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Multiplicar a Hebe para cambiar la historia

Por Demetrio Iramain.

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Fotos: Gustavo Fraietta

Por Demetrio Iramain

Esta marcha para celebrar la vida de Hebe y honrar la lucha de Hebe, es, sin dudas, la más difícil, la más increíble; el jueves que nunca me imaginé.

Seguramente será igual para todos y todas aquí: mis compañeros y compañeras que militamos junto a las Madres; los que las acompañamos todos los jueves, los que cuelgan las banderas, los que hacen la transmisión de la marcha, compañeros de Prensa y Audiovisuales; las compañeras del puesto de venta de material, las compañeras que nunca dejaron sola a Hebe ni un minuto durante estas semanas que estuvo complicada de salud; las compañeras que mantienen ordenado el archivo histórico de las Madres, que Hebe defendió con el cuerpo, literalmente, cuando el macrismo quiso robárselos a las Madres, y que a partir de ahora debemos cuidar nosotros y nosotras, porque contiene la memoria documentada del genocidio, de sus complicidades, y esencialmente, de las respuestas que las Madres le dieron a todo eso.

Ese archivo, esos documentos, deben ser inspiración para las luchas de las generaciones futuras.Pero decía que es difícil esta marcha. Claro que sí. Pero pienso que si las Madres pudieron volver a la Plaza después de los secuestros de sus compañeras Mary Ponce de Bianco, Esther Ballestrino de Careaga y Azucena Villaflor de De Vincenti, cuando Hebe, yendo casa por casa, de a una, las convocó de nuevo, entonces todos tenemos que poder seguir a partir de hoy. Aunque sea difícil.

Ahora nos toca estar a la altura de Hebe, del privilegio generacional que tuvimos al ser contemporáneos de su lucha, de su fuerza, de su cualidad revolucionaria: decir la verdad ajustada como un guante siempre, como decía ella citando al Che. Militar sus osadías. Defender la incomodidad que su palabra generaba. Y sobre todo, confrontar a los que a partir de ahora se inventarán una Hebe a su medida, a conveniencia, y defenderla de tantos miserables que festejaron estos días y que creen que sin Hebe, se acabó la rebeldía en este país. Pobres…

Hebe no anduvo bien las últimas semanas, pero se propuso volver a la Plaza, venir una vez más. Y lo logró. Fue su despedida. El jueves 10 de noviembre, hace sólo 14 días atrás. Había convencido a los médicos de que venir a la Plaza sería importante para su recuperación, y yo no sé cuánto se habrá mejorado ella al venir, pero que a sus enemigos de siempre los jodió, los jodió y mucho.

Vino y convocó a una pueblada, a un 19 y 20 de diciembre, contra los jueces que quieren poner presa a Cristina, proscribirla políticamente, y privar a este pueblo, nuestro pueblo, el pueblo de Hebe, de llevar a la victoria nuestra esperanza, de hacerla posible, y de volver a ser felices como lo fuimos entre 2013 y 2015. ES NUESTRA RESPONSABILIDAD AHORA.

Tenemos que animarnos a luchar como Hebe. Tenemos que animarnos a luchar igual que como vivimos, como hacía Hebe. Tenemos que animarnos a poner el cuerpo. Tenemos que animarnos a que la política nos atraviese desde el primer minuto del día hasta el último, como lo hizo Hebe.

Si fuéramos capaces de construir colectiva y generacionalmente otras 50, 100 Hebe en los sindicatos, los partidos políticos, los medios de comunicación, en las organizaciones sociales, estoy seguro que cambiaríamos profundamente este país. Me cuesta decir la palabra “muerte”. Nunca esa palabra habitó la boca de Hebe.

Ya pasaron 4 días, y la muerte todavía no pudo tocarla siquiera. Hebe está en esta Plaza. Hebe ya es eterna. Hebe es presencia para siempre. Gracias por todo, Hebe. Te queremos mucho. Y hasta la victoria, siempre.

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«Fallido experimento de sufrimiento humano»: cierra la cárcel migrante de Trump

Los casi 1.400 detenidos no serán liberados, sino trasladados a otras instalaciones. Litigios judiciales, denuncias de tratos inhumanos y un gasto superior a los mil millones de dólares forzaron el cierre del experimento más emblemático de la política migratoria trumpista.

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Cierra «Alligator Alcatraz»: el fracaso del campo de detención migrante de Trump

El gobierno del estado de Florida confirmó esta semana el cierre del centro de detención para migrantes conocido como «Alligator Alcatraz», emplazado en la pista del Aeropuerto Dade-Collier, en plena zona de los Everglades. El desmantelamiento se producirá a principios de junio, según la notificación oficial cursada a las empresas operadoras. En la actualidad, el predio alberga a casi 1.400 personas que serán reubicadas progresivamente en otras dependencias gubernamentales.

El símbolo de la política antimigrante que no pudo sostenerse

Inaugurado el 3 de julio de 2025 bajo el impulso directo de Donald Trump, «Alligator Alcatraz» se convirtió rápidamente en el emblema de la política migratoria más agresiva del gobierno republicano. El nombre, una combinación del reptil que habita los Everglades y la célebre prisión de la Bahía de San Francisco, condensaba la lógica punitiva del proyecto: aislar, humillar y disuadir a quienes intentaran ingresar o permanecer en el territorio estadounidense sin documentación.

La decisión de cerrarlo no respondió a un cambio de criterio político, sino a la acumulación de tres factores que terminaron siendo insostenibles: los litigios judiciales impulsados por organizaciones de derechos civiles, la escalada de costos operativos que superaron los mil millones de dólares, y las sistemáticas denuncias por condiciones inhumanas que se multiplicaron desde el primer día de funcionamiento.

El gobernador republicano Ron DeSantis, uno de los principales aliados de Trump en materia migratoria, admitió el cierre en conferencia de prensa con una frase que resume la lógica del proyecto más que cualquier crítica opositora: «Si cerramos mañana, podremos decir que cumplió su propósito».

Un legislador demócrata: «Fallido experimento de sufrimiento humano»

El legislador demócrata Alexander Frost fue uno de los más duros en su evaluación. Cuestionó el impacto ambiental del centro, su emplazamiento en una zona ecológicamente sensible y el dispendio de recursos públicos que implicó. «Ahora, tras malgastar millones de dólares de los contribuyentes y enfrentar constantes demandas ambientales, este fallido experimento de sufrimiento humano finalmente cierra sus puertas», afirmó Frost.

La definición no fue retórica. Las organizaciones de derechos civiles que litigaron contra el centro documentaron desde sus primeros meses de funcionamiento condiciones que incluyeron temperaturas extremas, falta de acceso a sueño y alimentación adecuada, y tratos degradantes en la rutina cotidiana de los detenidos.

El caso argentino que expuso la crisis humanitaria

Entre los miles de casos que transitaron por «Alligator Alcatraz», el del argentino Fernando Artese tuvo especial repercusión. Detenido por su estatus migratorio vencido, Artese fue derivado al centro de los Everglades, y su esposa denunció públicamente las condiciones a las que fue sometido: frío extremo, duchas forzadas de madrugada y privación de sueño por falta de alimento.

La pareja expuso además el régimen de seguridad interna del predio. «Deben caminar con las manos en la nuca para salir de su celda, como si fueran criminales peligrosos. Muchos no cometieron delitos. En el caso de Fernando, creó una empresa y contribuyó al país, pero hoy está encerrado como si fuera lo peor», declaró.

El caso de Artese no fue una excepción: fue la cara visible de un sistema diseñado para castigar la condición migratoria con métodos propios de los regímenes penitenciarios de alta seguridad, aplicados en su mayoría a personas sin antecedentes penales.

La lógica del miedo y sus límites

El cierre de «Alligator Alcatraz» no implica un abandono de la política migratoria represiva de la administración Trump. Los casi 1.400 detenidos no serán liberados, sino trasladados a otras instalaciones. Sin embargo, la clausura del centro más emblemático del proyecto expone sus límites concretos: inviabilidad económica, vulnerabilidad judicial y costo humanitario insostenible.

Lo que quedó en evidencia es que la lógica del miedo tiene un precio que, en este caso, los propios impulsores del proyecto no estuvieron dispuestos a seguir pagando.

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