Análisis
Fallo “Piegari”: el discurso de la “industria del juicio” y el triunfo de los derechos laborales
La Asociación Abogados del Fuero emitió una contundente declaración criticando el uso del caso “Lobariñas c/ Piegari S.A.” como justificación para promover reformas laborales regresivas.
Por Mónica Bustos, Abogada
La Comisión de Derecho Individual del Trabajo de la Asociación Abogados del Fuero publicó recientemente un pronunciamiento en el que desmonta la narrativa de la “industria del juicio” y defiende la importancia de respetar los derechos laborales conquistados históricamente.
El caso Piegari: incumplimientos probados, no abusos del sistema
Acerca del caso “Lobariñas c/ Piegari S.A.” desnuda la falsedad del discurso sobre la supuesta “industria del juicio”. En este conflicto no hubo abusos por parte del trabajador ni maniobras oportunistas, sino severos incumplimientos comprobados del empleador.
Entre las irregularidades probadas en sede judicial se encuentran salarios impagos durante la pandemia, remuneraciones pagadas “en negro” y el incumplimiento de obligaciones básicas por parte del empleador. Sin embargo, este mismo empresario se presenta públicamente, y con total descaro, como víctima del sistema laboral.
Una distorsión de la realidad
Tomar un caso donde quedó acreditado un cúmulo de infracciones patronales y utilizarlo como “ejemplo” para justificar reformas regresivas constituye una distorsión deliberada de los hechos.
“Se pretende instalar que el problema es la ley y no su violación; que el costo laboral es el enemigo, y no el incumplimiento que obliga al trabajador a litigar durante años para cobrar lo que ya ganó con su trabajo”.
La verdadera industria: la del incumplimiento
El relato de la “industria del juicio” busca crear un clima social propicio para erosionar derechos históricos y reinstalar viejas prácticas de precarización laboral.
Si este caso se convirtiera en bandera para modificar la legislación laboral, el mensaje sería perverso: el incumplidor no solo elude sus obligaciones, sino que además consigue cambiar la ley a su favor.
Utilizar un conflicto generado por la conducta del empleador para promover una reforma que debilite aún más al trabajador no es una propuesta técnica, sino una consagración de la injusticia.
“La verdadera industria no es la del juicio; es la industria del incumplimiento, y sus promotores pretenden transformar al infractor en víctima y al trabajador en sospechoso”, señalan en el comunicado de la Asociación.
Un llamado a la cordura legislativa
Frente a este intento de manipulación, la respuesta debe ser contundente: ningún retroceso en materia laboral debe permitirse.
La discusión sobre reformas laborales debe partir de la realidad y no de relatos interesados. “Cualquier cambio que desproteja al trabajador, la parte más débil del contrato, no moderniza: simplemente habilita más injusticia”, advierte el comunicado firmado por la Comisión de Derecho Individual del Trabajo.
Por Jesús Rivero
Según quiénes acompañaban a Ernesto Guevara de la Serna en Bolivia, que en paralelo que avanzaba en su marcha, escribía, demasiado escribía. Cuando lo capturaron el 8 de octubre de 1967 encontraron en su mochila varios cuadernos escritos a mano, el más conocido es su diario de campaña, pero había un cuaderno rojo en el que había transcrito (escrito más allá) tres poemas de Rubén Darío. Uno de ellos era Marcha Triunfal.
Setenta y dos años antes, una fría madrugada de fines de abril de 1895, el gran poeta nicaragüense aún no había escrito aquella marcha. En el contexto de nuestra Plaza de Mayo, estaba en un banco, desalineado, desmejorado. Seguro había pasado una noche de vino y juerga. Cuando sucedió algo inesperado, lo encontró el amigo indicado, era el doctor Plaza, responsable de la Isla Martín Garcia, donde por aquellos días se hacía la cuarentena, por la epidemia de fiebre amarilla. El doctor Plaza cubrió a Darío con un sobretodo y lo llevó directamente hasta el puerto para embarcarse en el vaporcito que los trasladará hasta la isla.
En la Isla Martín Garcia, se recuperó, al mismo tiempo que escribió, demasiado escribió. Un día llegó un telegrama en donde le pedían un poema para el próximo aniversario de la revolución del 25 de mayo de 1810. Cuyo lugar físico de celebración era “El Ateneo de la calle Florida». Tenía tres días para hacerlo, Darío se sentó y escribió su marcha triunfal que pasaría a la historia. Y, como a tantas bibliotecas de nuestro país, llegó también a la de la familia Guevara.
Ernesto Guevara de la Serna “Che» nació el 14 de junio de 1928, pleno auge de la crisis del sistema capitalista a nivel global. En lo que respecta a la Marcha Triunfal, Ernesto se la aprendería de memoria como efecto de escuchar a su padre recitarla repetidamente. Esta transmisión lo acompañaría hasta sus últimos días, transcribiendo la misma, en su cuaderno en la selva boliviana. Hoy, el manuscrito de Rubén Darío está en la sede de la Sociedad Argentina de Escritores en Ciudad Autonoma de Buenos Aires. Y, el cuaderno con la transcripción del Che, en un archivo del ejército en la ciudad de La Paz, Bolivia. Marcha Triunfal, poema que celebra una revolución, escrito en el río de La Plata, que fue transcripto por un revolucionario en la selva de Bolivia.
* escritor y activista político
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