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Análisis

La hora de la Polίtica

Dentro de la organización de la comunidad hay un lugar, no sólo en términos tácticos sino también estratégicos, y hasta económicos; destinado a la cosa pública, e involucra a los representantes del pueblo, que resguardan sus intereses, privilegios y responsabilidades. Sin embargo, hay veces en que debemos intervenir los filósofos.

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Por Santiago González Casares @filosofopueblo

Con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes (Sabiduría Popular)

Hace ya unos días que vengo ocupando mi pensamiento en algo que por lo general no me incumbe, los asuntos de la política, los cuales deben ser tratados por los hombres de política, aquellos cuyo oficio involucra a los designios de la comunidad. Quiero decir que dentro de la organización de la comunidad hay un lugar, no sólo en términos tácticos sino también estratégicos, y hasta económicos; destinado a la cosa pública, e involucra a los representantes del pueblo, que resguardan sus intereses, privilegios y responsabilidades. Sin embargo, hay veces en que debemos intervenir los filósofos, son momentos en los cuales se deben recordar ciertas cosas, no solo los privilegios y responsabilidades, sino también el origen, y, sobre todo, el sentido de una comunidad. Para saber estas cosas debemos justamente hablar de ellas, de las cosas, y de eso, de esas cosas, nos encargamos nosotros, los que nos dedicamos exclusivamente a pensar las cosas, los filósofos. No nos olvidemos que la primera organización política occidental, la griega, tenía por reyes justamente a estos pensadores, y no solo era algo heredado, sino, sobre todo, algo que debía ser ejercido. Como la metáfora que usaba Perón, el oleo sagrado de Samuel, para Platón la conducción era un don, el filósofo era aquel que por naturaleza sabia las cosas en su generalidad, mientras los guerreros protegían y administraban y los plebeyos ponían la fuerza de trabajo, los sabios debían organizar y guiar los destinos de la polis. Quizás sea entonces el momento de decir algo al respecto. Quizás para aportar algunas herramientas a aquellos que han sido elegidos para servir al placer del soberano, el pueblo organizado.

No se trata de arengar las emociones, sino hablar de cómo son realmente las cosas. Lo primero que debemos hacer es ordenar los discursos que pululan y entender que es lo que aquí se está jugando. Por un lado, tenemos un modelo liberal, bastante clásico, aunque con declinaciones anárquicas, y por el otro un modelo estatista y progresista, aunque nunca haya terminado de entender qué es lo que esto realmente implica, ¿qué quiere decir ser progresista? Porque progreso significa simplemente que las cosas cambian, y aquellos que creen ello, piensan que cambian para bien. Sus palabras favoritas son derechos, empatía, derecha, izquierda, inclusivo, inclusive, etc. Básicamente, los progresistas serían aquellos que ven con buenos ojos lo que vendrá, mañana es mejor, digamos. El liberal es algo más sencillo, aún la versión algo sofisticada que comienza a desarrollarse en nuestra patria; el liberal es aquel que aboga por un estado mínimo priorizando siempre antes que nada la libertad individual, la vida y la propiedad. Menos estado, más libertad. Sin embargo, hay algo que tienen común ambas posturas, que las cosas cambian, y que tarde o temprano cambiarán para bien. En el caso del liberal, el mercado ordenara, y en el caso del progresismo, el estado decide.

Pero hay una tercera posición, que no se basa en el individuo, pero tampoco completamente en el estado, sino que considera fundamentales las instancias intermedias de la organización comunitaria. Esas organizaciones intermedias le dan dinámica a lo estatal y al mismo tiempo le dan sentido al individuo en sociedad. Sin duda, los colores de un equipo evocan una épica y un destino para gran parte de nuestra comunidad, esos clubes sociales, la escuela, el centro cultural, el sindicato, cada una de estas instancias, contribuyen a la participación activa de cada miembro y permite así, su realización en comunidad, no solo manteniendo su individualidad (ipse), sino también su identidad colectiva, es decir, su diferencia, lo que lo distingue de los demás. Es desde aquí entonces, que la política debe responder de sus asuntos, en las malas mucho más. Es cuando sufre los ataques más salvajes, que tiene que agrandarse y mostrar su potencia. Aquellos que han sido ungidos del honor de conducir al pueblo deben cumplir el mandato popular, mostrarle el camino a su comunidad, cada uno con su destino.

Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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