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En campaña: Policía de Larreta portará Taser

Las pistolas Taser, que provocan una descarga de 400 volts que inmoviliza cinco segundos a quien recibe el impacto, fueron definidas por el Comité contra la Tortura de la ONU como provocadoras de «un dolor intenso» y constituyen «una forma de tortura y en algunos casos puede causar la muerte».

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El ministro de Justicia y Seguridad porteño, Eugenio Burzaco, anunció este miércoles que 250 efectivos de la Policía de la Ciudad saldrán a la calle con las pistolas eléctricas Taser a partir del 17 de julio, luego de haberse capacitado para su empleo.

«A partir del 17 de julio esta arma va a estar ya en uso en toda la Ciudad de Buenos Aires, especialmente estaciones de subte, terminales de ómnibus, colectivos y trenes», dijo Burzaco en el Instituto Superior de Seguridad Pública (ISSP), durante una jornada de capacitación de los policías que tendrán a su cargo el manejo de estas pistolas de baja letalidad.

Burzaco confirmó que «se va a trabajar en binomios», por lo cual se están «capacitando a 250 policías», ya que, según explicó, «un oficial disparará y el otro oficial tendrá la tarea de reducir al delincuente o a la persona que tuvo el brote psicótico».

«Es la mecánica que se utiliza en todo el mundo y hemos traído acá», comentó el ministro. El ministerio porteño explicó que los llamados «Dispositivos Electrónicos de Inmovilización Momentánea» envían una descarga eléctrica a través de dardos que permiten inmovilizar a personas violentas o en estado de desequilibrio sin causarles daño permanente.

Las armas, además, graban toda la secuencia de uso -en imágenes y en audio-, por lo que pueden verificarse posteriormente las condiciones de tiro, cosa que no ocurre con las armas de fuego reglamentarias.

El proceso de capacitación se llevó a cabo en el Instituto Superior de Seguridad Pública de la Ciudad, donde personal de la firma fabricante de estos dispositivos entrenó a los instructores y luego fueron ellos los que durante tres semanas instruyeron a los 250 policías que saldrán a las calles.

Los oficiales recibieron un curso intensivo sobre el manejo adecuado de las pistolas Taser y la aplicación de protocolos de uso.

En marzo de 2019 el Gobierno porteño comenzó el proceso licitatorio para adquirir 60 pistolas Taser, destinadas a la Policía de la Ciudad pero la Agencia Nacional de Materiales Controlados (Anmac), quien debe autorizar la compra, no aprobó la llegada de esas armas argumentando que su uso ante situaciones que involucran a personas bajo efectos de sustancias o víctimas de padecimientos mentales fue desaconsejado por el propio fabricante.

El 14 de febrero de este año el asesinato de la oficial de la Policía de la Ciudad Maribel Nélida Salazar a manos de un hombre que le quitó su arma reglamentaria y le disparó dos balazos en la estación Retiro de la línea C de Subte reavivó la discusión.

«El enfrentamiento podría haber sido controlado con una pistola Taser. Hace dos años compramos 60 unidades, pero el gobierno kirchnerista las bloqueó», tuiteó el entonces ministro de Seguridad porteño, Marcelo D’Alessandro en cruce con la entonces presidenta del PRO, Patricia Bullrich, quien, chicaneando al jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, sugirió: «En vez de pedir permiso, usalas, punto. No le podés pedir permiso a un Gobierno que te dice que no a propósito».

Las pistolas Taser, que provocan una descarga de 400 volts que inmoviliza cinco segundos a quien recibe el impacto, fueron definidas por el Comité contra la Tortura de la ONU como provocadoras de «un dolor intenso» y constituyen «una forma de tortura y en algunos casos puede causar la muerte».

Finalmente, a fines de febrero de este año el ministro de Seguridad de la Nación, Aníbal Fernández, confirmó la compra de 100 pistolas Taser para que sean utilizadas por «grupos de élite» de las fuerzas de seguridad, previo entrenamiento, y sostuvo que «seguramente» el Gobierno porteño también podrá utilizarlas.

«Esto nos permite que los grupos de élite empiecen a entrenar. Todavía no sabemos cuando; no las tenemos todavía. Hay que terminar el proceso pero no estamos muy lejos», afirmó a la prensa.

A fines de marzo Larreta presentó la incorporación de las 60 pistolas que, luego de esperar varios meses la aprobación para ponerlas en funcionamiento, se lograron incluir al cuerpo de la Policía de la Ciudad y en esa ocasión dijo que «salvan vidas».

En el mismo acto, Larreta sostuvo que, en caso de encabezar un eventual Gobierno nacional, buscará poner esta y otras tecnologías a «disposición de cada provincia».

Luego de aquel anuncio, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y organismos de derechos humanos reiteraron su crítica respecto del uso de «estas pistolas de descarga eléctrica que se promocionan como armas no letales pero en realidad son armas menos letales» y enfatizaron que su «uso desproporcionado» puede «ocasionar la muerte».

Dentro de este debate el jefe de Gabinete porteño, Felipe Miguel, anunció este martes la compra de 30 pistolas Taser para sumar a las 60 con que ya cuenta la Policía de la Ciudad y adelantó que llamarán a licitación para la adquisición de 500 de esas armas para incorporar al equipamiento de la fuerza.

CABA

Con el techo por el piso: en CABA el ingreso laboral promedio apenas supera la línea de pobreza

El ingreso promedio de la ocupación principal en la Ciudad de Buenos Aires fue de $1.665.849 en el segundo trimestre de 2026, apenas $21.450 por debajo de los $1.687.299 que necesita una familia de cuatro integrantes propietaria de su vivienda para no caer en la pobreza. Los trabajadores informales perdieron casi 28 puntos frente a la inflación interanual.

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El Argentino Diario-Billeteras, Consumo, Salario.
El ingreso laboral promedio en CABA casi no alcanza para superar la línea de pobreza.

En la Ciudad de Buenos Aires, trabajar ya no garantiza no ser pobre. El ingreso promedio de la ocupación principal alcanzó los $1.665.849 en el segundo trimestre de 2026, mientras que en septiembre una familia tipo de cuatro integrantes, propietaria de su vivienda, necesitó $1.687.299 mensuales para superar la línea de pobreza. La diferencia entre ambas cifras es de apenas $21.450: una brecha tan angosta que cualquier imprevisto, cualquier suba de tarifas o cualquier mes de bajo rendimiento laboral puede empujar a una familia a la otra orilla.

Los datos fueron publicados este jueves 8 de octubre de 2026 por el Instituto de Estadística y Censos porteño (IDECBA), como parte del informe de inflación y condiciones de vida de septiembre. Un análisis de Romina Piccirillo, candidata a secretaria gremial de la Lista 1 de la CTA Ciudad, advierte que la brutal caída del salario real forma parte de un proceso de vaciamiento del Estado que atraviesa universidades, administración pública, escuelas y empresas estatales.

La trampa de los números: trabajar no alcanza

La línea de indigencia para esa misma familia tipo se ubicó en $925.941 mensuales en septiembre. Es decir, para no caer en la indigencia hace falta ganar más de $925.000, y para no ser pobre, casi $1.690.000. El ingreso promedio laboral se encuentra en el límite exacto entre la subsistencia y la pobreza.

El ingreso total familiar promedio, que incluye todos los ingresos percibidos por los miembros del hogar, fue de $2.574.524. Ese número más abultado no cambia la fotografía de fondo: la mayoría de los trabajadores porteños depende de que múltiples integrantes del hogar aporten ingresos para mantenerse por encima de la línea de pobreza, lo que pone en evidencia que el ingreso individual es estructuralmente insuficiente.

Los formales pierden 9 puntos; los informales, casi 28

El IPCBA registró una variación interanual del 32,9% en septiembre de 2026 respecto del mismo mes del año anterior. Frente a ese nivel de inflación, los ingresos de los trabajadores formales, es decir, quienes tienen descuento jubilatorio, cayeron 9,1 puntos porcentuales en términos reales.

La situación de los trabajadores informales es considerablemente más grave. Entre los asalariados sin descuento jubilatorio, el ingreso promedio quedó casi 27,7 puntos porcentuales por debajo de la inflación interanual. Esa brecha no es solo una diferencia estadística: es la expresión cotidiana de la desprotección de quienes trabajan sin cobertura social, sin aportes y sin ninguna red de contención ante el deterioro del poder de compra.

Empleados y agotados: el mercado laboral porteño en cifras

La tasa de actividad en la Ciudad de Buenos Aires alcanzó el 64,5% y la desocupación se ubicó en el 7,2%. Pero la lectura superficial de esos datos esconde una realidad más compleja: tener empleo no es sinónimo de bienestar. El 26,3% de las personas ocupadas trabaja más de 45 horas semanales, y el 13,3% tiene más de una ocupación. La pluriempleo y la sobreocupación no son señales de dinamismo económico; son el síntoma de una economía que obliga a los trabajadores a multiplicar sus horas para compensar la pérdida de poder adquisitivo.

«La pérdida de ingresos obliga a trabajar cada vez más horas para poder llegar a fin de mes. Por eso, discutir el salario también es discutir nuestro tiempo: cuánto tenemos que trabajar para vivir y cuánto tiempo nos queda para nuestra vida. Defender el salario es defender el derecho a una vida digna», planteó Piccirillo en su análisis.

El vaciamiento como política

Desde la CTA Ciudad, Piccirillo enmarcó el deterioro salarial en un proceso más amplio: «La brutal caída del salario es parte de un proceso de vaciamiento de lo público que atraviesa las universidades, el Estado, la administración pública, las escuelas y las empresas públicas.» La lectura sindical apunta directamente al modelo económico del gobierno de Javier Milei, cuya política de ajuste fiscal recortó en términos reales el gasto primario total un 31%, los programas sociales un 61% y los salarios públicos un 29% desde diciembre de 2023, según datos del Foro Economía y Trabajo publicados en mayo de 2026.

El cuadro que emerge de los datos del IDECBA no es el de una economía en recuperación, sino el de una Ciudad donde el ingreso laboral promedio roza la línea de pobreza, los informales pierden casi tres veces más poder adquisitivo que los formales, y una proporción creciente de trabajadores necesita emplearse en más de un trabajo para llegar a fin de mes.

Lo que tenés que saber:

  • El ingreso promedio de la ocupación principal en CABA fue de $1.665.849 en el 2º trimestre de 2026, apenas por debajo de los $1.687.299 necesarios para superar la línea de pobreza de una familia de cuatro integrantes propietaria de su vivienda.
  • Los trabajadores formales perdieron 9,1 puntos porcentuales de poder adquisitivo frente a la inflación interanual del 32,9%; los informales, casi 27,7 puntos.
  • El 26,3% de los ocupados trabaja más de 45 horas semanales y el 13,3% tiene más de una ocupación.
  • La tasa de actividad en CABA fue del 64,5% y la desocupación del 7,2% en el período analizado.
  • La CTA Ciudad vincula el deterioro salarial con el vaciamiento del Estado impulsado por el gobierno de Milei, que recortó programas sociales un 61% y salarios públicos un 29% en términos reales desde diciembre de 2023.
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