Opinión
Hablemos de la izquierda
La crisis de representatividad y de liderazgos hoy se trasunta en coaliciones de lo más inestables, orbitando alrededor de algunas personalidades.
Por Dante Alfaro
A lo largo de su historia, la política argentina pareció tener dos protagonistas casi excluyentes: el peronismo y el radicalismo. No obstante, ese modelo bipartidista, apenas recauchutado por el Pacto de Olivos, saltó por los aires en 2001. La crisis de representatividad y de liderazgos hoy se trasunta en coaliciones de lo más inestables, orbitando alrededor de algunas personalidades.
Lo único que permanece casi inmutable es el poder económico transnacionalizado (el mismo que promovió el golpe de 1976) que, a la hora de defender sus intereses, no vacila en saltearse normas y legalidades. El (des) gobierno de Milei es la expresión de ello con una ley base y un DNU que de hecho han reemplazado a la Constitución nacional.
Frente a ese proyecto de muerte y devastación no se levanta por ahora una alternativa. Las oposiciones oscilan entre la debilidad y la traición. Tenemos sindicatos y centrales obreras poderosas, pero nunca las clases trabajadoras estuvieron tan desamparadas.
Luego de la aplicación despiadada de la doctrina del shock que se ceba en nuestras clases trabajadoras, en los jubilados y la clase media, sumergiéndonos en la miseria, la clase dominante se apresta a montar el circo electoral de 2025, en lo posible, sin remezones ni pueblo en la calle. Los mismos figurones de siempre, ya acostumbrados a jugar impunemente con las esperanzas del pueblo, presentarán con distintos nombres de fantasía, la misma mercancía adulterada: ajuste, saqueo y represión. Si los de abajo no nos organizamos con una estrategia y proyecto propios, seguiremos siendo el pato de la boda de los de arriba.
La izquierda nunca gobernó y aunque tiene un lugar bien ganado en la historia de las luchas sociales de nuestro país, apenas juega un papel algo más que marginal y testimonial. No compite en las grandes ligas. Sin embargo, quienes nos oponemos al experimento recolonizador, extractivista y fascistizante de que es objeto la Argentina, y entendemos que en esa lucha no sobra nadie, afirmamos que hoy más que nunca necesitamos una nueva izquierda, transformadora y con vocación de poder.
En nuestro país, la izquierda abreva en distintas fuentes que exceden la tradición marxista: sectores del peronismo, del cristianismo referenciado en la teología de la liberación etc. y una franja más bien amplia e indefinida que se expresa en los movimientos sociales, donde sobresale el movimiento feminista y en el activismo barrial. Esa izquierda irrumpe en las huelgas y en la movilización callejera, confirmando su aptitud para la resistencia. Pero no ha encontrado aún el camino eficaz para la contraofensiva. Y como dijera el comandante Chávez: “Necesario es vencer”.
Quien esto escribe, sin dejar de valorar y reconocer el recorrido de lucha de la izquierda trotskista, hoy con representación parlamentaria, considera que se necesita una izquierda unitaria, antiimperialista, y con identidad de clase, que una todas las luchas y logre motorizar un frente social y político, más que ideológico. Y es que cuanto más se demore o postergue esa tarea, nuestra desgracia será tener que elegir como siempre el mal menor. No se trata, por lo tanto, de desechar la vía electoral, pero siempre que la misma esté incursa en una estrategia de poder, con independencia política y dispuesta a ir hasta el fin. Urge comenzar a construir una fuerza capaz de dialogar con la sociedad, de ir articulando las resistencias y darles una perspectiva de futuro, y de desarrollar la batalla cultural y política con el socialismo como horizonte.
Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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