Análisis
Urgencia gorda: sobre la importancia de pensar en salud mental y cuerpos gordos
Hace mucho tiempo se dejó de ponderar la salud física a costa de la salud mental y social, para comenzar a pensarnos desde una perspectiva de salud integral.
Por Sofia Recchiuto, psicóloga, activista gorda, su cuenta de Instagram es @lagrimagorda.
La salud es un estado de completo bienestar, físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades, describe cualquier reseña al googlear «salud».
Hace mucho tiempo se dejó de ponderar la salud física a costa de la salud mental y social, para comenzar a pensarnos desde una perspectiva de salud integral. Ahora bien, ¿qué nos sucede cuando se habla de la salud de las personas gordas?¿Por qué nos cuesta pensarla desde una perspectiva de salud integral?¿Por qué seguimos pensando que podemos opinar libremente de la salud de las personas, a partir del tamaño de su cuerpo?.
Es de público conocimiento que la caracterización del gordx como enfermx lleva a generar actitudes y políticas de odio hacia estas identidades. Existe un sistema cimentado sobre estas lógicas, que no hacen más que perpetuar el hostigamiento, humillación y opresión que sufrimos a diario las personas gordas.
¿Desde cuándo ser gordx se ha convertido en el peor de los diagnósticos clínicos? Uno que puede hacerse a simple vista y sin ningún exámen médico. Personalmente, creo que el único diagnóstico que puede hacerse sin estudios es el del nivel de prejuicios y estereotipos que bombardean nuestras subjetividades desde la más temprana infancia.
Les invito a preguntarse: ¿Qué pasa con las infancias gordas que crecen y configuran subjetividades a partir de estas opresiones y violencias sistemáticas? ¿Qué pasa con esas personas cuando crecen y continúan habitando una corporalidad gorda, luego de incontables intentos de dietas destinadas al fracaso? ¿Qué le sucede a un cuerpo que baja y sube de peso continuamente, porque no podemos comprender que las dietas no funcionan?
Podemos redactar un largo historial con las situaciones violentas y estigmatizantes a las que nos enfrentamos a diario por habitar una corporalidad gorda. Hay gente que invierte todo su dinero y hasta la vida por no ser gordxs, pero ¿qué sucede con nuestra salud mental? ¿Y qué hay de nuestra salud social y de los espacios que dejamos de ocupar? ¿Y de los médicos que evitamos porque sabemos que nos mandarán a bajar de peso ante cualquier dolencia?.
Parece ser que lo único que nos permitirá ser escuchadas es cambiar nuestro cuerpo. ¿No deberíamos, en cambio, preocuparnos por ser el segundo país en el mundo con más casos de trastornos alimenticios?.
Hay una urgencia y está clara. Nos urge, como mínimo, problematizar estas cuestiones y es imperioso hacerlo desde una perspectiva integral de la salud. Entonces, habrá tiempo para la reparación histórica que merecemos, porque ser gordx en esta sociedad no es un hecho menor, no es algo ligado a la vida privada o a la intimidad. Ser gordx en esta sociedad es un acto sumamente político y representa un temor mundial materializado.
Nuestros cuerpos gordos son fabricados como estigmatizados. Al igual que el cuerpo puto, marica, lesbiano, trans, migrante, negro, marrone, bi, disca, intersexual y cualquier cuerpo que salga de la norma, cualquier cuerpo que rebalse, que no encaje, que se exceda. Aún así, proclama Judith Butler, no hay que mantenerlos en el dominio de lo indecible, porque así persevera su potencial hiriente. A estos nombres hay que levantarlos como bandera, y sacarlos del silencio quizá nos ayuda a usarlos para cosas impensadas. ¿Qué tan impensado es entender que existen cuerpos más grandes que otros y aprender a vivir con ello?.
Por Jesús Rivero*
Deseo comenzar por la etimología de transmisión, porque como planteaba Jacques Marie Emile Lacan, el origen me colma.
Transmisión etimológicamente significa acción y efecto de hacer circular una cosa, más allá.
¿Qué se transmite?
El objeto petit “a» que agujerea al sujeto-sujetado y lo sostiene desde su pérdida.
¿Es pedagógico?
Se puede decir que no. Aunque las palabras no pueden decir todo.
Éste petit “a» de Jacques Lacan es su invento privilegiado, ya que a la nada le cedió un lugar topológico, lo nombró y dio (donó) existencia.
Falta irreductible que opera más allá del sujeto supuesto saber. Es la hiancia que motoriza el deseo. Lacan en su última enseñanza transmite esto, la cosa, el ruido. No un supuesto saber platónico y universal, esto obtura.
Hagan la prueba, pongan sobre un escritorio una piedra y un libro frente a una audiencia y observen las miradas de dicha audiencia, que se transmite. El ruido, la enunciación del enunciado. El dicho del decir del disertante, cuyo rasgo unario, no tiene que ver con la pedagogía. Lo que se transmite es otra cosa, el objeto petit “a».
Lo que todos buscan en este movimiento, que es el peronismo, cuyo significante vacío busca negociar con un significado. Es el punto de capitón que anuda la significación. Esta lucha casi interminable que auguran para siempre los opositores, pero nadie mejor que ellos saben, que dicha disputa de poder (lucha de clases) siempre llega a su anudamiento.
El significante vacío sin negociación, no es nada. La problemática es intentar identificar un líder, sin transmisión. Sin hacer circular una cosa, más allá. Esto no puede ser forzado, no es pedagógico, responde a la lógica de la falta, de lo que se perdió. El mismo Sigmund Freud en “Psicología de las masas y análisis del yo” planteó que “las masas no se identifican al ideal del yo, sino que se identifican entre sus yoes, al objeto ideal que es el líder». Es decir, no hay identificación al significante, sino entre las masas a un rasgo, que es el objeto ideal.
Este objeto (poder) no es pedagógico. No se aprende, se comprende. La conducción no es para cualquiera, se tiene o no se tiene. Todos tienen el bastón de mariscal en la mochila, pero no todos saben transmitirlo. De aquí, vemos a grandes teóricos no entender la fórmula de dicha conducción, nunca la van a entender, porque no se entiende se comprende.
El mismo Juan Domingo Perón, que en lo singular creo es el mejor en conducción, no decía: “la política no se aprende, se comprende, y solamente comprendiendo es posible realizarla racionalmente. Decía el Mariscal de Sajonia que él tenía una mula que lo había acompañado en más de diez campañas, pero decía que la mula no sabía nada de estrategia. Lo peor es que él pensaba que muchos de los generales que también lo habían acompañado, sabían lo mismo; hay hombres que toda su vida han hecho política, pero nunca la han comprendido. El éxito será siempre para quien la haya comprendido, no para el que pretenda aprenderla”.
Hoy en día hay muchos que pretenden aprenderla, y hay pocos que desde el exilio, cárcel o proscripción, la comprenden. Es cuestión de tiempo y comprensión, no de pedagogía.
*escritor y activista político.
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