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Entrevista

Nito Artaza, sincero: “Hubiese querido tener un hijo con Cecilia. Asumo que se nos pasó el momento”

Artista de años en el escenario y con un largo camino en la política, reconoce su gran pendiente con Cecilia Milone, habla de la segunda boda que celebrarán y de su abuelazgo.

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Por Noelia Santone

Uno de los grandes referentes del teatro de revistas, género que sigue cosechando éxitos a lo largo de los años, Nito Artaza volvió a Calle Corrientes con Cobra K, en el Premier. “Creo que hay un público de revista del interior y del exterior que nos visita, pero tiene un tiempo limitado: lo vamos a hacer por un mes y medio. Pero estoy feliz de estar hace tantos años en la Calle Corrientes, llevo hechos cuarenta y pico de espectáculos….


¿Qué se viene para la temporada de verano, que tantas satisfacciones te dio?
-Hemos decidido que voy a acompañar a una producción que estamos haciendo con Alzúa (Juan), Lorena Liggi y Alejandro Angelo en el teatro Corrientes, en Mar del Plata, donde me subiré yo me subiré al escenario, y estaré acompañado por grandes artistas, entre ellos Alejandro Rubiolo. Y en mi teatro, que es el Enrique Carreras, también en Mar del Plata, va a haber una comedia porque se lo vuelvo a alquilar a Aldo Funes (otro productor teatral). Y voy a estar en esa ciudad porque Cecilia va a estar haciendo Drácula, ese éxito espectacular. Donde puedo la acompaño porque es un máster en teatro ver ese espectáculo. Y acabo de comprar los derechos de dos comedias musicales para hacer en Calle Corrientes en el 2023: una junto a Cecilia y otra, con Pepe Cibrián. Así que produciré esos dos musicales internacionales.


-¿Pudiste conocer a Muna, tu nieta que nación en Pandemia, de tu hija Sabrina radicada en Francia?
Con Muna hacemos a diario una videocámara porque hay un horario que es antes de irse a su jardín que empieza a pedir hablar conmigo. Habla conmigo y con Cecilia, balbucea y siempre tiene algo nuevo, hace sanata como diríamos. Está hermosa. Me vuelve loco. Extraño mucho a mi hija y al padre de la nena, pero estamos en permanente contacto. Y en noviembre iremos con Cecilia a visitarla.
-¿Cómo te definirías como abuelo?
-Es una canal de amor nuevo. Yo tengo a mis tres hijos, los adoro, tengo una relación hermosa con cada uno, pero la aparición de una nena es la aparición de otro canal de amor. No quiero perder este momento de su infancia y tan hermoso que es al ser un bebé. Ellos me dieron la sorpresa de que vinieron el año pasado para mi cumpleaños, así que yo voy a ir para allá ahora.

NITO Y CECILIA MILONE EMPEZARON A SER PAREJA EN 1999


Amores como el nuestro. La historia de encuentros y desencuentros entre Nito y Cecilia arrancó en 1999 mientras trabajaron juntos. Durante siete años mantuvieron una relación paralela al matrimonio del artista con Cecilia Oviedo hasta que el escándalo mediático estalló porque ella recibía todo tipo de amenazas. Hasta que después de un tiempo se reencontraron trabajando y volvió a surgir el amor que tuvo su primera boda en el 2006, en Corrientes, provincia natal de Artaza. Y en el 2024 renovarán sus votos con una nueva boda y festejo junto a todos sus seres queridos.
-¿Te hizo picar el “bichito”, tal vez, de adoptar un hijo con Milone?
-Con Cecilia tenemos bien en claro que este es nuestro momento de jubileo, que no quiere decir de jubilados, porque estamos haciendo de todo. Creo que, lamentablemente, y en eso me hago responsable yo, nos pasó el momento para tener un hijo. Hubiese querido que, sinceramente, esta relación hermosa, tan fuerte de amor, tengamos un bebé. Pero no lo planteamos así, no lo tenemos como proyecto. Quizá, lo proyectamos a través de Muna, del amor que le damos a nuestros hijos. Cecilia hace mucho por la unión de la familia y tenemos puesta la energía puesta en la pareja y en nuestros proyectos.

COMO SENADOR, ARTAZA PRESENTÓ 300 PROYECTOS. ALGUNOS DE ELLOS SE CONVIRTIERON EN LEY


Nito y la política. Como senador de la provincia de Corrientes, presentó 300 proyectos de los cuales, algunos de ellos, se convirtieron en ley como el adelanto de aguinaldo para los 6.000.000 de trabajadores antes del 25 de diciembre, las cuenta sueldo gratuitas para los trabajadores que antes se lo descontaban de la tarjeta de débito.
-Desde siempre sos un artista que hace política, ¿aceptarías un nuevo cargo que te propongan para el 2023?
-Yo siempre voy a estar del lado progresista, del lado nacional y popular, de algún proyecto que la nación necesita. Estoy poniendo mucho esfuerzo para que Corrientes, que hace 63 años tiene una única universidad compartida con el Chaco que la une, pueda tener otra universidad nueva con nuevas carreras para los jóvenes del centro sur de la provincia. Casi todas las provincias tienen su propia universidad y Corrientes no la tiene con identidad. Es un proyecto que presenté siendo senador y ahora estoy trabajando con el ministro de economía en el sentido de convencerlo como a los legisladores también para que se apruebe una nueva universidad en Corrientes, que es tan necesaria. Y voy a seguir haciendo política tanto en mi provincia como acá también.


-¿Y eso qué incluiría?
-Que, si se da la oportunidad, seguiré… Tengo un partido propio que se llama Cambio Popular en Corrientes y acá estoy con el Frente Renovador. Lo peor que podemos hacer es la antípolítica. Hay que hacer política y convencer a los jóvenes de que se revelen contra las injusticias. Me preocupa que haya jóvenes que estén militando sobre la derecha y no sobre la izquierda como tendría que ser en este momento.


-¿Qué opinión te merece Roberto García Moritán, el marido de Pampita, legislador?
Me parece que la política tiene que dejar de ser confrontación constante para salir en los medios. Son como los artistas a veces los políticos: hacen un escándalo para posicionarse. Pero eso dura un ratito nada más. Hay que ser muy solvente presentando proyectos. Trabajo mucho y sigo insistiendo por el tema del gas natural en mi provincia. La Argentina tiene que dejar de lado la confrontación para encontrar acuerdos, pactos políticos. Y no personas que, a veces, aparecen que piensan que, llenando de incertidumbre, de pesimismo… La Argentina tiene un gran futuro, necesita pacificar porque tenemos lo que muchos países requieren como el Mar Argentino, el Litio, los productos primarios, el petróleo, turismo. La Argentina vuelve a desafiarse a si misma en salir adelante y lo va a hacer. Un día le vamos a acertar, ese es mi pronóstico.

Entrevista

Juan Palomino: “Ir al teatro hoy es una gran inversión” en medio de la crisis

Tras el inicio de la gira nacional de El divorcio del año, el actor reflexiona sobre los vínculos en la era de las redes sociales, defiende la identidad del teatro nacional y analiza el impacto de la crisis económica en el acceso a la cultura, con una mirada crítica sobre la realidad social del país.

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Al término de un ensayo, con la energía todavía en el cuerpo y la gira nacional ya en marcha, Juan Palomino dialoga con El Argentino sobre el presente de El divorcio del año y, al mismo tiempo, despliega una mirada más amplia. Entre reflexiones sobre los vínculos, las redes sociales y la exposición, el actor traza también un diagnóstico social sin rodeos: identidad, cultura y crisis económica atraviesan una charla amena -y con profundidad- que trasciende el escenario sin dejarlo atrás. Palomino, el actor que viaja en subte, celebra su construcción individual y manifiesta su frustración más grande.

En ese cruce entre lo personal y lo profesional se inscribe también el presente de la obra. “El divorcio del año”, dirigida por José María Muscari y escrita junto a Mariel Asensio, comenzó su gira por el conurbano y el interior del país este 2 de mayo, en un formato que -según el propio Palomino- le devuelve algo que la pantalla no puede: el cara a cara con el público. 

En sus palabras hay entusiasmo y también emoción, porque para él no se trata solo de trabajo. “Si algo de hermoso tiene una gira es poder reencontrarse con el público que a uno lo ha conocido por una novela, una película, una plataforma o un reportaje. Ese es el valor agregado de estar en relación directa con el público, y eso es lo que a mí me gratifica muchísimo”.

Vínculos, redes y una comedia “salvaje”

En la primera parte de la nota, Palomino se mete en la obra y va más allá de lo argumental: conecta con lo que se pone en juego y habla de tensiones que no son nuevas pero que hoy -según plantea- se ven amplificadas. “Yo creo que tiene que ver mucho con los vínculos en estos tiempos, entre padres e hijos, entre las parejas”, explica, y enseguida abre el plano: “Si uno revisa el teatro argentino y el teatro mundial, los vínculos están en primerísimo plano”.

Sin embargo, hace una salvedad y sostiene que lo que cambia es el contexto. “Esta propuesta de Muscari-Asensio muestra lo que sucede en una pareja que ha construido una identidad desde lo mediático y que, de alguna manera, se ha olvidado de lo esencial: cultivar el vínculo con su hija -el personaje de Rocío Igarzábal-, que en esa disfuncionalidad termina siendo una víctima”.

Ahí aparece otro de los ejes que atraviesa la charla: el peso de las redes sociales en la vida cotidiana. “En estos tiempos, donde los dispositivos y las redes sociales están cada vez más presentes, han invadido la intimidad y la identidad, y eso es un factor clave que plantea la obra”.

Más allá de la historia puntual, insiste en que hay algo que excede a los personajes de El divorcio del año: “Creo que hay algo de universal en la obra, que tiene que ver con elementos de la cotidianidad de los vínculos que hoy se acentúan aún más, producto de las redes sociales y de cómo uno construye identidad y protagonismo”.

Entre la exposición y la vida real: identidad, calle y familia

Partiendo de la relación entre los personajes de la obra y las redes sociales, la conversación gira hacia la exposición pública. Palomino no se corre; al contrario, se planta desde su forma de vivir. No hay estrategia, dice. Hay elección. “Yo uso las redes sociales para mostrar lo que quiero”.

Pero lo que más remarca es otra cosa: nunca se despegó de la vida cotidiana. “Siempre fui una persona que construyó su identidad pública sin separarse demasiado de su vida cotidiana. Yo viajo en subte desde los ‘90, incluso cuando ya era conocido”. Lo cuenta como quien habla de algo natural, sin épica. “Yo tengo esa dinámica de manejarme por la calle y, si me puedo sacar una foto con alguien, me la saco”. Aunque, aclara, hay un límite. “Creo mucho en el acercamiento, pero las formas son las que definen eso”. Esa idea -la de moverse entre lo público y lo privado sin perder el eje- aparece una y otra vez. Y no solo en su carrera.

Cuando habla de su vida personal, el tono cambia. Se vuelve más reflexivo. No esquiva la complejidad, pero tampoco dramatiza: la pone en contexto. “Tienen muchísimo que ver las madres”, dice, en referencia a las mujeres con las que formó su familia. “Han tenido muchísimo que ver con el respeto, con el cariño, con entender también situaciones que no dejan de ser traumáticas y dolorosas. Eso es verdad, no voy a decir que no. Pero en el debe y el haber queda eso: prevalece el cariño, prevalece el respeto, prevalece la alegría de haber compartido y tener tres hijos. Porque siempre una separación, un divorcio, es doloroso”.

Esa experiencia, explica, no es algo separado de lo que es hoy. “Soy lo que soy producto de mis convicciones, de mi genealogía, de mis padres, de mi nacimiento en La Plata, de mi infancia y adolescencia en Cusco, Perú, de mi juventud en Melchor Romero y en la ciudad de La Plata”.

Más que una definición, suena a recorrido. “Creo que eso es lo que caracteriza a un sujeto, más allá de que sea actor, director, ingeniero o médico: esas características son las que me construyen como individuo”. Y vuelve al origen, casi como un punto de apoyo: “Sin olvidarme del contexto en el que estoy y de qué significó ser quien soy en distintas etapas, hay algo esencial que es el origen: mi papá y mi mamá son los que me dieron la base de lo que soy”.

Teatro e identidad: la defensa de lo propio

Cuando Juan vuelve a hablar de teatro, el tono se vuelve más enfático. No lo plantea como una cuestión estética, sino como algo más profundo: identidad. “Nuestros rasgos identitarios están dados por nuestros autores, por nuestra idiosincrasia”. En relación a su propia historia explica: “Mi primera obra fue El jardín del infierno, de Osvaldo Dragún, en el año 81, en plena dictadura, cuando Dragún estaba prohibido”.

Desde entonces, dice, hay una línea que no se corta. “El autor nacional es lo que nos identifica, y en ese sentido coincido plenamente con la idea de defender a nuestros autores”. Sin embargo, hace hincapié en que el escenario cambió: “Hoy prevalecen otras lógicas: hay menos ficción en televisión y todo pasa más por las plataformas”. Aun así, pone en valor lo que está haciendo hoy: “Estar haciendo autores nacionales en la calle Corrientes y salir de gira con una obra de autor nacional es un hecho gratificante”.

Aunque no deja de marcar el contexto: “Estamos en un momento bastante complicado con respecto a nuestra identidad y la relación directa que tenemos con el arte”. En ese momento, el actor pone en evidencia un punto clave: el acceso, es que para Palomino el problema ya no es solo qué se produce, sino quién puede acceder. “Son momentos muy complicados donde pienso que se está construyendo una economía para un 20% de la población y el resto no llega a fin de mes”.

La frase no queda aislada. La conecta directamente con el teatro. “Lo que antes era un derecho de la clase media trabajadora se fue degradando”. Por eso, dice, el vínculo con el público también cambia. “Nosotros tenemos una gran responsabilidad de dar lo mejor, porque sabemos que hoy ir al teatro es una gran inversión”. Y, al mismo tiempo, lo pone en valor: “Que el público elija ver una obra de autor nacional es muy gratificante en tiempos económicos complejos”.

La comparación es directa: “Antes era algo natural: podías ir a ver tres o cuatro obras al mes. Hoy eso se reduce a una, y no a todos les afecta de la misma manera”.

Empatía, crisis y una Argentina que duele

En ese punto, la charla se corre del teatro y entra de lleno en lo social. Pero no desde el discurso, sino desde una idea concreta: la empatía. “No es necesario transitar la angustia de no llegar a fin de mes para entender lo que está pasando”. Y refuerza: “No me tiene que pasar para darme cuenta de lo trágico que significa esto y cómo se ha ido degradando”. No habla solo de economía. “La empatía implica poder ver lo que sucede alrededor, aunque a uno le vaya bien”.

En este sentido, Palomino amplía el diagnóstico: “El mundo está muy complicado y la tecnología está ocupando un lugar central en todos los planos, también en la política”. Y deja una advertencia: “Veo un futuro bastante distópico y creo que hay que estar muy preparados para seguir siendo empáticos, amorosos e inteligentes para poder seguir contando historias”.

Cuando se le pregunta qué le duele del presente, no duda. Responde rápido, casi sin pensar. “La violencia verbal me lastima”. Y suma: “Me lastima ver gente durmiendo en la calle, cada vez más”. 

En esa misma línea, después aparece lo estructural: “La economía me lástima, porque por más que baje la inflación, los salarios no alcanzan”. Describe una escena que, dice, ya se volvió cotidiana: “El multi-trabajo se volvió algo normalizado y la idea de ser tu propio empresario muchas veces es una forma de auto-explotación”. Y desde su lugar, Palomino marca una diferencia: “Nosotros estamos acostumbrados a la incertidumbre, pero hay mucha gente que vivió años con estabilidad y hoy fue expulsada de ese sistema”.

La conclusión es clara: “Se está produciendo un cambio de paradigma muy grande en las formas de trabajo”, dice Juan.

Nuevas generaciones y futuro

Finalmente, en relación con este clima de incertidumbre, el actor reflexiona sobre el horizonte para los jóvenes y ahí vuelve a lo más cercano: la familia. “Todo depende de las estructuras familiares”, dice, y se detiene en que “los valores que trato de dar tienen que ver con la ética del trabajo, la solidaridad, el respeto y la curiosidad”.

No esquiva el contexto, pero tampoco se queda en eso. “Son épocas oscuras, con mucha violencia instaurada y con retrocesos en derechos conquistados”. Y, aun así, encuentra un lugar posible: “Trato, desde ese microespacio que es la familia, de construir cierta armonía en tiempos muy complicados”.

Juan en pocas palabras

Un ping-pong íntimo por sus gustos, valores y recuerdos.

Deporte favorito:

“Hago ejercicio, pero no soy deportista. Me encantó la experiencia del automovilismo”.

Club de tus amores:

“Boca Juniors, obviamente”.

Canción para una cena íntima:

“Hay un tema de Charo (Bogarín), mi mujer, que me encanta y se llama Areté”.

Un referente latinoamericano:

“Diego Armando Maradona”.

Lugar en el mundo:

“Es donde estoy, es mi casa. No sueño con una isla desierta ni nada por el estilo: mi lugar en el mundo es donde pueda estar con toda mi gente”.

Un recuerdo de la infancia:

“En el jardín de infantes en Perú, no haber podido interpretar a San Martín el 28 de julio porque era morocho y no era blanco como se suponía que era. Es mi frustración más grande”.

Un plato que lo devuelve a la infancia:

“El choclo con queso, con granos del Valle Sagrado de los Incas, que no existe acá”.

El barrio:

“Es mi patria chica. Ahora es San Telmo”.

El legado de tus padres:

“El afecto, el amor, la ternura, las convicciones y el hecho de no aceptar algunas reglas de juego y tener que romperlas”.

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