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Análisis

Gustavo Petro y el golpe judicial

El fiscal Barbosa, que emula en Colombia la impronta judicial persecutoria del ex magistrado brasileño Sergio Moro, es señalado por el presidente como su principal opositor.

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El Argentino Diario-Gustavo Petro lawfare.

Por Emiliano Guido

En modo provocativo, el Fiscal General de la Nación de Colombia, Francisco Barbosa, decidió homenajear el fin de su mandato, que culmina este fin de semana, imprimiendo más de 5000 libros reivindicatorios de su gestión –diagramados e impresos con fondos públicos, y redactado por profesionales de la Fiscalía- con un claro fin de promoción política. “Para esa tarea puso al frente a 15 funcionarios públicos, entre comunicadores, fotógrafos y diseñadores”, reveló el diario colombiano El Espectador.

El fervor editorial de Barbosa, que ha comparado en declaraciones públicas al presidente Gustavo Petro, primer mandatario de izquierda de Colombia en más de medio siglo de vida, con el narcotraficante Pablo Escobar, expresa su voluntad política de escalar posiciones públicas en la agenda nacional. Días atrás, el Jefe de Estado denunció la puesta en marcha de un golpe blando luego de que la Fiscalía General decidiera poner en tela de juicio el significativo apoyo financiero realizado por el sindicato nacional de maestros a la última campaña electoral del oficialismo, que al parecer no estuvo declarado en tiempo y forma.

La política colombiana, su pelea de fondo, es un ring de dos contendientes: Petro, un dirigente de agenda refundacional progresista, y el fiscal Barbosa, que al estilo del ex juez brasileño Sergio Moro, tiene de forma recurrente en la mira de sus fallos al presidente de la Nación. Para neutralizar la ofensiva judicial en clave de lawfare, que concitó la solidaridad internacional del Grupo de Puebla con Gustavo Petro y la redacción de un manuscrito público invocando la atención de la CIDH firmado por más de 40 diputados oficialistas, el presidente colombiano se reunió con el titular de la Corte Suprema para buscar una mediación. Al término del encuentro, Petro redobló la apuesta en la red social X: “un gobierno no atacará a la justicia, pero sí a la impunidad”.¿Quién es Francisco Barbosa? María Jimena Duzán, una de las firmas más rutilantes del periodismo progresista colombiana, voz y letra del podcast informativo A Fondo, el más escuchado en su país, compartió datos interesantes de Barbosa en la última emisión de su programa en la plataforma Spotify: “No escatima recursos, ha llegado a transportar a sus mascotas en carros oficiales en un país donde hay líderes sociales que imploran protección al Estado. Utilizó su poder para proteger a su amigo ex presidente Iván Duque, fue su fiscal de bolsillo. Acaba de cerrar la investigación en curso por las implicancias locales del caso Odebrecht. Apenas asumió Petro, se convirtió en un invitado de honor de las más encumbradas fiestas empresariales. Se convenció de que Colombia, con Petro, iba a un régimen fascista, y que sólo él podía frenarlo”.

¿Quién es Francisco Barbosa? María Jimena Duzán, una de las firmas más rutilantes del periodismo progresista colombiana, voz y letra del podcast informativo A Fondo, el más escuchado en su país, compartió datos interesantes de Barbosa en la última emisión de su programa en la plataforma Spotify: “No escatima recursos, ha llegado a transportar a sus mascotas en carros oficiales en un país donde hay líderes sociales que imploran protección al Estado. Utilizó su poder para proteger a su amigo ex presidente Iván Duque, fue su fiscal de bolsillo. Acaba de cerrar la investigación en curso por las implicancias locales del caso Odebrecht. Apenas asumió Petro, se convirtió en un invitado de honor de las más encumbradas fiestas empresariales. Se convenció de que Colombia, con Petro, iba a un régimen fascista, y que sólo él podía frenarlo”.Los principales medios de Colombia y del exterior coinciden en señalar el fuerte enojo político que Petro carga contra el poder judicial. La corresponsal del diario madrileño El País en Bogotá señaló estos días que: “Petro considera que detrás de la decisión de la Procuraduría de suspender tres meses al canciller Álvaro Leyva -por declarar desierta la licitación de pasaportes- y de la Fiscalía de investigar un aporte de 500 millones de pesos del sindicato de los profesores a la campaña del Pacto Histórico en 2022 se esconde la intención de arrebatarle el poder. Un plan orquestado desde la Fiscalía, con el concurso de una Procuraduría encabezada por una exministra de Duque, para borrarlo del mapa”.

Los principales medios de Colombia y del exterior coinciden en señalar el fuerte enojo político que Petro carga contra el poder judicial. La corresponsal del diario madrileño El País en Bogotá señaló estos días que: “Petro considera que detrás de la decisión de la Procuraduría de suspender tres meses al canciller Álvaro Leyva -por declarar desierta la licitación de pasaportes- y de la Fiscalía de investigar un aporte de 500 millones de pesos del sindicato de los profesores a la campaña del Pacto Histórico en 2022 se esconde la intención de arrebatarle el poder. Un plan orquestado desde la Fiscalía, con el concurso de una Procuraduría encabezada por una exministra de Duque, para borrarlo del mapa”.La editorialista Gloria Arias, del matutino El Espectador, en un tono político neutral, aconsejo a Petro lo siguiente el último miércoles: “Presidente, sé que todo ha sido difícil. Usted ha izado con audacia sus banderas contra el cambio climático, el hambre, la pobreza y todas las otras violencias. No se deje acosar por el fantasma de un golpe blando, porque entonces, quienes aplaudirían que eso sucediera, habrían ganado, así usted siga siendo el presidente”.

La editorialista Gloria Arias, del matutino El Espectador, en un tono político neutral, aconsejo a Petro lo siguiente el último miércoles: “Presidente, sé que todo ha sido difícil. Usted ha izado con audacia sus banderas contra el cambio climático, el hambre, la pobreza y todas las otras violencias. No se deje acosar por el fantasma de un golpe blando, porque entonces, quienes aplaudirían que eso sucediera, habrían ganado, así usted siga siendo el presidente”.

Análisis

La culpa es nuestra: cómo la ciencia y los medios siguen apuntando a las madres cuando se habla de autismo

Cómo se envidencia en la nota de análisis de Clarin, rara vez se pregunta «¿qué hizo el padre?».

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Machismo en la ciencia: el cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia

Un estudio publicado en el British Medical Journal sobre exposición laboral tóxica y autismo fue reencuadrado mediáticamente en clave de culpa materna. Una tradición que la ciencia superó, pero el machismo resiste.

Un estudio reciente de investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins y de la Universidad de Harvard, publicado en el British Medical Journal (The BMJ), analizó 1.702 casos de niños diagnosticados con trastorno del espectro autista (TEA) en Dinamarca entre 1973 y 2012.

Sus conclusiones son técnicas, acotadas y explícitas: las madres que trabajan en entornos con exposición frecuente a sustancias tóxicas (plomo, solventes, gases de escape, derivados de combustibles) o con niveles elevados de estrés laboral crónico tienen mayor probabilidad de tener hijos con TEA. Las profesiones identificadas incluyen transporte terrestre, defensa militar y administración pública.

Lo que el estudio dice, con precisión, es que ciertas condiciones laborales tóxicas afectan el neurodesarrollo fetal. Lo que ciertos medios transmitieron, en cambio, fue otra cosa: que el problema son las profesiones de las madres. Que el problema, una vez más, son ellas.

El regreso de la «madre culpable»: una historia que no termina

La narrativa que conecta al autismo con la conducta materna tiene una historia larga y vergonzosa. A mediados del siglo XX, el psiquiatra Bruno Bettelheim popularizó el concepto de la «madre nevera» (refrigerator mother), según el cual la frialdad emocional de las madres era la causa del autismo en sus hijos. La teoría fue desacreditada décadas después por la propia comunidad científica, pero el daño en miles de familias, y especialmente en miles de mujeres que cargaron durante años con una culpa que no les correspondía, fue irreparable.

Hoy, la ciencia acumulada es contundente en la dirección opuesta. Un estudio financiado por el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de los Estados Unidos (NICHD), que involucró a casi 2 millones de participantes, determinó que los factores genéticos hereditarios representan aproximadamente el 80,8% del riesgo de TEA, mientras que los llamados «efectos parentales maternos» representan entre el 0,4% y el 1,6% del riesgo, una cifra considerada estadísticamente insignificante por los propios autores. Ese mismo estudio advirtió, además, que no analizó los factores paternos, como la edad del padre, que la literatura científica también asocia con el riesgo de autismo.

La entidad Autismo España, en su portal institucional, señala que la investigación apunta a una «tasa aproximada de recurrencia del 20% en las familias» con un componente genético complejo y aún no completamente dilucidado. La organización también documenta que en los últimos años creció el diagnóstico de padres y madres después de que sus hijos fueran diagnosticados, lo que refuerza el peso de la herencia biológica compartida.

Lo que el estudio realmente dice (y lo que el titular omitió)

La investigación publicada en The BMJ no estudia si las madres trabajan o no. Estudia la exposición a agentes tóxicos y el estrés como factores de riesgo ambientales en el desarrollo fetal. La diferencia no es semántica: es política.

Afirmar que «las profesiones de las madres» tienen un «patrón común» en casos de autismo, sin contextualizar que lo que se mide es la exposición a plomo, solventes industriales, gases de escape y estrés crónico, es construir un titular que, deliberada o negligentemente, pone el foco en quién trabaja y no en qué condiciones laborales son toleradas por el Estado y los empleadores. Es trasladar la responsabilidad de una falla sistémica (la falta de regulación de ambientes laborales tóxicos) a las mujeres que los habitan.

Los propios investigadores del estudio son explícitos: el hallazgo requiere «investigar más en profundidad sobre las exposiciones laborales» y su relación con el neurodesarrollo, «usando metodologías que aborden estas exposiciones de manera específica y temporal». Es decir, la conclusión científica apunta a la regulación laboral y a la salud ocupacional, no a la maternidad como variable de riesgo en sí misma.

El doble estándar: padres invisibles, madres sospechosas

El sesgo de género en la investigación científica sobre autismo no es nuevo. La pregunta «¿qué hizo la madre?» estructura buena parte del campo desde sus orígenes, mientras que la pregunta «¿qué hizo el padre?» rara vez se formula con igual insistencia.

Sin embargo, la evidencia científica disponible indica que la edad paterna avanzada es también un factor de riesgo documentado para el TEA, asociado a mutaciones de novo en el esperma. Investigaciones publicadas en la revista Science, con datos de 2.600 familias, identificaron variantes genéticas raras heredadas paternamente como factores relevantes en el espectro autista.

El estudio de The BMJ, significativamente, no analizó las ocupaciones paternas. Esta asimetría metodológica no es neutral: refleja un sesgo histórico en la construcción de las preguntas científicas, que tiende a ver al cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia y al cuerpo paterno como un dato secundario.

Discapacidad en la Era Milei: un gobierno que recorta, criminaliza y señala

La circulación de este tipo de narrativas no ocurre en el vacío. En la Argentina de Javier Milei, el Estado retrocedió de manera sistemática sobre las políticas de discapacidad. La Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), creada para centralizar y garantizar derechos, fue disuelta en diciembre de 2025 mediante el Decreto 942/2025 y reconvertida en una Secretaría de menor rango bajo la órbita del Ministerio de Salud, movimiento que más de 400 organizaciones de personas con discapacidad y de derechos humanos calificaron como un «retroceso al modelo médico-rehabilitador» y un abandono del modelo social de la discapacidad.

El ajuste fue contundente: los $30 mil millones de presupuesto que tenía la ANDIS fueron redirigidos al Tesoro al momento de la disolución, según denunció la diputada peronista Roxana Monzón en la Cámara de Diputados de la Nación. La Justicia federal declaró inconstitucional parte de la reestructuración, pero el Gobierno apeló y, a mayo de 2026, solo reglamentó ocho artículos de la ley de emergencia en discapacidad, dejando diecisiete sin aplicar.

En ese marco, el gobierno impulsó además una nueva normativa presentada bajo el título «Contra el Fraude de Pensiones por Invalidez», que restringe los criterios de acceso a las pensiones y habilita suspensiones preventivas ante cualquier inconsistencia detectada.

Organizaciones como la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) documentaron que el relato oficial sobre el crecimiento «injustificado» de las pensiones por discapacidad utilizó datos manipulados para justificar el recorte, según publicó la propia ACIJ en su portal institucional.

Es en este contexto donde adquiere una dimensión adicional la circulación de estudios presentados de forma sesgada: cuando el Estado abandona a las familias que conviven con el autismo y recorta los apoyos que necesitan, resulta funcional instalar la idea de que el problema tiene nombre de mujer y que la solución está en las decisiones individuales de las madres, no en las políticas públicas ausentes.

Machismo de guardapolvo blanco

Culpar a las mujeres que trabajan por la condición neurológica de sus hijos no es ciencia: es ideología con bata blanca. Es el mismo mecanismo que durante décadas señaló a las madres que trabajaban fuera del hogar como responsables de los problemas emocionales de sus hijos, que culpó a las mujeres que no amamantaron, que patologizó a las que estudian, a las que tienen proyectos propios, a las que no se «sacrifican» en silencio.

La ciencia del neurodesarrollo lleva décadas construyendo una imagen cada vez más compleja del autismo: multicausal, con fuerte base genética, mediada por factores ambientales que incluyen desde la edad paterna hasta la exposición a pesticidas, desde infecciones durante el embarazo hasta complicaciones perinatales. En ese cuadro multifactorial, la ocupación laboral de la madre es, según el propio consenso científico, un factor menor y circunscripto a condiciones de exposición tóxica específicas, no al hecho de trabajar.

Presentarlo de otro modo no es divulgación científica. Es misoginia con estadísticas.

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