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El Metegol: el pequeño partido alejado de los jugadores de mármol

Con público visitante, lejos de la ficción y al valor de una ficha, el juego mezcla anarquismos, exilios y revoluciones.

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El-Argentino-Historia del Metegol
El-Argentino-Manu Campi

Por Manu Campi | @manucampimaier

Hubo un tiempo de seguro más amable, menos rabioso, de las plazas colmadas de los mismos guardapolvos blancos que pedían un “escolar” y recibían a cambio un “pasa, pibe”. Se andaba solo antes del acné y a fuerza de las bombuchas en verano, el Naranju y las figuritas que no representaban otra cosa que ‘late y nola’. El tinenti, el elástico, el ringraje, los cohetes de oferta que sobraban de las fiestas y los carritos de rulemanes, moldeaban, a su manera, la fisionomía del barrio después de la escuela.

Ser analógico suponía arreglar de palabra a qué hora, cuando y donde. Se volvía a casa antes de que caiga el sol y se entendía perfectamente la diferencia entre conocido y extraño. Hoy, con la intensidad digital sobre el verdadero deseo, los kioscos pegan carteles avisando que no hay ni álbum ni figuritas de Messi a disposición, para el suplicio de padres, angustia de los pequeños y pérdidas para los vendedores. Así, se llegó a pensar que incluso el fútbol no es para todos, pero, sin embargo, todavía perduran, en algunos bufetes y en la puerta de los kiosquitos de barrio, los metegoles.

Al metegol lo inventó Sealer Thorton, un inglés en 1922, mientras veía un partido de fútbol con una caja de fósforos en la mano. Si bien su prototipo tiene cabal distancia con el que se conoce hoy, donde está clara la imposibilidad de jugar con fósforos y su caja, sentó las bases del juego que espera una moneda para entregar las siete pelotas. Aquel metegol o “fútbol en caja”, tiene una formación diferente a la convencional con la línea de defensa que incluye al arquero, y los jugadores en forma de bolos con una sola pierna.

En paralelo, en 1936 y en España, el anarquista, escritor, inventor y poeta, Alexandre Campos Ramírez (alias Alejandro Finisterre) creó el futbolín luego de haber participado contra el franquismo en la Guerra Civil Española, en la cual resultó herido a los 17 años. Hospitalizado, y viendo la cantidad de chicos con amputaciones, pensó que estos podían jugar al fútbol con jugadores con dos piernas y forma humana.

Ayudado por “El Vasco”, un carpintero de apellido Altuna, terminaron por darle forma al juego. Finisterre le dio patente en 1937 animado por otro anarquista, Joan Busquets. El fútbol de mesa llegó a Francia a través de un compañero de internación, trotskista de nombre Magi Muntaner, exiliado en dicho país por la persecución stalinista.

En el tiempo que permaneció internado Finisterre surgió este invento, y cuenta qué el líder de CNT y FAI, Joan Busquets, un anarquista de Monistrol que fabricaba gaseosas, lo vio y lo animó a patentar el invento. Lo patentó a principios de 1937, Finisterre también cuenta que el futbolín llegó primero que él a Francia, de la mano de su compañero de internación, un trotskista llamado Magi Muntaner del POUM, que en 1937 tuvo que exiliarse en Francia por la feroz persecución estalinistas que había en España y, con el triunfo de Franco, Finisterre siguió sus pasos hacia el país vecino en 1948. El juego se desparramó por Europa en menos de lo que canta un gallo y más allá de sus variaciones, principalmente defensivas, de dos o tres defensas según el caso, en la actualidad sigue siendo prácticamente el mismo.

Finisterre siguió el camino del exilio y llegó a Guatemala, pero en 1954 el Golpe de Estado en Guatemala a manos de Castillo Armas y solventado por la C.I.A., hizo que el español sufirera una nueva persecución política por parte del franquismo que, cerrando filas con Castillo Armas mandó a deportar a todos los exiliados españoles en Guatemala. Sin embargo, Finisterre se exilió en México y de esta manera: durante el vuelo que lo deportaba armó una bomba de mentira con un jabón envuelto en papel de aluminio y cables.

Consiguió que este aterrice en Panamá y desde ahí llegó a Mexico para dedicarse finalmente a la escritura. Supo, entonces, jugar con el Che, aunque era sabido que la que tenía cierta habilidad era su compañera, Hilda Gadea.

Con o sin molinete, sacando del medio o desde quien recibe el gol, el metegol no debería perderse de vista y mucho menos cuando el futbol se ha convertido en una pintorsca novela codificada.

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Tras el atentado, Salman Rushdie podría ser Premio Nobel de Literatura

Si el año pasado ganó un tanzano, en esta edición es el turno de un europeo; si antes fue varón, entonces ahora podría ser mujer, si las últimas premiaciones fueron mayoría otorgadas a autores en lengua inglesa, pues podría ser hora de un escritor en español, en mandarín o en francés.

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Como cada año a principios de octubre, el hermetismo en torno al Premio Nobel de Literatura envuelve un halo de misterio y expectativa sobre quién será la figura más destacada de las letras para la Academia Sueca, un misterio que finalmente será develado el próximo jueves, y en el que resuenan dos candidatos argentinos y toma impulso la figura de Salman Rushdie tras ser apuñalado mientras dictaba una conferencia en el estado de Nueva York.

Si el año pasado ganó un tanzano, en esta edición es el turno de un europeo; si antes fue varón, entonces ahora podría ser mujer, si las últimas premiaciones fueron mayoría otorgadas a autores en lengua inglesa, pues podría ser hora de un escritor en español, en mandarín o en francés.

Y así las predicciones que rondan los días previos al anuncio del Nobel de Literatura, el galardón más destacado de las letras, que cada año -a pesar de las apuestas- sorprende con sus elecciones inesperadas, como la de 2021 que no sólo el nombre del ganador no estaba en la lista de apuestas sino que tampoco el propio laureado creía su reconocimiento. «Pensé que era una broma», había dicho Abdulrazak Gurnah, el Nobel de la edición pasada. O cuando en 2016 se lo concedieron al cantan Bob Dylan.

A lo largo de los años hay nombres que se repiten y entran en esa etiqueta de «eternos al Nobel», como el japonés Haruki Murakami, el rumano Mircea Cartarescu, el francés Michel Houllebecq, la canadiense Margaret Atwood, la francesa Annie Ernaux, el checo Milan Kundera, o el español Javier Marías, recientemente fallecido. Entre los nombres que se escuchan en las apuestas o en las redes sociales, hay también un argentino: Cesar Aira, que en 2019 quedó en el puesto número 22 de una importante casa de apuestas británica.

En una conferencia de prensa que dio cuando recibió el Premio Formentor de las Letras en el año 2021, Aira se había mostrado escéptico ante la posibilidad de recibir el Nobel de Literatura y había subrayado que «esos premios hay que justificarlos y la justificación es no literaria. Nunca se ha dado un premio por lo buenos que son los libros sino por la defensa que se hizo de esto o de lo otro».

Otro escritor que siempre suena como posible al Nobel de Literatura es Salman Rushdie pero este año tras el atentado que sufrió en Nueva York cuando fue acuchillado en medio de una conferencia, su nombre lidera los rankings, al menos el de la casa de apuestas Unibet. En agosto de este año, cuando ocurrió el atentado, el filósofo Bernard-Henri Lévy lanzó una campaña para que el autor de «Los versos satánicos» sea el próximo Nobel de Literatura: «No imagino a un escritor que tenga hoy la presunción de merecerlo más que él. Comienza ahora la campaña», escribió en el Journal du Dimanche tras la agresión que recibió Rushdie.

Rushdie es un referente de la libertad de expresión porque ha vivido en carne propia la experiencia de la censura y la persecución, desde que el ayatolá Jomeini libró en el año 1989 una «fatwa» por la cual pedía matar al novelista y prometía recompensar a su asesino con US$3 millones.

El reciente atentado que sufrió y lo dejó en «estado crítico», activó las alertas en torno a los cruces entre realidad y ficción, y por tal motivo se inició una campaña para que sea laureado con el galardón sueco, como una forma de dar un mensaje global también para la libertad de expresión y creación. De hacerlo, la el comité de Letras de la Academia Sueca incorporaría un giro político y coyuntural, haciéndose eco de las embestidas contra la libertad de pensamiento.

Tras Rushdie, por orden de apariciones hasta el momento, Unibet ubica en el ranking en segundo lugar al francés Michel Houellebecq, seguido por el keniano Ngũgĩ wa Thiong’o, el estadounidense Stephen King, la francesa Annie Ernaux, la estadounidense Gabrielle Lutz, el francés Pierre Michon, la poeta canadiense Anne Carson, la china Can Xue, el japonés Haruki Murakami, el estadounidense Robert Coover, la francesa Hélène Cixous, el noruego Jon Fosse, la rusa Liudmila Ulitskaya, la canadiense Margaret Atwood, Maryse Condé y la escritora nacida en Antigua y radicada en Estados Unidos, Jamaica Kincaid.

A principios de este año, un grupo de artistas, escritores e intelectuales postularon al escritor y crítico literario Noé Jitrik. En la carta que enviaron a la Academia Sueca destacaron su «escritura original y sorprendente», su obra literaria que «ha combinado, de modo seminal y alumbrador, una ética social con un compromiso político» y su voz «inconfundible por la abrasiva suavidad de su escritura».

La postulación del crítico fue iniciativa de un grupo de escritores encabezado por Adrián Desiderato, Luisa Valenzuela, Roberto Ferro, Mempo Giardinelli y Juan Chaneton, a la que luego se sumaron nombres como la mexicana Elena Poniatowska, el pintor Luis Felipe Noé, la escritora chilena Diamela Eltit y el crítico mexicano Adolfo Castañón, entre muchos otros firmantes de distintos polos del arco social y cultural, incluyendo entre ellos al biólogo Alberto Kornblithh o al exministro de Ciencia Roberto Salvarezza.

Entre sus consideraciones, los firmantes aseguran que la escritura de Jitrik «desplegó en la narrativa, la poesía, el ensayo o la crítica literaria, géneros que, con eficacia y plenitud, el escritor nos brinda con la feliz disposición subjetiva de quien, en suma, ennoblece y justifica, con su literatura, la vida humana», señala el texto.

Para elegir el Nobel de Literatura, la Academia Sueca arranca con una lista de 220 candidatos que llegan de todas partes del mundo y con la ayuda de especialistas reducen la lista a 20 nombres. Luego, eligen cinco que entran en una especie de lista corta y es ahí donde se define «El comité leyó todo lo escrito por estos cinco escritores: leyendo, pensando en lo que están leyendo, evaluando y explicando muy claramente cómo piensan sobre ellos», explicó Ellen Mattsson, miembro de la Academia y del Comité, en una entrevista en la web del NobelPrize.

El Premio Nobel de Literatura será anunciado el próximo jueves.

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