CABA
La cuarentena sigue y Larreta apela a la «responsabilidad social»
Mientras la curva de contagios continua estable en promedios altos, afirmó que cuidarse es decisión de cada uno.
El jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, justificó la extensión de la cuarentena por dos semanas más con las mismas características y repasó los ejes de la etapa del plan de Rodríguez Larreta: “El virus circula en todos los barrios de la ciudad”.
El jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, dijo hoy que la Ciudad de Buenos Aires registra «un nivel alto de cantidad de casos» de coronavirus, lo que justifica la extensión de la cuarentena por dos semanas más con las mismas características, al tiempo que advirtió que para avanzar en la apertura de actividades «la sociedad debe compartir la responsabilidad» para evitar nuevos contagios.
«No hay posibilidad que el control del Estado reemplace la decisión de la responsabilidad individual», aseveró Rodríguez Larreta durante la conferencia de prensa que estuvo encabezada por el presidente Alberto Fernández en la Quinta de Olivos y que compartió con el gobernador bonaerense Axel Kicillof para anunciar la continuidad de la fase 3 del aislamiento obligatorio en el Área Metropolitana, hasta el 16 de agosto.
El jefe de Gobierno porteño repasó los ejes de la etapa del plan de reactivación para la Ciudad, que se puso en marcha hace dos semanas, que incluyó la reapertura de comercios como las peluquerías, la actividad de profesionales y los paseos recreativos de niños y niñas; no obstante dijo «dependerá de la actitud de cada uno de nosotros» que se pueda «consolidar» ese primer paso.
«Todo eso lo vamos a poder mantener si todos nos cuidamos, y para eso se requiere del compromiso de todos, es la única manera de poder sostenerlo y de convivir con el virus», sostuvo el alcalde porteño al postergar por el momento la posibilidad de avanzar en la próxima etapa del esquema que, en un principio, iba a arrancar el martes 4, pero que deberá esperar para implementarse.
Los detalles de la cuarentena en la Ciudad hasta el 16 de agosto serán informados mañana sábado, desde las 11, en una conferencia de prensa que ofrecerá Rodríguez Larreta en la sede del Ejecutivo en el barrio de Parque Patricios.
Sin embargo, se estima se completará la primera fase del cronograma que concluye el lunes 3 con la reapertura de los comercios de cercanía situados en avenidas de alta circulación. Rodríguez Larreta participa en la Residencia de Olivos de los anuncios de la extensión del aislamiento social.
«Venimos haciendo un esfuerzo grande que no podemos tirarlo por la borda. Como sociedad tenemos que compartir la responsabilidad de cuidarnos. La única manera de salir es juntos» reiteró.
«Confío en los porteños, en que nos cuidemos, pero es decisión de cada uno» remarcó.
En ese sentido, reconoció que en la Ciudad de Buenos Aires hay «un nivel alto de cantidad de casos, estabilizados en términos de la dinámica, pero altos en cantidad de casos» y agregó que «el virus circula en todos los barrios de la Ciudad», por lo que consideró que «hay que ser cuidadosos y prudentes».
El Ministerio de Salud porteño informó esta mañana un total de 1.254 nuevos casos de coronavirus y 31 fallecimientos en la Ciudad de Buenos Aires notificados.
Y, de acuerdo a los datos proporcionados en la conferencia de prensa en Olivos, la tasa de contagiosidad de coronavirus está en 1,03 (variable R); la esperanza del jefe de gobierno es en estos próximos quince días lograr que sea inferior a 1. Por otro lado, el nivel de camas de terapia intensiva en hospitales públicos alcanza el 59%.
«Hoy en la Ciudad se pueden ver tres realidades diferentes: la de los barrios vulnerables, donde se puso la presencia del Estado con el plan Detectar y el operativo funcionó. Después, el testeo a aquellos que nos cuidan, como los trabajadores de la salud y de geriátricos y el personal de la fuerza de seguridad. Y, por último el testeo en 29 barrios».
«Desde el lunes, estamos con los nuevos test que surgieron del Conicet, lo que es un orgullo que científicos y científicas argentinas hayan desarrollado esa tecnología de punta», destacó.
CABA
La Policía de Macri reprimió a un pibe de 15 años que volvía del colegio
Fue en Rivadavia y Bustamante, en las inmediaciones de la protesta por la reincorporación de Araceli Pintos, trabajadora del Subte. La Policía convirtió la calle en un lugar de peligro para un menor que solamente quería volver a su casa.
Un chico de 15 años salía de su colegio y volvía a su casa. No estaba armado, no cometía ningún delito: era un estudiante que simplemente quería llegar a su hogar. La Policía de la Ciudad de Buenos Aires, la fuerza de seguridad que conduce el jefe de Gobierno Jorge Macri, lo alcanzó en el marco de la represión a una acción solidaria por la reincorporación de Araceli Pintos. El adolescente terminó necesitando atención médica de urgencia. La escena resume con brutalidad descarnada lo que viene siendo la política de seguridad del gobierno porteño frente a cualquier forma de organización y protesta social.
El contexto: la lucha por Araceli Pintos
El episodio ocurrió en el marco de una acción solidaria por la reincorporación de Araceli Pintos, trabajadora del subte despedida por la concesionaria Emova S.A. después de denunciar el acoso sexual reiterado de un efectivo de la propia Policía de la Ciudad en su lugar de trabajo.
El policía denunciado continúa en funciones sin consecuencias conocidas. Pintos, en cambio, perdió el empleo que había esperado ocho años para obtener. Desde entonces, trabajadores y trabajadoras del subte, organizaciones feministas y sociales vienen sosteniendo una campaña de solidaridad que incluye aperturas de molinetes, comités de apoyo, petitorios y acciones callejeras. La respuesta del Estado no fue garantizar sus derechos, sino enviar uniformados a disolver la protesta.
La represión: un menor como víctima
Según la denuncia pública realizada por el médico generalista del Hospital Argerich, Franco «Paco» Capone, en sus redes sociales y compartida por “La Izquierda Diario”, la Policía de la Ciudad reprimió brutalmente la acción solidaria y ese adolescente de 15 años, que apenas salía de su colegio, terminó necesitando atención médica. La Posta de Salud y Cuidado, junto al Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH), tuvo que asistirlo mientras se esperaba la llegada de una ambulancia.
La pregunta que se impone es elemental: ¿con qué nivel de violencia tiene que actuar una fuerza policial para que un chico de 15 años que sale de la escuela termine necesitando asistencia de emergencia? No se trataba de una persona armada, no se trataba de alguien cometiendo un delito. Era un estudiante. La Policía de la Ciudad convirtió la calle en un lugar de peligro para un menor que solamente quería volver a su casa.
Violencia institucional como política de Estado
No se trata de un hecho aislado. La Policía de la Ciudad ha protagonizado en los últimos años una sucesión de episodios de violencia desproporcionada contra manifestantes, trabajadores y sectores vulnerables. Desde la represión a jubilados que reclamaban frente al Congreso hasta el desalojo violento de vendedores ambulantes en Belgrano, el patrón se repite: una fuerza de seguridad que actúa como instrumento de disciplinamiento social antes que como garante de derechos.
El caso Araceli Pintos condensa además una cadena de impunidad institucional que va más allá de la represión callejera. Un policía acosó a una trabajadora en su lugar de trabajo; la empresa la despidió a ella; el policía siguió en funciones; y cuando sus compañeros y compañeras salieron a reclamar justicia, la misma institución que protegió al agresor original mandó efectivos a golpear a quienes protestaban, hiriendo en el proceso a un adolescente que pasaba por ahí. El círculo de la violencia institucional no podría estar más perfectamente cerrado.
La Posta y el CeProDH: quienes curan lo que el Estado rompe
Que hayan sido la Posta de Salud y Cuidado y el CeProDH quienes contuvieron y asistieron al menor herido no es un detalle menor. Ambas organizaciones llevan años cubriendo el daño que genera el accionar represivo en Buenos Aires, atendiendo a manifestantes, jubilados, trabajadores y vecinos que resultan lastimados por las fuerzas de seguridad. Su presencia sistemática en cada episodio de represión dice algo sobre el Estado: que no protege a quienes agrede, y que la tarea de reparar recae sobre colectivos de salud y derechos humanos que funcionan a pulmón.
Desde la Posta de Salud y Cuidado se repudió la represión y se exigió que se investiguen los hechos. «Ningún pibe tiene que ser víctima de la violencia policial por simplemente salir de la escuela y volver a su casa», plantearon públicamente. La frase no necesita más comentario. La Policía de la Ciudad, responsable de garantizar la seguridad, convirtió una jornada de solidaridad en una zona de peligro para menores de edad.
Lo que está en juego
El derecho a la protesta es un derecho constitucional. El derecho de un menor a circular libremente y en seguridad también lo es. Cuando la Policía de la Ciudad vulnera ambos en el mismo operativo, no está cometiendo un «exceso»: está ejecutando una política. Una política que desde el gobierno de Jorge Macri se aplica con creciente impunidad y con el silencio cómplice de quienes tienen la responsabilidad de controlar a las fuerzas de seguridad. Que el damnificado sea un estudiante de 15 años que volvía a su casa no debería generar indignación solo en las redes sociales: debería generar una investigación penal inmediata y respuestas políticas concretas.
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