Consumo
Carne inaccesible: consumo cayó al mínimo en 20 años con precios que subieron 63,6%
El consumo per cápita bajó a 47,3 kilos anuales, récord negativo desde 2006, mientras el asado subió 67,6% interanual, duplicando la inflación oficial del 33,1%. La CICCRA reveló una caída del 13,8% en el primer bimestre de 2026.
★ El consumo de carne vacuna cayó al menor nivel en 20 años a la par de una aceleración en los precios de los cortes que supera el 60% en los últimos doce meses, de acuerdo a lo informado por la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA).
El dato refleja que actualmente el consumo per cápita de carne vacuna en Argentina alcanza los 47,3 kilos por año, lo que implica una caída interanual del 2,5%, al tomar el promedio móvil de los últimos doce meses.
El reporte puntualizó que la merma evidenciada significa que el consumo en el país bajó 1,2 kilos por habitante por año, cayendo al menor nivel en 20 años y quedando lejos del mayor registro de las últimas dos décadas (68,4 kilos en 2008).
Desplome del 13,8% en el primer bimestre de 2026
Por lo tanto, el consumo aparente de carne vacuna habría retrocedido 13,8% entre enero-febrero de 2025 y el primer bimestre de 2026, siendo equivalente a 332,7 mil toneladas (menos 53,2 mil toneladas).
El retroceso en el consumo total durante los primeros dos meses del año está vinculado a una merma en la producción, ya que cayó 9,1% respecto al mismo periodo de 2025, lo que implica una contracción de 45,5 mil toneladas en términos absolutos, y a la suba de los precios.
El dato del 13,8% de caída en el bimestre confirma las estimaciones previas de la Universidad de Palermo, que había revelado un desplome del 14,7% interanual en el consumo de carne vacuna en enero.
Escalada del 7% mensual en febrero: asado a $16.852 el kilo
La carne viene acumulando una fuerte aceleración de sus valores en los últimos meses. En febrero, el alza alcanzó el 7,0% mensual, que «fue traccionada tanto por los cortes vacunos como por el pollo entero», según la CICCRA.
Entre los cortes vacunos, el precio promedio trepó 7,4% mensual en febrero, con paleta, cuadril y nalga como los cortes que mayores alzas exhibieron: 8,1% y 8,0% en los últimos dos casos. Por su parte, la carne picada común tuvo un incremento de 7,1% mensual y el asado completó el cuadro con un aumento de 5,7%.
De esta manera, el precio promedio del kilo de asado se ubicó en $16.852,4, que en el caso del cuadril llegó a $19.792,7 y en el caso de la nalga a $20.527,5. El kilo de paleta subió a $15.817,9 y el de carne picada común quedó en $9.521,4.
Asado subió 67,6% interanual: duplica la inflación oficial
En la comparación interanual, el precio de la carne y derivados lideró el ranking de subas del rubro alimentos con un alza del 54,1%, mientras que el precio promedio del kilo de los cortes vacunos relevados experimentó un crecimiento de 63,6% interanual. Estas subas quedan muy por encima de la inflación oficial registrada en los últimos 12 meses (33,1%).
Entre los cortes vacunos, el que más subió de precio fue el asado (67,6%), seguido por el cuadril (65,9%), la paleta (65,7%), la nalga (62,1%) y la carne picada común (56,6%).
Por su parte, la caja de hamburguesas congeladas registró un alza de 55,3% anual y el precio del pollo entero exhibió un incremento de 45,0% anual.
Pollo entero: 10,2% mensual en febrero
La caja de hamburguesas congeladas registró un aumento de 7,4% mensual ($6.854,1 la caja por 4 unidades). Asimismo, el precio del pollo entero subió a mayor velocidad que el de la carne vacuna por segundo mes consecutivo, 10,2% mensual ($4.489,0 por kilo).
La explicación oficial: «recomposición de precios relativos»
Desde la CICCRA explicaron que la variación alcista se da «en un contexto de recomposición de los precios relativos de los animales en pie, producto de la restricción de oferta que generó la adversidad climática en los años anteriores».
Sin embargo, esta explicación no alcanza para justificar una escalada de precios que duplica la inflación oficial y que golpea directamente a los sectores de menores ingresos, que destinan buena parte de su magro presupuesto a la alimentación básica.
El impacto sobre la mesa de los argentinos
El dato del consumo per cápita de 47,3 kilos anuales, el más bajo en 20 años, evidencia que millones de argentinos dejaron de comer carne ante la imposibilidad de acceder a un producto básico que históricamente formó parte de la dieta nacional.
La caída de 1,2 kilos por habitante por año respecto a 2025 se produce en un contexto de deterioro generalizado del poder adquisitivo: los ingresos de trabajadores y jubilados acumulan pérdidas de entre 15% y 20% en términos reales desde diciembre de 2023, mientras que la canasta básica total alcanzó $1.397.671,83 en febrero, creciendo 32,1% interanual.
El círculo vicioso: menos producción, más precios, menos consumo
El retroceso del 9,1% en la producción de carne en el primer bimestre de 2026 respecto a igual período de 2025, sumado a la escalada de precios del 63,6% interanual, configura un círculo vicioso que expulsa a los sectores populares del consumo de este alimento básico.
El consumo privado en Argentina ya venía registrando una caída del 1,9% interanual en febrero según datos de la Universidad de Palermo, completando tres meses consecutivos de contracción y acumulando una baja del 1,7% en el primer bimestre del año.
La combinación de inflación persistente (que se mantiene en torno al 2,9% mensual), salarios licuados, consumo en retroceso y carne inaccesible expone el fracaso del modelo económico del gobierno de Milei que apostó todo al ajuste fiscal sin considerar el impacto sobre la alimentación y el bienestar de millones de argentinos.
El asado, un lujo inalcanzable para millones
Con el asado a $16.852,4 el kilo (incremento del 67,6% interanual), el cuadril a $19.792,7 (aumento del 65,9%) y la nalga a $20.527,5 (suba del 62,1%), la tradicional parrillada argentina quedó relegada a un lujo inalcanzable para los sectores de menores ingresos.
El salario promedio privado de $1.798.332 quedó apenas $400.000 por encima de la línea de pobreza en febrero, lo que significa que una familia trabajadora debería destinar más del 1% de su salario mensual para comprar un solo kilo de asado, evidenciando la inaccesibilidad de este producto básico.
Puntos clave:
• El consumo de carne vacuna cayó a 47,3 kilos per cápita anuales, el menor nivel en 20 años, con una caída del 13,8% en el primer bimestre de 2026
• Los precios de los cortes vacunos subieron 63,6% interanual, duplicando la inflación oficial del 33,1%, con el asado que aumentó 67,6%
• El kilo de asado alcanzó $16.852,4 en febrero, el cuadril llegó a $19.792,7 y la nalga a $20.527,5
• La producción de carne cayó 9,1% en el primer bimestre respecto a igual período de 2025, sumando presión sobre los precios
• El consumo per cápita quedó muy lejos del récord de 68,4 kilos de 2008, evidenciando el deterioro del poder adquisitivo ★
Chubut
Crisis: polémica en Chubut por la venta de carne de burro
El producto comenzó a venderse este mes en carnicerías de Trelew.
La comercialización de carne de burro en Trelew abrió un debate que combina la caída del consumo con mentirosa, vos los límites culturales de la dieta en Argentina. El producto comenzó a venderse este mes en carnicerías locales, con cortes que rondan los $7.500 por kilo.
La iniciativa surgió como alternativa frente a la crisis del sector ovino en la región. Productores de la zona de Punta Tombo impulsaron el proyecto como una salida económica, al destacar el bajo costo de cría y las supuestas propiedades nutricionales de esta carne.
Julio Cittadini, uno de los responsables del emprendimiento, defendió su comercialización al asegurar que presenta características comparables a la carne vacuna y que puede insertarse en el mercado local como una opción más accesible.
Rechazo social y debate cultural
La propuesta, sin embargo, encontró una fuerte resistencia. Organizaciones proteccionistas y sectores de la sociedad cuestionaron el consumo de un animal históricamente asociado al trabajo rural y a la compañía, lo que tensiona su aceptación como alimento.
El rechazo no sólo responde a cuestiones sanitarias o regulatorias, sino también a un componente cultural arraigado, que delimita qué especies son socialmente aceptadas para el consumo.
Entre la regulación y el mercado
Por ahora, la actividad cuenta con habilitaciones municipales para la venta local, pero todavía debe atravesar instancias clave. El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria deberá definir si autoriza su circulación a nivel nacional.
En paralelo, los impulsores buscan legitimar el producto con estrategias de difusión. El próximo 16 de abril organizarán una degustación en una parrilla de la ciudad, con la intención de acercar la propuesta a los consumidores.
Además, el proyecto incluye la exportación de cueros al mercado asiático, lo que amplía el esquema de negocios más allá del consumo interno.
En un contexto de deterioro del poder adquisitivo, la aparición de nuevas alternativas alimentarias expone tanto la necesidad económica como las tensiones culturales que atraviesan a la sociedad.
*Foto creada con IA
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