Espectáculos 🎭
Andy Kusnetzoff vuelve con «PH» y reniega de su «mote de canchero»
El periodista y conductor retoma su programa de entrevistas desde el próximo sábado por Telefe, ciclo con el que busca «ser distinto» a él mismo.
Por Martín Olavarría
El periodista y conductor Andy Kusnetzoff retoma su programa de entrevistas «PH: Podemos Hablar» desde el próximo sábado por Telefe, ciclo con el que buscó «ser distinto de lo que lo conocían» para «sacarse el mote de canchero y gracioso que tenía».
La sexta temporada del exitoso ciclo que reúne a cinco invitados por semana comenzará a las 22 con la participación de Abel Pintos, Luciano Castro, Gonzalo Heredia, Mica Viciconte y María Becerra en el primer envío.

El premiado conductor radial de «Perros de la calle» consideró que el atractivo del programa de entrevistas de Telefe consiste en «las historias de vida» y afirmó que «no ve a cinco famosos sino cinco historias», ya que «nunca quiso hacer un programa de famosos».
«La radio te enseña a escuchar, a abrirte, a que otro se abra, a la intimidad. No podría haber hecho ‘PH’ sin haber hecho radio», dijo Kusnetzoff, consultado sobre la relevancia de su rol en «Perros» durante 15 años al momento de encarar el primer año del talk show de Telefe, que durante su lustro al aire supo imponerse la mayoría de veces en el rating frente al ciclo de Mirtha Legrand en El Trece.
Sobre las novedades de la nueva temporada, el animador contó que habrá una nueva y «gran» escenografía y que «cambia un poco la mesa con todos sentados», mientras que ya no estará el breve mano a mano que Kusnetzoff hacía aparte con alguno de los entrevistados.
«Llegar a la sexta temporada me parece digno de reconocimiento, sobre todo con formato propio. Ya no hay ese tiempo en la tele para empezar algo y que quede. Somos de los últimos bastiones de la autogestión», subrayó.
¿Te parece que ‘PH’ funcionó por ser más descontracturado respecto del programa de Mirtha Legrand y a la gente le resultó menos solemne?
No, creo que tiene que ver con generar un buen clima y que se puedan sacar cinco buenas historias en simultáneo. El éxito de «PH» es por esa energía y la sinergia que se da entre invitados y conductor, tratando de sacar adelante entre todos esas historias.
En cuanto a los invitados, ¿tenés poder de veto o te puede tocar gente que no te cae muy bien?
He vetado, pero igual trato de abrirme a lo que me proponen. Y me saqué muchos prejuicios con el programa. Sobre todo en el primer año; como se llamaba «Podemos Hablar», traté de no vetar a nadie y de invitar gente con la que no comulgo, pero ahora ya me parece que alguna empatía debe haber. Llegué a tomar un café con un invitado que no quiso venir: me junté media hora con Eduardo Feinmann en La Biela. Él se había enojado porque decía que yo lo había criticado y le dije que estaría bueno que viniera a charlar a ‘PH’. Un café no se le niega a nadie. Pero al programa no vino. Hablamos y estuvo bueno. Tampoco hubo buena onda, pero sí respeto. Después sentí que un poco me traicionó porque tras el mano a mano en el que estuvo todo bien, cuando Anamá Ferreira me criticó por las notas que le había hecho en «CQC», él empezó a adjetivarme. Creí que la charla iba a servir pero no.
¿Qué antecedentes te formaron para hacer un programa manejando humor y varias entrevistas simultáneas? ¿Hay influencia de Jorge Guinzburg y «La Biblia y el calefón»?
Sí, siempre digo que hay que pedir laburo en donde uno más quiere estar. Y el primer lugar en el que busqué fue con Guinzburg; quería trabajar en «Peor es nada». Generacionalmente, era mi referente como entrevistador. Y en cuanto a referencias de programas, me comparaban mucho al principio con el de Mirtha Legrand, pero siempre dije que estaban equivocados y blanqueé con mucha sinceridad que mi inspiración era «Sábado Bus», en donde cada invitado tenía un momento. Y una inspiración para «PH» fue también un video viral de un programa educativo, creo que de Dinamarca, que era como una suerte de publicidad en la que se iba encasillando la gente y de ahí se me ocurrió la idea para la sección «Punto de encuentro».
En cuanto al humor y la corrección política actual, como conductor que hace humor entrevistando, ¿creés que Will Smith sentó un mal precedente y ya nadie va a aceptar chistes?
Los chistes tienen que ver con la libertad. Hay un límite que tiene que ver con el buen gusto, uno puede pasarse o no. Pero el humor tiene que estar, aunque uno pueda equivocarse. Lo de Smith le hace mal a todos, porque si vamos a andar pegando trompadas porque nos ofendimos, está claro que no va.
Fue muy esperado el reencuentro radial con Mario Pergolini hace poco. ¿La pasaste bien o hubo un poco de tensión?
Fue todo lo que esperaba. Lo disfruté un montón. Fue lindo que Mario, con toda su historia, haya venido a los 20 años de «Perros». Nos dijimos las cosas que nos teníamos que decir. Hubo mucha verdad, no careteamos nada. Momentos de tensión hubo todo el tiempo, pero era parte de lo que buscaba. Nos divertimos y estuvo buenísimo. Tuvo una repercusión impresionante y todo digital; no fuimos a ningún canal. Porque no importa dónde sino el contenido. No importa si es un podcast, un vivo en radio, en TV o Youtube; lo importante es que pase algo que traspase el parlante o la pantalla.
¿Notás una muerte progresiva de la TV?
La quisieron matar muchas veces. Hay un cambio con internet. Creía que no, pero hoy la veo bastante viva. No todos los programas funcionan, pero está viva. Conozco muchos pibes que ven «PH» en Youtube al día siguiente, o vía clips. Eso no figura en el rating pero está y se viraliza. No es la tele con la que me crié y sin duda la TV abierta quedó para un público más grande. Trato de juntar ambos mundos a través de los invitados.
¿Cuál sentís que es tu público ahora con la cultura internet hegemónica entonces?
Hay un público que me viene siguiendo y después «PH» tiene su propio público que se copó con las historias, que por ahí no me seguían a mí particularmente. La radio atraviesa otro momento y Youtube nos acercó un montón. Trato de estar aggiornado y entrevistar gente más joven.
Cultura
Premios Pinti: todos los ganadores de la primera edición y el homenaje a Enrique Pinti
Con el Teatro Colón como escenario, los Premios Pinticelebraron su primera edición entre reconocimientos a las mejores obras de la temporada, homenajes a grandes figuras y el desafío de instalar una nueva tradición para el teatro comercial argentino.
Anoche el Teatro Colón cambió la ópera y los conciertos por las marquesinas del teatro comercial. Actores, directores, productores, dramaturgos, empresarios y técnicos asistieron a la primera edición de los Premios Pinti, una iniciativa impulsada por la Asociación Argentina de Empresarios/as Teatrales y Musicales (AADET) que nació con el objetivo de convertirse en el gran reconocimiento anual de la actividad teatral.
Con la conducción de Agustín «Rada» Aristarán y transmisión en vivo por eltrece, la ceremonia combinó el reconocimiento a las producciones más destacadas de la temporada con homenajes a figuras que marcaron la historia del teatro argentino y un permanente recuerdo a Enrique Pinti, cuyo nombre llevarán estos galardones a partir de ahora.
Una de las primeras voces en abrir la ceremonia fue la del presidente de AADET, Sebastián Blutrach, quien sintetizó el espíritu de la iniciativa al afirmar: «Los teatros ayudan a construir humanidad». La frase resumió el sentido con el que nacieron los Premios Pinti: reconocer no solo a las obras y a sus protagonistas, sino también a productores, autores, técnicos, empresarios y a todas las personas que, desde distintos roles, sostienen la actividad teatral.
Una primera edición con premios repartidos entre las grandes producciones
A diferencia de otras entregas en las que una sola obra concentra la mayoría de las estatuillas, la primera edición de los Premios Pinti repartió sus principales reconocimientos entre varias de las producciones que marcaron la temporada teatral. El resultado dejó en evidencia la diversidad de una cartelera en la que convivieron grandes musicales, comedias, dramas y propuestas de autor.
Entre las producciones más reconocidas apareció Charlie y la fábrica de chocolate, que confirmó el protagonismo con el que había llegado a la gala al obtener cuatro galardones, entre ellos Mejor Musical, Mejor Dirección para Ariel Del Mastro y Marcelo Caballero y Mejor Actor de Musical para Agustín «Rada» Aristarán.
También se destacaron Rocky, distinguida como Mejor Producción; Una Navidad de mierda, elegida Mejor Comedia; y Las hijas, que obtuvo el premio a Mejor Drama o Comedia Dramática. Entre las actuaciones, además, sobresalieron Verónica Llinás, reconocida como Mejor Actriz de Comedia; Lorena Vega, premiada como Mejor Actriz de Drama o Comedia Dramática por Imprenteros y La vida extraordinaria; Roberto Peloni, distinguido como Mejor Actor de Drama o Comedia Dramática por El brote; y Alejandra Radano, ganadora como Mejor Actriz de Musical por Company. El reparto de los principales galardones reflejó una cartelera amplia, con espacio para grandes producciones, clásicos revisitados y propuestas de autor.
Además de las categorías definidas por especialistas, los espectadores también eligieron a sus producciones favoritas en los rubros de Comedia, Drama o Comedia Dramática y Musical, además del Premio Favorito del Público. Charlie y la fábrica de chocolate fue la obra reconocida tanto por el jurado como por los espectadores. De este modo, la ceremonia puso en diálogo la valoración de los especialistas con las preferencias de quienes llenan las salas función tras función.
Una noche para reconocer a quienes hicieron historia sobre los escenarios
Más allá de los premios a las producciones de la temporada, uno de los momentos más emotivos de la ceremonia llegó con la entrega de los Premios Pinti a la Trayectoria. Guillermo Francella, Moria Casán y Carlos Rottemberg fueron distinguidos por décadas de trabajo en el teatro argentino y recibieron una ovación de pie del público que colmó el Teatro Colón.
El primero en subir al escenario fue Carlos Rottemberg, reconocido por más de medio siglo dedicado a la producción teatral. Visiblemente emocionado, el empresario destacó el valor que tiene recibir una distinción de sus propios colegas. «Quiero agradecer a AADET porque el reconocimiento de los pares tiene una importancia muy emocionante. Son personas con las que podemos estar de acuerdo y en desacuerdo, pero trabajamos a favor de la comunidad teatral», expresó.
Rottemberg también recordó el camino recorrido dentro de la entidad y cerró su discurso con una dedicatoria familiar que conmovió a los presentes. «Mi viejo se murió hace dos años, pero mi mamá está acá y soy un agradecido a ellos porque es un trabajo de familia», dijo antes de recibir una nueva ovación.
La segunda homenajeada fue Moria Casán, quien repasó parte de una carrera que la convirtió en una de las grandes figuras del teatro argentino. La actriz recordó el punto de inflexión que significó Brujas y reivindicó su permanencia en la cartelera porteña. «Es un premio hermoso y soy la única que llevo 40 años en la calle Corrientes porque me cubro con mi propia luz», afirmó, fiel a su estilo. Luego agregó: «Agradezco a mi salud, que me permitió nunca haber faltado al teatro porque nunca me enfermé».
Otro de los momentos más celebrados de la noche tuvo como protagonista a Guillermo Francella, quien recibió el Premio Pinti a la Trayectoria de manos de Adrián Suar. Antes de entregarle la estatuilla, el gerente de programación de eltrece y productor destacó el sello inconfundible del actor: «Es un artista que tiene un lenguaje propio. No se parece a nadie cuando hace una pausa o una mirada».
Francella, con más de cuatro décadas de carrera, eligió devolver el reconocimiento con una reflexión sobre el vínculo que construyó con el público a lo largo de los años. «El verdadero reconocimiento está en el cariño de la gente, de cada uno que agradece por haber acompañado», expresó, en uno de los discursos más aplaudidos de la ceremonia.
La emoción volvió a apoderarse del Teatro Colón casi sobre el cierre de la ceremonia con el homenaje especial a Luis Brandoni, una de las figuras más representativas del teatro argentino. El actor recibió una extensa ovación de pie en reconocimiento a una trayectoria que supera las seis décadas y que dejó una huella tanto en los escenarios como en el cine y la televisión. El tributo funcionó como uno de los puntos más altos de la noche y terminó de reforzar el espíritu con el que nacieron los Premios Pinti: reconocer no solo a las producciones de cada temporada, sino también a quienes construyeron la historia del teatro nacional.
El legado de Enrique Pinti, presente en el nacimiento de un nuevo premio
La elección del nombre de la nueva distinción fue mucho más que un homenaje. Enrique Pinti fue uno de los artistas que mejor interpretó la identidad del teatro argentino contemporáneo. Actor, dramaturgo, director y referente del café concert, construyó una obra que combinó humor, historia y una mirada crítica sobre la realidad política y social del país.
A lo largo de la gala, imágenes de archivo, fragmentos de sus espectáculos y referencias a su obra recordaron permanentemente la figura de Enrique Pinti. El homenaje buscó rescatar la vigencia de un artista que convirtió la palabra en una herramienta para pensar la Argentina desde el escenario y que dejó una marca imborrable en varias generaciones de espectadores.
No resulta casual que AADET haya elegido su nombre para bautizar estos premios. La intención es que la ceremonia se convierta en una cita anual para reconocer el trabajo de toda la comunidad teatral y mantener vivo el legado de uno de los grandes referentes de la escena nacional. Como escribió el propio Pinti en la canción final de Salsa Criolla, «Pasan los años, pasan los gobiernos, pasan los veranos, pasan los inviernos… quedan los artistas». Una frase que, más de tres décadas después, sigue sintetizando el lugar que ocupa la cultura frente al paso del tiempo.
Los espectáculos que más público llevaron a las salas
Uno de los rasgos distintivos de la primera edición fue sumar reconocimientos definidos por la respuesta del público. A diferencia de los galardones definidos por un jurado, los Premios a los Espectáculos del Año distinguieron a las producciones con mayor convocatoria de espectadores durante la temporada, de acuerdo con los registros de asistencia relevados por AADET. El objetivo fue reconocer el impacto que cada obra logró en la cartelera comercial a partir de un criterio objetivo: la cantidad de público que pasó por las salas.
Los reconocimientos quedaron en manos de El jefe del jefe, como Comedia del Año; Rocky, en la categoría Drama o Comedia Dramática del Año; y Charlie y la fábrica de chocolate, elegida como Musical del Año. A ellos se sumó Annie, que recibió el Premio Favorito del Público, una distinción decidida mediante votación abierta de los espectadores.
Durante la ceremonia, el productor Carlos Rottembergdestacó además el crecimiento que atraviesa el género musical en la Argentina al señalar que “catorce producciones musicales han participado este año”. El dato ayuda a dimensionar la expansión de un sector que tuvo un marcado protagonismo en esta primera edición de los Premios Pinti y que hoy ocupa un lugar central en la cartelera porteña.
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