Entrevista
«Unidad o neoliberalismo: para que la derecha no vuelva nunca más», la convocatoria de La Dignidad
En el marco de un acto que se realizará este viernes 8 de abril, a las 17, en el Complejo Art Media (Corrientes 6271, CABA), El Argentino dialogó con una de las referentes del Movimiento Popular La Dignidad, organización social convocante, quien ofreció un claro panorama del particular momento por el que atraviesan las y los trabajadores de la economía popular y los sectores más postergados de la sociedad.
El Argentino entrevistó a la coordinadora nacional del Movimiento Popular La Dignidad y secretaria de Mujeres y Diversidad de UTEP (Unión de Trabajadores de la Economía Popular), Marina Joski, quien ofreció algunas definiciones respecto de la convocatoria de La Dignidad cada uno de los puntos que se debatirán en el evento.
¿Por qué unidad o neoliberalismo, para que la derecha no vuelva nunca más? Creen que las fisuras y diferencias en el Frente de Todos puede generar un escenario adverso de cara a las Presidenciales 2023?
Convocamos a la unidad porque en el mundo en el que vivimos, en un plano internacional, pero fundamentalmente en el plano nacional, no podernos no podemos darnos el lujo de estar desunidos, de estar fragmentados, de la política de bloques en nuestro país. Hablamos de unidad, pero cuando hablamos de unidad hablamos de un programa, un programa que toque los privilegios, que piense en la distribución de la riqueza y que aborde la pobreza desde la ternura, la sensibilidad, pero es indispensable para la unidad tener un programa y salir del derrotismo.
Creemos fuertemente que si nos posicionamos en la derrota la derecha avanza, y avanza también en las idiosincrasias, avanza en el desarrollo cultural, avanza en aquello que para nosotros y nosotras tiene que ser colectivo, pero para la derecha son proyectos individuales. Un ejemplo son las declaraciones de (Horacio Rodríguez) Larreta hablando de las organizaciones que luchan. Por eso decimos que la unidad está en la calle, en la lucha directa y también en la construcción de políticas públicas universales, que toquen privilegios.

El escenario adverso está planteado incluso desde la fragmentación, así que vamos por la unidad de las organizaciones de trabajadores y trabajadoras, vamos por la unidad de los movimientos populares, vamos por la unidad en la construcción de políticas públicas que den respuesta y que finalmente hagan mover la estructura de privilegios de la argentina.
En la convocatoria también reclaman Tierra, Techo y Trabajo… Sabemos lo que significó el gobierno de Macri para los sectores vulnerables, pero, una vez que triunfo el Frente de Todos, y tras dos años de gobierno. ¿Cuáles son los temas pendientes, cuáles los temas en los que se avanzó y cuál es la propuesta de La Dignidad?
Reclamamos tierra, techo de trabajo porque eso nos representa. No tenemos el trabajo reconocido, no tenemos el empleo y tenemos que cambiar la matriz productiva para poder generar muchísimos más puestos de trabajo. Tenemos que trabajar fuertemente en el aumento general de salarios, para recuperar la capacidad adquisitiva del salario.
Tierra, techo y trabajo representa también al feminismo popular. Tierra para vivir, tierra para producir y también está el vínculo con la tierra en las relaciones de cuidados. Techo, tenemos que avanzar fuertemente en procesos de integración socio-urbana y en la urbanización de los barrios populares, es una deuda pendiente. Esto genera trabajo, pero también genera una mejor calidad de vida para todos y todas.

También planteamos la implementación de un ingreso básico universal, como parte del ‘tierra techo y trabajo’. Además creemos que los productores y las productoras tienen que acceder a la tierra para producir, porque hay tierra ociosa. Y vamos hacia un banco de tierras y un banco de semillas, para que no siempre sean las megas empresas productoras las que abastezcan de semillas transgénicas, absolutamente manipulada.
Podrías darnos detalles de la propuesta que vienen trabajando para la creación de una Empresa Nacional de Alimentos. ¿Crees que su creación ayudaría a combatir la especulación y a frenar la suba injustificada del precio de los alimentos?
La Empresa Nacional de Alimentos para nosotros y nosotras sería una política pública correcta, que no solo dinamiza, genera mayor dignidad y federaliza la producción de alimentos, sino que sería un contralor, un espacio que contrarreste a aquellos manipuladores, fugadores seriales y concentradores seriales, en principio de divisas, pero también de los precios, y esto se traduce directamente en la calidad de vida y en la mesa de los argentinos y las argentinas.
La Empresa Nacional de Alimentos también recupera la regionalidad, recupera a los pequeños productores y la potestad y coordinación de los municipios y las gobernaciones, al tiempo que genera un ámbito donde se puede poner precios de referencia, para que todos y todas podamos acceder a alimentos sanos y baratos.
¿Crees que la Empresa Nacional de Alimentos generaría trabajo digno e impulsaría la soberanía alimentaria de un país como la Argentina que, paradójicamente, es productor de alimentos?
Hablar de soberanía alimentaria es tener la capacidad de tomar decisiones en relación a que se produce, cómo se produce, cómo se distribuye y a dónde va dirigido el excedente de esta producción, la riqueza que produce esa producción. Así que soberanía alimentaria es justamente eso, es tierra este para quienes producen, es poder tener márgenes de precio, desarrollo de competencia, productores y productoras que puedan vivir de lo que hacen y familias que puedan acceder a los productos que se producen en Argentina.
El problema del monopolio de la producción y de los precios es fundamental, no solamente para la empresa nacional de alimentos que estamos construyendo y que vamos diseñando palmo a palmo, sino en relación a cómo hacemos para recuperar aquellos espacios que hemos perdido, y la única manera de hacerlo es tocando privilegios, a través de la regulación de aquellas grandes concentraciones de capitales, de productos y de toda la cadena de valor.
Respecto al proyecto que se presentó en el Senado, para que la deuda la paguen los que fugaron divisas, ¿crees que la iniciativa tiene posibilidades de avanzar y que el Frente de Todos cerrará filas para tratar de aprobarlo?
El proyecto es bueno y se puede avanzar más en ese sentido. Estamos convencidos y convencidas que la deuda la tienen que pagar quienes la fugaron y, además, tienen que pagar judicialmente. Tiene que avanzar la investigación de la deuda y el procesamiento legal a los culpables de esta situación que está viviendo nuestro pueblo. Eso tiene que ser una realidad.
Y por supuesto, proponemos también la repatriación de los capitales fugados, hay que investigar a donde se fugaron, tenemos soberanía y potestad para repatriar esos capitales para poder pagar la deuda, para que no haya ajuste ni penurias para nuestro pueblo.
Creemos que existe voluntad política para hacerlo, por eso estamos convocando a este acto, para unir, para generar consenso y no solo para acumular poder, sino con una vocación de gobernar en un próximo mandato, si no es así va a ser más dificultoso. Pero lo cierto es que si hay generosidad y voluntad de que el pueblo no pague esa deuda, tiene que salir ese proyecto, con reformulaciones, e ir por más también.
Entrevista
Juan Palomino: “Ir al teatro hoy es una gran inversión” en medio de la crisis
Tras el inicio de la gira nacional de El divorcio del año, el actor reflexiona sobre los vínculos en la era de las redes sociales, defiende la identidad del teatro nacional y analiza el impacto de la crisis económica en el acceso a la cultura, con una mirada crítica sobre la realidad social del país.
Al término de un ensayo, con la energía todavía en el cuerpo y la gira nacional ya en marcha, Juan Palomino dialoga con El Argentino sobre el presente de El divorcio del año y, al mismo tiempo, despliega una mirada más amplia. Entre reflexiones sobre los vínculos, las redes sociales y la exposición, el actor traza también un diagnóstico social sin rodeos: identidad, cultura y crisis económica atraviesan una charla amena -y con profundidad- que trasciende el escenario sin dejarlo atrás. Palomino, el actor que viaja en subte, celebra su construcción individual y manifiesta su frustración más grande.
En ese cruce entre lo personal y lo profesional se inscribe también el presente de la obra. “El divorcio del año”, dirigida por José María Muscari y escrita junto a Mariel Asensio, comenzó su gira por el conurbano y el interior del país este 2 de mayo, en un formato que -según el propio Palomino- le devuelve algo que la pantalla no puede: el cara a cara con el público.

En sus palabras hay entusiasmo y también emoción, porque para él no se trata solo de trabajo. “Si algo de hermoso tiene una gira es poder reencontrarse con el público que a uno lo ha conocido por una novela, una película, una plataforma o un reportaje. Ese es el valor agregado de estar en relación directa con el público, y eso es lo que a mí me gratifica muchísimo”.
Vínculos, redes y una comedia “salvaje”
En la primera parte de la nota, Palomino se mete en la obra y va más allá de lo argumental: conecta con lo que se pone en juego y habla de tensiones que no son nuevas pero que hoy -según plantea- se ven amplificadas. “Yo creo que tiene que ver mucho con los vínculos en estos tiempos, entre padres e hijos, entre las parejas”, explica, y enseguida abre el plano: “Si uno revisa el teatro argentino y el teatro mundial, los vínculos están en primerísimo plano”.
Sin embargo, hace una salvedad y sostiene que lo que cambia es el contexto. “Esta propuesta de Muscari-Asensio muestra lo que sucede en una pareja que ha construido una identidad desde lo mediático y que, de alguna manera, se ha olvidado de lo esencial: cultivar el vínculo con su hija -el personaje de Rocío Igarzábal-, que en esa disfuncionalidad termina siendo una víctima”.
Ahí aparece otro de los ejes que atraviesa la charla: el peso de las redes sociales en la vida cotidiana. “En estos tiempos, donde los dispositivos y las redes sociales están cada vez más presentes, han invadido la intimidad y la identidad, y eso es un factor clave que plantea la obra”.
Más allá de la historia puntual, insiste en que hay algo que excede a los personajes de El divorcio del año: “Creo que hay algo de universal en la obra, que tiene que ver con elementos de la cotidianidad de los vínculos que hoy se acentúan aún más, producto de las redes sociales y de cómo uno construye identidad y protagonismo”.
Entre la exposición y la vida real: identidad, calle y familia
Partiendo de la relación entre los personajes de la obra y las redes sociales, la conversación gira hacia la exposición pública. Palomino no se corre; al contrario, se planta desde su forma de vivir. No hay estrategia, dice. Hay elección. “Yo uso las redes sociales para mostrar lo que quiero”.
Pero lo que más remarca es otra cosa: nunca se despegó de la vida cotidiana. “Siempre fui una persona que construyó su identidad pública sin separarse demasiado de su vida cotidiana. Yo viajo en subte desde los ‘90, incluso cuando ya era conocido”. Lo cuenta como quien habla de algo natural, sin épica. “Yo tengo esa dinámica de manejarme por la calle y, si me puedo sacar una foto con alguien, me la saco”. Aunque, aclara, hay un límite. “Creo mucho en el acercamiento, pero las formas son las que definen eso”. Esa idea -la de moverse entre lo público y lo privado sin perder el eje- aparece una y otra vez. Y no solo en su carrera.
Cuando habla de su vida personal, el tono cambia. Se vuelve más reflexivo. No esquiva la complejidad, pero tampoco dramatiza: la pone en contexto. “Tienen muchísimo que ver las madres”, dice, en referencia a las mujeres con las que formó su familia. “Han tenido muchísimo que ver con el respeto, con el cariño, con entender también situaciones que no dejan de ser traumáticas y dolorosas. Eso es verdad, no voy a decir que no. Pero en el debe y el haber queda eso: prevalece el cariño, prevalece el respeto, prevalece la alegría de haber compartido y tener tres hijos. Porque siempre una separación, un divorcio, es doloroso”.
Esa experiencia, explica, no es algo separado de lo que es hoy. “Soy lo que soy producto de mis convicciones, de mi genealogía, de mis padres, de mi nacimiento en La Plata, de mi infancia y adolescencia en Cusco, Perú, de mi juventud en Melchor Romero y en la ciudad de La Plata”.
Más que una definición, suena a recorrido. “Creo que eso es lo que caracteriza a un sujeto, más allá de que sea actor, director, ingeniero o médico: esas características son las que me construyen como individuo”. Y vuelve al origen, casi como un punto de apoyo: “Sin olvidarme del contexto en el que estoy y de qué significó ser quien soy en distintas etapas, hay algo esencial que es el origen: mi papá y mi mamá son los que me dieron la base de lo que soy”.

Teatro e identidad: la defensa de lo propio
Cuando Juan vuelve a hablar de teatro, el tono se vuelve más enfático. No lo plantea como una cuestión estética, sino como algo más profundo: identidad. “Nuestros rasgos identitarios están dados por nuestros autores, por nuestra idiosincrasia”. En relación a su propia historia explica: “Mi primera obra fue El jardín del infierno, de Osvaldo Dragún, en el año 81, en plena dictadura, cuando Dragún estaba prohibido”.
Desde entonces, dice, hay una línea que no se corta. “El autor nacional es lo que nos identifica, y en ese sentido coincido plenamente con la idea de defender a nuestros autores”. Sin embargo, hace hincapié en que el escenario cambió: “Hoy prevalecen otras lógicas: hay menos ficción en televisión y todo pasa más por las plataformas”. Aun así, pone en valor lo que está haciendo hoy: “Estar haciendo autores nacionales en la calle Corrientes y salir de gira con una obra de autor nacional es un hecho gratificante”.
Aunque no deja de marcar el contexto: “Estamos en un momento bastante complicado con respecto a nuestra identidad y la relación directa que tenemos con el arte”. En ese momento, el actor pone en evidencia un punto clave: el acceso, es que para Palomino el problema ya no es solo qué se produce, sino quién puede acceder. “Son momentos muy complicados donde pienso que se está construyendo una economía para un 20% de la población y el resto no llega a fin de mes”.
La frase no queda aislada. La conecta directamente con el teatro. “Lo que antes era un derecho de la clase media trabajadora se fue degradando”. Por eso, dice, el vínculo con el público también cambia. “Nosotros tenemos una gran responsabilidad de dar lo mejor, porque sabemos que hoy ir al teatro es una gran inversión”. Y, al mismo tiempo, lo pone en valor: “Que el público elija ver una obra de autor nacional es muy gratificante en tiempos económicos complejos”.
La comparación es directa: “Antes era algo natural: podías ir a ver tres o cuatro obras al mes. Hoy eso se reduce a una, y no a todos les afecta de la misma manera”.
Empatía, crisis y una Argentina que duele
En ese punto, la charla se corre del teatro y entra de lleno en lo social. Pero no desde el discurso, sino desde una idea concreta: la empatía. “No es necesario transitar la angustia de no llegar a fin de mes para entender lo que está pasando”. Y refuerza: “No me tiene que pasar para darme cuenta de lo trágico que significa esto y cómo se ha ido degradando”. No habla solo de economía. “La empatía implica poder ver lo que sucede alrededor, aunque a uno le vaya bien”.
En este sentido, Palomino amplía el diagnóstico: “El mundo está muy complicado y la tecnología está ocupando un lugar central en todos los planos, también en la política”. Y deja una advertencia: “Veo un futuro bastante distópico y creo que hay que estar muy preparados para seguir siendo empáticos, amorosos e inteligentes para poder seguir contando historias”.
Cuando se le pregunta qué le duele del presente, no duda. Responde rápido, casi sin pensar. “La violencia verbal me lastima”. Y suma: “Me lastima ver gente durmiendo en la calle, cada vez más”.
En esa misma línea, después aparece lo estructural: “La economía me lástima, porque por más que baje la inflación, los salarios no alcanzan”. Describe una escena que, dice, ya se volvió cotidiana: “El multi-trabajo se volvió algo normalizado y la idea de ser tu propio empresario muchas veces es una forma de auto-explotación”. Y desde su lugar, Palomino marca una diferencia: “Nosotros estamos acostumbrados a la incertidumbre, pero hay mucha gente que vivió años con estabilidad y hoy fue expulsada de ese sistema”.
La conclusión es clara: “Se está produciendo un cambio de paradigma muy grande en las formas de trabajo”, dice Juan.
Nuevas generaciones y futuro
Finalmente, en relación con este clima de incertidumbre, el actor reflexiona sobre el horizonte para los jóvenes y ahí vuelve a lo más cercano: la familia. “Todo depende de las estructuras familiares”, dice, y se detiene en que “los valores que trato de dar tienen que ver con la ética del trabajo, la solidaridad, el respeto y la curiosidad”.
No esquiva el contexto, pero tampoco se queda en eso. “Son épocas oscuras, con mucha violencia instaurada y con retrocesos en derechos conquistados”. Y, aun así, encuentra un lugar posible: “Trato, desde ese microespacio que es la familia, de construir cierta armonía en tiempos muy complicados”.
Juan en pocas palabras
Un ping-pong íntimo por sus gustos, valores y recuerdos.
Deporte favorito:
“Hago ejercicio, pero no soy deportista. Me encantó la experiencia del automovilismo”.
Club de tus amores:
“Boca Juniors, obviamente”.
Canción para una cena íntima:
“Hay un tema de Charo (Bogarín), mi mujer, que me encanta y se llama Areté”.
Un referente latinoamericano:
“Diego Armando Maradona”.
Lugar en el mundo:
“Es donde estoy, es mi casa. No sueño con una isla desierta ni nada por el estilo: mi lugar en el mundo es donde pueda estar con toda mi gente”.
Un recuerdo de la infancia:
“En el jardín de infantes en Perú, no haber podido interpretar a San Martín el 28 de julio porque era morocho y no era blanco como se suponía que era. Es mi frustración más grande”.
Un plato que lo devuelve a la infancia:
“El choclo con queso, con granos del Valle Sagrado de los Incas, que no existe acá”.
El barrio:
“Es mi patria chica. Ahora es San Telmo”.
El legado de tus padres:
“El afecto, el amor, la ternura, las convicciones y el hecho de no aceptar algunas reglas de juego y tener que romperlas”.
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