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Opinión

Honduras: operaciones psicológicas contra el Gobierno de Xiomara Castro

El gobierno progresista de la presidenta ha sido objeto de un fuego incesante desde el mismo día que inició su gestión.

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Por Ricardo Arturo Salgado Bonilla

Las guerras de la derecha en Latinoamérica se libran, en gran medida en la mente de las personas, especialmente aquellas que todavía piensan que son parte de la clase privilegiada, aunque poco a poco el neoliberalismo los va haciendo perder poder adquisitivo. Como sea, las operaciones psicológicas, cuyas puntas de lanza están en los medios de comunicación y redes sociales. Es así que el gobierno progresista de la presidenta Xiomara Castro, ha sido objeto de un fuego incesante desde el mismo día que inició su gestión.

En Honduras, los medios de comunicación privada constituyen el 98% de todos los medios, y la cantidad de granjas de trolls y bots creadas desde el narco régimen del Partido nacional de Juan Orlando Hernández, ocupan un enorme espacio, que cuenta con el apoyo decidido de las comunidades más virulentas de la derecha de Estados Unidos. Por esa razón, por ejemplo, es cuasi imposible, por ejemplo, lograr que una red social como Twitter, le dé baja a una cuenta falsa a nombre del Gobierno de Honduras.

Durante las últimas semanas, la administración actual ha emprendido una lucha por cambiar las reglas del juego en materia tributaria. Básicamente, la idea es terminar con los regímenes especiales que ha exonerado del pago de impuestos a un pequeño grupo de empresarios por los últimos cincuenta años. Gracias a ese sistema de exoneraciones fiscales, cosas tan disímiles como comidas rápidas, medios de comunicación, generadoras de energía por medio de combustibles fósiles, y hasta empresas de narcotraficantes, pudieron florecer mientras se aceleraba el crecimiento de la miseria y la desigualdad.

Frente a la opinión pública, esta es una batalla ganada por el gobierno, a pesar de una costosa campaña de las élites, que abarca al sector político de la derecha que está empeñado en cumplir su tarea de evitar que los más ricos pierdan sus privilegios, y compitan con una inmensa cantidad de empresas que, no sólo paga impuestos, sino que paga tasas infinitamente más altas por los préstamos de la banca local. Fundamentalmente, para que un pequeño emprendedor obtenga un préstamo, debe demostrar que no necesita el dinero. No hay nada más lejano a la panacea del libre mercado que lo que sucede en Honduras; los ricos se hacen ricos, saqueando a los pobres.

El otro tema álgido, es el ingreso a Honduras a la Comunidad Andina de Fomento, CAF, que debe ser ratificado por el Congreso Nacional, con predominio de la derecha, desde la oportunista a la fascista. El punto aquí es no ratificar la adhesión, para evitar que el gobierno acceda a nuevas fuentes de financiamiento. Si vemos el panorama completo, el propósito es evitar el acceso a fondos, y el reordenamiento de las finanzas que ayudaría a soportar la carga de la deuda social acumulada tras doce años post golpe de Estado.

En el contexto actual, los pasos que da el gobierno de la presidenta Castro tienden a favorecer a las grandes mayorías, y las matrices de opinión pública, al menos las regulares, son insuficientes para convencer a la población que es buena idea seguir manteniendo un sistema parasitario en el que, en nombre de la competitividad, se ha destruido la economía del país. Con una población económicamente activa de 4 millones de personas, el 5 % más rico del país apenas genera el 6 % de los puestos de trabajo. Además, es a este sector que se debe la mayor construcción de corrupción existente hace muchos años. Sólo a finales de 2021, después de que la derecha había perdido las elecciones, el Congreso saliente, aprobó 4 nuevos regímenes de privilegios para las mismas 25 familias.

El gobierno de la república ha dado pasos gigantescos, algunos de ellos históricos, y, hasta hace poco, impensables, como la apertura de relaciones diplomáticas con China, de las que se esperan acuerdos provechosos, dentro del marco del más absoluto respeto. Aunque mantiene muchas dificultades, principalmente en Educación y en Salud, la actual administración tiene muchos programas de alivio para la crisis que proviene del transito mundial hacia la multipolaridad, y la desastrosa herencia encontrada de los 12 años mas aciagos en nuestra historia.

Incapaces de lograr un balance favorable en la opinión pública, las élites, estimuladas por sectores políticos de Estados Unidos, activaron voceros con una campaña de múltiples direcciones, en la que la parte más significativa ha sido la presentación de parte del Consejo Nacional Anticorrupción (ONG financiada con fondos del Estado y controlada por los Estados Unidos), de un pseudo informe sobre “Nepotismo y Exceso de Concentración de Poder”. En medio de un show de luces tipo disneylandia se ha hecho un despliegue propagandístico contra el gobierno, sin presentar ni un solo caso de corrupción concreto, bajo la premisa de que el Nepotismo produce corrupción.

Han aflorado los enemigos, tanto fuera como dentro del gobierno, que han pretendido echar una capa de cieno sobre los funcionarios públicos, todos activados al unísono, en lo que, a todas luces es una operación psicológica para desplazar de la discusión nacional el problema fundamental de los privilegios de la clase dominante, la complicidad de la derecha en esa relación desigual, y sobre todo, la lucha de clases implícita en este proceso. Vale la pena señalar que, hasta la fecha no habían existido casos con indicios de corrupción, hasta que en la misma semana de la operación psicológica, aparecieron audios de una funcionaria que dejan poco a la imaginación, y que señalan corrupción en la DINAF, ente encargado de tratar los temas de la niñez en el país.

La cuestión de la concentración de poder omite un hecho inescrutable: el poder es la capacidad de una clase de imponer sus intereses, incluso por la fuerza si es necesario. Ese poder, real, en Honduras, lo siguen ostentando las élites, con el apoyo firme de Estados Unidos. Sin embargo, a este gobierno se le acusa de ser intolerante, de no respetar la libertad de expresión, aunque cada periodista a sueldo de la derecha despotrica contra el gobierno, e incluso irrespeta la presidenta, a cualquier hora del día, sin que hasta la fecha se les haya coartado de forma alguna la inmensa masa de calumnias y embustes con que sabotean todos los días.

Siendo este un gobierno popular, que, a pesar de obtener una victoria aplastante en las pasadas elecciones presidenciales, es acertado decir que se encuentra en una batalla desigual, en la que la clase dominante esta tratando de generar condiciones de descontento entre la población, quizá con el ánimo de generar condiciones para un movimiento tipo revolución de colores. Hasta la fecha, sin embargo, su base de apoyo social sigue siendo muy mala, y depende más de las fake news, memes o montajes mal hechos.

La misión fundamental de las comunicaciones del gobierno debe ser llegar con la verdad a las mayorías, que ahora deben entender que estamos en una lucha de verdad por el poder, en el que los que nos ahogaron en la pobreza impensable, cuentan con una infinidad de recursos, y que no tiene escrúpulos ni para mentir, ni para robar, ni para matar. Así nos lo enseña la historia, vimos esto mismo en otros lugares del mundo.

Nos acusan de polarizar, como si los pobres vivieran felices de estar fregados toda su vida. No hay que olvidar que el único campo de consenso que acepta la oligarquía es aquel en el que la clase trabajadora se rinde, y acepta firmar la rendición incondicional, que favorece y aumenta sus ya obscenos privilegios.

Hoy estamos frente a una operación psicológica tipo cortina de humo, pero la consigna sigue siendo, que todos paguemos impuestos; que los que más ganan paguen más. El que pretende distraernos de esa verdad, es nuestro enemigo.

Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.

Opinión

Banderazo en el Obelisco por las Malvinas y la Soberanía

La agrupación Peronismo por la Soberanía convoca a un banderazo por la Soberanía. Con Gabriel Berrozpe y otros referentes, piden mantener vivo el espíritu de Malvinas defendiendo la Soberanía nacional.​

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Este 2 de abril, nos convoca una causa que atraviesa generaciones: la memoria, el respeto y la lucha por la soberanía argentina sobre nuestras queridas Islas Malvinas. Estamos construyendo una unidad. Un Encuentro por la Soberanía entre muchas organizaciones y ciudadanos libres y concientes de los duros y desafiantes tiempos que vivimos.

Pero no estaremos en el Obelisco solo para recordar. Nos reuniremos, flameando banderasargentinas, para reafirmar con firmeza y sin ambigüedades, que la causa Malvinas está viva. Más viva que nunca. Y que defenderla hoy implica mucho más que una consigna: implica enfrentar, con claridad, todos los factores que debilitan nuestra soberanía nacional.

Porque Malvinas no es una causa aislada. Es el símbolo más profundo de una disputa que atraviesa toda nuestra historia: la disputa entre liberación o dependencia, entre colonia o nación.

Porque es símbolo, es bandera. Decimos que nadie es libre en una Nación que no se realiza, por loque resaltamos que nuestra querida Nación Argentina se realizará, cuando ondee la bandera celestey blanca en su suelo e imperen el trabajo y la justicia social en todo el territorio. Seremos sujetos libres, cuando nuestra Nación sea definitivamente libre.

También vamos por las empresas que abusan de nuestra riqueza compartiéndola con los usurpadores. Con cada uno calcularemos cuánto nos deben. Es un delito imprescriptible el que cometen.

En ese camino, la doctrina de no alineamiento con los países poderosos, sigue siendo una guía vigente y necesaria. Una Argentina que no se subordine a potencias ni a intereses financierosinternacionales. Una Argentina que planifique su desarrollo y decida su destino con autonomía. Sin embargo, en los últimos años hemos visto avanzar decisiones que van en sentido contrario.

La llamada “Ley Bases” ha significado un retroceso profundo en la capacidad del Estado para administrar la economía y proteger el interés nacional. Bajo el argumento de la modernización, se habilitan privatizaciones, se debilitan controles y se entrega soberanía en áreas estratégicas. La ley Bases derogó el autoabastecimiento de hidrocarburos que establecía la anterior ley, y se retiró la intervención del Estado en los precios del combustible, sujetandolos al precio internacional a pesar de que somos productores y tenemos reservas importantes.

Este gobierno impone, a fuerza de dádivas a las administraciones provinciales y represión a los trabajadores, un modelo de flexibilización laboral que no genera trabajo digno, sino precariedad. Se ataca al sistema previsional, debilitando el derecho de nuestros jubilados. Se desarticulan lasconvenciones colectivas, que son una herramienta histórica de defensa de los trabajadores.

Y así, se debilita el corazón mismo de la soberanía popular: el trabajo. Un Pueblo sin trabajo, mal remunerado, vive la tristeza de no encontrar el rumbo necesario. Porque no hay patria soberana con un pueblo empobrecido. No hay nación libre sin cumplir las premisas levantadas por nuestro Papa Francisco de “paz, pan, tierra, techo y trabajo”.

También vemos con preocupación el avance sobre nuestros bienes comunes. La presión sobre normas de protección ambiental, como la ley de glaciares, abre la puerta a la explotación indiscriminada de recursos estratégicos. La tierra, el agua, el litio, la energía, están siendo subordinados a intereses externos mediante concesiones y beneficios impositivos, para las empresasextranjeras, mientras aquí se burlan de las empresas nacionales que quiebran porque dicen que no tienen “competitividad”. Ayudan a las empresas extranjeras que vienen a saquear los recursos naturales estratégicos y aplastan a las empresas argentinas que producen en la industria y generan trabajo.

En medio de este conflicto de intereses, hubo un récord de participación ciudadana y popular: Más de 100 mil personas se anotaron para la audiencia pública de la reforma de la Ley de Glaciares. Sólo habilitaron al 1% de los inscriptos. La ley favorece a las grandes mineras extranjeras, sin regalías ni beneficios destacables para la ciudadanía, en el marco de una creciente política de primarización de la economía.

La extranjerización de la tierra y la entrega de recursos no son hechos aislados: son parte de un modelo que concibe a la Argentina como proveedor de materias primas, no como una nación industrial y desarrollada. Denunciamos los incendios forestales intencionales de la Patagonia con el fines inmobiliarios, así como la entrega de las naciente de Ríos a Empresas de diversos Paises, de regalar el manejo del agua a la Empresa Mekorot, todas y muchas más acciones avaladas por el gobierno Nacional, gobiernos provinciales, políticos, jueces y medios de Comunicación. Eso es inconstitucional porque viola Los Pactos Internacionales de los Derechos Humanos, Sociales, Culturales y Ambientales.

¿Cómo olvidar, en las canchas de fútbol y las calles del Mundial -que dentro de unos meses se desarrollará en el peligroso país del Norte en guerra-, cuando digamos «Y los pibes de Malvinas que jamás olvidaré», si en Argentina tenemos un Presidente que venera a la matadora de soldados argentinos Margaret Tatcher?; ¿Cómo negar que nuestra cancillería viola sistemáticamente el mandato de la sangre y la historia, omitiendo las declaraciones y acciones que requiere nuestra Patria?

Los usurpadores ingleses de Malvinas hacen ejercicios militares en nuestras aguas u otorgan licencias pesqueras y petroleras, sin hacerse los reclamos correspondientes por parte del gobierno nacional.

Es el mismo gobierno que quiere abrir bases militares norteamericanas en la Patagonia, ocupando militarmente nuestra región pivote hacia la Antártida, a la vez que uno de los mayores reservorios de petróleo y gas del mundo. Recursos por los que actualmente se libra la guerra imperialista en Irán y por los que los mismos norteamericanos secuestraron un Presidente en el principal país petrolero de Sudamérica: Venezuela.

Mientras este gobierno del saqueo, la usura, los dirigentes narcos y la especulación financiera es débil con los poderosos y les entregan en bandeja de plata nuestros recursos, en la Argentina cierran las fábricas, los comercios, crecen los despidos y los aumentos de precios de los consumos de nuestro Pueblo.

A esto se suma el crecimiento acelerado de la deuda externa, que condiciona cada vez más las decisiones soberanas. La dependencia de organismos como el Fondo Monetario Internacional no es solo económica: es política. Limita, condiciona y busca subordinar a las futuras generaciones. Pero todos sabemos que esta deuda externa ilegal, no podrá ser pagada. No tiene avales institucionales, ni pasó por el Congreso, además de utilizarse para especulación y fuga de dinero por las empresas de donde provienen los mismos funcionarios del gobierno, especialmente el banco JP Morgan.

Y mientras tanto, se instala un discurso peligroso: el de destruir el Estado desde adentro. El propio presidente Javier Milei se ha definido como un “topo” que viene a destruir el Estado. Pero el Estado no es un enemigo de la Nación. Van de la mano. No puede haber Nación sin Estado. El Estado es la herramienta que tiene el pueblo para organizarse, para protegerse, para desarrollarse. Destruir elEstado es debilitar la soberanía. Es dejar a la Nación indefensa frente a los intereses más concentrados del mundo.

También asistimos a un alineamiento internacional que nos aleja de una política exterior soberana. El acercamiento automático a potencias como Estados Unidos y el alineamiento en conflictos ajenos, como en Medio Oriente haciendo seguidismo de Israel, nos alejan de una inserción inteligente y autónoma en el mundo. Milei dijo que “vamos a ganar la guerra” y que es el “Presidente más sionista del mundo”, asumiendo la identidad política colonialista que hoy tiene en vilo al mundo con las masacres de Gaza, entre otras.

Argentina no debe ser satélite de nadie. Debe ser protagonista de su propio destino. Y en este contexto, la causa Malvinas adquiere aún mayor profundidad. Porque no se puede reclamar soberanía sobre nuestras islas mientras se resigna soberanía en el continente. No se puede defender el Atlántico Sur mientras se entregan nuestros ríos, nuestros puertos, nuestro comercio exterior. El Canal Magdalena, la soberanía fluvial, el control de nuestras exportaciones, son parte de la misma lucha.

Mientras este 2 de abril recordaremos a nuestros héroes de Malvinas, que lucharon por defender nuestro territorio, se cocina en los despachos del Ministerio de Economía la entrega de nuestros ríos De la Plata y Paraná. Quieren privatizar las vías navegables entregandolas a sus amigos, en una concesión amañada. Quieren hacer de nuestros ríos superautopistas de un comercio exterior por donde se llevan nuestra leche, nuestra carne y nuestros alimentos, horadando su lecho hasta profundidades que generarán una catástrofe ambiental, para los grandes barcos de las multinacionales.

Las empresas extranjeras que patrocina Milei y buena parte de la dirigencia vendepatria, controlan el comercio exterior y favorecen la dolarización que hace que aquí sea más caro comer los alimentos que producimos y que en otras partes del mundo gozan.

El Estado debe ejercer el comercio exterior, siendo parte del mismo y participando de la disputa de la renta, para redistribuirla. La flota mercante fluvial y de ultramar nacionales, son una prioridad.

La ciencia, la tecnología, la energía nacional, son parte de la misma lucha. Defender los trenes, los satélites, la energía nuclear, la industria siderúrgica, por decir algunas otras áreas donde los poderosos decidieron atacar, son parte de esa misma lucha, para lo que pretendemos estar hermanados.

Denunciamos la política de privatizaciones, de entrega del patrimonio público a las corporaciones internacionales y socios internos, que quieren quedarse con AySA, principal empresa del servicio de agua y saneamiento, así como enajenar Núcleo eléctrica argentina, empresa estatal encargada de generar energía eléctrica a través de la operación de las centrales nucleares en el país.

Este año también tienen en carpeta privatizar Transener (Compañía de Transporte de Energía Eléctrica en Alta Tensión S.A.) la empresa líder en Argentina dedicada al servicio público de transmisión de energía eléctrica en extra alta tensión. La empresa Belgrano Cargas, línea ferroviaria estatal argentina de carga, estratégica para el noroeste y noreste del país y SOFSE (Operadora Ferroviaria Sociedad del Estado), encargada de operar el transporte de pasajeros.

Y por supuesto, la defensa nacional. La desmalvinización luego de la guerra de Malvinas en los años 80 y 90, incluyó el desarme y el achicamiento de nuestras capacidades militares, típico de una dirigencia derrotada y sometida para administrar la dependencia. Las torturas a los conscriptos durante la guerra fueron solo un ejemplo de una cúpula militar preparada para reprimir a su Pueblo.

Los Tratados de Madrid I y II fueron el correlato del Consenso de Washington a nivel mundial y delPacto de Olivos que dejó esta Constitución, antesala de la estrategia actual de fractura del territorio nacional. Sin fuerzas armadas sanmartinianas, no puede haber defensa real de la soberanía nacional.

Malvinas, el Atlántico Sur, la plataforma continental, son territorios estratégicos en disputa, con una parte usurpada, como usurpada están la economía, la administración del Estado, las partidas del presupuesto para la educación, las ciencias, la seguridad y los Estados provinciales.

Este 2 de abril, levantando las banderas argentinas en el obelisco, queremos resaltar que Malvinas es pensamiento estratégico, elaborado por nuestro Pueblo a lo largo de la historia; una suerte de alma de lo “argentino” que nos une por mucho más que sus valorables recursos y proyección geopolítica. Malvinas nos une.

Por eso jamás nuestro Pueblo será derrotado definitivamente, aunque vivamos estos momentos donde gobiernan los vendepatrias. El Pueblo vencerá, porque tiene esa fuerza que da la identidad argentina y malvinera, que nos guía a tiempos de gloria.

Por eso hoy, al recordar a nuestros héroes, no podemos quedarnos sólo en la emoción, que es saludable y necesaria. Tenemos que asumir la responsabilidad histórica que nos toca. Defender la soberanía en todas sus dimensiones. Defender el trabajo, la producción y la industria nacional. Defender el Estado como herramienta del pueblo. Defender nuestros recursos, nuestra tierra y nuestro futuro. Porque la soberanía no se declama: se construye. Y también se defiende. Con memoria. Con conciencia. Y con compromiso.

Porque las Malvinas fueron, son y serán argentinas.

Este jueves 2 de abril, a las 13 hs, te esperamos con tu bandera argentina y tu camiseta celeste y blanca, a luchar para que Argentina gane.

¡Patria si!, ¡Colonia no!

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