Opinión
Brasil: la defensa de la democracia frente a la dialéctica colonial-capitalista
Por Lia Pinheiro Barbosa
Por Lia Pinheiro Barbosa
El próximo 2 de octubre se llevará a cabo el pleito electoral, en Brasil, para elegir la Presidencia de la República, gobernaciones y legisladores del Senado Federal, la Cámara de Diputados Federal y de Diputados Estaduales. En la encuesta de intenciones de votos, publicada el 21 de septiembre, Luis Inácio Lula da Silva (PT) estaba con 44% y Jair Bolsonaro (PL) con 34%.
En 2018, Bolsonaro ganó las elecciones bajo un discurso abiertamente misógino, antifeminista, homofóbico, racista, antidemocrático, de oda al golpe militar y al armamento civil. En 2022, Bolsonaro está en 2º lugar en las encuestas a pesar de que el saldo de su gestión sea el retorno de Brasil al mapa del hambre, con 33,1 millones de personas en condición de extrema inseguridad alimentaria, una pésima conducción sanitaria de la Covid-19, basada en el negacionismo y en el anticientificismo, con casi 686.000 muertos, el quiebre de la institucionalidad pública, con el debilitamiento presupuestario de instituciones y de políticas públicas, sobre todo para la Seguridad Social, el Medio Ambiente, la Educación y la Salud, el incremento del feminicidio, de la violencia urbana, en el campo (en los territorios indígenas y campesinos), además del incremento del carácter extractivista de la política ambiental, lo que afecta directamente la Amazonía y los biomas del país.
Interpretar ese escenario político requiere situar a las problemáticas irresolutas de la historia social y política de Brasil:
1) la hegemonía política del patronato rural;
2) la persistencia de la dialéctica colonial en la negación de derechos y en la legitimación de la violencia hacia las poblaciones racializadas del país; y
3) la dificultad de consolidación de la democracia, en los planes ideológico y político, después del período de las dictaduras militares.
Frente a ese escenario, las elecciones adquieren el estatuto de defensa de la democracia y de pugna de la persistencia de la dialéctica colonial y del capitalismo predatorio. En la contraofensiva institucional para el enfrentamiento del avance de las fuerzas fascistas y en la defensa de los territorios, los movimientos populares articularon, además de la unidad política para apoyar a Lula, la estrategia de lanzar candidaturas propias, de manera coordinada, especialmente los movimientos campesinos, indígenas y negros.
Entre ellas, destacamos aquellas de la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB) con 182 candidaturas de 45 etnias, con 56 coligaciones partidarias, de centroizquierda y progresistas, para componer una «Bancada de la Tierra».
Asimismo, el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) lanzaron 15 candidaturas y los sectores del Movimiento Negro, articulados por la Coalición Negra por Derechos – «Quilombo en el Parlamento» también lanzaron sus candidatos. Esa articulación objetiva consolidar una hegemonía popular en contraposición a la hegemonía del patronato rural en el Congreso Nacional.
En los días previos a las elecciones, Lula y Bolsonaro trazan estrategias para lograr nuevos electores, en una carrera por el «voto útil» de aquellos que no tienen un candidato como primera preferencia; o aún entre el electorado femenino. En ese caso, la primera dama, Michele Bolsonaro, ha sido una aliada potente para convencer a las mujeres evangélicas.
Indubitablemente el país está polarizado y esas elecciones corren el riesgo de actos de violencia. Al final del 2 de octubre, lo decisivo del proceso electoral reside en tener la certeza que, más allá de quien sea elegido, es urgente una transformación moral y ética de la sociedad brasileña, en que se supere la dialéctica colonial-capitalista, imprescindible a un verdadero proceso democrático.
*Lia Pinheiro Barbosa es socióloga, docente e investigadora de la Universidade do Ceará. Representante del Comité Directivo de Clacso en Brasil.
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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