Consumo
La confianza del consumidor cayó 5,7% en abril y acumula tres meses consecutivos en baja
El Índice de Confianza del Consumidor elaborado por la Universidad Di Tella cayó 5,7% y se ubica un 16,33% por debajo del pico de enero de 2025. Los hogares de menores ingresos son los más golpeados: su confianza se desplomó un 12,60% en el mes.
La confianza del consumidor acumula tres meses de caída consecutiva
★ La confianza de los argentinos en su situación económica siguió derrumbándose en abril. El Índice de Confianza del Consumidor (ICC) que elabora el Centro de Investigación en Finanzas (CIF) de la Universidad Torcuato Di Tella registró una caída mensual del 5,7% y acumuló tres meses consecutivos de retroceso, en un contexto de inflación persistente, pérdida de poder adquisitivo y contracción del mercado interno que el Gobierno de Javier Milei no logra revertir.
El índice se ubicó en 39,64 puntos en abril. En comparación interanual, el retroceso fue del 10,12%. Desde el punto máximo registrado en enero de 2025, el indicador acumula un retroceso total del 16,33%, lo que grafica con contundencia la trayectoria descendente de las expectativas populares desde que el oficialismo celebraba haber «doblegado la inflación».
El relevamiento se realizó entre el 6 y el 17 de abril de 2026 mediante encuestas telefónicas en diversos centros urbanos del país.
La caída más pronunciada, en el Interior y en los sectores de menores ingresos
Por regiones, el deterioro fue generalizado. La baja más fuerte se registró en el Interior del país, con una caída del 10,57%, seguida por la Ciudad de Buenos Aires (CABA) con un 6,69% y el Gran Buenos Aires (GBA) con un 1,53%.
El análisis por nivel socioeconómico expone con mayor crudeza las consecuencias del modelo: los hogares de ingresos bajos sufrieron una caída del 12,60% en el mes, mientras que en los hogares de ingresos altos la contracción fue considerablemente menor, del 1,80%. La brecha volvió a ampliarse, reflejando que el ajuste del Gobierno libertario no impacta de manera uniforme sino que castiga con más fuerza a quienes menos tienen.
Todos los subíndices en rojo
Ninguno de los componentes del índice escapó a la tendencia negativa. La caída más marcada correspondió al subíndice de Bienes Durables e Inmuebles, con un retroceso del 9,51%, lo que indica que los argentinos están postergando decisiones de consumo relevante. Le siguieron Situación Macroeconómica con una baja del 4,30% y Situación Personal con una caída del 3,96%.
También retrocedieron tanto las percepciones del presente como las expectativas hacia adelante: las Condiciones Presentes bajaron un 9,03% y las Expectativas Futuras lo hicieron en un 3,30%. El pesimismo, en otras palabras, no es solo sobre el hoy, sino también sobre lo que viene.
Un cuadro de deterioro sostenido que los datos del mercado confirman
El derrumbe de la confianza no ocurre en el vacío, sino que se apoya en un conjunto de indicadores que muestran el deterioro concreto de las condiciones de vida. Las ventas minoristas de las pymes registraron su undécimo mes consecutivo en baja durante marzo, con una retracción real del 0,6% interanual, según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME). En lo que va del año, el rojo acumulado en ese sector trepa al 3,6%.
De acuerdo con datos de la consultora Worldpanel by Numerator, durante el último trimestre de 2025 la frecuencia de compra de los hogares argentinos cayó un 8,2% y el volumen de productos adquiridos descendió un 4,7% frente al mismo período del año anterior. El 41% de las categorías de consumo registró bajas en volumen.
La revista Acción publicó que los salarios registrados, tanto privados como públicos, sufrieron una pérdida del 7,3% real del poder adquisitivo entre septiembre de 2025 y enero de 2026, de acuerdo con datos del INDEC. En paralelo, según un reporte de la Fundación Capital, la economía argentina perdió 201.000 puestos de trabajo asalariados registrados desde el cambio de administración. En abril de 2026, según consignó el portal Conclusión, cierran en promedio entre 28 y 30 pymes por día en el país.
El pico de enero de 2025 ya es un recuerdo lejano
La secuencia de los últimos meses resulta elocuente. En febrero el ICC había caído un 5,3% y en marzo otro 5,3%, con lo que la baja de abril confirma una tendencia que lejos de revertirse se profundiza. El pico de 47,38 puntos alcanzado en enero de 2025, en plena luna de miel con el relato de la «desaceleración», contrasta con los 39,64 puntos actuales.
El índice permanece todavía un 11,35% por encima del piso registrado en enero de 2024, cuando las primeras medidas del ajuste detonaron la crisis de consumo más severa de los últimos años. Pero la dirección del indicador en los últimos meses sugiere que ese margen se va reduciendo, y que la recuperación que el Gobierno prometió para 2025 y 2026 sigue sin materializarse para la mayoría de los argentinos.
Puntos clave
- El ICC de la Universidad Di Tella cayó 5,7% en abril y acumula tres meses consecutivos en baja.
- El índice se ubica 16,33% por debajo del pico de enero de 2025 y registró un retroceso interanual del 10,12%.
- Los hogares de ingresos bajos sufrieron la mayor caída: 12,60% mensual, frente al 1,80% de los hogares de altos ingresos.
- El Interior del país fue la región más golpeada, con una baja regional del 10,57%.
- Todos los subíndices cerraron en negativo, con la mayor caída en Bienes Durables e Inmuebles (-9,51%).
Consumo
El sueldo que no alcanza: la brecha entre inflación y salarios destruye el consumo de las familias argentinas
Los datos cruzados del INDEC y del Ministerio de Capital Humano revelan que los salarios perdieron terreno frente a los precios tanto en marzo como en el primer trimestre del año. La brecha acumula presión sobre las familias trabajadoras en un contexto de tarifas disparadas y canasta básica que no cede.
Salarios contra inflación: el poder adquisitivo sigue cayendo y el consumo interno se resiente
★ En marzo de 2026, la inflación registrada por el INDEC fue del 3,4%, mientras que la Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (RIPTE), que publica el Ministerio de Capital Humano a través de la Secretaría de Trabajo, creció apenas un 2,4%. La diferencia, de un punto porcentual, puede parecer menor en términos abstractos, pero se convierte en un deterioro concreto y mensurable para los hogares que dependen de un salario para subsistir.
La tendencia se sostiene al ampliar el horizonte temporal. En el primer trimestre de 2026, la inflación acumulada alcanzó el 9,4%, en tanto que los salarios medidos por el RIPTE avanzaron un 8,6%. Eso significa que, incluso en el período en que el Gobierno anuncia una desaceleración inflacionaria, los ingresos de los trabajadores no logran seguir el ritmo de los precios.
Un deterioro que se acumula sobre otro deterioro
El dato de marzo no emerge en el vacío. Se monta sobre una base salarial ya diezmada por años de ajuste. Desde el inicio de la gestión libertaria de Javier Milei en diciembre de 2023, el esquema de tarifas y precios relativos golpeó con dureza desproporcionada a los sectores de ingresos fijos. Según datos del IIEP (UBA-CONICET), los servicios y el transporte público acumularon subas que superaron el 525% desde entonces, con el transporte liderando la escalada con un incremento cercano al 912%.
En ese marco, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) registró en marzo de 2026 una variación interanual del 32,8% y la Canasta Básica Total (CBT) del 30,4%, de acuerdo a datos del propio INDEC. Estas cifras confirman que el alimento sigue siendo el campo donde más se siente la erosión del salario real, aun cuando el índice mensual dé señales de moderación.
El «sueldo disponible» y el efecto sobre el consumo
Más allá del RIPTE, el impacto real sobre las familias se mide en lo que los economistas denominan «salario disponible»: lo que efectivamente queda en el bolsillo luego de cubrir las obligaciones básicas como alquiler, servicios, transporte y alimentación. En la medida en que esas obligaciones fijas crecen más rápido que los ingresos, el margen para el consumo de otros bienes se contrae.
Este es el mecanismo que explica la debilidad del consumo interno. Cuando las familias deben destinar una porción creciente de sus ingresos a gastos no postergables, el gasto en indumentaria, electrodomésticos, esparcimiento y otros rubros se retrae. Ese retroceso se traslada a la cadena productiva, deprimiendo la actividad industrial y comercial y generando un círculo de contracción que las cifras macroeconómicas oficiales tienden a subvalorar.
La discusión sobre el indicador
El Gobierno nacional cuestiona la representatividad del RIPTE como indicador de la evolución salarial, aduciendo limitaciones en su composición. El índice tiene características metodológicas específicas: considera únicamente los puestos de trabajo con una antigüedad mínima de 13 meses, incluye tanto al sector privado como al público nacional, provincial y municipal (solo para las cajas previsionales transferidas al SIPA), y contabiliza exclusivamente los componentes remunerativos hasta el tope imponible para aportes al sistema de seguridad social.
Estas restricciones son reales y deben tenerse en cuenta al interpretar el indicador. Sin embargo, la propia existencia de estas discusiones metodológicas no cancela la tendencia que los datos revelan, y que otros indicadores como el Índice de Salarios del INDEC o los convenios colectivos homologados refuerzan consistentemente: los ingresos de los trabajadores retroceden frente a los precios.
Estanflación como escenario de fondo
Los datos de abril de 2026 agregan otro elemento al diagnóstico. Consultoras como Eco Go y Equilibria proyectaron una desaceleración de la inflación hacia el 2,5% mensual, pero los combustibles presionaron con subas del 10,4%, generando una inercia que neutraliza cualquier alivio puntual en los alimentos. Esta dinámica configura un escenario de estanflación persistente: economía que no crece, precios que no ceden lo suficiente y salarios que no alcanzan.
El panorama es especialmente crítico en un contexto de deuda externa con el FMI que condiciona la política fiscal. El ajuste del gasto público comprometido con el organismo, que en el primer trimestre de 2026 implicó una caída adicional del 5,1% interanual en el gasto primario, reduce la capacidad del Estado de compensar la caída del poder adquisitivo mediante transferencias sociales, jubilaciones actualizadas o políticas de ingresos.
Puntos clave:
– En marzo de 2026, la inflación (3,4%) superó al crecimiento del RIPTE (2,4%), según datos del INDEC y del Ministerio de Capital Humano.
– En el primer trimestre, la brecha se mantuvo: 9,4% de inflación acumulada frente a 8,6% de suba salarial.
– La Canasta Básica Alimentaria registró una variación interanual del 32,8% en marzo de 2026.
– Los servicios y el transporte público acumulan aumentos superiores al 525% desde diciembre de 2023.
– El ajuste del gasto primario cayó un 5,1% adicional en el primer trimestre de 2026, agravando la pérdida de ingresos disponibles.
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