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Entrevista

Homer El Mero Mero llega al Gran Rex

El próximo sábado Barderos llegará al Teatro Gran Rex para celebrar el recorrido exitoso de ambos dentro de la escena urbana y presentar juntos el flamante álbum «Inmortales», disponible desde ayer en las plataformas digitales. «Estoy muy agradecido con la vida por las situaciones que nos está presentando y contando los días, muy ansioso, para que llegue el momento. Es un sueño, algo que no esperábamos», dijo el artista.

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Por Javier Berro.

El rapero neuquino conocido artísticamente como Homer El Mero Mero dijo desconocer «si la música podrá cambiar el mundo» pero sostuvo como certeza que «sana y hace bien», como fue en su caso, al conversar sobre la vuelta de Barderos, el dúo que comparte su par C.R.O., a quien considera su «hermano».

El próximo sábado Barderos llegará al Teatro Gran Rex para celebrar el recorrido exitoso de ambos dentro de la escena urbana y presentar juntos el flamante álbum «Inmortales», disponible desde ayer en las plataformas digitales. «Estoy muy agradecido con la vida por las situaciones que nos está presentando y contando los días, muy ansioso, para que llegue el momento. Es un sueño, algo que no esperábamos», dijo el artista.

Tomás Manuel Campos (C.R.O.) y Lucas Darío Giménez (Homer El Mero Mero) entrarán y saldrán del escenario más de una vez a lo largo de la noche –que ya ostenta el cartel de entradas agotadas- en los distintos bloques que se ofrecerán, con presentaciones individuales antes del cierre, con banda en vivo, del show de Barderos, el proyecto que los une formalmente desde el 2016 con el lanzamiento de «Pure Drug» que abrió una discografía de cinco álbumes.

Con una historia compartida como freestylers en las plazas de Neuquén, rompieron los moldes en su provincia y luego se asentaron en Buenos Aires en 2018, donde conectaron con muchos de los nuevos talentos que emergían del trap y de los que son una referencia ineludible, para después bifurcar sus caminos y mezclarse dentro de la escena urbana cada uno por su cuenta y haciendo mixtura con otros géneros, pero sin resignar la identidad y la inventiva importada desde el sur patagónico.

«Desde siempre tenemos una relación como de hermanos. La música es nuestro laburo y ahora llegó el momento de volver. Quizás antes era el momento de enfocarnos en nuestros proyectos solistas, pero ahora volvemos con todo. Y siempre va a ser así, porque nunca va a dejar de existir Barderos», agregó.

 ¿Cuál es tu balance sobre el recorrido de Barderos dentro de la escena?

Homero El Mero Mero: Cada etapa fue importante y marcó algo para nosotros. Cuando empezamos en Neuquén teníamos mucha hambre y lo hacíamos por amor, sabiendo que queríamos mostrar nuestra música en algún momento. Después, cuando la gente nos empezó a prestar la oreja, empezamos a tomarlo con más responsabilidad, a tener los pies sobre la tierra, para tratar de estar siempre para la gente. Hay errores que antes cometía que ahora ya no me puedo dar el lujo de cometer.

¿Es importante para vos defender la cultura del hip-hop en el medio de esta explosión y la mixtura de todos los géneros urbanos?

HEMM: Sí, obvio. Defender el hip-hop es algo primordial y fundamental en la historia de Barderos. Si bien podemos adaptarnos a todos los géneros, nosotros somos raperos y nos debemos a la gente que nos sigue que también lo es. Yo creo que el gordo Biggie (The Notorius B.I.G), esté donde esté, debe estar orgulloso de lo que estoy haciendo en este momento, porque el hip-hop siempre fue protesta. Vino de la gente marginada y que viene de abajo, de los africanos que empezaron a tirar rimas y barras en Estados Unidos.

¿Y cómo es para vos ser un referente para algunos de los artistas urbanos más destacados de la escena?

HEMM: Es una bendición y una responsabilidad muy grande, porque yo soy una persona que se equivocó mucho en la vida y que hoy en día no puede permitirse eso. Tengo que caminar por el camino recto, ser una persona de bien y alguien que sea admirable para el resto. Un buen ejemplo. Y creo que eso es lo más importante de todo y por lo que la gente te toma como referente. En todos los años que llevo de carrera jamás tuve un problema con ningún otro artista ni ninguna discusión grave que me haya llevado a algo malo. Creo que eso habla también de la educación que uno tiene.

¿Qué te devolvió la experiencia de llegar a las cárceles con los talleres de rap? ¿Cuál es el mensaje que bajás ahí?

HEMM: Les muestro con el ejemplo dónde estaba y hacia dónde se puede llegar con mucho trabajo y dedicación y amor por lo que uno hace, pero sobre todo con mucha fe en uno mismo. Yo escribo por semana cuatro o cinco letras, a veces más y otras menos, pero ese es el promedio. Siempre me estoy expresando y luchando contra mí mismo para poder hacerlo mejor, porque estoy convencido y a la vez agradecido por todo lo que logré. Y siempre puedo lograr mucho más, al igual que la gente que se merece mucho más todavía.

¿Sentís que tanto la música como la escritura de algún modo te salvaron la vida?

HEMM: Claro que sí, sin ninguna duda. Porque encontré algo que podía hacer bien, algo en lo que yo me podía destacar, algo en lo que era bueno y que si lo perfeccionaba iba a poder ser cada vez mejor. Cuando empecé a mostrar mis primeras letras, veía la cara de sorprendidos de la gente mientras yo se las iba relatando, y eso me hacía creer mucho en mí y me levantaba la autoestima. Arranqué a escribir un libro, pero es un proyecto a mediano plazo. Me cuesta mucho y lo quiero hacer bien; soy bastante perfeccionista para esas cosas y tampoco me apura nadie. El otro día escribí una milonga que narra la historia de una carrera de caballos que quiero hacerla con algún guitarrero estilo Jorge Cafrune o José Larralde, de quienes soy fanático mal al igual que de Julio Sosa. Para mí, ellos fueron los raperos de otra época.

Otro de tus sueños era el de la actuación y pudiste concretarlo con tu protagonismo en la película «Panash» ¿Qué te quedó de esa experiencia?

HEMM: Fue otro de los sueños que pude cumplir gracias a la música. Cuando estaba actuando no lo podía creer, más siendo el protagonista. Algo que ni en sueños me imaginaba. Estoy muy orgulloso y contento por la imagen que dejé en mi familia, con la que logramos revertimos situaciones de tanta tristeza y cosas malas. Ahora la volvimos a pasar bien; mi mamá fue parte de todo y eso es muy lindo. Estoy trabajando mucho, pero también abierto a ofertas para seguir haciéndolo.

¿Qué pensás de la explosión de la música urbana argentina a nivel mundial?

HEMM: Estoy orgulloso de lo que hizo la escena argentina en el mundo en tan poco tiempo. Nos paramos en el primer lugar y revolucionamos todo. Es increíble la cantidad de talento que tenemos en nuestro país. Tenemos pibes que hacen muy buen trap, reggaetón y rap. Tenemos para todos los gustos: acá no hay ni mejor ni peor, sino que tenemos mucha variedad. Hoy es un movimiento que va para adelante; está todo como tiene que estar.

Entrevista

Juan Palomino: “Ir al teatro hoy es una gran inversión” en medio de la crisis

Tras el inicio de la gira nacional de El divorcio del año, el actor reflexiona sobre los vínculos en la era de las redes sociales, defiende la identidad del teatro nacional y analiza el impacto de la crisis económica en el acceso a la cultura, con una mirada crítica sobre la realidad social del país.

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Al término de un ensayo, con la energía todavía en el cuerpo y la gira nacional ya en marcha, Juan Palomino dialoga con El Argentino sobre el presente de El divorcio del año y, al mismo tiempo, despliega una mirada más amplia. Entre reflexiones sobre los vínculos, las redes sociales y la exposición, el actor traza también un diagnóstico social sin rodeos: identidad, cultura y crisis económica atraviesan una charla amena -y con profundidad- que trasciende el escenario sin dejarlo atrás. Palomino, el actor que viaja en subte, celebra su construcción individual y manifiesta su frustración más grande.

En ese cruce entre lo personal y lo profesional se inscribe también el presente de la obra. “El divorcio del año”, dirigida por José María Muscari y escrita junto a Mariel Asensio, comenzó su gira por el conurbano y el interior del país este 2 de mayo, en un formato que -según el propio Palomino- le devuelve algo que la pantalla no puede: el cara a cara con el público. 

En sus palabras hay entusiasmo y también emoción, porque para él no se trata solo de trabajo. “Si algo de hermoso tiene una gira es poder reencontrarse con el público que a uno lo ha conocido por una novela, una película, una plataforma o un reportaje. Ese es el valor agregado de estar en relación directa con el público, y eso es lo que a mí me gratifica muchísimo”.

Vínculos, redes y una comedia “salvaje”

En la primera parte de la nota, Palomino se mete en la obra y va más allá de lo argumental: conecta con lo que se pone en juego y habla de tensiones que no son nuevas pero que hoy -según plantea- se ven amplificadas. “Yo creo que tiene que ver mucho con los vínculos en estos tiempos, entre padres e hijos, entre las parejas”, explica, y enseguida abre el plano: “Si uno revisa el teatro argentino y el teatro mundial, los vínculos están en primerísimo plano”.

Sin embargo, hace una salvedad y sostiene que lo que cambia es el contexto. “Esta propuesta de Muscari-Asensio muestra lo que sucede en una pareja que ha construido una identidad desde lo mediático y que, de alguna manera, se ha olvidado de lo esencial: cultivar el vínculo con su hija -el personaje de Rocío Igarzábal-, que en esa disfuncionalidad termina siendo una víctima”.

Ahí aparece otro de los ejes que atraviesa la charla: el peso de las redes sociales en la vida cotidiana. “En estos tiempos, donde los dispositivos y las redes sociales están cada vez más presentes, han invadido la intimidad y la identidad, y eso es un factor clave que plantea la obra”.

Más allá de la historia puntual, insiste en que hay algo que excede a los personajes de El divorcio del año: “Creo que hay algo de universal en la obra, que tiene que ver con elementos de la cotidianidad de los vínculos que hoy se acentúan aún más, producto de las redes sociales y de cómo uno construye identidad y protagonismo”.

Entre la exposición y la vida real: identidad, calle y familia

Partiendo de la relación entre los personajes de la obra y las redes sociales, la conversación gira hacia la exposición pública. Palomino no se corre; al contrario, se planta desde su forma de vivir. No hay estrategia, dice. Hay elección. “Yo uso las redes sociales para mostrar lo que quiero”.

Pero lo que más remarca es otra cosa: nunca se despegó de la vida cotidiana. “Siempre fui una persona que construyó su identidad pública sin separarse demasiado de su vida cotidiana. Yo viajo en subte desde los ‘90, incluso cuando ya era conocido”. Lo cuenta como quien habla de algo natural, sin épica. “Yo tengo esa dinámica de manejarme por la calle y, si me puedo sacar una foto con alguien, me la saco”. Aunque, aclara, hay un límite. “Creo mucho en el acercamiento, pero las formas son las que definen eso”. Esa idea -la de moverse entre lo público y lo privado sin perder el eje- aparece una y otra vez. Y no solo en su carrera.

Cuando habla de su vida personal, el tono cambia. Se vuelve más reflexivo. No esquiva la complejidad, pero tampoco dramatiza: la pone en contexto. “Tienen muchísimo que ver las madres”, dice, en referencia a las mujeres con las que formó su familia. “Han tenido muchísimo que ver con el respeto, con el cariño, con entender también situaciones que no dejan de ser traumáticas y dolorosas. Eso es verdad, no voy a decir que no. Pero en el debe y el haber queda eso: prevalece el cariño, prevalece el respeto, prevalece la alegría de haber compartido y tener tres hijos. Porque siempre una separación, un divorcio, es doloroso”.

Esa experiencia, explica, no es algo separado de lo que es hoy. “Soy lo que soy producto de mis convicciones, de mi genealogía, de mis padres, de mi nacimiento en La Plata, de mi infancia y adolescencia en Cusco, Perú, de mi juventud en Melchor Romero y en la ciudad de La Plata”.

Más que una definición, suena a recorrido. “Creo que eso es lo que caracteriza a un sujeto, más allá de que sea actor, director, ingeniero o médico: esas características son las que me construyen como individuo”. Y vuelve al origen, casi como un punto de apoyo: “Sin olvidarme del contexto en el que estoy y de qué significó ser quien soy en distintas etapas, hay algo esencial que es el origen: mi papá y mi mamá son los que me dieron la base de lo que soy”.

Teatro e identidad: la defensa de lo propio

Cuando Juan vuelve a hablar de teatro, el tono se vuelve más enfático. No lo plantea como una cuestión estética, sino como algo más profundo: identidad. “Nuestros rasgos identitarios están dados por nuestros autores, por nuestra idiosincrasia”. En relación a su propia historia explica: “Mi primera obra fue El jardín del infierno, de Osvaldo Dragún, en el año 81, en plena dictadura, cuando Dragún estaba prohibido”.

Desde entonces, dice, hay una línea que no se corta. “El autor nacional es lo que nos identifica, y en ese sentido coincido plenamente con la idea de defender a nuestros autores”. Sin embargo, hace hincapié en que el escenario cambió: “Hoy prevalecen otras lógicas: hay menos ficción en televisión y todo pasa más por las plataformas”. Aun así, pone en valor lo que está haciendo hoy: “Estar haciendo autores nacionales en la calle Corrientes y salir de gira con una obra de autor nacional es un hecho gratificante”.

Aunque no deja de marcar el contexto: “Estamos en un momento bastante complicado con respecto a nuestra identidad y la relación directa que tenemos con el arte”. En ese momento, el actor pone en evidencia un punto clave: el acceso, es que para Palomino el problema ya no es solo qué se produce, sino quién puede acceder. “Son momentos muy complicados donde pienso que se está construyendo una economía para un 20% de la población y el resto no llega a fin de mes”.

La frase no queda aislada. La conecta directamente con el teatro. “Lo que antes era un derecho de la clase media trabajadora se fue degradando”. Por eso, dice, el vínculo con el público también cambia. “Nosotros tenemos una gran responsabilidad de dar lo mejor, porque sabemos que hoy ir al teatro es una gran inversión”. Y, al mismo tiempo, lo pone en valor: “Que el público elija ver una obra de autor nacional es muy gratificante en tiempos económicos complejos”.

La comparación es directa: “Antes era algo natural: podías ir a ver tres o cuatro obras al mes. Hoy eso se reduce a una, y no a todos les afecta de la misma manera”.

Empatía, crisis y una Argentina que duele

En ese punto, la charla se corre del teatro y entra de lleno en lo social. Pero no desde el discurso, sino desde una idea concreta: la empatía. “No es necesario transitar la angustia de no llegar a fin de mes para entender lo que está pasando”. Y refuerza: “No me tiene que pasar para darme cuenta de lo trágico que significa esto y cómo se ha ido degradando”. No habla solo de economía. “La empatía implica poder ver lo que sucede alrededor, aunque a uno le vaya bien”.

En este sentido, Palomino amplía el diagnóstico: “El mundo está muy complicado y la tecnología está ocupando un lugar central en todos los planos, también en la política”. Y deja una advertencia: “Veo un futuro bastante distópico y creo que hay que estar muy preparados para seguir siendo empáticos, amorosos e inteligentes para poder seguir contando historias”.

Cuando se le pregunta qué le duele del presente, no duda. Responde rápido, casi sin pensar. “La violencia verbal me lastima”. Y suma: “Me lastima ver gente durmiendo en la calle, cada vez más”. 

En esa misma línea, después aparece lo estructural: “La economía me lástima, porque por más que baje la inflación, los salarios no alcanzan”. Describe una escena que, dice, ya se volvió cotidiana: “El multi-trabajo se volvió algo normalizado y la idea de ser tu propio empresario muchas veces es una forma de auto-explotación”. Y desde su lugar, Palomino marca una diferencia: “Nosotros estamos acostumbrados a la incertidumbre, pero hay mucha gente que vivió años con estabilidad y hoy fue expulsada de ese sistema”.

La conclusión es clara: “Se está produciendo un cambio de paradigma muy grande en las formas de trabajo”, dice Juan.

Nuevas generaciones y futuro

Finalmente, en relación con este clima de incertidumbre, el actor reflexiona sobre el horizonte para los jóvenes y ahí vuelve a lo más cercano: la familia. “Todo depende de las estructuras familiares”, dice, y se detiene en que “los valores que trato de dar tienen que ver con la ética del trabajo, la solidaridad, el respeto y la curiosidad”.

No esquiva el contexto, pero tampoco se queda en eso. “Son épocas oscuras, con mucha violencia instaurada y con retrocesos en derechos conquistados”. Y, aun así, encuentra un lugar posible: “Trato, desde ese microespacio que es la familia, de construir cierta armonía en tiempos muy complicados”.

Juan en pocas palabras

Un ping-pong íntimo por sus gustos, valores y recuerdos.

Deporte favorito:

“Hago ejercicio, pero no soy deportista. Me encantó la experiencia del automovilismo”.

Club de tus amores:

“Boca Juniors, obviamente”.

Canción para una cena íntima:

“Hay un tema de Charo (Bogarín), mi mujer, que me encanta y se llama Areté”.

Un referente latinoamericano:

“Diego Armando Maradona”.

Lugar en el mundo:

“Es donde estoy, es mi casa. No sueño con una isla desierta ni nada por el estilo: mi lugar en el mundo es donde pueda estar con toda mi gente”.

Un recuerdo de la infancia:

“En el jardín de infantes en Perú, no haber podido interpretar a San Martín el 28 de julio porque era morocho y no era blanco como se suponía que era. Es mi frustración más grande”.

Un plato que lo devuelve a la infancia:

“El choclo con queso, con granos del Valle Sagrado de los Incas, que no existe acá”.

El barrio:

“Es mi patria chica. Ahora es San Telmo”.

El legado de tus padres:

“El afecto, el amor, la ternura, las convicciones y el hecho de no aceptar algunas reglas de juego y tener que romperlas”.

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