Análisis
El inconfundible olor a mierda
Por Manu Campi.

Por Manu Campi | @manucampimaier
En tanto se disputan temeridades en las redes sociales, uno puede tolerar, casi, cualquier cosa. La democracia es permisiva. Cada cual es libre de elegir quien lo choree, pero esto es otra cosa.
Para que tengamos opción de discursiva se necesitó coherencia democrática. A treinta mil almas les costó la vida. No hay discusión alguna. Se juega un debate que no tiene precio y, entonces, pareciera que vale cualquier cosa, pero no, no vale.
Un acto que bancó milicos, civiles y clérigos que se organizaron para matar gente, es otra cosa. Tamaña otra cosa. Ridiculizar, minimizar, socavar, menospreciar y esconder la propia identidad nacional para defender a los más de mil doscientos represores condenados en tribunales locales e internacionales y a los que murieron libres (impunidad biológica), representa un atentado no contra la memoria, sino contra el concepto mismo de libertad. No vale, confunde.
Que Victoria Villarruel, asidua visitante, confidente y potencial testigo a favor de Etchecolatz (si este siguiese con vida), hija de Eduardo Marcelo Villaruel, otra joyita represora, haga lo que hizo, a las cinco de la tarde en la legislatura porteña, es otra cosa. Que busque instalar la hiriente teoría de los dos demonios, pretendiendo sostener y justificar el sistemático secuestro, desaparición y muerte a manos del aparato dictatorial, es otra cosa. ¡Vamos!
Que busque en Estela de Carlotto, madre de una hija violada, torturada y asesinada, abuela de un nieto apropiado, negado, hoy recuperado, nominada al premio Nobel de la paz, distinguida por Naciones Unidas y reconocida a través del dolor convertido en lucha, no solo es otra cosa, sino que usted, Victoria, no está a la altura. Usted, que declara abiertamente sobre la memoria de Madres, Abuelas, organismos de Derechos Humanos y la Constitución Nacional, déjeme decirle que tanto el Estado, como nosotros, estaremos siempre en deuda. Es por ellas que la dictadura tiene carácter propio.
Al asesinato en masa algunos lo llaman guerra, dice una canción. Eso representa usted, Victoria. El negacionismo es otra cosa. Pero, lejos de análisis donde no resiste alguno, quizás valga tener en cuenta en qué estamos fallando, que en pleno centro porteño pasan o se pueden hacer estas cosas. ¿Qué hemos hecho para tener esta locura a plena luz del día? ¿Dónde estuvo el Gobierno Nacional el lunes, cuando permitió, por debilidad, omisión o connivencia política, semejante descaro? Mirar para otro lado es saber ser cómplice.
Pero esto es para vos, que quizás amaneciste como un felino ávido de voracidad intelectual, lamento darte la noticia de que así, también se cagan en vos. Un acto de este tipo significa que no importás. Ni vos, ni yo, libertario, peroncho, zurdito, planero, gorila o anarquista. Es una falta de respeto ideológica que la única bandera que tiene es la de la muerte, la de poder matar. No se puede negar, no es que no se debe, no se puede. No se comprende como en este país a cualquier incitación que revindique la dictadura sea pasada por alto. ¿Cómo puede tocarle el culo a la historia de manera semejante? Capaz que mi bronca te llega a vos, que a lo mejor estás arriba del bondi, o en la facu, o en la plaza, o mirando al techo, o laburando y no entendés del todo lo que significa sostener a los que nos hicieron pelota.
A vos, te cuento que para que puedas vivir en paz y juntarte con tus amigos a politizar en las redes sociales, pagaron con la vida, insisto, treinta mil almas que mancharon con sangre la historia reciente de, aunque no te guste, tu país.
Te lo cuento a vos, para que a la democracia te la lleve un pibe pedaleando a la hora de la cena, tuvieron que pasar estas cosas.
Victoria, sin embargo, a usted la entiendo. Escribo sin miedo porque vivo en democracia. Nací en el setenta y siete y nunca tuve el miedo que padecieron mis padres. Me educaron para hacerme la pregunta, buscar respuestas y para no olvidar, de ninguna manera. Sobre usted, Victoria, entiendo que su living comedor distó mucho del mío. Entiendo su obediencia, así como desprecio su notable olor a mierda.
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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