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Análisis

“Defendiendo lo indefendible”: el libro extremo que Milei regala por Navidad normaliza lo aberrante

El libro de Walter Block que el presidente obsequió en esta fiestas justifica la esclavitud voluntaria, la prostitución infantil y la eliminación de toda regulación estatal. Es el catecismo ideológico de un proyecto político que busca mercantilizar hasta las relaciones humanas más básicas.

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— 🎙️ Resumen de audio generado por IA.

★ El libro «Defendiendo lo indefendible» de Walter Block, publicado en 1976, defiende oficios que la sabiduría convencional identifica como indeseables, presentando a proxenetas, traficantes de drogas, chantajistas, policías corruptos y usureros como «héroes». Esta obra, que el presidente Javier Milei decidió regalar a todo su gabinete en un asado en la Quinta de Olivos, no es un simple libro de teoría económica: es un manifiesto extremista que propone la destrucción de cualquier límite ético o legal al mercado.

El contenido que Milei quiere que sus ministros asimilen

Block se pregunta si profesionales como prostitutas, chantajistas, narcotraficantes, policías corruptos y estafadores no estarán injustamente estigmatizados, argumentando que mientras no necesiten ejercer violencia y se basen en acuerdos libres y voluntarios entre adultos responsables, sus actos no deberían ser ilegales.

Pero la obra va mucho más allá. Uno de los aspectos más escandalosos del pensamiento de Block es su defensa de la esclavitud voluntaria. Block sostiene que una persona debería poder venderse como esclavo, y que quien compra a ese esclavo tiene derecho a golpearlo o matarlo según su propio criterio. Según el economista, lo que se vende no es la voluntad del esclavo sino el derecho a oponerse a ser golpeado o asesinado por el amo.

Block defiende lo que él llama un «contrato de esclavitud voluntaria», argumentando que es un contrato legítimo donde se intercambia una consideración, y cuando se abroga, ocurre un robo. Esta justificación de la esclavitud como un simple contrato mercantil es el corazón de una ideología que no reconoce límites morales a la mercantilización.

Las críticas que Block ignora

Kevin Carson, teórico libertario, señaló que Block pertenece a la tradición de libertarios de derecha que camufla las relaciones de poder y las instituciones coercitivas con los términos «librecambio» y «contrato voluntario». Para Carson, Block justifica prácticas aberrantes como meros arreglos voluntarios en los que las consideraciones de poder no tienen peso en absoluto.

En 2014, el New York Times citó a Block diciendo que la esclavitud no había sido tan mala, y Block se querelló por difamación contra el medio, llegando finalmente a un acuerdo con el Quinto Circuito. La polémica refleja hasta qué punto las posiciones del economista resultan inaceptables incluso para sectores del pensamiento liberal.

El paralelismo con las políticas de Milei

La elección de este libro como regalo navideño para el gabinete no es casual. Resulta revelador comparar las propuestas de Block con las políticas concretas que el gobierno de Milei viene implementando desde diciembre de 2023.

El modelo de Milei implica transferencia del poder de las instituciones reguladoras al mercado, eliminación de la regulación monetaria, desaparición de las instituciones de regulación y control, libre mercado de tierras, extinción de los derechos personales en favor de los derechos de propiedad, y fuerte debilitamiento de los derechos sociales, laborales y ambientales.

El gobierno desmanteló el sistema de ciencia y técnica, mandó a privatizar más de 50 empresas públicas, liberó los precios y cerró el programa de precios justos, aumentó más de 150% el combustible y el transporte, cerró el Ministerio de mujeres y diversidades, el de ciencia, de salud, de obra pública, de desarrollo social.

La llamada «ley ómnibus» contenía 664 artículos y pretendía privatizar 41 empresas públicas, entre ellas Aerolíneas Argentinas, Radio y Televisión Argentina, Energía Argentina SA e Intercargo. Aunque la oposición logró reducir el alcance de las privatizaciones, el presidente Milei ha insistido públicamente en que «todo lo que pueda estar en manos del sector privado, se venderá».

Un proyecto de sociedad sin protecciones

Una cosa es la meta común de destruir sindicatos y movimientos sociales y otra muy distinta es quién se queda con los lucros de las privatizaciones y la desregulación, señaló un análisis sobre las disputas internas del oficialismo. Pero la destrucción de las organizaciones colectivas y la eliminación de derechos laborales es precisamente lo que Block propone en su libro y lo que Milei ejecuta en la práctica.

Milei prometió que continuará con «la motosierra» durante el año 2025, anticipó que implementará más desregulaciones, el tratamiento de una agenda de privatizaciones y el impulso de una reforma laboral, afirmando que «ahora se viene la motosierra profunda».

El libro de Block propone eliminar cualquier regulación sobre el trabajo, incluyendo la abolición del salario mínimo y de toda protección laboral. Milei, coherente con esa visión, avanza con una reforma laboral que apunta a precarizar el empleo y desmantelar conquistas históricas de los trabajadores argentinos.

El peligro de normalizar lo aberrante

La entrega de «Defendiendo lo indefendible» como regalo institucional a todo el gabinete no es un gesto inocente ni una mera anécdota. Es una declaración de principios sobre el tipo de sociedad que este gobierno busca construir: una donde el mercado no reconozca límites morales, donde las relaciones humanas se reduzcan a transacciones comerciales, y donde el Estado desaparezca como garante de derechos básicos.

Cuando un presidente regala a sus ministros un libro que justifica la esclavitud, la prostitución sin regulación y la eliminación de toda protección social, está explicitando cuál es el horizonte ideológico de su proyecto político. No se trata de un debate académico sobre teoría económica, sino de la legitimación de políticas concretas que ya están destruyendo el tejido social argentino.

La foto del gabinete completo sosteniendo el libro como un trofeo quedará como símbolo perfecto de un gobierno que no oculta su desprecio por los valores democráticos y los derechos humanos fundamentales. «Defendiendo lo indefendible» no es solo un título provocador: es una descripción exacta de lo que este gobierno hace cada día con los argentinos.

Puntos clave:

• «Defendiendo lo indefendible» justifica la esclavitud voluntaria, argumentando que el amo tiene derecho a golpear o matar al esclavo

• Walter Block defiende la legalización sin regulación de prostitución, narcotráfico, chantaje y otras actividades consideradas delictivas

• El libro propone la eliminación de toda regulación estatal sobre el trabajo, incluyendo la abolición del salario mínimo

• Las políticas de Milei replican el catálogo de Block: privatizaciones masivas, desregulación total y destrucción de derechos laborales

• El regalo del libro al gabinete explicita el marco ideológico ultra-libertario que guía las decisiones de gobierno

Elecciones

¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia

A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.

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El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.

No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.

Una lealtad que se conjuga en presente

Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.

El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.

Un Gobierno que no respeta la democracia

Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.

Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.

Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.

No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.

El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición

El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.

Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.

Las mujeres y disidencias van al centro del poder

Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.

La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.

Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.

Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.

2027: la lealtad es organizarse

Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.

Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.

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