Economía 💲
Hace 20 años Argentina era independiente del FMI
La política de desendeudamiento de Néstor Kirchner.
El 15 de diciembre de 2005, el entonces Presidente de la Nación Néstor Kirchner confirmó una decisión política estratégica al anunciar el pago total de la deuda que Argentina mantenía con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Y encargó su ejecución a su Ministra de Economía y Producción, Felisa Miceli.
Es ineludible conmemorarlo cuando vivimos las trágicas consecuencias de la decisión del Gobierno de Mauricio Macri de volver, a partir de 2018, a endeudarse y depender de ese organismo en las decisiones de política económica
En aquel entonces, nuestro país venía arrastrando un pasivo con ese organismo que había sido contraído durante los años 80 y 90 que alcanzaban a los 9.810 millones de dólares, deuda que, como ha sucedido históricamente con el FMI, solo sirvió para financiar la fuga de capitales que se produjo en esos años, como tambien sucede ahora.
Néstor Kirchner trazó una clara política desde el comienzo de su mandato: el desendeudamiento de la Argentina. Recibió un país en default y con negociaciones empantanadas con el FMI. Y se trazó un camino sencillo y posible: lograr mantener los superávits gemelos -fiscal y comercial externo-, hacer crecer la economía, fortaleciendo el mercado interno y las exportaciones, mientras, simultáneamente, se incrementaba el empleo formal y el poder adquisitivo de la población, mejorando la distribución del ingreso.
La acumulación de reservas internacionales genuinas, provenientes del saldo positivo del comercio exterior, se convirtió en un objetivo prioritario, durante los años de su gobierno. En un país de recurrente escasez de divisas generada por una descontrolada fuga de las que obtenemos por nuestra producción, la fortaleza externa fue considerada como lo que es: la mejor garantía de estabilidad cambiaria y de precios ante posibles ataques especulativos.
Esa solvencia fue lograda en base a una detallada y eficaz regulación tanto de la balanza comercial como de la cuenta capital del Balance de Pagos.
Cuando asumió Néstor Kirchner el país contaba con 8.250 millones de dólares de reservas internacionales, de las cuales solo la mitad eran de libre disponibilidad, mientras que a fines de 2005 éstas últimas se habían incrementado a 26.800 millones de dólares, a fuerza de ahorrar la mayor parte del superávit comercial externo de cada año.
Esa fue la fortaleza que permitió pagarle al FMI. No se consiguió de un día para otro. Fue una estrategia pensada desde el inicio de su gestión, un camino elaborado para llegar al objetivo de lograr mayor autonomía en el diseño de la política económica. Ya en marzo de 2004 Kirchner había advertido ante el Congreso de la Nación: “No pagaremos a costa de que cada vez más argentinos vean postergado su acceso a la educación, la salud, la vivienda, el empleo decente. Creciendo nuestra economía mejorará nuestra capacidad de pago. “
A cuatro meses del inicio de su gobierno, en setiembre de 2003 el país había firmado un programa stand-by a tres años para reestructurar la deuda contraída por los gobiernos de Menen y de De la Rúa. Venía pagando los vencimientos, mientras que era sometido a una serie de revisiones y controles de cumplimiento de metas. Además, debía cumplir con las exigencias habituales que impone el organismo: ajuste fiscal cada vez mayor, privatizaciones -las del Banco Nación entre ellas- o la participación de un grupo de bancos privados para la reestructuración de la deuda con acreedores privados que se encontraba en default, lo cual finalmente fue realizado por el Ministerio de Economía.
Según palabras del propio Presidente Kirchner: “Esa deuda ha sido un constante vehículo de intromisiones, porque está sujeta a revisiones periódicas y ha sido fuente de exigencias y más exigencias, que resultan contradictorias entre sí y opuestas al objetivo del crecimiento sustentable. Además, desnaturalizado como está en sus fines el Fondo Monetario Internacional ha actuado, respecto de nuestro país, como promotor y vehículo de políticas que provocaron pobreza y dolor en el pueblo argentino, de la mano de gobiernos que eran proclamados alumnos ejemplares del ajuste permanente”.
Resulta claro que este entrometimiento en la política nacional no era para nada compartido por lo que, dado la solvencia en las reservas internacionales, el Gobierno Argentino, en acuerdo con el Gobierno de Brasil, decidió el pago total de la deuda con el organismo. Así lo dijo en ese entonces: “Se trata de un paso largamente conversado con los señores presidentes del MERCOSUR en general, y especialmente con el Presidente Lula Da Silva, a quienes agradecemos, como también al apoyo permanente recibido de la República Bolivariana de Venezuela”.
Habían pasado dos años y medio desde la asunción de Néstor Kirchner. Se había levantado el default, el crecimiento económico era a tasas chinas, con políticas heterodoxas, con creación de empleo formal, y redistribución del ingreso, sin tarifazos ni privatizaciones. Después de más de 30 años de políticas antinacionales y antipopulares el país había avanzado por otro rumbo con un modelo productivo con inclusión social. Y el pago total al FMI consolidó ese camino.
Por supuesto, que hubo detractores de todo tipo para esa decisión. La principal objeción era que se comprometía el 36,6% de las reservas del país, que, de 26.800 millones de dólares, pasaban a 16.990 millones. Y que se cancelaba deuda “barata”. Ninguna de las tormentas catastróficas que pronosticaron se produjo.
En setiembre de ese mismo año la cantidad de reservas ya era superior a las existentes al momento de pagarle al Fondo. Tampoco el valor de la divisa se alteró ni apareció ningún tipo de brecha entre mercados, fluctuando en valores de alrededor de $3,08 por dólar, tanto en el mercado oficial como en el blue.
Y en cuanto al costo del endeudamiento, hay que destacar que hubo un ahorro significativo de divisas, ya que, de las reservas utilizadas para el pago, una parte estaba depositada en el Banco Internacional de Basilea -unos 5.400 millones de dólares- devengando un interés del 1,5% anual, mientras que el país le abonaba al FMI, por tasas, comisiones y sobrecargos, casi dos puntos más. El resto, unos 4.200 millones de dólares estaban directamente constituido en Derechos Especiales de Giro (DEG), con lo cual no se recibía ningún tipo de remuneración por esta parte, pero sí se debían pagar los intereses correspondientes.
Todo ello permitió reducir el riesgo país, el indicador medido por el JPMorgan, a 216 puntos a finales de 2006, un valor más bajo que el logrado durante la convertibilidad cuando el neoliberalismo imponía sus políticas en nuestro país.
REGRESION CON MACRI y MILEI
Ese valor nunca más se ha vuelto a repetir ni siquiera durante la gestión de gobiernos como los de Macri y Milei que han recibido apoyo y financiamiento tanto de los mercados financieros como del Fondo y que, a diferencia de lo acontecido en 2006, han aplicado y aplican medidas de ajuste extremo, sometiendo a la pobreza, la indigencia y el desempleo a grandes mayorías nacionales y destruyendo el aparato productivo, imponiendo la centralidad de la especulación financiera como todo plan económico.
Doce años pasaron sin la intromisión del FMI en la política económica interna del país. Macri lo trajo de vuelta con un acuerdo stand by de 57.000 millones de dólares, del que se desembolsaron 45.500 millones. Una operación que permitió la salida de capitales especulativos casi al mismo tiempo en que se realizaban los desembolsos, como así lo señala el Informe del Banco Central , y que cuenta con graves inconsistencias:
● Deficientes estimaciones para el diseño del Programa y evaluaciones de sostenibilidad de la deuda, con vencimientos pautados de casi 20.000 millones de dólares los primeros años, inconsistentes con las posibilidades reales de generación de divisas por parte del país.
● Incumplimiento de los criterios establecidos por el FMI para que el país haya obtenido el Acceso Extraordinario (PAE)
● Vulneración del Art 6° del Estatuto del FMI que determina con total claridad que no se podrán “utilizar los recursos generales del Fondo para hacer frente a una salida considerable o continua de capital”.
● Aspectos jurídicos incumplidos en Argentina ya que no se cumplió con el Art. 61 de la Ley de Administración Financiera de la Argentina (Ley N° 24.156) que establece que se debe pedir una opinión al BCRA respecto a la sostenibilidad de la deuda que se contrae y al momento de suscribir los documentos con el FMI no había siquiera un expediente iniciado en ninguna de las áreas de la Administración Pública Nacional involucradas.
Por todo ello queda claro que el stand by de 2018 ha sido un préstamo de carácter netamente político, otorgado para que Macri fuese reelecto en la presidencia de la nación y, si eso no ocurriese condicionar las acciones de un futuro gobierno de otro signo partidario.
DEUDA ODIOSA
Hoy, cuando ni siquiera tenemos información completa del último acuerdo logrado con el FMI por el gobierno de Milei – Caputo, ni tampoco de los compromisos asumidos por el financiamiento que les otorgó directamente el Tesoro de los EEUU, solo podemos repetir, como ya lo hicimos desde este Foro, que, al no cumplirse con los pasos jurídicos pertinentes, este último acuerdo debe catalogarse como deuda odiosa.
Pasaron 20 años. Qué lejos estamos de aquella decisión estratégica en que el pago al FMI significó recuperar la autonomía en las decisiones de las políticas públicas, elevando a su nivel más alto la bandera de la independencia económica.
UNIDAD CON CONTENIDO POR LA INDEPENDENCIA ECONÓMICA
No hay ninguna duda que nuestro país ineludiblemente necesita abandonar esta política de entrega y sumisión puesto que los argentinos y argentinas hemos pagado y lo seguimos haciendo, no sólo con la devolución del capital, los intereses, cargos y comisiones que el Fondo le cobra al país, sino, y fundamentalmente, con el empobrecimiento de nuestra sociedad, la cesión de recursos naturales y la progresiva pérdida de nuestra independencia como nación.
Sin duda, para volver a ser independientes, necesitamos dejar de lado mezquindades inaceptables que están postergando una unidad con contenido expresada en un proyecto común, en una estrategia con acciones y compromisos claros con todos los sectores vinculados al interés nacional. Necesitamos comprender que la historia enseña, de ella se aprende, pero la nostalgia no soluciona los problemas del presente.
FORO ECONOMIA Y TRABAJO
Sergio Arelovich, Ricardo Aronskind, Gabriel Barceló, NoemíBrenta, Norberto Crovetto, Juan Pablo Costa, Marcelo Di Ciano, Marisa Duarte, Eduardo Dvorkin, Roberto Feletti, José M.Fumagalli, Américo García, Carlos Gutiérrez, Ricardo Koss, Bernardo Lichinsky, Pablo Manzanelli, Jorge Marchini, Felisa Miceli,Alejandro Rofman, Horacio Rovelli, Nahuel Silva, Rodolfo P. Treber, Eduardo Berrozpe (coordinador)
FORO ECONOMÍA Y TRABAJO. Está integrado por economistas y otros especialistas a propuesta de organizaciones sindicales de nuestro país, abierto a todas las instituciones que integran el Movimiento Sindical Argentino, así como a los aportes de organizaciones que agremian a las Pyme, cooperativas y a la economía popular. Sus documentos y definiciones corresponden a sus autores, que participan en la articulación de un programa económico con eje en el trabajo, la producción, la justicia social, la defensa de los recursos y la soberanía nacionales. foroeyt@gmail.com
Economía 💲
Con metas incumplidas y proyecciones a la baja, Caputo busca auxilio en el FMI
El ministro de Economía viaja a EEUU para negociar un nuevo desembolso de US$1.000 millones, mientras el Fondo recorta sus proyecciones de crecimiento para Argentina y empeora los pronósticos de inflación.
Caputo busca US$1.000 M en Washington ante un FMI con malos augurios para la Argentina
★ El ministro de Economía, Luis Caputo, arriba este miércoles a Washington para participar de las Reuniones de Primavera del FMI y el Banco Mundial. El objetivo central del funcionario es destrabar el desembolso de US$1.000 millones mediante la aprobación de la segunda revisión del acuerdo vigente. La misión ocurre en un contexto económico complejo, marcado por el incumplimiento de las metas de acumulación de reservas netas, las cuales se encuentran US$11.000 millones por debajo de lo estipulado originalmente.
La búsqueda de un waiver y el ajuste fiscal
El desembolso que persigue el Palacio de Hacienda depende de la aprobación del organismo que conduce Kristalina Georgieva. Ante la imposibilidad manifiesta de cumplir con las metas de reservas, el gobierno libertario se prepara para solicitar un waiver (dispensa) que permita mantener el flujo de fondos. Caputo, quien viaja junto al viceministro José Luis Daza y el presidente del BCRA, Santiago Bausili, buscará garantizar el aval del organismo bajo la premisa de sostener el superávit fiscal, un pilar que la gestión actual presenta como innegociable a pesar de las consecuencias sociales del ajuste.
Un panorama económico en descenso
La llegada de la comitiva argentina se produce justo después de que el FMI corrigiera a la baja sus expectativas para la economía nacional. El organismo recortó la proyección de crecimiento del PBI al 3,5%, una cifra que implica un retroceso respecto a estimaciones previas. A su vez, el escenario inflacionario se ensombrece: el Fondo prevé que el 2026 cerrará con una inflación del 30,5%, prácticamente el doble de lo calculado hace apenas seis meses. Esta realidad choca de frente con el discurso oficial, que insiste en una recuperación económica que los indicadores internacionales se encargan de relativizar.
La agenda de Caputo incluye encuentros con Ajay Banga (presidente del Banco Mundial), Ilan Goldfajn (titular del BID) y Sergio Díaz Granados (presidente de la CAF), buscando blindar financiamiento en un contexto de vulnerabilidad externa. Mientras la atención global en Washington se divide entre los conflictos bélicos internacionales, para la Argentina el viaje representa una apuesta crítica para evitar que el programa de asistencia se desmorone.
Puntos clave
- El ministro de Economía negocia el desembolso de US$1.000 millones del FMI.
- El gobierno podría solicitar un waiver por el incumplimiento en las reservas netas.
- El FMI redujo la expectativa de crecimiento del PBI al 3,5%.
- Se proyecta una inflación del 30,5% para el cierre de 2026.
- La agenda incluye reuniones con el Banco Mundial, BID y CAF.
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