Deuda externa
Caputo posterga acuerdo con el FMI y genera más deuda mientras aguarda elecciones en EEUU
Inversionistas estadounidenses expresaron incertidumbre sobre la economía argentina ante un eventual retorno de Trump. Además, esperan una mayor flexibilidad cambiaria y la eliminación del cepo.
En su reciente visita a Washington, el ministro de Economía, Luis Caputo, obtuvo un nuevo crédito de bancos internacionales para afrontar pagos de deuda y decidió postergar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para el próximo año. Esta decisión se produce en un contexto en el cual el gobierno de Javier Milei observa con atención las elecciones presidenciales en Estados Unidos, clave para la futura relación con el FMI y para definir el alineamiento estratégico de Argentina con el bloque occidental.
Un crédito de emergencia y un acuerdo pendiente
Caputo anunció la obtención de un préstamo en formato REPO, con una duración de casi tres años, destinado a cubrir vencimientos de capital que se deben abonar en enero a bonistas internacionales. El préstamo permite a la Argentina cumplir con sus compromisos en el corto plazo, pero no soluciona el problema de fondo: la necesidad de refinanciar otros vencimientos significativos que se aproximan, en particular, los casi u$s 5.000 millones de pagos de capital e intereses previstos para enero y junio de 2025.
El titular de Economía señaló que la decisión de postergar el acuerdo con el FMI responde a una «necesidad hecha virtud» y dejó claro que su intención es esperar a que se defina la próxima administración en Estados Unidos, la cual tendrá un rol determinante en las decisiones del FMI sobre Argentina.
Expectativa en el gobierno de Milei por el resultado electoral en EEUU
Para la administración de Milei, el resultado de las elecciones estadounidenses, que se celebrarán el 5 de noviembre, podría marcar un antes y un después en su relación con el FMI. En Washington, Caputo percibió que los comicios están sumamente reñidos, con Donald Trump y Kamala Harris como candidatos principales. La política económica de Argentina y su capacidad para conseguir apoyo financiero podría verse influenciada por quién ocupe la Casa Blanca, dada la mayor influencia de Estados Unidos en el FMI.
Durante su paso por Washington, Caputo pudo notar que la percepción de los inversionistas sobre Argentina es negativa, ya que el país “está fuera del radar” ante el crecimiento de la inflación y la elevada tasa de interés. Asimismo, en las reuniones que sostuvo con fondos de inversión y empresarios, el ministro identificó que una eventual administración republicana podría concentrarse menos en el costo de vida, lo que se traduce en un panorama incierto para Argentina en caso de que Trump vuelva al poder.
Desafíos para un acuerdo con el FMI
En el entorno financiero de Washington, las conversaciones en torno a la relación de Argentina con el FMI apuntan a una serie de exigencias pendientes, entre ellas, la unificación del tipo de cambio, la eliminación del cepo cambiario y un tipo de cambio más flexible. Si bien Caputo no abordó estos temas públicamente, en el mercado se comenta que el FMI preferiría una política cambiaria más alineada a las propuestas del organismo.
Por ahora, el FMI ha manifestado “sorpresa” por el ajuste fiscal implementado por el gobierno de Milei y por la desaceleración inflacionaria lograda en menos de un año. Kristalina Georgieva, directora del FMI, ha recibido elogios de Caputo, quien la calificó como “la mejor jefa del FMI de la historia”. A pesar de estos intercambios de elogios, ninguna de las partes ha mostrado intenciones de acelerar el acuerdo.
Un futuro incierto para la economía argentina
El equipo económico de Milei anticipa que la economía argentina podría crecer un 5% en 2025, aunque este pronóstico parece optimista si se considera la debilidad estructural que enfrenta el país. Las comparaciones interanuales podrían resultar favorables, especialmente considerando los bajos indicadores de este año, pero el modelo de ajuste de Milei enfrenta múltiples obstáculos.
El gobierno plantea un fuerte recorte del gasto público, incluyendo la replicación de esta política en las provincias. Sin embargo, la capacidad política de Milei para llevar adelante esta visión económica sigue siendo incierta, y los analistas se preguntan si el país puede salir de su condición de “defaulteador serial” y si el mercado coincidirá con la visión optimista del gobierno.
El reciente acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que liberará unos u$s 2.000 millones en los próximos meses, aporta un alivio temporal. Sin embargo, la deuda argentina continúa creciendo y el país sigue dependiendo de créditos y acuerdos a corto plazo para subsistir.
Puntos clave de la gestión de Toto Caputo:
Caputo pospuso el acuerdo con el FMI para el próximo año y obtuvo un crédito en formato REPO con bancos privados.
La administración de Milei sigue con atención las elecciones en EE.UU., clave para el alineamiento económico.
Inversionistas estadounidenses expresaron incertidumbre sobre la economía argentina ante un eventual retorno de Trump.
FMI valora el ajuste fiscal de Milei, pero espera una mayor flexibilidad cambiaria y la eliminación del cepo.
Crecimiento proyectado del 5% en 2025 dependerá de la implementación del modelo de ajuste y del apoyo del FMI.
Deuda externa
Caputo pone AySA a la venta para tapar los agujeros de la deuda que él mismo generó
El Gobierno de Milei planea publicar el llamado a licitación antes de fin de abril para recaudar unos 500 millones de dólares. La Ley Bases habilitó la privatización del 90% de las acciones estatales de la empresa; y el marco regulatorio permite cortar el suministro por mora en el pago.
El agua como moneda de cambio: Milei y Caputo privatizan AySA para pagar la deuda externa
★ El Gobierno libertario acelera la entrega de Agua y Saneamientos Argentinos al sector privado con el objetivo declarado de recaudar hasta 500 millones de dólares, mientras el ministro de Economía, Luis Caputo, teje una red de financiamiento para cubrir vencimientos que este año superan los 9.000 millones de dólares.
La privatización que no arranca
Según fuentes con conocimiento directo del proceso, la Agencia de Transformación de Empresas Públicas trabaja en los últimos detalles del contrato de concesión de AySA para publicarlo antes de fin de mes y llamar a licitación. La operación busca recaudar unos 500 millones de dólares, aunque el proceso lleva meses de demoras: originalmente estaba previsto para antes de fin de 2025, luego se postergó para el primer trimestre de 2026 y ahora se promete para los próximos días.
Una vez publicada la licitación, la adjudicación definitiva no será inmediata. La evaluación de ofertas, el análisis de capacidades técnicas y la solvencia económica de las empresas participantes insumiría al menos tres meses adicionales. Entre los grupos empresariales que el Ejecutivo mencionó como interesados figuran la brasileña Sabesp, la francesa Veolia, el grupo Roggio y un holding con operaciones en Argentina y el exterior.
Una ley para entregar el agua
La privatización de AySA fue habilitada por la Ley Bases, que permite transferir al sector privado el 90% de las acciones que el Estado tiene en la empresa; el 10% restante quedaría en manos de los trabajadores. En una primera etapa se concesionaría el 51% de las acciones estatales; en una segunda, el 39% restante se colocaría en la Bolsa mediante una oferta pública inicial.
La misma ley habilitó la privatización de otras empresas estratégicas: Belgrano Cargas, Corredores Viales, Intercargo, Energía Argentina S.A. (Enarsa), la Sociedad Operadora Ferroviaria S.E. (SOFSE), Nucleoeléctrica Argentina Sociedad Anónima (NASA) y el Complejo Carbonífero, Ferroviario, Portuario y Energético de Yacimientos Carboníferos Río Turbio (YCRT).
El marco regulatorio aprobado por el Gobierno para la prestación del servicio de agua potable y cloacas en el Área Metropolitana de Buenos Aires incluye una cláusula que permite a la empresa privada que se quede las acciones de AySA cortar el suministro en caso de mora en el pago. Una disposición que, en el contexto de la caída del poder adquisitivo de los sectores populares, representa una amenaza directa sobre el acceso al agua de millones de personas.
El agua como variable de ajuste
La decisión de apurar la privatización de AySA no responde a una lógica de mejora del servicio sino a una urgencia financiera concreta. Durante su participación en las reuniones anuales del FMI y el Banco Mundial en Washington, Caputo reconoció que espera recaudar 2.000 millones de dólares a través de privatizaciones, una cifra que contempla el conjunto de las empresas habilitadas por la Ley Bases.
El compromiso más exigente es el de julio próximo, cuando el Gobierno debe pagar 4.200 millones de dólares a los bonistas. En total, hasta fin de 2026, el Tesoro enfrenta vencimientos en moneda extranjera por cerca de 9.000 millones de dólares, según un informe de la consultora GMA Capital.
Para cubrir ese agujero, el equipo económico negoció garantías de 2.000 millones de dólares con el Banco Mundial y 550 millones con el BID, más aportes esperados de la CAF y emisiones de deuda en dólares en el mercado local. El objetivo de Caputo es reunir unos 10.000 millones de dólares por fuera del mercado internacional, al que califica como todavía «oneroso».
La soberanía del agua en juego
Esta entrega avanza en un contexto geopolítico que este medio analizó en profundidad en enero de 2026, cuando investigadores del Conicet publicaron el estudio más completo sobre las reservas de agua subterránea argentina, con acuíferos que almacenan agua de hasta un millón de años de antigüedad, las más antiguas de Latinoamérica. Aquellas aguas no se renovarán jamás a escala humana.
Ahora, mientras los científicos advierten sobre la necesidad de proteger ese patrimonio irreemplazable y proponen un programa nacional de monitoreo, el Gobierno avanza en la dirección opuesta: privatiza la empresa que gestiona el agua y las cloacas del AMBA, desregula la actividad extractiva y recorta el presupuesto de los organismos científicos que estudian y alertan sobre esos recursos estratégicos.
La lógica del ajuste se aplica con coherencia brutal: lo que el Estado construyó durante décadas para garantizar el acceso al agua como derecho, el Gobierno lo ofrece como activo financiero para cubrir las facturas de una deuda que él mismo generó.
Puntos clave
- El Gobierno planea publicar el llamado a licitación de AySA antes de fin de abril de 2026 para recaudar unos 500 millones de dólares.
- El proceso acumula meses de demoras; estaba previsto para antes de fin de 2025 y luego para el primer trimestre de 2026.
- La Ley Bases habilitó la privatización del 90% de las acciones estatales en AySA; el marco regulatorio permite cortar el suministro por mora en el pago.
- Caputo busca reunir 2.000 millones de dólares a través de privatizaciones para afrontar vencimientos de deuda que superan los 9.000 millones hasta fin de 2026.
- El avance sobre AySA contrasta con las advertencias científicas del Conicet sobre la necesidad de proteger las reservas hídricas estratégicas del país.
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