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Análisis

Empresa Nacional de Alimentos para no dejar el mercado en manos de las grandes corporaciones

Es preciso cambiar la vieja lógica neoliberal y no pensar al Estado como cliente de las grandes corporaciones sino como asociado directo de los productores.

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El-Argentino-Soberanía Alimentaria

Por Rafael Klejzer

La creación de una Empresa Nacional de Alimentos (ENA) en nuestro país es clave para impulsar el rol activo del Estado en la planificación, regulación, control, producción, análisis de costos y comercialización de los alimentos de manera no monopólica para no dejar el mercado en manos de las grandes corporaciones.

Al mismo tiempo, es preciso cambiar la vieja lógica neoliberal y no pensar al Estado como cliente de las grandes corporaciones sino como asociado directo de los productores con capacidad de planificar a largo plazo y realizar un estudio profundo de los costos.

Podríamos además generar precio de referencia en los productos de consumo masivo y eso implicaría ponerle freno a la avaricia de las empresas capitalistas que entienden al alimento como una mercancía y no como un derecho social. Eso también es parte de la construcción de soberanía, el acceso democrático y federal a los alimentos de calidad y a precio justo.

En cuanto a la inflación, sabemos que el aumento de precios está por encima de la media inflacionaria, eso quiere decir que hay un ensañamiento con la mesa de los argentinos y argentinas que tiene como consecuencia una enorme transferencia de recursos de los sectores populares a los concentrados. La ENA serviría para regular esta situación.

A partir del último golpe de Estado cívico militar se generó un proceso de transnacionalización de la economía porque ese régimen vino a imponer por la fuerza un nuevo modelo de acumulación capitalista en nuestro país basado en la desindustrialización al servicio de los intereses financieros de las corporaciones extranjeras. Ese camino se profundizó hacia la década del ´90 acentuando la monopolización en general y, en particular, de la producción y comercialización de alimentos a partir del hipermercadismo.

La estrategia trazada por Martínez de Hoz, Menem, Cavallo y De La Rúa generó las condiciones necesarias para que ese capital extranjerizado, concentrado, monopolizado se instalara, atando la suerte del país a la de las corporaciones.

Hoy vivimos bajo una situación dominante de diez empresas productoras de alimentos que poseen casi el 100% del mercado, nueve transnacionales y una multinacional con sede en Argentina que concentran la producción y comercialización de alimentos y generan los precios. Es decir, que los servicios financieros de la dictadura unidos al hipermercadismo generaron el universo de producción, comercialización y hasta exportación que padecemos. Fueron concentrando poder y el acceso del pueblo a los alimentos quedó ligado al plan de negocios de las empresas concentradas. Hicieron de los alimentos una mercancía y la tarea de nuestra generación es recuperarlo como un derecho social.

Análisis

El drama de Granja Tres Arroyos: 500 familias sin trabajo y sin cobrar

La empresa avícola cerró su planta en la localidad bonaerense, adeuda sueldos y aguinaldos y pidió un concurso preventivo de acreedores. «Somos un pueblo al que le cayó una bomba», describieron los trabajadores despedidos, que reclaman respuestas que la patronal nunca dio.

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Más de 500 trabajadores y trabajadoras de Capitán Sarmiento perdieron su empleo en las últimas semanas tras el cierre de la planta avícola de Granja Tres Arroyos en esa localidad del norte bonaerense. La empresa acumula deudas salariales que incluyen meses de sueldo sin pagar y aguinaldos pendientes, y recurrió a la Justicia para pedir la apertura de un concurso preventivo de acreedores, el mecanismo legal que antecede a la quiebra y que deja a los trabajadores en una situación de extrema incertidumbre sobre el cobro de sus acreencias.

El impacto de los despidos no se limitó a Capitán Sarmiento. Según describió Andrea Ulere, ex empleada de la empresa, la crisis se extendió a municipios vecinos: alrededor de 100 despidos adicionales se registraron en Arrecifes y otros 100 en San Antonio de Areco, lo que convierte a esta debacle laboral en un golpe colectivo sobre toda la región del norte del conurbano extendido.

«Una bomba en el medio del pueblo»

Ulere describió la situación con una imagen que sintetiza el derrumbe social que vive la localidad. «Somos un pueblo que tiene la sensación hoy de caminar por la calle, que nos ha caído una bomba en el medio y andamos juntando los pedazos de la gente», señaló. «No se puede describir con palabras el dolor que tenemos», agregó.

La ex trabajadora reveló además un detalle que ilustra la dimensión humana de la crisis: «Acá venía el cartero del pueblo con el despido en mano llorando». La imagen del telegrama de despido entregado entre lágrimas en una localidad pequeña habla de un tejido comunitario que la empresa desgarró sin dar explicaciones.

Ulere fue cuidadosa al momento de atribuir responsabilidades, pero contundente: «Más allá del nivel nacional, que todos sabemos que económicamente estamos todos mal, acá hubo una mala gestión de los hijos y sobrinos de Joaquín de Grazia, que hicieron un mal negocio. Los despidos decían que eran por la gripe aviar, el Covid-19, y nosotros en esa época es cuando se trabajó más que nunca».

Veinte años de trabajo, deudas y silencio patronal

Los testimonios de los trabajadores que aún no recibieron su telegrama pero temen recibirlo en cualquier momento son igualmente demoledores. Oscar, con 20 años de antigüedad en la planta, graficó el costo que la prolongada agonía de la empresa tuvo sobre su salud y su dignidad: «La situación me tiene mal. Nos afecta la salud mental. Ya hace un año y medio que vivimos esto. Yo vivo con mis padres. No es lo justo que yo tenga que vivir de ellos».

Nadie de la empresa viene a dar la cara y dar explicaciones, denunció Oscar. «Así nos tuvieron un año y medio. Nos quitaron parte de nuestro salario, nos deben el pago de meses, nos deben vacaciones», enumeró.

Otro trabajador con más de 18 años de antigüedad contó que el deterioro fue progresivo y que los empleados cedieron ante cada exigencia patronal con la esperanza de conservar el puesto: «El conflicto comenzó con un pedido de esfuerzo a los trabajadores y una reducción salarial del 9%. Luego, los pagos comenzaron a realizarse en cuotas. Con tal de seguir trabajando lo aceptamos. Hace tres meses nos pagaban 100 mil por semana«, relató. «Nosotros hemos aportado mucho a la empresa, pero para ellos somos un número más», cuestionó.

Un tercer operario con 16 años en la empresa resumió la angustia cotidiana de quienes todavía no fueron desvinculados pero tampoco cobran: «Todos tenemos chicos, cuentas que pagar, se me vence el alquiler, no tengo plata para alquilar en otro lado. Los servicios los pago como puedo. Si hacés una changa te peleás por los precios. Tuvimos que hacer muchos recortes en salidas y alimentos. Antes alcanzaba la plata. Ahora no alcanza para nada. Tenemos un trabajo fijo pero no cobramos».

La intendenta y el pedido de los trabajadores

Durante las protestas frente a la planta y en la plaza de Capitán Sarmiento, la intendenta local Fernanda Astorino Hurtado se hizo presente para interiorizarse sobre la situación. Habló de un «mal manejo empresarial», lo que coincide con el diagnóstico de los propios trabajadores, aunque para estos últimos la presencia política no alcanza si no se traduce en acciones concretas.

Ulere fue directa al respecto: «Todo sirve, nosotros estamos desorientados y lo que queremos es que esto no se apague, que ella luche por nosotros para que no se apague. Porque donde dejen de hablar de nosotros, todo va a terminar en la nada. A los políticos para que se muevan, porque ¿quién nos va a salvar a nosotros?».

La pregunta resuena con fuerza en un contexto nacional en el que el gobierno de Javier Milei ha reducido el gasto en programas sociales en más de un 60% y donde la desregulación del mercado laboral, impulsada por la misma gestión, dejó a miles de trabajadores sin las redes de contención que el Estado podía ofrecer. El drama de Capitán Sarmiento no es una excepción: es el retrato de lo que ocurre cuando una empresa quiebra y el Estado se hace a un lado.

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