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Guillermo Di Bastiano, tu nombre sabe a banderas

Un pibe de unos 23 años que tenía las manos cubiertas del polvo de las tizas y los zapatos cubiertos del polvo de las calle que atravesaba inviernos y veranos.

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Por Silvia Vilta

Las historias siempre luchan por surgir, por salir a la luz en algún momento, por brotar en las voces, en las canciones y en los relatos urbanos. La historia del maestro Guillermo Rubén Di Bastiano es una de ellas. El “Cara” es uno de los casi 600 docentes detenides, desaparecides y asesinades que nutren las listas que dejó la última dictadura cívico, militar y eclesial. Se lo llevaron a los 23 años de la puerta de la casa de sus padres en La Plata un 13 de setiembre de 1977. Daba clases en 6° A en la Escuela Primaria N° 36 del Barrio San Francisco en Florencio Varela. Militaba el sueño de una Patria justa, libre, igualitaria y soberana. Soñaba ser un gran maestro y arquitecto. Soñaba los mismos sueños que los treinta mil.

“Las pibas y los pibes de la 36 van a conocer que por las aulas y el patio de esa escuela pasó un maestro”.

Roberto Moscoloni es entre otras cosas narrador de cuentos. Se conocieron con Guillermo en los tiempos de juventud. Fue a la secundaria con Gabriela, una de las hermanas del maestro. Su prima Adriana fue compañera del docente en la escuela de Varela. La noticia del secuestro de Di Bastiano alteró sus vidas para siempre. Desde ese día el padre de Roberto le dio refugio a Adriana en su casa y la acompañó todos los días al trabajo. Roberto se fue a vivir a Río Negro tiempo después de la desaparición de El Cara. Un día despertó con la necesidad de poner en palabras el recuerdo de esos sucesos. Así nació “Bandera nueva” un cuento que recupera la vida de ese joven de 23 años y en el que las metáforas se entrelazan para que la memoria no se pierda.

“Las vidas derramadas buscan las voces de narradores como Roberto para ser contadas o las decisiones de militantes como Luis para ser visibilizadas”.

El tiempo y los miedos ocultaron del relato y de la vida escolar la historia. Cuatro organizaciones varelenses se propusieron reconstruir su vida y darle el lugar en la memoria local invisibilizada y negada por casi 45 años: La Casona, El Varelense , El IBAP y la Asociación de Derechos Humanos de Florencio Varela. Luis Pícoli habla de Guillermo Di Bastiano con una emotividad que cualquiera diría que lo conocía. Será porque él también es docente. Será porque la historia le recuerda a su primo Carlos Pícoli, dirigente de las Ligas Agrarias chaqueñas y víctima del terrorismo de Estado. Las vidas derramadas buscan las voces de narradores como Roberto para ser contadas o las decisiones de militantes como Luis para ser visibilizadas. Las pibas y los pibes de la 36 van a conocer que por las aulas y el patio de esa escuela pasó un maestro, un pibe de unos 23 años que tenía las manos cubiertas del polvo de las tizas y los zapatos cubiertos del polvo de las calle que atravesaba inviernos y veranos.

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Palantir, el gran hermano de Trump: la empresa que rastrea migrantes enfrenta una rebelión interna

Empleados de la compañía tecnológica cuestionaron públicamente, en canales internos, los contratos con el ICE y el rol de la firma en operaciones militares. La dirección respondió borrando mensajes y exigiendo acuerdos de confidencialidad.

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Palantir: la empresa de vigilancia masiva que enfrenta una rebelión ética interna

★ La empresa de análisis de datos e inteligencia artificial Palantir Technologies atraviesa una profunda crisis interna. Empleados actuales y exfuncionarios cuestionaron el rumbo ético de la compañía tras conocerse su participación activa en la política migratoria de la administración Donald Trump y su posible involucramiento en operaciones militares con víctimas civiles, según informó la revista especializada Wired.

Desde el inicio del segundo mandato de Trump, Palantir se convirtió en una pieza clave del aparato represivo del gobierno estadounidense. La empresa firmó contratos con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) y su tecnología, en particular la aplicación denominada ELITE, se usa para identificar, rastrear y deportar a inmigrantes en situación irregular, según reveló en febrero el portal especializado Hipertextual en base a material interno del ICE.

La chispa que encendió el debate

Las tensiones escalaron en enero de 2026, tras la muerte de Alex Pretti, un enfermero abatido por agentes federales durante una protesta contra el ICE en Minneapolis, según reportó DiarioBitcoin en base a fuentes internas de la empresa. A partir de ese hecho, trabajadores de distintos equipos empezaron a exigir explicaciones a la dirección sobre el alcance real del vínculo de Palantir con esa agencia.

En un canal interno de Slack, un empleado escribió que la relación con el ICE había sido ocultada durante la era de «Trump2» y reclamó transparencia sobre el uso del software en tareas de identificación y apoyo a deportaciones. Otro trabajador fue más directo: «En mi opinión, ICE son los malos. No me enorgullece que la empresa para la que tanto disfruto trabajando forme parte de esto», declaró según reprodujo Wired.

La respuesta de la empresa fue reveladora: Palantir eliminó los mensajes varios días después, bajo el argumento de evitar filtraciones. Luego organizó sesiones de preguntas y respuestas, pero condicionó el acceso a información sensible a la firma de contratos de confidencialidad. Según los propios empleados consultados por Wired, la medida fue percibida como un intento de silenciar las críticas, no de afrontarlas.

De socialista a ideólogo del autoritarismo

El giro de la empresa es inseparable del giro ideológico de su CEO. Alex Karp, cofundador de Palantir, se definía hasta hace pocos años como socialista y apoyó candidatos demócratas como Joe Biden. Sin embargo, desde 2024 se convirtió en un aliado estratégico de Trump y comenzó a defender públicamente políticas de corte autoritario y militarista.

En los últimos días, Karp publicó un manifiesto de 22 puntos en X (ex Twitter) desde la cuenta oficial de la empresa, con un fuerte contenido nacionalista y militarizado, que volvió a generar malestar interno. Varios empleados expresaron vergüenza en canales de Slack y relataron que conocidos les preguntaban al respecto, según Wired.

Un historial que no engaña

La crítica interna llegó tarde, aunque no deja de ser significativa. Palantir fue fundada en 2003, en el contexto posterior a los atentados del 11 de septiembre, bajo la narrativa del antiterrorismo. Desde entonces acumuló denuncias por violaciones a los derechos humanos.

Ya en 2020, Amnistía Internacional alertó sobre las prácticas de la empresa. La consultora MSCI le otorgó una puntuación de 2 sobre 10 en libertades civiles. Y su fundador, Peter Thiel, declaró abiertamente que no cree que «la libertad y la democracia sean compatibles», según reportó El País.

La tecnología de Palantir también fue señalada como parte de operaciones militares en las que murieron civiles. La firma tuvo participación en acciones bélicas con víctimas mortales, entre ellas niños.

La pregunta que no debería sorprender

Que los empleados de Palantir se pregunten hoy si son «los malos de la película» revela, antes que una crisis de conciencia colectiva, la profundidad del autoengaño que sostiene a ciertas corporaciones tecnológicas. La empresa eligió su nombre, palantir, de las piedras videntes que en El Señor de los Anillos usa el villano Saruman para comunicarse con Sauron. Esa elección, lejos de ser inocente, fue siempre una declaración de intenciones.

La pregunta relevante no es si son los malos. La pregunta es cuánto tiempo más podrán seguir haciéndose esa pregunta sin responderla con hechos.

Puntos clave

  • Palantir firmó contratos con el ICE y su tecnología se usa activamente para rastrear y deportar migrantes en Estados Unidos.
  • Empleados cuestionaron internamente la relación de la empresa con el ICE; la dirección eliminó los mensajes y exigió acuerdos de confidencialidad.
  • El CEO Alex Karp publicó un manifiesto de 22 puntos con contenido nacionalista y militarista desde la cuenta oficial de Palantir.
  • Amnistía Internacional ya alertó en 2020 sobre las prácticas de la empresa; la consultora MSCI le dio 2 sobre 10 en libertades civiles.
  • El fundador Peter Thiel declaró que no cree que «la libertad y la democracia sean compatibles».

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