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Análisis

Las claves del Convenio 190 de la OIT sobre violencia y acoso

Por Yael Bernat, de Abogades en Cooperativa.

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Por Yael Bernat.

OIT y Argentina. Los caminos recorridos para su aprobación y sanción.

La Cámara de Diputados de la Nación aprobó el Convenio 190 de la OIT Sobre Violencia y Acoso. Así quedó ratificada por la Argentina dicha norma internacional que en nuestro país tendrá jerarquía superior a las leyes lo que significa que ninguna ley ni convención colectiva de trabajo podrá regular por debajo de esa norma o en detrimento de los derechos que consagra para las trabajadoras y los trabajadores.

No obstante, el convenio entrará recién en vigencia el 25 de junio de 2021, un año después de que le diera media sanción el Senado de la Nación, y de la segunda ratificación realizada por Fiji; dónde el primero que lo ratificó fue Uruguay. Argentina, si no se presenta antes otra ratificación, será recién el tercer país en ratificarlo.

En la OIT participan los Estados con una representación tripartita -gobierno, y los sectores trabajador y empleador-, y todos votan. Así el convenio fue aprobado por 397 votos a favor, 12 votos en contra y 44 abstenciones.

Dentro de éstas últimas se destaca por ser de nuestro interés local, el voto en abstención realizado por la representación patronal argentina a través de Funes de Rioja de la UIA.

Las otras abstenciones también son de diversos sectores empleadores y de los gobiernos de de Brasil, Colombia, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Kirguistán, Paraguay y Rusia. Los doce votos en contra también provienen del sector empleador. Junto con el Convenio, se aprobó la Recomendación 206 que determina los alcances –y en algunos casos amplía– lo dispuesto en el mismo.

Este convenio llega con una gran resistencia por parte de todos los Estados en su tratamiento, y que finalmente en el año 2019 se logrará su aprobación en la OIT no es más que el resultado de la lucha desplegada trascendentalmente por el incansable movimiento de mujeres trabajadoras y los colectivos LGTBIQ que ha emergido con profunda fuerza en todos los países del mundo en estos últimos años, que pelea contra todas las formas de violencia, opresión y explotación.

Fue este movimiento el que logró romper ese dique de contención impuesto por los gobiernos, las patronales e incluso de las organizaciones sindicales de todos los países del mundo. Es el resultado de la ola verde y los pañuelos violetas, el Ni Una Menos y la lucha por el derecho al aborto legal, y el gran Paro Internacional de Mujeres del 8 de marzo de 2018. Sólo así, y un año después, la OIT sometió a tratamiento el convenio sobre la violencia y acoso en las relaciones de trabajo.

En nuestro país, que dicho convenio haya merecido su aprobación en el Congreso de la Nación, y que sea – muy probablemente – el tercer país en ratificarlo ante la OIT, también es el reflejo de esta lucha en la expresión local de ese gran movimiento de mujeres y diversidades, que además es uno de los más importantes de la región.

La lucha en la Argentina, por su contundencia y masividad, ha sido efectivamente una referencia para las mujeres y diversidades en Latinoamérica y también en otros países del mundo.

Un sistema de protección contra la violencia y el acoso para toda la clase trabajadora.

La aprobación del Convenio es importante en la medida que otorga herramientas que no existen hasta hoy, pero, incluso así, recién en junio del año que viene comenzará a regir. Y no será más que letra muerta sino se lucha por su efectiva aplicación. Con él no se resuelve la agenda sobre este tema y esta problemática del movimiento de mujeres y diversidades, ni de la clase trabajadora.

El convenio es una norma aplicable para todos y todas, no sólo para aquellas situaciones de violencia por razones de género y sexo, las incluye, pero no se limita a ello, es una norma de protección en el ámbito de las relaciones laborales dirigida a todas las trabajadoras y trabajadores.

En su Artículo 1, el instrumento expresa que éste “protege a los trabajadores y a otras personas en el mundo del trabajo, con inclusión de los trabajadores asalariados según se definen en la legislación y la práctica nacionales, así como a las personas que trabajan, cualquiera que sea su situación contractual, las personas en formación, incluidos los pasantes y los aprendices, los trabajadores despedidos, los voluntarios, las personas en busca de empleo y los postulantes a un empleo” y se aplica a todos los sectores (público o privado, de la economía formal e informal, en zonas urbanas o rurales). 

  • Se aplica para sancionar la violencia y el acoso durante el trabajo, en relación con el trabajo y como resultado del trabajo. 
  • Obliga a los Estados a adecuar su normativa interna a lo dispuesto en el convenio, a establecer mecanismos efectivos de prevención, sanción y reparación, y generar políticas públicas destinadas a esos fines.
  • Define a la violencia y al acoso como “un conjunto de comportamientos y prácticas inaceptables, o de amenazas de tales comportamientos y prácticas, ya sea que se manifiesten una sola vez o de manera repetida, que tengan por objeto, que causen o sean susceptibles de causar, un daño físico, psicológico, sexual o económico, e incluye la violencia y el acoso por razón de género”.

Es decir, incluye todos los tipos de violencia y todas sus modalidades, y establece una protección específica para los casos de violencia por razones de género y sexo. No obstante, que se haya aprobado, no implica que su efectiva aplicación no ofrecerá muchas resistencias. Sin lugar a dudas, la del sector empleador que, como se ha evidenciado, manifestó su voto en la OIT en abstención.

Dificultades, oposiciones y resistencias para su efectiva aplicación.

En nuestro sistema jurídico, nunca se sancionó ni se incorporó a la legislación laboral normas específicas que hagan a la prevención, sanción y reparación de la violencia. Nada impedía, desde el punto de vista normativo, la inclusión de este tipo de norma con carácter federal. No estuvo en la agenda de ningún gobierno, sólo existen escasamente algunas regulaciones provinciales que se cuentan con los dedos de una mano. 

Sin ir más lejos, hoy tenemos graves dificultades y resistencias para hacer efectiva en su aplicación a la Ley 26.485 sobre protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres que fue sancionada en el año 2009.

Sus estándares jurídicos no son cumplidos. Más allá de que esta ley dispone una serie de obligaciones especiales para los funcionarios públicos que incluye a todos los poderes del Estado, indicándoles un mandato de actuación en la ejecución de políticas públicas específicas en su Artículo 7.

También determina una serie de principios bajo los cuales se deben realizar los procedimientos administrativos y judiciales de los que hace referencia en su Artículo 16 (deber de garantizar a las mujeres, entre otras cuestiones: recibir protección judicial urgente y preventiva cuando se encuentren amenazados o vulnerados cualquiera de los derechos enunciados en la ley; la protección de su intimidad, garantizando la confidencialidad de las actuaciones; y recibir un trato humanizado, evitando la revictimización); lo concreto es que hoy la realidad dista ampliamente de lo que indica el mandato normativo.

Por otro lado, en lo que refiere a la protección contra la violencia y el acoso en el mundo del trabajo, según el registro de la Oficina de Asesoramiento sobre Violencia Laboral del Ministerio de Trabajo, sólo existen seis convenios colectivos de trabajo relativos al sector público nacional y alguno provincial que regulan el tema de la violencia y el acoso. 

Otra de las grandes falencias que se dan en el ámbito de las organizaciones sindicales es que, las reivindicaciones del movimiento de mujeres y diversidades no han sido consideradas en las negociaciones colectivas, donde además la participación de mujeres o personas de otros colectivos es escasa o nula.

Es más, las trabajadoras hemos tenido que ver cómo la dirigencia de la CGT se opuso -y se opone- a la lucha por el derecho al aborto seguro legal y gratuito. Lamentablemente, en la previsión presupuestaria 2021, la partida total para el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidades apenas supera en un 25% en comparación con la proyectada sólo para el programa que otorga beneficios fiscales y créditos para las PYMES dentro del Ministerio de Producción.

En el presupuesto del Ministerio, sólo figura un crédito por $10 millones de pesos para el programa de asistencia a refugios para víctimas de violencia de género. Y esto se da en un contexto en que, producto de la crisis económica, social y sanitaria, la clase trabajadora, y en particular las mujeres y diversidades, han sufrido una segregación y explotación que llegó a niveles inusitados. 

Los derechos se conquistan y se defienden con la lucha.

La sanción del acto de ratificación del Convenio 190 sin dudas es importante, incorpora una gran demanda del movimiento de mujeres y diversidades, y su resultado no es más que la consecuencia de la gran lucha de este movimiento aquí en la Argentina y mundialmente.

Se trata de un instrumento valioso frente a la inexistencia de una normativa nacional específica que haga referencia a toda la clase trabajadora –no sólo ya únicamente en la protección especial brindada por la Ley 26485 a las mujeres–.

Su efectiva aplicación hallará múltiples resistencias por parte de muchos sectores, y una oposición activa de las patronales, por eso, se hará más evidente que nunca, que el derecho que se ha conquistado con la lucha en las calles y en cada lugar de trabajo, deberá ser defendido a través de la continuidad de esa misma lucha.

Análisis

Guerra, inflación y ajuste sin fin

El ajuste libertario analizado por el Foro de Economía y Trabajo.

Publicado hace

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Por Foro de Economía y Trabajo

La “guerra económica” abierta cuyas consecuencias sufre toda la humanidad, se agravó al perpetrarse la barbarie bélica de EEUU e Israelcontra Irán, agresión que el presidente Milei respalda y tiene como uno de sus objetivos – como también se verifica desde la intervención del presidente estadounidense en Venezuela –  el control de la producción y comercialización de los hidrocarburos. 

La repercusión en los precios internacionales del gas y el petróleo fue inmediata. Como la energía atraviesa transversalmente toda la economía, involucra también al precio de los alimentos, golpeando las condiciones de vida de cientos de millones de personas.

Llamativamente el gobierno de Javier Milei y sus economistas vienen afirmando que Argentina en esta situación tendría condiciones «ganadoras» y aumento de las exportaciones.

Al mismo tiempo, asignan el mismo motivo – el salto de los precios mundiales – al actual empuje inflacionario para justificar el empeoramiento inflacionario económico y social, a pesar de que Argentina cuenta con capacidad superlativa para la producción – tanto de energía como de alimentos – para satisfacer la demanda interna con la producción propia y permitir excedentes crecientes de exportación,  con costos muy menores a los precios internacionales.

Con esa excusa del «aumento de los precios internacionales » se oculta quién se apropia de la renta diferencial y extraordinaria que, en razón de esas ventajas de nuestro país, y  a costa de las condiciones de vida de la población cuando se imponen esos precios en el mercado interno.

Con guerra o sin guerra, con la política de “hagan plata, evadan y fuguen divisas cuanto quieran” de Luis Caputo y Javier Milei, la población paga sin justificación a precio internacional los consumos e insumos que produce y consume en pesos, empeorando las condiciones de trabajo, de pérdida de empleo, de calidad de vida y competitivas para producir con trabajo argentino agregado. 

Es la repetida experiencia de planes económicos en favor de pocos muy ricos, que perjudican al conjunto de la sociedad y el país. Como ya ha sucedido, se suma la apertura importadora; y la respuesta que dan un alto número de empresas es profundizar una reconversión de sus estrategias de negocios: desplazan producción local, avanzan en la importación de bienes finales, recortan empleo y sostienen elevados márgenes de rentabilidad en la comercialización.

Así, se agrava el actual desorden macroeconómico con resultados regresivos, reflejados en mayor inflación, el deterioro de los ingresos, una creciente precarización de las condiciones laborales, expansión del pluriempleo, aumento de la marginalidad, endeudamiento para alimentos y servicios básicos con tasas usureras,  empeoramiento de la calidad de vida de los hogares.  Significa más inflación, recesión y desempleo que no se reflejan en las estadísticas oficiales. 

LAS ESTADISTICAS OFICIALES

Una deliberada falta de eficacia estadística – funcional a la estrategia comunicacional del Gobierno- se manifiesta en particular en la medición oficial del Índice de Precios al Consumidor (IPC) que continúa utilizando ponderadores correspondientes a una estructura de consumo muy anterior (Encuesta Nacional de los Hogares-ENGHo 2004/05), por lo que su nivel general no refleja plenamente la evolución real del costo de vida que enfrentan los hogares.

Entre noviembre de 2023 y marzo de 2026 el IPC Nacional, principal indicador para monitorear la inflación, acumuló una variación en torno al 293% y volvió a acelerarse desde mayo de 2025, con aumentos particularmente regresivos en rubros esenciales como Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (540%) y Transporte (347%), que junto con Alimentos y bebidas no alcohólicas (273%) concentran alrededor del 50% del gasto de consumo de los hogares, de acuerdo al patrón de consumo de la última Encuesta Nacional de Gasto de los Hogares  (ENGHo 2017/18) cuya aplicación se suspendió. 

La no actualización de la estructura de ponderadores del IPC implica, para el período noviembre de 2023 – febrero de 2026, una brecha acumulada de alrededor de 19 puntos porcentuales, 280% vs. 299%, al comparar el IPC INDEC con el IPC CABA IDECBA (Instituto de Estadística y Censos la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) este último con una estructura de consumo más actualizada.

En este contexto, las subas nominales de los ingresos laborales no logran compensar la inflación, lo que se traduce en pérdidas de poder adquisitivo, más acentuadas aún al considerar mediciones alternativas como el IPC CABA. Se verifica así una caída generalizada de ingresos hogareños en términos reales, con pérdidas de alrededor del 6,7% en los salarios del sector privado registrado, y superiores al 20% en promedio para el sector público (-38,4% en la Administración Pública Nacional; -13,7% en provincias, y -35,4% en Universidades a diciembre de 2025).

A febrero de 2026, la remuneración imponible promedio de los trabajadores estables (RIPTE) se ubicaba apenas por encima de la línea de pobreza para un hogar tipo de 4 personas: $1.734.357 vs. $1.397.672. Mientras que, a marzo de 2026, el Salario Mínimo, Vital y Móvil – $352.400 – y el Haber mínimo jubilatorio -$369.601- aún permanecen por debajo de la línea de pobreza por adulto equivalente: $464.228, canasta básica total, y cabe preguntarse: ¿quién puede vivir con esta suma?

Es de destacar que, considerando los datos oficiales, el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) a marzo de 2026, tiene un poder de compra reducido al 25% de la CBT correspondiente a una familia tipo de cuatro personas: $352.400 vs. $1.434.464.

Este ajuste permanente es la política básica con que el gobierno exhibe con engaño un superávit fiscal artificial, dado que capitaliza intereses de la deuda que no paga, incluso debe tomar la resolución de reducir el gasto público en un 20% con respeto al presupuesto, para poder pagar la deuda. Las consecuencias están a la vista: caída del consumo, de la demanda, la producción, el empleo y la recaudación fiscal.

El deterioro persistente de las condiciones del mercado de trabajo, se evidencia en la caída de la tasa de empleo y de la asalarización, el aumento de la tasa de desocupación —7,5% al 4T25, +1,8 puntos porcentuales respecto de igual período de 2023— y la persistencia de elevados niveles de no registro.

La supuesta reducción de la pobreza por ingresos desde principios de 2024 aparece explicada, también con engaño por el mayor peso de ingresos no laborales (transferencias) y por factores metodológicos asociados tanto a la captación de ingresos laborales y no laborales(cambios en los instrumentos de relevamiento y mejoras en la recordación, que podrían estar vinculadas en parte al uso de billeteras virtuales, entre otros) como a la falta de actualización de la canasta básica total con la que se mide la línea de pobreza, con base en la ENGHo 2017/18. La evolución observada no necesariamente refleja una mejora sostenida de los ingresos laborales.

Lejos de observarse “la clara mejora distributiva” que clama el gobierno, tenemos una tendencia regresiva en la distribución del ingreso, con pérdida de participación de los ingresos laborales tanto en los deciles más bajos como en los sectores medios, y una mayor dependencia de ingresos no laborales en los hogares de menores ingresos.

INFLACION: PROBLEMA CENTRAL

La inflación se agravó desde la mega devaluación del 12 de diciembre de 2023, potenciada por la liberalización de los precios y la injusticia tributaria, el deterioro social y económico. 

Los salarios, el gasto público social o el “exceso de demanda interna” popular no son las causas del alza del índice de precios. Tampoco lo es la emisión monetaria, siendo que el gobierno oculta con «contabilidad creativa» el crecimiento gigantesco de endeudamiento público para sostener la ola de especulación financiera y fuga de capitales, que sí es la causa principal de la inflación.

La inflación es un problema central para nuestra economía nacional, con múltiples causas: comenzando por una deliberada desregulación y la internacionalización de los precios. Esta resulta favorable a comportamientos  especulativos de posición dominante de grupos monopólicos/ oligopólicos que prevalecen en sectores claves de oferta de productos y servicios. En ella incide la fuga de divisas por diversas vías, las condiciones de los fraudulentos acuerdos con el Fondo Monetario, las altas tasas de interés anti-productivas, la regresividad del sistema tributario donde el 70% de la recaudación se origina en impuestos indirectos, que generalmente son trasladados a los precios de los bienes y servicios.

ACUERDO PARA UNA SALIDA ORDENADA

No hay una salida ordenada del desorden económico generado por este gobierno sin comenzar a construir, desde ahora, un acuerdo sobre un plan común que aborde un cambio de rumbo drástico, que contemple metas, compromisos y estímulos regionales y sectoriales de mediano y largo plazo, con eje en el trabajo y la producción. 

En ese sentido, la superación de la actual emergencia económica tiene como requisito un acuerdo sobre conformación y análisis transparente de precios con abastecimiento garantizado. Abordando en primer lugar alimentos y energía asequibles tanto para la emergencia como para el crecimiento económico, siendo que el país cuenta con capacidad superlativa para satisfacer la demanda interna con costos muy menores a los internacionales.  

En su definición, ejecución y supervisión son imprescindibles la participación de los trabajadores, los empresarios, y de los consumidores en general. En este sentido es que coincidimos que puede resultar muy positiva la anunciada constitución de un observatorio anunciado por la CGT para la elaboración de indicadores propios.

Esta participación no será posible sin establecer un adecuado sistema de información pública, que a su vez es requisito para la eficacia y eficiencia de una política de orientación de los precios virtuosa:

● con índices de precios creíbles, basado en una encuesta nacional de hogares que se actualice de manera regular para captar los cambios en los gastos y consumos de los mismos;

● con un seguimiento de carácter público y publicitado, transparente, de la estructura de costos de producción y comercialización de los distintos consumos para vivir y los insumos para producir. 

Esto es imprescindible para inducir márgenes de ganancia razonablesy transparentar las cadenas de valor haciendo pública su integración a la par que se ponen en evidencia sus carencias o “huecos” que redundan negativamente en costos y precios, a fin de planificar su superación.

MEDIDAS A CONSIDERAR EN LA EMERGENCIA

Argentina, país productivo y exportador, puede:

1. garantizar la afirmación de soberanía – en primer lugar, la seguridad alimentaria y energética – para sostener condiciones dignas de vida, con menores costos tanto industriales como de los servicios. Comenzando por desacoplar los precios locales de los mundiales. Con estos últimos en alza y costos locales relativamente más bajos, el interrogante abierto es quién se queda con la renta diferencial y cómo se reparte;

2. por lo tanto, basar el análisis y negociación de tarifas de servicios públicos únicamente en base a costos reales en el país, no por ajustes automáticos por tipo de cambio o indexación por precios internacionales. Determinar tarifas sociales para la energía eléctrica, el gas, el agua, y los combustibles en función de garantizar los derechos humanos y la vida de todas las familias; la producción industrial y de servicios de las Pymes y los emprendimientos sociales. En particular, la energía debe estar al servicio de un modelo económico que priorice la generación de empleo.

3. Controlar el tipo de cambio y regular los valores de las tasas de interés, decretando la emergencia cambiaria y regulatoria para que el BCRA preserve las reservas internacionales y se transparente su utilización a prioridades sociales, productivas y financieras claramente establecidas. Y a su vez que el crédito a los hogares y la producción sea accesible y razonable. 

4. Fijar Cupos de Exportación en los sectores que corresponda, como medida de protección para limitar las exportaciones de mercancías en valor o en cantidad que realiza el país durante el período de crisis energética o alzas inusuales de precios o escasez de determinados productos, como alimentos, combustibles, medicamentos, etc., a fin de abastecer en primer lugar las necesidades internas del país.

5. Aumentar los derechos de exportación, que no sólo significa mayor ingreso para el fisco, sino que abarata en el porcentaje de la retención el precio del producto en el mercado interno al desacoplar los precios locales de los internacionales.

6. Establecer un control más estricto de las importaciones, para favorecer el ingreso de bienes y servicios necesarios para el consumo básico y de insumos para la producción, y eliminar o al menos reducir el ingreso de mercancías superfluas y productos a precios de dumping. Restablecer los valores de referencia y el canal rojo aduanero.

7. Fijar provisoriamente los precios – acordes con los costos reales de producción- por un plazo determinado de los productos de la Canasta Básica Total, y de los insumos centrales en la cadena de valor de los sectores productivos. Para garantizar su vigencia resulta importante la participación de sindicatos, organizaciones sociales, y asociaciones de consumidores.

8. Corregir, con los organismos de defensa de la competencia, las ventajas monopólicas u oligopólicas en relación con productos y servicios claves.

9. Coartar las ventajas de “posición dominante” que ejercen las empresas productoras de las materias primas básicas e insumos difundidos, que imponen subas de precios indiscriminadas en cada cadena de valor;

10. Identificar empresas y sociedades, con el fin de diferenciar su tratamiento y los correspondientes requerimientos informativos públicos para lograr una acción positiva y efectiva de la sociedad y el Estado en relación con los desafíos de la producción, la distribución, la fiscalización de la evasión/elusión tributaria la fuga de capitales, el comercio exterior y la inflación. Un paso imprescindible es avanzar en la regulación de la figura jurídica del “grupo económico” en la Ley de Sociedades.

11. Como decimos la regresividad tributaria tiene indudable incidencia en la formación de precios, habida cuenta de que el 70% de la recaudación fiscal se origina en impuestos indirectos, que generalmente son trasladados a precios; ello sin olvidar que los impuestos “directos” suelen transformarse en “indirectos” cuando son pagados por empresas con posición dominante en los mercados. Urge abordar una reforma progresiva, y en un próximo documento actualizaremos nuestra propuesta para superar las inequidades que hacen que soporten más carga tributaria quienes menos tienen.

Por último, señalamos que, para una adecuada administración de los precios, se necesita aplicar normas existentes como ser las Leyes de Defensa del Consumidor 24240, de Defensa de la Competencia 27742, y poner en vigencia efectiva  – con intervención del Congreso de la Nación- las Leyes 20.680 de Abastecimiento, Ley 26.991 Nueva Regulación de las Relaciones de Producción y Consumo.”, 27.545 de Góndolas (con derogación inconstitucional por el DNU 70/23, rechazada por el Senado de la Nación).

Cabe revisarlas estableciendo las condiciones para su aplicación, pero sin resignarlas, habida cuenta la conducta histórica de los formadores de precios y su gravísima responsabilidad en las sucesivas crisis socioeconómicas que todas las familias trabajadoras y nuestro país han sufrido. Este análisis debe comenzarse con urgencia dado el previsible desenlace de la política económica, teniendo presente que esta legislación, necesitamos hacer la salvedad, nunca ha sido estricta ni armoniosamente aplicada en el pasado. Ha faltado estructura y capacidad de acción territorial suficiente para hacerlo, así como un uso eficiente de los avances tecnológicos disponibles, carencia del Estado que necesita superarse. 

Por las razones que se exponen, una de las reformas que cabría realizar y creemos relevante es impulsar que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) y la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia(CNDC) pasen a jurisdicción del Congreso de la Nación, para tener autonomía en relación al Poder Ejecutivo de turno.

FORO ECONOMIA Y TRABAJO

Ricardo Aronskind, Gabriel Barceló, Noemí Brenta, Eduardo Codianni, Juan Pablo Costa, Norberto Crovetto,                 Raúl “Rulo” Dellatorre,  Marcelo Di Ciano, Marisa Duarte, Eduardo Dvorkin, Roberto Feletti,  Néstor Forero,                 José M.Fumagalli, Américo García, Carlos Gutiérrez, Ricardo Koss, Nicolás Malinovsky, Jorge Marchini,                   Antonio Mezmezian, Felisa Miceli, Andrés Repar, Alejandro Rofman,Horacio Rovelli, José “Pepe” Sbatella,                      Nahuel Silva,Juan Carlos Teso, Rodolfo P. Treber, Eduardo Berrozpe (coordinador)

* FORO ECONOMÍA Y TRABAJO. Está integrado por economistas y otros especialistas a propuesta de organizaciones sindicales de nuestro país, abierto a todas las instituciones que integran el Movimiento Sindical Argentino, así como a los aportes de organizaciones que agremian a las Pyme, cooperativas y a la economía popular. Sus documentos y definiciones corresponden a sus autores, que participan en la articulación de un programa económico con eje en el trabajo, la producción, la justicia social, la defensa de los recursos y la soberanía nacionales. foroeyt@gmail.com

 

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