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Análisis

Ni militares procesistas, ni chicos de la guerra: soldados de una gesta anticolonial

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Por Fernando Cangiano

En medio del estupor que produce el plan antinacional y antipopular de Milei, su vicepresidenta Victoria Villarruel nombró a Nicolás Kasanzew como titular de una ignota repartición denominada ‘Dirección Gesta de Malvinas’ dependiente del Senado de la Nación.

Kasanzew fue una figura célebre durante la guerra de Malvinas por desempeñarse en ATC (Argentina Televisora Color), el canal oficial de la dictadura, como el único corresponsal de guerra en las Islas.

En esa función emitía diariamente información desde el terreno que reproducía la propaganda oficial en clave exitista, superficial y marcadamente cinematográfica. Después de la guerra se convirtió en el símbolo viviente de la distorsión comunicacional de la dictadura.

Pesaron sobre él diversas denuncias penales que se perdieron en el tiempo sin final conocido. Indudablemente Kasanzew fue un blanco predilecto de la acción desmalvinizadora que, por inspiración de la inteligencia británica, se urdió en la posguerra para desarmar militar y espiritualmente al país.

En innumerables ocasiones nos hemos referido a ese relato desmalvinizador, a sus componentes simbólicos, y hemos denunciado el papel estratégico que desempeñó en el despliegue del programa neoliberal durante la posguerra. No volveremos aquí sobre ello.

Nos interesa ahora señalar el significado político que tiene este nombramiento y las contradicciones insuperables que enfrentará el discurso ‘malvinero’ de Kasanzew con la orientación pro-yanqui y pro-inglesa que abiertamente proclama el gobierno de Milei/Villarruel y que está inscripta tanto en los engendros pseudo-legales que lanzó desde que asumieron (Ley Omnibus, DNU) como en las declaraciones de la Canciller Diana Mondino, del propio Milei y de otros funcionarios.

Retrocediendo brevemente en el tiempo podemos decir que Villarruel y Kasanzew hacen pie en una larga tradición histórica de lo que en otros tiempos se denominaba ‘nacionalismo oligárquico’.

Se trata de una vertiente político-ideológica – hoy muy debilitada – cuyos rasgos identitarios consistían en un profundo conservadurismo social, una religiosidad aristocratizante, un macartismo extremo, un fuerte antiirigoyenismo y antiperonismo por las raíces plebeyas de ambos movimientos y un marcado militarismo y repudio a las formas democráticas de gobierno.

Nacieron como respuesta ‘contrarrevolucionaria’ al surgimiento de las primeras organizaciones obreras en el país, fruto de la inmigración europea (anarquismo, sindicalismo, etc). Por encima de sus fanstasías fundacionales y su ideología fascistizante, durante el SXX jugaron el papel de servidores de la oligarquía terrateniente y del imperialismo británico en su odio a los dos grandes movimientos populares, que contribuyeron a derribar en 1930 (Uriburu) y 1955 (Lonardi).

En 1976 participaron activamente en el derrocamiento del gobierno constitucional y en la etapa más oscura de la ‘lucha contra la subversión’ (terrorismo de Estado).

Pero volvamos al presente. Kasanzew se incorpora con ínfulas de protagonista de un supuesto ‘cambio histórico’, de una ‘nueva época’ (así la llama), que supondrá según él la definitiva reivindicación de los soldados combatientes ignorados y discriminados durante 42 años.

Sus fantasías redentoras, en la misma sintonía con las del presidente desquiciado para el que trabajará, son absurdas. Ignoran la enorme actividad que han desarrollado las organizaciones de VGM en cuatro décadas y que se plasmaron en una profusa legislación en los distintos planos de la vida individual y familiar de los ex soldados (salud, vivienda, trabajo, etc).

Kasanzew pone el eje discursivo en donde no debería ponerlo mientras elude lo esencial de la cuestión: el vaciamiento ideológico de la gesta del ´82 entendida como un glorioso episodio en la lucha por la emancipación nacional y por la unidad latinoamericana, ambas divisas fundamentales que evoca la causa Malvinas.

Es obvio que Kasanzew jamás podrá darle esa perspectiva histórica al tema pues en tal caso su participación en calidad de funcionario en el gobierno de Milei/Villarruel, quizás el más cipayo desde el ’83 a la fecha, sería una contradicción en término. Pretende ocultar la estafa política con toda clase de pirotecnias verbales falsamente nacionalistas.

Durante 40 años los VGM hemos convivido tortuosamente con dos miradas, en apariencia antagónicas pero coincidente en lo esencial, para referirse a nuestra identidad de soldados. Una de ellas nos rebajaba a la condición de ‘chicos de la guerra’, empequeñecía nuestro rol en el combate y nos convertía en víctimas no del ejército imperialista inglés sino de los oficiales y suboficiales argentinos que combatían a nuestro lado.

Fue la visión propiciada por los británicos, con una falsa pátina humanista y progresista, para confundir las conciencias populares sobre nuestro verdadero enemigo. La otra mirada fue aquella que esbozaron los Kasanzew y Villarruel (padre), predominante en vastos sectores de las Fuerzas Armadas.

Ponía el énfasis en una heroicidad declamatoria, ampulosa, cinematográfica pero cuidadosamente despojada de cualquier referencia histórica a nuestra condición de país dependiente de las grandes potencias occidentales, que son las que ocupan nuestras Malvinas y son las que convertirán a las islas en una plataforma de la OTAN con el entusiasta aval del gobierno de Milei/Villarruel/Mondino.

Como se advierte fácilmente de lo anterior, el legado de ambas posturas escamoteó el significado histórico de la gesta del ’82 y sirvieron a la tarea desmalvinizadora. La desconectaron de la historia de luchas por la autonomía e integridad territorial y, lo que es fundamental, la congelaron en un pasado cada vez más lejano sin conexión con el presente.

Una verdadera reivindicación del VGM debe partir de resaltar su condición de luchador de una causa justa contra un cruel usurpador colonial que se niega sistemáticamente a reconocer nuestros derechos nacionales sobre el inmenso territorio en disputa.

Sin falsas historias de héroes hollywoodenses ni postales de chicos asustados hundidos en el barro, simplemente afirmando nuestra identidad de jóvenes argentinos que estuvimos a la vanguardia de un pueblo que se puso de pie en 1982 para defender lo que le pertenece. () Fernando Cangiano es Veterano de Malvinas y miembro del Espacio de reflexión La Malvinidad de la Argentina.

Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.

América Latina

Nulo desde el inicio. No es un acuerdo, es un robo

Por Elías Jaua Milano. El llamado acuerdo petrolero con Estados Unidos, anunciado por Donald Trump, se firmó bajo amenaza y sin aprobación de la Asamblea Nacional: para el autor, es nulo de toda nulidad.

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Que el banal espectáculo político de todos los días no nos distraiga de lo sustantivo de la gravosa situación de tutelaje a la que estamos sometidos por la administración Trump. El llamado “acuerdo petrolero” es uno de esos temas sobre el cual debemos insistir en denunciar como nulo de toda nulidad, cuantas veces sea necesario, si queremos recuperar nuestra independencia y con esto la posibilidad de un desarrollo propio que genere bienestar a toda la familia venezolana.

El 3 de enero de 2026 en horas de la madrugada, Caracas, La Guaira y otras poblaciones de la costa central de Venezuela fueron atacadas con misiles, por fuerzas militares estadounidenses, sin previa declaración de guerra, de manera injustificada y desproporcionada. Tras secuestrar al Jefe de Estado en funciones, amenazaron al resto de las autoridades con un segundo ataque más destructivo y el aniquilamiento de estos si no aceptaban el plan del atacante. De acuerdo a las declaraciones de Donald Trump en horas de la mañana: “Las autoridades venezolanas están colaborando, en verdad no tenían otra opción”. Más adelante afirmó: “Vamos a dirigir al país hasta el momento en que podamos hacer una transición segura, adecuada y juiciosa”. Acto seguido amenazó: “Estamos preparados para realizar un segundo ataque mucho más grande si es necesario, así que estábamos preparados para una segunda incursión si era necesario. De hecho, suponíamos que sería necesaria una segunda incursión, pero ahora probablemente ya no lo sea”. 

El Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, compareció el 28 de enero de 2026 ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos y en una respuesta sintetizó lo que se estaba haciendo en Venezuela: “Básicamente estamos administrando a Venezuela”. Posteriormente anunció desde la Casa Blanca el plan de las tres fases para administrar a Venezuela.

En este contexto de amenaza, coacción y administración colonial, en los meses que han transcurrido se han llevado a cabo nuevas incursiones militares, se han desplegado tropas y agencias de seguridad, se han forzado reformas de leyes al margen de la Constitución, como es el caso de la ley de Hidrocarburos y la ley de Minas, entre otras; los ingresos de la nación venezolana son depositados y administrados en una cuenta del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos y se ha impuesto un plan político de transición, entre otras graves violaciones a la soberanía de Venezuela y al derecho internacional.

Bajo esta situación de amenaza, coacción y administración colonial, el pasado 26 de agosto nos enteramos, por un posteo de Donald Trump en su red social, de un acuerdo donde el gobierno de Venezuela cedía el control sobre la explotación de 17 campos petroleros, propiedad de la nación venezolana,  estimados en 65 mil millones de barriles, por 100 años, según su versión. Al momento, el pueblo venezolano no conoce, y creo que tampoco el pueblo estadounidense (dado el reciente cuestionario enviado por senadores a la Casa Blanca sobre este tema), el texto de ese acuerdo, que debió ser conocido, estudiado, discutido y ratificado por el Poder Legislativo de Venezuela, como lo manda la Constitución nacional:

Artículo 150: La celebración de los contratos de interés público nacional requerirá la aprobación de la Asamblea Nacional en los casos que determine la ley. No podrá celebrarse contrato alguno de interés público municipal, estadal o nacional con Estados o entidades oficiales extranjeras o con sociedades no domiciliadas en Venezuela, ni traspasarse a ellos sin la aprobación de la Asamblea Nacional. La ley podrá exigir en los contratos de interés público determinadas condiciones de nacionalidad, domicilio o de otro orden, o requerir especiales garantías.

Comentarios: Cabe la duda si en verdad hay un acuerdo firmado o es un despojo arbitrario por parte de la potencia ocupante. NABEP es una empresa privada domiciliada en Barbados y el Departamento de Guerra es una entidad oficial extranjera, por tanto el acuerdo, de existir, debió ser aprobado por la Asamblea Nacional. No se hizo así.

Es casi imposible analizar el alcance operacional y financiero del pretendido acuerdo al no haber documentos oficiales publicados por Venezuela. Solo hay una nebulosa de datos contradictorios declarados por funcionarios de ambos gobiernos. Por lo tanto solo nos referiremos en este artículo a algunos elementos jurídicos y administrativos señalados en el único documento oficial publicado: la nota informativa de la Casa Blanca de fecha 30 de agosto de 2026, donde se informa de los puntos más relevantes del írrito acuerdo. Veamos: 

Este acuerdo asegura nuestro dominio energético para el próximo siglo, sin costo alguno para Estados Unidos. El acuerdo, firmado por el secretario de Estado Marco Rubio y el secretario de Guerra Pete Hegseth, otorga al gobierno de Estados Unidos poderosos derechos de gobernanza, propiedad económica y un convenio de compra garantizada a bajo costo a un nuevo actor petrolero privado de Venezuela, que será la segunda compañía petrolera privada más grande del mundo en términos de reservas

Sin costo alguno para el contribuyente estadounidense, NABEP ha otorgado a la Oficina de Capital Estratégico del Departamento de Guerra de Estados Unidos una participación accionaria del 35 % en su sociedad matriz, lo que representa un valor y dividendos de hasta cientos de miles de millones para Estados Unidos.

NABEP también otorgó al Departamento de Estado de Estados Unidos el derecho de adquisición preferente del 80 % restante de su producción, lo que proporciona una fuente garantizada de energía en nuestro hemisferio en situaciones de emergencia.

¿Qué dice nuestra Constitución? 

Artículo 302. El Estado se reserva, mediante la ley orgánica respectiva, y por razones de conveniencia nacional, la actividad petrolera y otras industrias, explotaciones, servicios y bienes de interés público y de carácter estratégico.

Comentarios: No puede haber una privatización de la actividad petrolera en Venezuela, mucho menos ejecutada por un gobierno extranjero que ejerce el papel de ocupante. Una empresa privada no puede otorgar derechos de la nación a otro Estado. La ley no puede ser contraria a la Constitución.

Más adelante expresa la información oficial de la Casa Blanca:

El Gobierno de Estados Unidos tiene poder de veto sobre el nombramiento de cualquier miembro de la junta directiva, y la mayoría de quienes integren la junta de NABEP deben ser ciudadanos estadounidenses. NABEP contará con auditores, abogados y asesores estadounidenses de renombre y el acuerdo del Gobierno de Estados Unidos con NABEP se rige por el derecho estadounidense y está sujeto a la jurisdicción de los tribunales de Estados Unidos.

¿Qué dice nuestra Constitución? 

Artículo 151. En los contratos de interés público, si no fuere improcedente de acuerdo con la naturaleza de los mismos, se considerará incorporada, aun cuando no estuviere expresa, una cláusula según la cual las dudas y controversias que puedan suscitarse sobre dichos contratos y que no llegaren a ser resueltas amigablemente por las partes contratantes, serán decididas por los tribunales competentes de la República, de conformidad con sus leyes, sin que por ningún motivo ni causa puedan dar origen a reclamaciones extranjeras”.

Sin comentarios.

Sigamos las afirmaciones escritas por la Casa Blanca:

Las concesiones de NABEP se rigen por la nueva ley de hidrocarburos de Venezuela, adoptada con el apoyo de Estados Unidos, que prevé la modernización, la privatización y el desarrollo histórico del sector petrolero en declive de Venezuela.

¿Qué dice nuestra Constitución?

Artículo 303. Por razones de soberanía económica, política y de estrategia nacional, el Estado conservará la totalidad de las acciones de Petróleos de Venezuela, S.A., o del ente creado para el manejo de la industria petrolera, exceptuando las de las filiales, asociaciones estratégicas, empresas y cualquier otra que se haya constituido o se constituya como consecuencia del desarrollo de negocios de Petróleos de Venezuela, S.A.

Comentario: Constitucionalmente PDVSA es la que desarrolla cualquier negocio o asociación petroleras. NABEP no es parte de una iniciativa empresarial de PDVSA,  la empresa estatal no tiene ni uno por ciento de participación accionaria, ni es parte de la directiva de la misma. Ninguna ley ni acuerdo está por encima de la Constitución.

Afirma la Casa Blanca en su hoja informativa:

Las disposiciones sólidas sobre gobernanza y auditoría del Gobierno de Estados Unidos, junto con la reforma bancaria, la fiscalización de pagos y la supervisión financiera de la Administración Trump, asegurarán que los pagos de impuestos y regalías se usen en beneficio del pueblo venezolano.

¿Qué dice la Constitución? 

Artículo 156. Es de la competencia del Poder Público Nacional: Numeral 12: La creación, organización, recaudación, administración y control de los impuestos sobre la renta, sobre sucesiones, donaciones y demás ramos conexos, el capital, la producción, el valor agregado, los hidrocarburos y minas; de los gravámenes a la importación y exportación de bienes y servicios; de los impuestos (…) 

Comentario: ¿El supuesto acuerdo es en beneficio del pueblo venezolano o de la administración Trump? Ya que según el Decreto Ejecutivo presidencial (Orden Ejecutiva) emitido el 9 de enero de 2026: “Los recursos —provenientes de transacciones del Estado venezolano, el Banco Central de Venezuela y Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA)— deben depositarse en cuentas específicas denominadas Fondos de Depósito de Gobiernos Extranjeros (Foreign Government Deposit Funds) dentro del Departamento del Tesoro de EE. UU.”.

Preguntas: ¿Quién realiza el control o auditorías de las cantidades de petróleo extraídas en los bloques entregados, para determinar las regalías e impuestos? ¿El Ministerio de Petróleo de Venezuela? ¿Con cuál plataforma tecnológica? ¿Pueden inspectores de dicho ministerio supervisar la actividad de extracción y exportación? ¿Lo permitirá el Departamento de Guerra de los Estados Unidos, socio de la empresa privada NABEP?

Compatriotas, bajo amenaza, coacción e intervención política y administrativa de una potencia extranjera se están extrayendo de manera inconstitucional los recursos petroleros de la nación, garantía futura del desarrollo y el bienestar para el pueblo venezolano. No hay texto del acuerdo, por lo tanto, no pudo ser aprobado por la Asamblea Nacional. Hay una asignación arbitraria para la explotación de bloques petroleros. La nación no conoce cómo y quién contabiliza la extracción que hace NABEP. Los ingresos supuestos que generará este acuerdo por regalías e impuestos serán administrados por la potencia ocupante, que a su vez es accionaria de esta empresa a través de su Departamento de Guerra. No es un acuerdo, es un robo a misil en mano.

Compatriotas, este supuesto acuerdo es nulo desde el inicio, de acuerdo a nuestra Constitución y a los principios universales y del derecho consuetudinario establecidos en diversos instrumentos del derecho internacional acerca de la invalidez de todo acuerdo, convenio o contrato realizado en condiciones de amenaza o uso de la fuerza.  

El pueblo venezolano debe informarse, debe tomar conciencia del daño patrimonial que supone un acuerdo nulo, y en consecuencia luchar de manera política, cívica, jurídica y democrática para recuperar la independencia del Estado nacional y la restitución de la vigencia de la Constitución con el fin de preservar su patrimonio económico, y recuperar el derecho inalienable a la autodeterminación política y a la soberanía y dignidad nacional.

PD 1.  A la falaz afirmación de que “no podemos tener una riqueza que está en el subsuelo mientras vivimos en la miseria y por eso necesitamos entregar estos campos petroleros a Donald Trump”, responde la realidad histórica: En Venezuela, hasta el año 2012, se producían cerca de 3 millones de barriles de petróleo diarios, extraídos y desarrollados por PDVSA y sus empresas mixtas con socios internacionales (incluyendo empresas estadounidenses) con apego a la Constitución y respetando nuestra soberanía y dignidad nacional, que generaron ingresos que se tradujeron en los más altos indicadores de bienestar para el pueblo venezolano en general. Tras la muerte del Presidente Chávez, el incremento de las sanciones y la instauración del bloqueo a la libre comercialización del petróleo  por sucesivos gobiernos estadounidenses, e internamente una serie de malas decisiones y  desfalcos cometidos contra la industria petrolera, postraron la actividad y disminuyeron a mínimos históricos los ingresos nacionales petroleros, generando la actual situación de precarización de las condiciones de vida del pueblo venezolano. 

PD 2. Llega tarde el arrebato de soberanismo sobre esta cuestión por parte de los sectores políticos que durante 25 años solicitaron, propiciaron, facilitaron y finalmente celebraron la intervención militar del 3 de enero de 2026, con las graves consecuencias para la autodeterminación política y el patrimonio nacional.

Leé también: Delcy Rodríguez prometió elecciones en Venezuela, pero sin fecha

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