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Opinión

¡Izquierda! ¡Izquierda! ¡Izquierda! ¡Derecha! ¡Izquierda!

¿Por qué seguimos hablando de derechas e izquierdas? ¿Qué significa esta grieta? ¿Por qué sigue vigente?

Publicado hace

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Por Santiago González Casares @filosofopueblo (X)

A los muchachos peronistas

Sé que sugerí la semana pasada que no iba a hablar más de política, ni del circo, ni de sus asuntos. Sé que prometí resguardarme en la profunda meditación, que solo iba a hablar de ideas, de las cosas y los orígenes.

Bueno se darán cuenta de que no pude hacerlo del todo, sin embargo, me gustaría hablar de cierta forma de idea que anda dando vueltas por ahí, hace tiempo ya, un largo tiempo, desde la revolución francesa.

Este tema de diestras y siniestras que nos aqueja desde 1789, ni siquiera es fruto de nuestra propia revolución, desde otro lugar y otro tiempo. ¿Por qué seguimos hablando de derechas e izquierdas? ¿Qué significa esta grieta? ¿Por qué sigue vigente?

Finalmente hablaré del origen, pero del origen de esta confusión. Todo comienza en la revolución francesa durante el voto de los estados generales en l’assamblee nationale, en donde triunfaron aquellos que se ubicaban a la izquierda del presidente de la asamblea (sans culottes) que querían cambiar el régimen monárquico, y los que se ubicaban a la derecha, que querían conservar sus privilegios.

El nacimiento de esta distinción aparenta anecdótico, sin embargo, ha resistido al paso del tiempo, sin ir más lejos, una corriente importante de la teoría política actual insiste sobre estas distinciones, viene de Italia, una corriente gramsciana del pensamiento continental.

Quizás allí aún tenga sentido, aunque lo dudo profundamente, pero, ¿se puede extrapolar a nuestra realidad?, estas categorías, ¿tienen algún tipo de relevancia de este lado de la historia, pueden explicar quiénes somos?

Norberto Bobbio, uno de estos reconocidos filósofos políticos, argumenta que no solo esta distinción (diferencia categorial) es fundamental, sino que es también exclusiva y exhaustiva.

Es decir, que todo lo político se resume a esa dicotomía, no sólo todo ser humano es o una o la otra, sino que toda ideología obedece a uno u otro lado del clivaje, para él sin duda, ese es el verdadero nombre de la grieta, la más profunda.

De más está decir que todo dilema político puede ser reducido a esos términos, a quién votar, qué ley apoyar.

La izquierda sería aquí defender la igualdad entre los miembros de una sociedad, la derecha conservar una supuesta estructura jerárquica que asegura el equilibrio social. Bobbio logra a partir de dos términos, comenzar a comprender nuestro presente y nuestro lugar, la Patria, origen y destino de todo nuestro azar., delimitar las divisiones dentro de ambas posturas. La extrema izquierda, se focaliza en la autoridad y la igualdad, la izquierda entre la igualdad y la libertad, la derecha sobre la libertad y la desigualdad y la extrema derecha sobre la autoridad y la desigualdad.

También está la mano-derecha, mano-izquierda del estado de Pierre Bourdieu, que atribuye al estado la mano izquierda y solidaria, los dispositivos estatales que se encargan de lo social, la salud (hospital), la educación (escuela), la previsión social, etc. Y la mano derecha y represiva, que tiene a cargo la seguridad, las finanzas y el cumplimiento de las leyes.

Pero claro, como decíamos más arriba, estas distinciones nada saben de nuestra realidad, de quienes somos los que permanecemos en el margen del orden mundial.

Es que decir derecha no nos dice nada ni de la naturaleza del fenómeno político local ni de la manera de pensar de alguien que se atribuye esta supuesta ideo-logia.

Ni los conceptos de igualdad y autoridad definen la idiosincrasia de nuestra situación política, y sobre todo, el clivaje izquierda-derecha nada explica de nuestra historia ni dice de nuestra realidad coyuntural. Las palabras que nos describen se acercan mucho más a la justicia, a la organización, y a la comunidad.

Pensar estos principios y su aplicación determinan más fehacientemente la historia y el obrar del pueblo argentino. Quizás sea el momento indicado para abandonar aquel clivaje, y finalmente comenzar a comprender nuestro presente y nuestro lugar, la Patria, origen y destino de todo nuestro azar.

Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

Publicado hace

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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