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Análisis

Agricultura familiar: menos vacas flacas

Existe una lluvia de proyectos aprobados por el Instituto de Agricultura Familiar Campesina e Indígena (INFCI) para mejorar la situación de miles de productores campesinos

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Por Eduardo Silveyra

El sector productivo, de vital importancia para las economías regionales y fuertemente atravesado por la crisis hídrica originada por la sequía, ha recibido buenas noticias en estos días.

Cuarenta y nueve cooperativas, asociaciones, civiles y comunidades originarias de diferentes provincias del país, recibieron fondos por parte del Instituto Nacional de la Agricultura Familiar, Campesina e Indígena (INAFCI), por un total de 3.395.407.902 para financiar proyectos de mejora de infraestructura en provisión de agua, agregado de valor de las producciones, fábricas de alimentos, desarrollo de la cadena productiva de la yerba mate, desarrollo de ferias francas y otros rubros referidos a la agricultura familiar, campesina e indígena.

Los y las beneficiarios de estas financiaciones, están comprendidos en provincias como Mendoza, Misiones, Río Negro, Salta, San Juan, San Luis, Santiago del Estero, Tierra del Fuego y Tucumán. Estos proyectos alcanzan a más de 3000 familiasInicialmente se aprobaron 49 proyectos en el marco de AGRO XXI, a los cuales se sumaron otros 14 referenciados en el Programa de Impulso de la Pesca Artesanal, 13 de la Promoción de Sistemas Agroalimentarios Resilientes y Sostenibles para la Agricultura Familiar (PROSAF) y 8 Programa de Inserción Económica de los Productores Familiares del Norte Argentino (PROCANOR), lo cual hace ascender la suma total a un total de 84 proyectos aprobados por un monto cercano a los $3.400 millones, que alcanzaran a más de 3000 familias de la agricultura familiar, campesina e indígena de 18 provincias.

Los proyectos se canalizaron a través de la Convocatoria 2023 del INAFCI de Proyectos Integrales y Estratégicos para la AFCI financiados a través de los programas AGRO XXI, PROCANOR y PROSAF en articulación con la Dirección de Programas y Proyectos Sectoriales y Especiales (DIPROSE) perteneciente a la Secretaria de Planificación del Desarrollo y la Competitividad Federal del Ministerio de Economía.

En tiempos donde los ejes productivos del país deben estar en discusión en las distintas plataformas electorales y sobretodo de un sector que produce el 70% de los alimentos que se consumen diariamente en la mesa de todos los hogares argentinos, como así también la vuelta al campo de la población expulsa por las producciones agroindustriales, esto no deja de ser una noticia alentadora, en momentos donde la deuda con los sectores postergados con reclamos al estado a se ha vuelto moneda corriente.

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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