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Opinión

La pesadilla de creer que la vida es sueño

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Por Cecilia Sigler Relgis

Adentrarse en el teatro de «La Vida es Sueño» es un desafío reservado para valientes. Dos horas de verso y español antiguo exigen una atención especial, pero la adaptación de esta obra clásica no solo presenta un reto lingüístico, sino que también plantea reflexiones cruciales y necesarias en nuestra era de velocidad y redes sociales.

“Sueña el rico en su riqueza que más cuidados le ofrece; sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza; sueña el que a medrar empieza, sueña el que afana y pretende, sueña el que agravia y ofende; y en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende… que toda la vida es sueño, y los sueños sueños son”

Durante una conferencia de prensa en Barcelona el año pasado, donde se presentó la adaptación (estrenada en España en octubre de 2022), Declan Donnellan expresó su opinión contundente: «La vida no es un sueño. Es muy peligroso decir que la vida es un sueño, y creerlo hace que gente muera«. Este comentario resalta el contraste entre la vida y el sueño, la ficción y la realidad, el dormir y el despertar, que impregna la obra y la convierte en una confusión constante entre un recorte de la España del 1600 y los delirios de Segismundo, preso en una noche de furia.

El drama gira en torno a la privación de la libertad de Segismundo por parte de su padre, el rey Basilio de Polonia. Este encierra a su hijo por temor a que se cumplan las predicciones de un oráculo que vaticinó que su hijo lo vencería y humillaría. Las tramas principales se centran en el encierro de Segismundo y el compromiso entre Rosaura y Astolfo, sobrino del rey.

La propuesta escénica juega con la idea de que la vida es una representación, difuminando la línea entre el sueño y la pesadilla. Aunque Segismundo parece quedar en segundo plano, su historia y su existencia provocan múltiples conflictos que alimentan el drama. Su presencia, entre sueños y pesadillas, construye una teatralidad impactante en escena.

El protagonista, un ser aparentemente secundario, es sometido a la dualidad de sueño y realidad, creando un contraste teatral intrigante. Segismundo, la bestia civilizable que podría convertirse en príncipe, arroja a un empleado por la ventana en un acto que podría ser un sueño o un homicidio.

El espectáculo se sumerge en la rutina de bañar, vestir y peinar a Segismundo, pero la dificultad para sentarlo en el trono revela su resistencia a la «civilización». Apegado al suelo, reptando y gritando, Segismundo representa la lucha entre su naturaleza y las expectativas impuestas.

El espejo se convierte en un elemento central, donde Segismundo se ve como un hombre «de bien». Su padre, omnipresente como un panóptico, observa y sufre. La obra explora el sufrimiento del rey al encerrar a su hijo, una metáfora de la vida misma: soñamos, pero no podemos vivir dormidos.

En este escenario renacentista, la obra introduce bailes de bufones y cascabeles, una suerte de TikTok del Renacimiento, como una distracción para Segismundo. Sin embargo, lucha por encajar, por distinguir entre realidad y sueño, mientras su padre sufre y enfrenta la difícil realidad de que su hijo, después de tantos años de prisión, no puede reinar ni ser príncipe.

«La Vida es Sueño» se revela como una metáfora conmovedora de la vida misma: podemos soñar, pero no podemos vivir dormidos.

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Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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