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Dictadura o Democracia: ¿vos, de qué lado estás?

A 40 años del triunfo de Alfonsín.

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Por Demetrio Iramain

El pasado lunes se cumplieron 40 años de la votación que significó el fin de la dictadura cívico-militar. Aquel 30 de octubre de 1983 representó un hito en la historia institucional del país: comenzaba una sucesión de concurrencia del pueblo a elecciones libres, sin candidatos proscriptos. Esa saludable tradición, desgraciadamente, se interrumpió en el proceso electoral en curso, en el que Cristina fue impedida de presentarse debido a un amañado fallo judicial que la condena a no poder ejercer cargos públicos. Recuperar esa condición es uno de los más urgentes desafíos políticos, culturales e institucionales.

Aquella votación puso fin a 80 años de golpes militares e interrupciones violentas y abruptas al sistema electoral. Pero el fin de la dictadura no implicó por añadidura el comienzo de la democracia. Las Madres de Plaza de Mayo siempre dijeron que la verdadera democracia, el verdadero gobierno del pueblo para el pueblo, se alcanzó recién a partir de mayo de 2003, cuando Néstor Kirchner arribó a la presidencia, 20 años después de aquel comicio que proclamó a Raúl Alfonsín.

Las Madres siempre hablaron de “post dictadura”, no de “democracia”. Pusieron el foco donde pocos querían hacerlo: las continuidades con la dictadura, los vasos comunicantes entre golpistas y demócratas, y no en las rupturas formales, que por supuesto las hubo.

Tras su triunfo en las urnas, las Madres le exigieron a Alfonsín que al asumir la presidencia no reciba los atributos de mando (la banda y el bastón) de parte del general Bignone, porque el saliente dictador tenía las manos sucias de sangre.

Para las Madres era más legítimo que cualquier civil, un votante cualquiera de Alfonsín, lo instituyera presidente, antes de que lo hiciera un genocida, por más vestido de civil que estuviera. Pero Alfonsín no las escuchó, como en tantos otros planteos.

Las Madres veían en esa gestualidad simbólica una continuidad muy peligrosa. Tenían razón.

Definitivamente, la democracia que vino a partir de 1983 no fue la que ellas esperaban. Pero imperfecta y todo, las Madres no aceptaron que en nombre de sus reclamos más genuinos y fuertes, algunos de ellos imposibles de contener por la institucionalidad en ciernes (por ejemplo, “Aparición con vida”), se vulnere el sistema democrático.

Las Madres lo defendieron siempre. Supieron que había una contradicción principal que resolver: dentro del sistema democrático, todo; fuera de él, nada. Tensaron al máximo con los sucesivos gobiernos, pero jamás atentaron contra la legalidad de la constitución. Para ellas, la mejor garantía de continuidad, defensa de la democracia y corrimiento hasta el fleje de sus límites, no fue la docilidad sino la rebeldía. El coraje, no el confort de la resignación. Crear, inventar, no conformarse.

El balotaje del 19 de noviembre nos sugiere disyuntivas similares a aquellas. Distintas, porque todos los hechos históricos son diferentes entre sí, pero comparables. Aún con nuestras frustraciones sociales a cuestas, nuestras insatisfacciones a la altura de la piel, nuestro tedio ante la persistencia de la crisis, el dilema se renueva, pero en parte sigue siendo el mismo: dictadura, no; democracia, sí. ¿Vos, de qué lado estás?

Córdoba

El TSJ de Córdoba liberó a Paola Ortiz tras 13 años presa por parir sola

El Tribunal Superior de Justicia de Córdoba redujo la condena de prisión perpetua a 13 años y nueve meses, tiempo que la mujer ya cumplió, al incorporar perspectiva de género y reconocer el contexto de violencia, pobreza extrema y desprotección en que ocurrió el parto. El fallo marca un precedente en la justicia cordobesa y fue impulsado por más de diez organizaciones de derechos humanos y feministas.

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La Sala Penal del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Córdoba ordenó la libertad de Paola Verónica Ortiz, quien cumplía una condena a prisión perpetua desde 2015 por la muerte de su hija recién nacida. El máximo tribunal provincial fijó una pena de 13 años, 9 meses y 26 días, período que la mujer ya cumplió en detención, y resolvió su liberación inmediata. El hecho que motivó la causa ocurrió el 31 de octubre de 2012 en la localidad de Villa Nueva, Córdoba, cuando Ortiz atravesó un parto en absoluta soledad y sin asistencia médica.

Una condena perpetua ignoró el contexto

En el juicio original, la causa fue recalificada como homicidio calificado por el vínculo y derivó en la máxima pena prevista por el Código Penal. Sin embargo, el TSJ determinó que aquella sentencia ignoró las múltiples condiciones de vulnerabilidad que atravesaba la mujer al momento del hecho.

Las pericias incorporadas al expediente revelaron que Ortiz, que tenía 29 años en ese momento, presentaba un nivel intelectual inferior al promedio para su edad, antecedentes de abuso y abandono, y que al momento del parto se encontraba en un estado de desubjetivización que la llevó a actuar sin plena conciencia de sus actos.

El fallo también ponderó la violencia psicológica y económica que ejercía sobre ella su expareja, y el sometimiento al que la sometía su exsuegro, quien le exigía relaciones sexuales a cambio de un techo y la amenazaba ante la posibilidad de un embarazo con otro hombre. El TSJ cuestionó además que el juicio original la juzgara desde el mandato idealizado de la «buena madre» y que se le exigiera responsabilidad penal sin considerar que dio a luz sola, sin red de apoyo ni acceso al sistema de salud.

Perspectiva de género y estándares internacionales

Al reconsiderar la condena, el Tribunal aplicó un enfoque integral de género y los estándares de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre emergencias obstétricas en contexto de pobreza. El fallo no implicó una absolución, sino una reducción de la pena que, al coincidir con el tiempo ya cumplido, habilitó la liberación. El TSJ estableció así un precedente judicial relevante para el tratamiento de casos en que mujeres en situación de extrema vulnerabilidad enfrentan consecuencias penales derivadas de partos no asistidos.

Más de diez organizaciones impulsaron la revisión

La causa por la libertad de Paola Ortiz fue sostenida durante años por una articulación amplia de organizaciones feministas y de derechos humanos que se presentaron como amicus curiae ante el tribunal. Entre ellas figuran el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), el Consorcio Latinoamericano contra el Aborto Inseguro (CLACAI), la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba, el Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (Inecip), la Fundación para el Desarrollo de Políticas Sustentables (Fundeps), la Asociación Civil Abogadas por Chaco, la Asociación Civil El Telar y Católicas por el Derecho a Decidir, entre otras. La campaña por su liberación se sostuvo bajo la denominación Mesa por la Libertad de Paola Ortiz y logró instalar el caso en la agenda pública como un paradigma de la criminalización de las mujeres pobres en el sistema judicial.

Si vivís una situación de violencia de género o conocés a alguien que necesite ayuda llamá gratis al 144, mandá un mensaje al 11 5050 0147 o por WhatsApp al +54 911 2771 6463. También podés descargar acá una app para recibir ayuda de profesionales.

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