos al sufriente que es el enfermo oncológico. Este es el tiempo que vivimos y estas son las tragedias que se repiten»-finaliza Alejandra Mendé.

En la Argentina hubo desaparecidxs, presos y presas políticxs, niños y niñas apropiadxs, persecuciones, exiliadxs. En determinados momentos hay que plantarse y no convalidar actos impunes como lo que sucedió con la editorial Marea. Ante tanto discurso de odio voraz, de violencia es imprescindible que la memoria colectiva no olvide. Se trata de defenderla con uñas y dientes a esa Memoria, que algunes intentan convertirla en DesMemoria.

Cultura

Murió Carlos Alonso, el pintor que hizo de la memoria una herida abierta

Tenía 97 años y falleció en Unquillo, Córdoba, donde vivió durante décadas. Con una obra que atravesó el expresionismo, la denuncia política y el dolor de la dictadura que desapareció a su hija, Alonso construyó uno de los legados más poderosos del arte argentino del siglo XX.

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El Argentino Diario-Carlos Alonso, pintor.
Carlos Alonso: el pintor que convirtió la desaparición de su hija y el horror de la dictadura en arte irreductible.

Una hija desaparecida, el exilio, los cuerpos como metáfora de la violencia de Estado y más de setenta años de producción ininterrumpida: Carlos Alonso no fue solo un pintor, sino uno de los registros más lúcidos y dolorosos que el arte argentino dejó sobre sus propios traumas.

El artista plástico Carlos Alonso, nacido el 4 de febrero de 1929 en Tunuyán, Mendoza, murió este lunes 21 de septiembre de 2026 en su casa de Unquillo, Córdoba, a los 97 años. Su obra, que abarcó la pintura, el dibujo y el grabado, atravesó más de siete décadas marcadas por el expresionismo y por una mirada profundamente crítica sobre la Argentina y sus heridas.

De Cuyo a Europa: una formación entre maestros

Su trayectoria comenzó en 1944 en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, donde tuvo como maestros a Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez y Francisco Bernareggi. En 1950 se trasladó a Tucumán para sumarse al grupo encabezado por Lino Enea Spilimbergo, experiencia que resultó decisiva en su desarrollo artístico. Tres años después viajó a Europa y tomó contacto directo con la obra de Diego Velázquez y Vincent van Gogh, influencias que reaparecerían de manera recurrente en sus trabajos.

En 1957 obtuvo el primer premio en un concurso para ilustrar la segunda parte del Quijote de la Mancha y en 1968 se instaló en Florencia para trabajar sobre La Divina Comedia de Dante Alighieri. Esas incursiones en la gran literatura occidental no fueron ejercicios académicos; fueron el laboratorio donde Alonso afiló una mirada sobre el poder, el castigo y el cuerpo que luego trasladaría a la realidad argentina.

El cuerpo como territorio político

A fines de los años 60 comenzó su serie Lección de anatomía, inspirada en Rembrandt, en la que la disección del cuerpo se convirtió en metáfora de la violencia que el poder ejerce sobre los sujetos. Esa misma línea lo llevó a su trabajo sobre El matadero de Esteban Echeverría, donde la carne animal y el cuerpo humano se fusionan bajo el mismo signo del sacrificio y la dominación. En esas obras, Alonso demostró que la tradición pictórica europea y la historia argentina podían dialogar sobre el mismo territorio: el de los cuerpos que el poder destruye.

La dictadura, el exilio y Paloma

La última dictadura militar marcó su vida de manera irreversible. Alonso debió exiliarse y vivió primero en Italia y luego en España. En 1977, su hija Paloma Alonso, de 21 años, fue secuestrada por el terrorismo de Estado y permanece desaparecida. Esa ausencia que no cierra se convirtió en el eje alrededor del cual giró su producción posterior.

Su regreso a la Argentina en 1980 y su instalación definitiva en Unquillo no significaron un cierre, sino una profundización. La serie Manos anónimas, en la que abordó el terrorismo de Estado y la violencia política, es quizás la síntesis más descarnada de esa experiencia: manos que no tienen cara, cuerpos sin nombre, la brutalidad como sistema. La desaparición de Paloma no fue solo una tragedia personal; fue la herida que le dio a su obra una dimensión que ninguna técnica podría haber construido artificialmente.

Reconocimientos y una última exposición

Su trayectoria recibió los premios Konex de Platino en 1982 y 1992. En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran exposición retrospectiva que revisó su producción y su diálogo con la tradición pictórica occidental. Sus obras integran las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.

En 2025, Alonso realizó en el Museo de Arte Contemporáneo de Unquillo, institución que contribuyó a fundar, su última exposición pública. Fue una muestra dedicada a una faceta menos difundida de su obra: su relación con el paisaje de las sierras cordobesas, el territorio que eligió para vivir y donde finalmente murió. Hasta el final, el paisaje y la memoria coexistieron en su pintura como dos formas de habitar el tiempo.

Lo que tenés que saber

  • Carlos Alonso murió el 21 de septiembre de 2026 en Unquillo, Córdoba, a los 97 años.
  • Fue uno de los artistas plásticos más importantes del siglo XX argentino, con una obra que abarcó pintura, dibujo y grabado durante más de siete décadas.
  • Su hija Paloma fue secuestrada y desaparecida por la última dictadura militar en 1977, hecho que transformó de manera definitiva su producción artística.
  • En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran retrospectiva; en 2025 realizó su última exposición en Unquillo.
  • Su obra integra las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.
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