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Entrevista

Federico Palazzo: “Las células más débiles del entramado social se vuelven descartables, como la vejez”

El escritor y director de Vamo’ los pibes reflexiona sobre la vejez, la jubilación mínima como condición de supervivencia y una sociedad que tiende a descartar a sus adultos mayores, en una comedia que pone el foco en una realidad social urgente.

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Federico Palazzo.

Por Andrea Reyes

El director y dramaturgo Federico Palazzo estrena “Vamo’ los pibes”, una comedia que dialoga con una generación muchas veces relegada o invisibilizada y que pone en el centro la vejez, la amistad y la posibilidad de reinventarse cuando el tiempo parece jugar en contra.

Escrita y dirigida por Palazzo, y basada libremente en El audífono, de Jorge Palaz, la obra fue distinguida con el Primer Premio a Obra Teatral Inédita del Fondo Nacional de las Artes.

“Quizás voy a utilizar una metáfora no muy feliz, pero ¿qué despotismo cultural creer que cuando lleguemos a ser adultos mayores ya no servimos para nada? Esta relación con el servilismo: tener que servir para algo. Bueno, eso es lo que tratamos, porque el arte no frena la mano que lastima. El arte hace y permite que veamos la herida, y la herida la queremos contar en comedia”, reflexiona Palazzo en diálogo con El Argentino.

El estreno será el 2 de enero en el Multiteatro, con un elenco integrado por Antonio Grimau, Osvaldo Laport, Raúl Lavié y Osvaldo Santoro. A lo largo de la entrevista, el director profundiza además sobre la dignidad de los adultos mayores, el valor del trabajo colectivo y el rol del arte frente a una realidad social que muchas veces tiende al descarte.

-¿De qué trata Vamo’ los pibes?

-Esta historia son cuatro amigos de toda la vida, los cuatro jubilados con la mínima, lo cual es, por supuesto, en cualquier lugar de América, un escollo fundamental para poder vivir mejor y ser feliz. Uno de ellos queda sordo la noche del debut en la calle Corrientes, en pleno show. Y sus otros tres amigos son capaces de hacer algunas fechorías para lograr conseguir un audífono, porque ese audífono es la llave para poder volver a seguir.

-¿Qué te atrae de esa idea de la vejez ligada al movimiento y no a la inmovilidad?

-Particularmente, a mí me genera mucho interés -y entiendo que es un interés paralelo que les sucede también a los actores- esto de ser jubilado con la mínima a los 80 años (no nos olvidemos que Lavié tiene 88). Lo viven desde un lugar de enorme dignidad frente a la vida, y el movimiento genera vitalidad; entonces la quietud, la pantufla, es de lo que los personajes se quieren despojar.

-¿Qué te gustaría que se lleve el público al salir de la sala?

-Yo creo que está dirigida a un público más abarcativo, no solamente al público de los adultos mayores. Arriba de los 30 años ya podemos empezar a aprender un poco de nuestros adultos mayores. Creo que hay un bagaje cultural que nos impide eso. Como lo decía Almafuerte: mil veces me caigo, mil veces me levanto… Esa cosa reivindicativa que tiene la vida, de encontrar agarraderas para seguir, tener un sueño, una utopía. Ellos, en este codo de la vida, recuperan aquello que fue singular en la adolescencia, cuando podíamos creer en lo imposible: recorrer el mundo en casa rodante. Hay un vínculo con lo imposible que lo hace todo posible.

-La historia tiene elementos muy sensibles. ¿Qué fue lo más desafiante de construirla sin caer en el golpe bajo?

-Hay un punto de partida identitario. Mi viejo escribió esta pieza teatral en 2009 y ganó el primer premio del Fondo Nacional de las Artes a obra teatral inédita. Él parte unos años después de esta escritura y a mí me llevó años animarme a hacerla.

Es una historia muy noble, con un punto de partida poderoso. Mi labor fue ciertamente liviana al lado de haber pensado cuando él también se estaba quedando sordo mientras la escribía.

-¿Cómo influyó ese recorrido íntimo en la puesta y en la actualización del texto?

-Este camino familiar me puso muy cerca de entender cómo amplificar la obra a nuestro tiempo. Es un texto escrito en 2009 y hoy estamos en 2025; pareciera que fue la semana pasada, pero no. Hay nuevas estéticas, búsquedas y necesidades. Yo quería construir un relato coral, donde no haya un protagónico, sino cuatro protagónicos capaces de compartir el espacio.

-¿Qué te gustaría que quede flotando cuando la obra termina?

-No una solución de la herida, sino saberla, verla. Tal vez alguien salga de la sala con una sonrisa, pero entendiendo que mañana a la mañana se va a levantar con otra voluntad.

-La obra pone en primer plano el trabajo colectivo. ¿Sentís que ese mensaje hoy es central?

-La única certeza de la condición humana es que todos nos vamos a ir, pero pareciera que no lo queremos aceptar. Hace tiempo flota la conciencia de que el trabajo colectivo genera mejores resultados que el individual. Esta frase que se popularizó gracias a El Eternauta: “Nadie se salva solo”. Acá pasa lo mismo: el personaje de Lavié no podría conseguir un audífono sin amigos capaces de hacer algunas fechorías.

-¿Qué ves hoy en la vida cotidiana en relación con los adultos mayores?

-Veo una gran diversidad de conflictos, pero también una circunstancia donde las células más débiles del entramado social se van transformando en descartables: la discapacidad, la vejez, la niñez. Pareciera que todo funcionamiento cultural estuviera ligado a la productividad. Y nos olvidamos de que quienes hoy son jubilados no lo fueron durante 50 o 60 años de su vida.

-En este contexto social tan complejo, ¿qué creés que puede aportar tu obra?

-Todo este drama existencial que nos rodea -latinoamericano, esencialmente- lo atravesamos de una manera dicotómica, donde conviven el humor y la ternura. Cuando se dan la mano, son útiles. Y la aspiración colectiva que tenemos con esto es ser útiles. Ser útiles para no habernos pasado al pedo por este plano.

Cine & Series

César Bordón, sobre la novela vertical de Wanda: “Hay que abrirse a las nuevas tendencias”

El actor habló con El Argentino en la noche del Martín Fierro de la televisión abierta 2026 sobre el fenómeno de “Triángulo Amoroso”, la ficción vertical de Telefeprotagonizada por Wanda Nara y Maxi López. Rating, redes sociales y una nueva forma de consumir novelas.

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Si algo faltaba en el universo Wanda Nara era su desembarco en el mundo de la ficción. Y fiel a su estilo, la empresaria y conductora lo hizo a lo grande: la primera novela vertical de Wanda ya se convirtió en un fenómeno de rating, reproducciones y conversación digital.

Pero además del impacto de “Triángulo Amoroso”, la apuesta de Telefe también abrió un debate dentro del mundo audiovisual: si las ficciones cortas, pensadas para celulares y atravesadas por la lógica de las redes sociales, pueden convertirse en una nueva forma de hacer novelas.

En ese contexto, César Bordón -parte del elenco de la microserie y presente en la entrega del Martín Fierro de la televisión abierta 2026- habló con El Argentino sobre el éxito del formato y los cambios que atraviesa hoy la industria televisiva.

El fenómeno de la novela vertical: “La nueva tendencia”

Consultado sobre el fenómeno de la novela vertical protagonizada por Wanda Nara y Maxi López, Bordón no dudó en definirla como “la nueva tendencia” en una industria audiovisual que viene cambiando al ritmo de las redes y las plataformas.

La ficción debutó como la primera producción vertical realizada por Telefe para televisión abierta y plataformas digitales. Diseñada específicamente para consumo en celulares, tiene capítulos de apenas un minuto y medio y mezcla ficción, humor, romance y guiños constantes al universo mediático de sus protagonistas.

Según datos difundidos por Telefe y medios especializados, “Triángulo Amoroso” tuvo un fuerte impacto tanto en rating como en reproducciones digitales desde su estreno, liderando además su franja horaria en televisión abierta.

Junto a Wanda y Maxi, el elenco reúne figuras de distintos mundos del espectáculo como Georgina Barbarossa, Yanina Latorre, Déborah Nishimoto, Sebastián Presta, Eugenia Guerty, Pachu Peña, Lucas Spadafora y Nora Colosimo.

“También hay que saber abrirse a los nuevos mercados”

Con experiencia tanto en televisión tradicional como en plataformas internacionales, Bordón comparó el fenómeno actual con la irrupción del streaming años atrás.

“Cuando se empezaron a hacer series en plataformas, la gente decía: ‘¿Quién te va a ver? ¿Qué es esto?’. Y a mí me fue bárbaro”, recordó el actor, reconocido internacionalmente por producciones como “Luis Miguel”.

Para Bordón, el desafío pasa justamente por adaptarse a los nuevos hábitos de consumo. “También hay que saber abrirse a los nuevos mercados, a las nuevas tendencias y ver qué sucede con eso”, sostuvo.

La lógica detrás de estas ficciones verticales parece apuntar directamente a una audiencia acostumbrada al consumo rápido e inmediato: capítulos cortos, pantalla vertical, narrativa acelerada y fuerte circulación en redes sociales como TikTok, Instagram o YouTube Shorts.

En ese sentido, “Triángulo Amoroso” mezcla varios elementos que hoy dominan el entretenimiento: escándalo mediático, figuras hiperconocidas y una barrera cada vez más borrosa entre ficción y vida real.En este sentido, consultado sobre cómo fue compartir set con Wanda y Maxi, Bordón no dudó: “Son bárbaros, unos divinos”.

En definitiva, aunque todavía es temprano para saber si este formato reemplazará a las ficciones tradicionales, el éxito inicial de “Triángulo amoroso” muestra que la televisión ya empezó a explorar nuevos lenguajes para captar a una audiencia cada vez más hiperestimulada y atravesada por la lógica de la inmediatez.

 

 

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