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“Daño irreversible”: médicos temen graves secuelas para Alejandra Oliveras

La familia niega el uso de sustancias, pero médicos afirman que su cuadro tiene múltiples factores de riesgo.

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Alejandra «Locomotora» Oliveras, múltiple campeona mundial de boxeo y referente del deporte argentino, permanece internada en la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital José María Cullen de Santa Fe tras haber sufrido un accidente cerebrovascular (ACV) isquémico el 14 de julio. Su estado de salud sigue siendo delicado y su pronóstico, reservado.

Según el parte médico más reciente, firmado por el doctor Bruno Moroni, la paciente se encuentra “estable hemodinámicamente, con asistencia respiratoria mecánica y sin cambios neurológicos respecto a los días previos”. El informe subraya que continúa bajo vigilancia permanente del equipo médico.

El jefe de terapia intensiva del hospital, Néstor Carrizo, indicó que “la lesión es irreversible si hablamos de funcionalidad en esa área del cerebro”, aunque aclaró que “el cuadro clínico neurológico es reversible”. Aun así, remarcó que el foco del tratamiento sigue siendo “mantener con vida a la paciente y sostener el funcionamiento de sus órganos vitales”.

Diagnóstico reservado y posibles secuelas permanentes

El cirujano cardiovascular Fernando Cichero advirtió en el programa Mujeres Argentinas que Oliveras, aun si sobrevive, enfrentará un futuro con severas discapacidades. “No creo que vuelva a hacer una vida normal como hacía. No va a poder deambular sin dificultad, no podrá mover el miembro superior correctamente y además va a quedar con afasia”, sostuvo.

La exboxeadora fue sometida a una craniectomía descompresiva —una cirugía invasiva que busca reducir la presión intracraneal— para evitar la muerte cerebral. Sin embargo, los tiempos de reacción fueron tardíos. Según el equipo médico, Oliveras llegó fuera de la ventana terapéutica para abordar el ACV con tratamientos más efectivos.

Hipertensión no controlada y el posible rol de los anabólicos

Aunque la familia negó el consumo de sustancias, distintos especialistas apuntaron al uso de anabólicos y a antecedentes de salud no tratados como posibles causas del ACV.

“Tenía un cuerpo muy desarrollado en masa muscular. Eso tiene relación directa con haber ingerido anabólicos en algún momento”, afirmó Cichero en El Trece. También explicó que “los anabólicos alteran el metabolismo del colesterol y aumentan el riesgo de accidentes cerebrovasculares”.

A esto se sumó una patología diagnosticada previamente: una obstrucción severa en la arteria carótida, que podría haberse detectado con un ecodoppler. “La paciente era hipertensa y no se controlaba”, reveló Carrizo. La falta de seguimiento médico habría sido otro factor determinante para el desenlace.

Alejandra Oliveras, entre el mito y la fragilidad

Conocida por su carisma, temperamento y trayectoria invicta durante años, Alejandra Oliveras fue campeona mundial en cinco categorías distintas. Oriunda de El Carmen, Jujuy, se convirtió en una figura popular no solo por su rendimiento en el ring sino por su estilo frontal y su cercanía con el público.

En los últimos años, combinó el deporte con una incipiente carrera en los medios y redes sociales, donde mantuvo una base de seguidores leales. Su situación actual conmueve a la comunidad deportiva y a miles de personas que siguen de cerca la evolución de su salud.

La exboxeadora permanece inconsciente, sin reacciones neurológicas visibles, y bajo respiración asistida. Los médicos insisten en que cada hora es crítica. La posibilidad de recuperación completa quedó prácticamente descartada.

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Femicida en pantalla: la película «Barreda» no escapa del relato del asesino

El 15 de noviembre de 1992, Ricardo Barreda asesinó a su esposa, sus dos hijas y su suegra en La Plata. Tres décadas después, Prime Video estrena una película protagonizada por Luis Machín que reconstruye el caso, el juicio y la figura de las víctimas, aunque no todo lo que muestra tiene respaldo documental.

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La pantalla volvió a poner en el centro de la escena uno de los crímenes más impactantes de la historia argentina. «Barreda», la película de Prime Video dirigida por Daniela Goggi (El Rapto), llegó a la plataforma este viernes y reconstruye el cuádruple femicidio cometido por el odontólogo Ricardo Barreda en su casa de La Plata.

Luis Machín encarna al femicida; Carla Peterson interpreta a su esposa Gladys McDonald; Mercedes Morán da vida a la suegra Elena Arreche; y Maite Lanata y Margarita Páez encarnan a las hijas Cecilia y Adriana. La producción recorre el crimen, el juicio oral de 1995 y algunas dimensiones más íntimas de la vida familiar del femicida, combinando hechos verificados con escenas de elaboración ficcional.

El arma que regaló la suegra: un dato confirmado

Uno de los elementos más fuertes del relato tiene sustento documental. La película muestra que la suegra de Barreda, Elena Arreche, le obsequió la escopeta con la que el odontólogo posteriormente mató a las cuatro mujeres de su familia. Se trata de una Víctor Sarasqueta calibre 16, un arma de origen español que el femicida utilizaba para la caza.

Durante el juicio oral, el propio Barreda declaró que el arma había sido un regalo de su suegra. El dato también aparece registrado en distintas reconstrucciones periodísticas del caso. Según la declaración del acusado, después de los asesinatos se deshizo del arma arrojándola en la zona de Punta Lara, en Ensenada, episodio que la película también recrea.

Pirucha, la vidente: personaje real con un rol todavía discutido

El personaje interpretado por Paola Barrientos es uno de los que más puede generar dudas entre quienes no conocen el caso en detalle, pero tiene existencia real. María de las Mercedes Guastavino, conocida como «Pirucha», fue una vidente que mantuvo un vínculo cercano con Barreda y que declaró en el juicio de 1995.

Según distintas reconstrucciones del caso, la mujer lo habría persuadido de que las mujeres de su familia practicaban magia negra contra él y querían matarlo. La película fiel a ese relato muestra a Pirucha alimentando los miedos del odontólogo. También se retrata que, luego de cometidos los crímenes, Barreda pasó por su casa en busca de ayuda. De acuerdo al relato del psiquiatra forense que lo peritó, Miguel Maldonado, el asesino le dijo al llegar: «Me mandé una macana». La influencia real de Pirucha sobre las decisiones de Barreda fue debatida durante el proceso judicial, sin que se llegara a una conclusión definitiva sobre su responsabilidad.

Las hijas: vidas que la historia oficial silenció

La película reconstruye a Cecilia y Adriana Barreda como dos mujeres jóvenes con proyectos concretos: Cecilia planeaba mudarse con su pareja e instalar un consultorio odontológico en la casa familiar, mientras que Adriana estaba próxima a casarse. En la vida real, la historia de las víctimas quedó durante décadas relegada frente al relato construido alrededor de su asesino. Hay registros que confirman que el novio de Cecilia declaró como testigo en el juicio en contra de Barreda. Amigas de las jóvenes le dijeron al periodista Enrique Russo, en 1992, que evitaban ir a la casa porque Barreda «era mano larga». Las escenas que recrean vínculos y conversaciones cotidianas de las hijas pueden partir de datos fragmentarios, pero en buena medida se completan con elaboración ficcional.

La venta de la casa y el divorcio: sin respaldo documental

Uno de los elementos que la película presenta como detonante de la violencia es la intención de Gladys McDonald y su madre de vender la propiedad, junto con el deseo de Gladys de separarse definitivamente de Barreda. Sin embargo, no hay registros documentales que confirmen que la familia estuviera planeando vender la casa en los términos que plantea el film. Distintas reconstrucciones del caso sí señalan que Barreda y su esposa habían atravesado una separación previa al crimen, aunque continuaban conviviendo bajo el mismo techo. La decisión de incorporar ese elemento como disparador dramático responde a una licencia narrativa de la dirección.

«Conchita»: el apodo que tal vez nunca existió

Durante el juicio, Barreda sostuvo que las mujeres de su familia lo apodaban «Conchita» como forma de humillación y que esa degradación constante había sido el motor de los crímenes. Con el tiempo, ese apodo se convirtió en uno de los elementos más recordados del caso.

La película va un paso más lejos: muestra que el propio Barreda construyó la idea de que lo llamaban así como parte de una estrategia de defensa, algo que no tiene una prueba definitiva. En 2011, el periodista Rodolfo Palacios publicó Conchita, el hombre que no amaba a las mujeres, donde puso en duda la veracidad del apodo y planteó que Barreda pudo haberlo inventado para justificar la masacre familiar y evitar la condena. La película toma esa hipótesis y la presenta como un hecho, cuando en rigor sigue siendo una versión periodística sin confirmación judicial.

Una historia que siempre corrió el riesgo de reproducir el relato del asesino

El caso Barreda fue durante años un ejemplo de cómo el sistema mediático y judicial argentino tendió a construir el relato desde la mirada del perpetrador, relegando a las víctimas a meros datos del expediente. La película de Goggi hace un esfuerzo visible por devolverle humanidad a Gladys, Elena, Cecilia y Adriana, mostrando sus vínculos, sus proyectos y sus voces antes de los disparos.

Ese gesto no es menor en términos simbólicos. Al mismo tiempo, la producción no escapa del todo a la lógica del true crime que fascina con la figura del criminal, algo inherente al género y que el espectador tendrá que procesar con perspectiva crítica. «Barreda» llega a Prime Video en un momento en que el femicidio en Argentina sigue siendo una crisis estructural sin respuesta institucional suficiente, lo que hace que la pregunta sobre qué historia se cuenta y desde qué lugar no sea un detalle menor.

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