Consumo
Impacto de la variación de precios en los comercios de cercanía del AMBA
La aceleración de precios en los comercios de proximidad impacta de mayor manera en las clases medias y bajas.
Según en análisis del Centro de Estudios por la Soberanía Popular Mariano Moreno (SESOPMM), los comercios de cercanía del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) han experimentado una notable variación de precios en comparación con las grandes cadenas.
Esta discrepancia ha generado un impacto especialmente significativo en los sectores populares, quienes realizan compras frecuentes en estos establecimientos debido a ingresos menores al RIPTE, aproximadamente $450.000.
QUIÉNES SON AFECTADOS
Según el análisis realizado por el SESOPMM, aquellos con ingresos inferiores a $400.000 en el momento del relevamiento optan en un 52% por realizar compras exclusivamente en los supermercados de cercanía. Solo el 10% se decanta por cadenas más grandes. Esta tendencia muestra cómo la aceleración de precios en los comercios de proximidad impacta de manera más significativa en las clases medias y bajas, quienes encuentran en estas tiendas una opción accesible y conveniente para abastecerse.
CONTRASTE CON INDICADORES OFICIALES
Resulta esencial señalar que la variación de precios en estos comercios difiere considerablemente de lo reflejado por instituciones como el INDEC e IPCBA. Estas entidades tienden a relevar datos en cadenas y puntos de venta de menor escala, lo que lleva a una discrepancia en las cifras presentadas.
ANÁLISIS DE LA CANASTA DE ALIMENTOS
A partir de octubre de 2023, se ha realizado un seguimiento diario de una canasta de alimentos en los comercios de cercanía. Tras los ajustes pertinentes, se ha constatado una variación sustancial entre los precios de noviembre y diciembre del mismo año. Esta evolución en los precios muestra la disparidad existente en la realidad de estos comercios respecto a los índices oficiales.
IMPACTO SOCIAL Y ECONÓMICO
El aumento de precios en los comercios de cercanía no solo refleja una fluctuación económica, sino que también repercute directamente en la accesibilidad a productos básicos para aquellos sectores que dependen principalmente de estas tiendas por su proximidad geográfica y su poder adquisitivo limitado.
En resumen, la variación de precios en los comercios de cercanía en el AMBA ha evidenciado una brecha significativa respecto a los indicadores oficiales, impactando de manera desproporcionada en los sectores con ingresos más bajos y en la clase media, quienes ven comprometida su capacidad de compra de productos básicos.
Consumo
El ajuste en la mesa: el consumo de carne volvió a caer al peor nivel en 20 años
La Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (Ciccra) registró un consumo per cápita de 47,5 kilos anuales entre enero y mayo de 2026, el mínimo desde 2006. La merma del 6,1% interanual expresa el deterioro sostenido del poder adquisitivo de los hogares argentinos bajo el ajuste libertario.
La Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra) registró entre enero y mayo de 2026 un consumo per cápita de 47,5 kilos de carne vacuna por habitante al año, el nivel más bajo desde 2006. La caída interanual del 6,1%, equivalente a 3,1 kilos menos por persona, confirma que el deterioro del poder adquisitivo de los hogares argentinos profundizó un proceso de sustitución alimentaria que ya lleva más de dos años.
La Argentina, históricamente uno de los mayores consumidores de carne vacuna del mundo, atraviesa una transformación forzada en la mesa familiar. Los datos de Ciccra correspondientes al período enero-mayo de 2026 revelan que el consumo aparente de carne vacuna alcanzó 855.750 toneladas res con hueso, una contracción del 11,1% interanual. En términos absolutos, los hogares argentinos absorbieron más de 106.700 toneladas menos que en el mismo período de 2025, una diferencia que se explica no por razones culturales sino por la brutal pérdida de capacidad de compra acumulada desde diciembre de 2023.
Un récord negativo que arranca en 2006
El informe de Ciccra establece que el consumo per cápita promedio de los últimos doce meses bajó a 47,5 kilos por habitante al año, la marca más baja desde el año 2006. Se trata de un retroceso del 6,1% interanual, equivalente a 3,1 kilos menos por habitante respecto del promedio del período inmediatamente anterior. El dato no es un piso circunstancial: es la continuación de una tendencia que se aceleró con fuerza desde el inicio de la gestión libertaria.
En el primer bimestre de 2026, registros previos de la misma cámara ya habían marcado un consumo per cápita de 47,3 kilos anuales, con una caída interanual del 13,8%. La acumulación de ese deterioro a lo largo de los primeros cinco meses del año perfila un escenario de contracción estructural que supera ampliamente los episodios de caída registrados en crisis anteriores.
Menos hacienda, más exportaciones: la ecuación que vacía la góndola
Detrás de la caída del consumo opera un mecanismo de doble presión. Por un lado, la producción de carne vacuna totalizó entre enero y mayo 1,168 millones de toneladas res con hueso, lo que implicó una reducción interanual del 7,3%, equivalente a unas 91.650 toneladas menos. La causa directa fue una menor actividad de faena: en los primeros cinco meses del año se procesaron aproximadamente 4,94 millones de cabezas de ganado bovino, por debajo de los niveles del mismo período de 2025.
Por el otro lado, las exportaciones no solo no cedieron sino que crecieron. Entre enero y mayo se embarcaron aproximadamente 312.200 toneladas res con hueso, un volumen 5,1% superior al exportado en el mismo lapso del año anterior. Las ventas a China, principal destino histórico, cayeron un 35,8% mensual en abril, pero esa retracción fue más que compensada por el crecimiento de las colocaciones en Estados Unidos, cuyos envíos se triplicaron en la comparación interanual y llegaron a representar el 29,2% del total exportado en ese mes. En el primer cuatrimestre, los ingresos por exportaciones ascendieron a USD 1.334 millones, un incremento del 48,4% frente al mismo período de 2025.
La combinación de menor producción con mayor orientación exportadora agrava la escasez relativa en el mercado interno y presiona los precios al alza, retroalimentando el ciclo de exclusión del consumidor local.
El precio que aleja la carne de la mesa popular
El informe de Ciccra señala que, pese a que en mayo los precios de la carne vacuna aumentaron apenas un 0,1% mensual, muy por debajo de la inflación del período, la comparación interanual exhibe una realidad muy diferente: los cortes vacunos acumularon una suba del 57,9% en el último año, contra una inflación general del 33,2%. La carne vacuna se encareció, entonces, casi el doble que el nivel general de precios. Ese diferencial explica por qué la estabilidad puntual de un mes no alcanzó para revertir la tendencia de fondo.
El documento del Ciccra lo formula sin rodeos: la pérdida de poder de compra de las familias argentinas, combinada con la suba del precio relativo de la carne vacuna frente a otras proteínas, se tradujo en una contracción del 11,1% anual del consumo aparente. Las familias no dejaron de comer proteínas, sino que las sustituyeron. El pollo aumentó un 38,9% interanual y el cerdo un 23%, ambos por debajo de la evolución de la carne vacuna, lo que aceleró el desplazamiento en los hábitos de consumo.
El ajuste en el plato: contexto de un deterioro anunciado
El dato del consumo de carne no es un hecho aislado. Se inscribe en una secuencia de indicadores que, desde diciembre de 2023, dibujan el mismo patrón. El consumo masivo general registró en abril de 2026 una caída del 3,8% interanual, según datos de la consultora Scentia relevados en cobertura previa de este medio. Las ventas de combustibles cayeron por tercer mes consecutivo en el mismo período. Y la Canasta Básica Alimentaria acumuló una variación interanual del 32,8% a marzo de 2026, según el INDEC, sobre una base ya erosionada por las devaluaciones previas y los tarifazos acumulados que, en el caso del transporte, superaron el 900% desde el inicio de la gestión.
La carne vacuna, símbolo histórico de la dieta y la identidad cultural argentina, se convirtió en un termómetro preciso del deterioro social. Que su consumo haya caído a niveles que no se registraban en dos décadas no es un dato técnico: es la radiografía de un modelo que exporta lo que produce y transfiere el costo a los sectores que menos pueden pagarlo.
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