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Opinión

Heródoto, Morales y el paraguayo

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Por Manu Campi | @manucampimaier

Escondíamos el bagullo en las zapas de lona. Las sedas Ombú iban sueltas en la billetera o dobladitas en algún bolsillo del jardinero. Con Gonzalito fumábamos sobre Lerma y nos sentábamos, después, a comer maní con un sachet de yogurt al lado de los video juegos del gallego sobre avenida Córdoba.

Habíamos adquirido cierta destreza en el delicioso arte de rolar ‘paraguayo’ en el balcón de Emilse. Pero fumar porro era complejo. Dónde comprar aquel prensado que, cuanto más húmedo y con más olor a Gamexane tuviera, mejor, cómo moverse en una ciudad donde la policía te olía las manos y te desvestía en cualquier esquina era moneda corriente, así como que te llevaran en cana por una tuca y, por último, todo el circo social que nos obligaba a usar colirio para poder entrar a casa.

Todo esto suponía una acción algo protestona que, como dos buenos mocosos, nos enfrentaba, felizmente, contra el patético orden preestablecido. Treinta años después, ninguna de estas acciones resulta sorprendente. Los tiempos cambian. Las farmacias ofrecen cremas descontracturantes a base de cannabis, la plantita verde anda en las tapas de los diarios lo más campante y, de repente, me pregunto cuánto de esto tendrá que ver con haber andado a escondidas con mi hermano Gonzalo.

Hace unos siete mil años que se atiende el asunto. Es otro regalo asiático, puntualmente de Asia Central, momento donde nos pusimos sedentarios, agricultores y megalítico y que algunos se empecinan en decirle Neolítico.

Además de los registros históricos, donde hindúes, rumanos, asirios, hebreos y arios, el asunto terminó por desparramarse por Europa primero y en las Américas, tiempo después. En “Los nueve libros de la Historia”, Heródoto cuenta que los escitas inhalaban el vapor del cannabis arrojándolo sobre piedras calientes en un lugar cerrado para alcanzar un estado de éxtasis, gritando de placer. “Nadie duda de que un Estado que posea con la mayor perfección el verdadero cultivo de su tierra es el verdadero país de la felicidad pues en él se encontrará la verdadera riqueza” escribía sobre el cáñamo mi tocayo, Manuel Belgrano, en 1796.

Pero, como es sabido, las maravillas traen consigo sus prohibiciones. Se ha perseguido al derecho de poder elegir. Hace dos días hablaba con una amiga sobre problemáticas estructurales. El anuncio sobre la reglamentación de la Ley de Cannabis dará las licencias correspondientes. Gerardo Morales ya tiene a su prole apuntalada. Los diarios de esta semana vuelven sobre sus beneficios, incluso algunos refieren a un pseudo milagro salubre que el Papa Francisco no puede atender; anda ocupado con el Opus porque, para que haya un bueno se necesita del malo.

Es sorprendente, y ridículo, como la prensa acompaña cuando el negocio ya está cerrado. La revolución en salud mental está en la posibilidad de elegir qué y cómo. Cabría advertir, no solo los beneficios de la Ley, sino quienes manejan el negocio, quienes quedan afuera, o cuantas madres todavía están presas por cultivar para sus hijos, o los beneficios de la psilocibina y la nula rentabilidad que el autocultivo, en general, propone, pero que tan bien funciona. Se puede elegir, a medias. Mientras, estamos en un modesto balcón, esperando la primavera, tosiendo.

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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