Conectate con El Argentino

Análisis

El presupuesto y el buen gobierno

“A través de un insólito e imprevisible sendero, estamos transitando por una ruta que desemboca en una feroz dictadura del capital”. La columna de Atilio Boron.

Publicado hace

#

El Argentino Diario-Estatua Abraham Lincoln.
Abraham Lincoln, presidente de los EEUU entre 1861 y 1865, dejó importantes lecciones sobre política e historia.

Por Atilio Boron

Una de las discusiones más arraigadas en el campo de los estudios políticos gira en torno a la identificación de las marcas distintivas de un buen gobierno. Un punto de partida es que este debe ser la expresión de la soberanía popular, es decir, democrático. Ese y no otro es el significado del término, acuñado en la Grecia clásica hace unos 2.500 años amalgamando el «demos», pueblo, con el «kratos», el poder. En otras palabras, un buen gobierno es el que tiene al pueblo como su gobernante. Pero Abraham Lincoln agregó dos importantísimas condiciones para completar la definición de democracia: aparte de ser «del pueblo» el gobierno debe también ser ejercido «por el pueblo y para el pueblo».

Desde este punto de vista, la cuestión de la democracia adquiere una renovada complejidad. La versión liberal en todas sus variantes, desde las formulaciones decimonónicas de un John Stuart Mill hasta las alucinaciones de los libertarianos y los anarcocapitalistas del siglo pasado, consagra como democrático a cualquier Gobierno surgido de elecciones honestas y basadas en el sufragio universal. Esto era una suerte de artículo de fe, una premisa silenciosa e indiscutible, en las ciencias sociales de los años 50 y 60 del siglo pasado.

En la actualidad esa concepción, formalista y procedural, ha caído en desgracia porque la historia demostró que muchos Gobiernos emanados del voto popular tuvieron un desempeño discordante con el sentido profundo, filosófico, de la democracia, dado que quienes debían representar al pueblo no lo hicieron, independizándose de la voluntad de sus mandantes. Y además, porque aplicaron programas de gobierno que lejos de ser beneficiosos «para el pueblo» no hicieron otra cosa que acrecentar la desigualdad económica y la exclusión social, mostrar total indiferencia por la depredación del medio ambiente, mantuvieron o condonaron el sojuzgamiento de las minorías y diversidades de distinto tipo e, inclusive, para afianzar su dominio apelaron a la represión policial, la manipulación de las conciencias a través de su antidemocrático control de los medios de comunicación (en abierto contubernio con empresas privadas, cómplice de la estafa) y, con creciente frecuencia, al lawfare como dispositivo para «desaparecer» jurídicamente a líderes opositores. Una distinción clásica recuperó entonces su perdida vigencia: una cosa es la legitimidad de origen que pueda exhibir un Gobierno y otra bien distinta es la que brota del ejercicio gubernamental. Son dos dimensiones que pueden combinarse de múltiples formas y los casos de Gobiernos legítimamente electos que ejercen el poder de modo ilegítimo han sido numerosos –y en número creciente– a lo largo del último medio siglo.

Esta cuestión, la de la legitimidad de ejercicio, nos enfrenta al problema de qué hacen y como gobiernan los Gobiernos. No porque su legitimidad de origen sea irrelevante, sino porque es insuficiente. Una forma muy concreta de ponderar la legitimidad de ejercicio de un Gobierno radica en el examen del presupuesto fiscal. Esto exige responder a preguntas tales como de dónde extrae sus recursos el Gobierno, es decir, la naturaleza de su régimen impositivo. ¿Reposa sobre las grandes fortunas o los sectores de mayores ingresos o lo hace sobre asalariados, pensionados y consumidores, por la vía de impuestos indirectos? ¿Cuánto gasta y cuáles son las prioridades del gasto público? ¿Cuáles son las áreas a las que se les asignan los recursos y cuáles las que quedan al margen de la preocupación gubernamental?

A la vista de estas consideraciones, la Argentina actual tiene un Gobierno en donde la dimensión lincolniana de la democracia, eso de «para el pueblo», brilla por su ausencia. Si a ello se le agrega el total desapego del primer mandatario por las formas que hacen al debate democrático, por la necesaria tolerancia ante el disenso, su incontrolable propensión a incurrir en toda clase de exabruptos y a proferir groseros, a veces soeces, insultos contra críticos y opositores es fácil concluir que, a poco más de cuarenta años de reconquistada la democracia, la Argentina actual se está alejando velozmente de ese modelo.

Las políticas del presidente, plasmadas en el presupuesto de la nación, así como su intemperancia y su iracundia, dibujan los contornos de una entidad política claramente incompatible con la democracia: una plutocracia, gobierno de los ricos, por y para los ricos, y para colmo con un formato marcadamente autoritario. Sintetizando: a través de un insólito e imprevisible sendero estamos transitando por una ruta que desemboca en una feroz dictadura del capital.

Análisis

La Mano de D10S

Diego, marcó. Dejó, cedió una huella que sostiene. Cómo en la imagen. Diego Armando, armó (a-mor etimológicamente significa vivir sin muerte) con su juventud, una juventud que sonríe. 

Publicado hace

#

Por Jesús Rivero*

Transmisión etimológicamente significa: acción y efecto de hacer circular una cosa, más allá. 

Diego, marcó. Dejó, cedió una huella que sostiene. Cómo en la imagen. Diego Armando, armó (a-mor etimológicamente significa vivir sin muerte) con su juventud, una juventud que sonríe. 

No es solo fútbol. Pulula desde las periferias, desde los barrios, un nacionalismo, sin centro. Es la juventud, su brazo, su mano, la mano de Diego.

No es romantizar el fútbol, menos la vulneración de un pueblo que pide a gritos una sonrisa, una felicidad. Es decir, poder leer en términos del psicoanálisis lacaniano el orden de lo real, y tocarlo por medio del orden simbólico. Hoy, el objeto de representación imaginaria es un objeto redondo, esférico, llamado pelota, pero que remite estrictamente al orden de lo real, al inconsciente político. 

 

Es obvio e histórico que el fútbol y los mundiales son un velo que no manifiesta la realidad explícita. En nuestro imaginario con solo tocar por medio del orden simbólico (la palabra) lo real, nos remite a la realidad atroz que veló el mundial de 1978.

Hoy, la realidad no es diferente. Que el Gobierno representado por Javier Milei, pero sostenido por el círculo rojo internacional que en teoría llegó al Ejecutivo por las vías democráticas, en la práctica es un gobierno de facto, por fuera del marco jurídico, violando la reforma Constitucional de 1994 y los tratados internacionales que se introdujeron en la misma con jerarquía constitucional. 

Bajo el señuelo del mundial de fútbol, en Ejecutivo lanzó una agenda económica-política en tiempo récord, estableciendo convenios estratégicos de alto impacto y que mantiene bajo estricto hermetismo el avance hacia la privatización de sectores clave como el agua, minerales críticos y energía nuclear.

Hoy, tenemos instalado en Argentina al magnate Peter Thiel con su proyecto de la Inteligencia Artificial y que necesita de la Patagonia para materializarlo y sobre todo de la continuidad del gobierno representado por Javier Milei, con un establishment (equipo) que no es nuevo. Sus apellidos son conocidos: Luis Caputo, Federico Sturzenegger, Patricia Bullrich y Diego Santilli, es decir, Mauricio Macri. 

 

Hoy, como ayer mientras los goles (la fiebre del mundial) copaban las pantallas, se ejecutaban políticas que favorecen al mismo sector de siempre, a los poseedores del gran capital. En este modelo de socialización de las pérdidas y privatización de las ganancias, por ejemplo Capital Humano activó una de las medidas más drásticas del año con la caída de la prórroga automática de 446 convenios colectivos de trabajo, en el mismo momento que dejaba sin percibir el Salario Social y Complementario a mas de 1.000.000 de trabajadores de la Economía Popular.

 

En simultáneo el Ministerio de Defensa selló un negocio con Estados Unidos para el acceso a combustible militar y tecnología digital (drones), profundizando el alineamiento geopolítico de Argentina, pasando por alto la asamblea legislativa, es decir, la democracia. 

Desde que el velo del mundial como cortina tapa el grifo que cerró las transferencias, las licitaciones y auditorias avanzan a paso firme en las oficinas de la Agencia de Transformación de Empresas Públicas, apuntando a tres ejes fundamentales:

●AySA (Agua y Saneamientos Argentinos): el servicio de agua potable y cloacas de Buenos Aires se encuentra en la fase técnica final para su concesión al sector privado. El proceso se maneja con un perfil inusualmente bajo para evitar la resistencia social que históricamente generan las privatizaciones de servicios públicos esenciales.

 

●Intercargo (aerocargo): la empresa estatal que monopoliza el servicio de rampa y logística de cargas aéreas en los aeropuertos del país avanza en su pliego de privatización. El conflicto latente con los gremios aeronáuticos se ha mantenido congelado mediáticamente durante un mes.

 

●Centrales Nucleares: el paquete de medidas más sensible involucra a Nucleoeléctrica Argentina (operadora de Atucha l, Atucha ll y Embalse). Cómo efecto del velo del mundial como distracción se aceleró la privatización parcial y contratos operación internacional. 

 

En lo que respecta al poder legislativo hubo un tratamiento de urgencia para el pago de 104 millones de dólares a los últimos fondos buitres (Bainbridge y Attester Value) que se aprobó a espalda de la ciudadanía.

 

No hay duda que “la libertad avanza» para unos pocos, los mismos de siempre. Es imperante para el Ejecutivo la reforma estructural para materializar su proyecto, mientras las pantallas suben la fiebre mundialista. Cuándo la misma baje será responsabilidad nuestra trabajar sobre este nacionalismo que polulo desde las periferias, que se mezcló entre el fútbol como caballo de Troya. Una latencia que se multiplicó por un instante en alegría, como el recordado 17 de octubre, donde las fuentes se llenaron de cabecitas negras, de obreros. Las hazañas siempre fueron peronistas, como los días más felices también fueron y serán peronistas, porque el peronismo es un movimiento que está constituido por sectores de centro-izquierda, centro y conservadores. Un significante vacío que busca su punto de capitón, su significación (negociación). Solo el que no sea peronista puede creer que el peronismo se está destruyendo. Es todo lo contrario, cuando nos peleamos, nos estamos reproduciendo, es la lucha de clases dentro del movimiento, son las características de la democracia.

En este sentido y como decía Diego: fuy, soy y seré peronista. Porque los días más felices fueron, son y serán en un porvenir peronista. Porque como lo ilustra la imagen, hay una juventud que pulula desde las periferias con una sonrisa, con un brazo, con una mano, que sostiene la bandera, la mano de D10S.

*escritor y activista político.

Seguir leyendo
El Argentino

El Argentino
El Argentino

Las más leídas

Descubre más desde El Argentino Diario

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo