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CABA

Subió la desocupación en CABA: 132 mil personas sin trabajo

La tasa aumentó respecto al mismo período del año pasado. Persisten las desigualdades por género, zona y edad. También se profundizó la subocupación.

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La desocupación en la Ciudad de Buenos Aires alcanzó el 7,8% de la población económicamente activa (PEA) durante el primer trimestre de 2025, según informó el Instituto de Estadísticas y Censos porteño (IDECBA). La cifra implicó un aumento frente al 7,5% registrado en el mismo período del año anterior y equivale a 132.000 personas.

Las tasas de actividad y empleo se mantuvieron estables, con leves variaciones:

  • Actividad: subió del 62,2% al 62,5%.
  • Empleo: se sostuvo en el 57,6%.

Persisten las brechas por género y territorio

El informe destacó que continúa la brecha de género en el mercado laboral:

  • Desocupación femenina: 8,6%
  • Desocupación masculina: 7,1%

También se acentúan las desigualdades territoriales:

  • En la Zona Sur, la desocupación trepó al 10,9%.
  • Las zonas Norte y Centro exhibieron mejores tasas de empleo y actividad que el sur de la Ciudad.

Jóvenes y mayores, los más afectados

Las tasas de actividad más bajas se dieron en los extremos etarios:

  • Jóvenes hasta 24 años: 28,8%
  • Mayores de 65 años: 22,7%
  • Población de 25 a 49 años: 90,9%

La tasa de subocupación horaria (trabajo involuntario de menos de 35 horas semanales) llegó al 8,7%, con un alza de 1,2 puntos porcentuales frente al año anterior. A su vez, el 30,9% de quienes buscan otro empleo se encuentran en esta condición.

Servicios lidera el empleo, cae la industria

La distribución por ramas de actividad mostró:

  • Servicios: 74,9% del empleo
  • Comercio: 14,7%
  • Industria y construcción: 9,6% (con caída interanual)

Se destacó que el 11,8% de los ocupados buscó otro empleo en el último mes, y que el 86,3% de la población inactiva no buscó trabajo por razones personales, de salud o de cuidados. Solo el 8,2% indicó como motivo la falta de oportunidades laborales.

Empleo asalariado y precariedad

En cuanto a las condiciones laborales:

  • El 74,5% trabaja como asalariado, igual proporción que en 2024.
  • El 74,6% cuenta con aportes jubilatorios, mientras que el 25,4% restante no recibe descuentos previsionales.
  • El 7,6% de asalariados (excluyendo servicio doméstico) se encuentra en situación de empleo temporal o precario, lo que implica una mejora respecto al 10,3% de 2024.
  • La proporción de cuentapropistas se mantuvo en 20,8%.

CABA

Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo

La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.

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Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares

La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.

En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.

Criminalizar la infancia, una respuesta ligera

Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?

  • Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
  • Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
  • Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.

El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.

El fantasma de las redes y la coartada perfecta

La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.

En la Ciudad, docentes vienen denunciando:

  • Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
  • Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
  • Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.

Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.

Protocolos sin comunidad

El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.

Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.

Lo que no se dice

Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:

  • ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
  • ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
  • ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?

La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.

Entre el control y el abandono

El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.

En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.

La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?

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