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Caputo firmó la resolución para privatizar AySA en ocho meses

El ministro firmó la resolución que instruye la venta del 90% de las acciones estatales de la empresa de agua y saneamiento del AMBA. AySA fue estatizada en 2006 y tiene actualmente 6.222 empleados

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El Gobierno nacional puso en marcha definitivamente el proceso de privatización de Agua y Saneamientos Argentinos (AySA) mediante la Resolución 1198/2025 del Ministerio de Economía, publicada este martes en el Boletín Oficial con la firma del ministro Luis Caputo.

La medida establece un cronograma de ocho meses para transferir al sector privado el 90% del paquete accionario que actualmente mantiene el Estado nacional.

Según el documento oficial, la Agencia de Transformación de Empresas Públicas deberá contratar un banco estatal para realizar la valuación del paquete accionario de AySA y concretar posteriormente su venta en los mercados de capitales locales.

El texto también instruye a la Secretaría de Obras Públicas a preparar la documentación técnica y contractual correspondiente, incluyendo el contrato de concesión.

Marco regulatorio modificado para facilitar la venta

El proceso de privatización se complementa con el Decreto de Necesidad y Urgencia 493/2025, que reformó el marco regulatorio para la prestación del servicio público de agua potable y desagües cloacales en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Entre las modificaciones más controvertidas, la nueva normativa habilita los cortes de agua por falta de pago y establece tarifas atadas a la inflación, medidas que según fuentes del sector fueron diseñadas como incentivos para atraer inversores privados.

La decisión se enmarca en el programa más amplio de privatizaciones del gobierno de Javier Milei, que ya había incluido a AySA en la lista de empresas sujetas a privatización mediante la Ley Bases sancionada en 2024. Según datos oficiales, la empresa cuenta actualmente con 6.222 empleados, un 20% menos que al final de la gestión del Frente de Todos.

Antecedentes y contexto histórico

AySA fue estatizada en 2006 durante el gobierno de Néstor Kirchner, tras la experiencia de la concesión privada a manos de Aguas Argentinas entre 1993 y 2006.

El vocero presidencial Manuel Adorni había anticipado en julio pasado que se buscaría “incorporar capital privado mediante la transferencia del 90% de las acciones”, confirmando así las versiones que circulaban sobre la decisión gubernamental.

El proceso contempla dos etapas según se desprende de la documentación oficial: en la primera fase se deberá vender al menos el 51% del paquete accionario a un operador estratégico mediante licitación pública nacional e internacional, mientras que el porcentaje restante se colocará en las bolsas de valores.

Implicancias para usuarios y trabajadores

La privatización de AySA afecta directamente a más de 13 millones de usuarios del servicio de agua y saneamiento en el AMBA. Organizaciones sindicales del sector expresaron preocupación por el futuro laboral de los trabajadores, mientras que asociaciones de consumidores cuestionaron las modificaciones al marco regulatorio, especialmente la habilitación de cortes de servicio.

Según trascendidos oficiales, el Gobierno espera que la incorporación de capital privado permita mejoras en la infraestructura y la calidad del servicio, aunque no se han presentado estudios técnicos que respalden estas expectativas. El proceso se suma a otras privatizaciones en marcha, como la de Intercargo, evidenciando la continuidad del plan de reducción del Estado en la economía.

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Operativo Tormenta Negra en CABA: 1.500 policías, 11 allanamientos y 4 búnkeres narco

En ese marco, el ajuste del gasto social dispuesto por la gestión de **Javier Milei**, con recortes reales superiores al 61% en programas sociales según datos propios de la administración nacional, profundiza el terreno sobre el cual prospera el narcotrafico en los barrios.

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Blindados, helicópteros y cuatro búnkeres: el narcotráfico sigue en pie en los barrios que el Estado abandona

El megaoperativo antinarco desplegado este miércoles en la Ciudad de Buenos Aires intervino simultáneamente en seis barrios vulnerables. El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, monitoreó el procedimiento desde Villa Lugano en un contexto de creciente conflictividad social y precariedad estatal en los territorios.

La Policía de la Ciudad de Buenos Aires ejecutó el denominado Operativo Tormenta Negra, un procedimiento antinarco de gran escala que movilizó a 1.500 efectivos y desplegó 11 allanamientos simultáneos en distintos barrios populares de la Capital Federal. La acción permitió identificar al menos cuatro búnkeres de venta de drogas en los barrios 31, 1.11.14, 20, Villa Zabaleta, Fraga y Villa 15.

Un Estado que llega armado

El operativo incluyó la participación de la Guardia de Infantería, vehículos blindados modelo Fénix y un helicóptero que sobrevoló las zonas intervenidas. Como parte de las acciones, se procedió a la remoción de automóviles abandonados en la vía pública que, según las fuerzas de seguridad, eran utilizados para el almacenamiento y comercialización de estupefacientes.

El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, supervisó el procedimiento desde Villa Lugano, en un año marcado por las tensiones con el gobierno nacional sobre el reparto de responsabilidades en el territorio metropolitano.

Estrategia sorpresa en barrios históricamente abandonados

La estrategia del operativo se basó en el factor sorpresa, con el objetivo de desarticular las bandas narco sin darles tiempo de reacción. El procedimiento se inscribió además en una jornada de intensa actividad anticriminal tanto en la Ciudad como en el Área Metropolitana de Buenos Aires, en continuidad con el megaoperativo ejecutado el día anterior en Fuerte Apache, donde más de 500 efectivos intervinieron para desarticular dos bandas narco.

Lo que los comunicados oficiales presentan como «pacificación» y «recuperación del espacio público» no resuelve, sin embargo, las causas estructurales que alimentan el narcotráfico en los barrios populares: la desocupación, el hacinamiento, el desfinanciamiento de políticas sociales y la ausencia de infraestructura básica en comunidades que concentran las peores condiciones habitacionales de la ciudad.

En ese marco, el ajuste del gasto social dispuesto por la gestión de Javier Milei, con recortes reales superiores al 61% en programas sociales según datos propios de la administración nacional, profundiza el terreno sobre el cual prospera la economía ilegal.

Barrios bajo la lupa, barrios sin soluciones de fondo

El Barrio 31, también conocido como Barrio Mugica, es emblemático de la contradicción entre la intervención policial puntual y la política de integración urbana inconclusa. Las promesas de urbanización avanzaron a distintas velocidades según la gestión de turno, pero el acceso a servicios básicos, la salud, la educación y el trabajo formal siguen siendo deudas pendientes para miles de familias que habitan esos territorios.

La pregunta que los operativos espectaculares no responden es siempre la misma: ¿qué Estado aguarda a los vecinos de estos barrios después de que se retiran los blindados?

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