Salud 🩺
Veinte años después: sólo el 30% de las recetas cumple con la Ley de Genéricos
El ex ministro de Salud, e impulsor de la Ley, Ginés González García, aseguró que «no se trata de modificar la ley sino de hacer ajustes para que se cumpla».
Por Natalia Concina
Si bien mejoró el acceso a los medicamentos, después de dos décadas de sancionada la ley de prescripción por genéricos, sólo entre el 30 y 40 por ciento de las recetas tiene el nombre de la droga en lugar de la marca, en tanto que las diferencias de precios entre un laboratorio y otro pueden llegar hasta un 500 por ciento en un producto que tiene la misma calidad, seguridad y eficacia.
Sancionada el 28 de agosto de 2002, la Ley 25.649 llamada de «Promoción de la utilización de medicamentos por su nombre genérico» surgió en un contexto de crisis social y económica en el que había serias dificultades en gran parte de la población para acceder a los remedios.
«En ese momento en las farmacias veíamos que había un 50 por ciento de las recetas que estaban caídas, es decir, que de la mitad de las recetas que se emitían la gente no podía comprar los medicamentos», recordó Rubén Sajem, presidente del Centro de Profesionales Farmacéuticos Argentinos (CeProFAr).
Sajem aseguró que «los medicamentos habían aumentado mucho sin control, la brecha de precios entre una marca y otra era grandísima pero los médicos recetaban exclusivamente por marca, entonces la persona que necesitaba el medicamento no podía elegir».
En ese contexto, el entonces ministro de Salud Ginés González García impulsó una ley que tuviera como objetivo mejorar el acceso y brindar información al paciente.
«El proyecto de Ley se basó en una experiencia que habíamos hecho antes en la provincia de Buenos Aires; esto permitió que cuando pensamos la ley nacional, los medicamentos ya tenían en sus envases el nombre comercial pero también el del genérico y la implementación pudo ser inmediata», señaló González García.
En ese marco, añadió: «La Ley permitió por un lado la transparencia, que se puedan llamar a las cosas por su nombre, y por el otro al usuario poder pelear el precio porque si no tenía que pagar lo que el médico le prescribía».
González García recordó que «fue muy difícil» su sanción pero «ganamos la batalla en la opinión pública porque se logró comprender que era una ley favorable a la gente».
«Al principio hubo una adhesión casi absoluta porque se preveía que podía haber sanciones; además se hizo una amplia difusión de los beneficios de la ley y los pacientes comenzaron a exigir en las farmacias que se les dieran alternativas posibles de marcas de los medicamentos que contuviera el mismo principio activo», señaló Sajem.
La ley, que se encuentra vigente, establece que «toda receta o prescripción médica deberá efectuarse en forma obligatoria expresando el nombre genérico del medicamento o denominación común internacional que se indique, seguida de forma farmacéutica y dosis/ unidad, con detalle del grado de concentración».
Y añade que «la receta podrá indicar además del nombre genérico, el nombre o marca comercial, pero en dicho supuesto el profesional farmacéutico, a pedido del consumidor, tendrá la obligación de sustituir la misma por una especialidad medicinal de menor precio que contenga los mismos principios activos, concentración, forma farmacéutica y similar cantidad de unidades».
«Al principio había sanciones previstas y mecanismos que establecían que las recetas que no se ajustaran a la prescripción por nombre genérico iban a ser declaradas no válidas y anotadas en un libro de registro, esto no se llegó a implementar», detalló Sajem.
Según su perspectiva, una vez que se reglamentó «empezó a haber movimiento y lobby de los laboratorios y se trató de desarticular para que se deje de cumplir».
«Para 2010 ya no tenía la misma adhesión por parte de los médicos, se recetaba por marca, a veces sin incluir el genérico, y las marcas no se justificaban», graficó.
Sajem indicó que «en 2015 se hizo el primer relevamiento cuando estaba como ministro (Daniel) Gollán y se lanzó una campaña de difusión sobre el derecho de los pacientes a recibir la receta con el nombre genérico, y eso dio un nuevo impulso».
Actualmente, se estima que el cumplimiento de la prescripción por genérico ronda entre el 30 y 40 por ciento de las recetas.
«Nunca ha habido ninguna sanción a los médicos u odontólogos que no cumplen con prescribir por nombre genérico, incluso hay profesionales que alguna vez han puesto que no se cambie la marca pero sin justificar el por qué», dijo Sajem.
Este dato cobra relevancia si se tiene en cuenta que la brecha entre las marcas continúa siendo grande.
Según el relevamiento del CeProFAr a junio de 2022, un antiácido como el omeprazol puede tener una diferencia de precios de hasta seis veces de una marca respecto a la otra mientras que en el caso de la atorvastatina, que se usa para el control de colesterol, puede ser hasta cuatro veces más cara.
Un antihipertensivo como el losartán podía encontrarse en el mercado a 982 pesos o a 3.218 pesos (más de tres veces más caro) y el enalapril variaba entre entre 763 y 2.008 pesos según la marca (unas 2,6 veces más).
Un ibuprofeno puede tener un precio dos veces mayor entre una marca y otra y lo mismo sucede con las aspirinas cuyo valor por 50 comprimidos en junio podría oscilar entre 172 pesos y 534 (tres veces más).
«Que la ley permita que aparezca el nombre comercial es un problema porque al leer un nombre se induce a la compra de esa marca y las marcas que se recetan, por lo general, son las más caras porque son las que el médico tiene presentes por propaganda, no porque haya alguna razón científica que lo justifique», indicó Sajem.
Para González García, «no se trata de modificar la ley sino de hacer ajustes para que se cumpla».
«Si las obras sociales (tanto nacionales como provinciales) se ponen firmes en que hay que prescribir como dice la ley o de lo contrario no pagan, las farmacias no van a tomar recetas que estén mal prescriptas y los pacientes le van a reclamar a los profesionales», ejemplificó el exministro.
Y continuó: «No es sólo una cuestión de precios, también es un derecho del paciente saber qué está tomando, por ejemplo si tiene que viajar o si se discontinúa esa marca; es decir, es importante que la persona sepa el nombre de la droga».
Sajem, en cambio, insistió con la necesidad de «no incluir marcas en las recetas y establecer sanciones o advertencias a los médicos u odontólogos que no lo cumplan; y monitorear más de cerca el cumplimiento».
«Además, se necesita el apoyo del Estado en educación sanitaria, difusión de información y publicación de los precios, es muy importante que el médico sepa el precio de lo que está recetando», concluyó.
Inflación
Prepagas por encima de la inflación: Swiss Medical lidera con el mayor aumento
Las empresas de medicina privada ajustarán sus cuotas en septiembre entre 1,9% y 3,11%, superando o igualando la inflación de julio. En lo que va del año acumulan subas de entre 20% y 21%, frente al 19,3% del IPC, y el sector corre con una ventaja de 1,7 puntos porcentuales sobre el costo de vida.
Con el ingreso de septiembre llega un nuevo aumento para los afiliados a las empresas de medicina prepaga. Lejos de ceder, el sector consolida su posición como uno de los pocos rubros que le ganó a la inflación en lo que va de 2026, acumulando subas de entre el 20% y el 21% desde enero, frente al 19,3% que registró el Índice de Precios al Consumidor (IPC) en el mismo período. La ventaja del sector sobre el costo de vida es de 1,7 puntos porcentuales.
Los incrementos para el noveno mes, ya informados a la Superintendencia de Salud, variarán entre el 1,9% y el 3,11% según la compañía, manteniéndose en línea o por encima de la inflación de julio, que fue del 2,1%.
Empresa por empresa: quién sube más
Swiss Medical encabeza la lista con el mayor aumento ya confirmado: 3,11%, el único que supera con claridad el IPC del séptimo mes. Le siguen Omint con el 2,9% y Galeno con subas que irán entre el 2,3% y el 2,8%. El Hospital Alemán ajustará un 2,36% y el Hospital Italiano un 2,1%, en tanto que OSDE registrará las menores variaciones del grupo, con rangos que van del 1,9% al 2,3%.
El esquema reproduce una lógica que se instaló con fuerza desde que el gobierno de Javier Milei desreguló el sector a comienzos de su gestión: las empresas fijan sus propios aumentos mensualmente y los informan a la Superintendencia de Salud sin necesidad de autorización previa. La desregulación, presentada oficialmente como un beneficio para la competencia, derivó en la práctica en incrementos sistemáticos que erosionan el acceso a la salud privada de los sectores medios.
Un año de ajuste sostenido: tres meses por encima de la inflación
El dato anual muestra con mayor claridad el impacto acumulado. Desde enero, solo tres meses registraron aumentos de prepagas por encima de la inflación mensual correspondiente: abril (2,9% frente a 2,6% del IPC), mayo (3,4% frente a 2,1%) y junio (2,6% frente a 1,9%). Septiembre se perfila como el cuarto mes en superar o igualar el costo de vida, dependiendo de la compañía.
El fenómeno se inscribe en un escenario más amplio de presión sobre los ingresos populares. Desde diciembre de 2023, cuando inició la gestión libertaria, el rubro de servicios y transporte público acumuló subas superiores al 525%, según datos del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA (IIEP-UBA). En ese contexto, las prepagas se consolidan como un gasto fijo que consume una porción creciente del salario disponible, en particular para trabajadores en relación de dependencia cuyos empleadores no cubren la totalidad de la cuota o que cuentan con planes individuales sin aporte patronal.
La desregulación como marco: sin techo ni control
Antes de la llegada del gobierno de Milei, los aumentos de prepagas debían ser autorizados por la Superintendencia de Salud. La desregulación eliminó ese requisito y transfirió a las empresas la facultad de fijar libremente sus tarifas, con la obligación de informarlas con un mínimo de antelación. El resultado es un mercado en el que las empresas ajustan todos los meses, sin techo formal y con escasa capacidad de respuesta estatal ante subas que los afiliados consideran abusivas.
La situación genera un dilema concreto para millones de argentinos: sostener la cuota implica resignar otros gastos básicos; abandonar la prepaga implica quedar supeditado a un sistema público de salud que, según denuncian gremios del sector y organizaciones de usuarios, también sufre el recorte presupuestario del ajuste libertario. Las dos alternativas son el resultado de una misma política.
Puntos clave
- Swiss Medical confirmó el mayor aumento de septiembre: 3,11%, informado a la Superintendencia de Salud.
- Las prepagas acumulan entre 20% y 21% de aumento en 2026, frente al 19,3% del IPC.
- El sector le lleva 1,7 puntos porcentuales de ventaja a la inflación acumulada del año.
- La desregulación implementada por el gobierno de Milei eliminó la autorización previa para fijar cuotas.
- Solo tres meses del año los aumentos superaron la inflación mensual correspondiente; septiembre se perfila como el cuarto.
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