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Falta de equidad en la Corte: en 161 años sólo tres mujeres fueron juezas

“El poder judicial está compuesto por 130.880 personas, de las cuales el 57% son mujeres. Sin embargo, hay 1 mujer cada 2 varones en el nivel máximo de autoridad; y 46% son mujeres en el cargo de magistratura, procurador/a, Fiscal o Defensor/a”, dijeron 

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Entre los 111 juristas que formaron parte de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) en sus 161 años de historia, sólo tres fueron mujeres y las nominaciones que acaba de oficializar el Ejecutivo para cubrir los dos cargos vacantes, apuntan a conservar la uniformidad masculina que caracterizó al máximo tribunal en los últimos tres años. 

De esta forma, la Corte parece alejarse de la conformación que tuvo entre 2004 y 2014, cuando con las presencias de Elena Haigton de Nolasco y Carmen Argibay como Ministras, hubo dos mujeres entre los siete integrantes de la instancia superior del Poder Judicial argentino.    

Esta situación puso en alerta a diferentes organizaciones de mujeres en la Justicia, que expresaron su rechazo, como la Asociación de Mujeres Juezas y el Colectivo de Mujeres del Derecho.,

También sumaron sus voces de reprobación diferentes espacios feministas y de derechos humanos, como Amnistía Internacional, el Cels, ACIJ, ELA, Feim, CEJIL, Mujeres en Igualdad, GQual y Fundación Siglo 21 que sacaron comunicados de repudio.

Estas organizaciones sostienen que la decisión del presidente Javier Milei es contraria a tratados internacionales que tienen jerarquía constitucional en Argentina, como la “Convención contra toda forma de discriminación contra la Mujer”, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el Pacto Internacional de Derechos Económicos Sociales y Culturales, y la Convención Americana de Derechos Humanos.

Además, sostienen que la iniciativa oficial pasa por alto el artículo 37 de la Constitución y el decreto 222/2003 sobre la designación de las y los ministros de la Corte, que en su artículo 3 establece que “al momento de la consideración de cada propuesta, se tenga presente, en la medida de lo posible, la composición general del Máximo Tribunal con el propósito de posibilitar que la inclusión de nuevos miembros permita reflejar las diversidades de género, especialidad y procedencia regional en el marco del ideal de representación de un país federal”.

La doctora en Derecho y docente de la UBA Marisa Herrera aseguró a Somos Télam que el decreto 222 “tuvo una aceptación unánime por parte de la comunidad jurídica” porque “se trataba de receptar reglas claras y a tono con la responsabilidad que implica un cargo como éste, en el marco de un sistema cuasi-vitalicio”. 

Y por eso, “entre los requisitos se encuentra la diversidad de género” en virtud del “pluralismo que debe atravesar a las instituciones en clave democrática, muy especialmente, a la Corte Federal”, remarcó Herrera.

“¿Cómo es posible erradicar la desigualdad de género para poder alcanzar sociedades realmente igualitarias si las máximas instancias de decisión son integradas en su totalidad por varones, es decir, cuando se silencia y ningunea a la mitad de la población que son mujeres? No se trata (en el caso de la Corte Suprema) de una subrepresentación, sino directamente, de su no representación con lo que ello significa en términos de calidad democrática y de beneficio para la sociedad en su conjunto”, observó la jurista.

Y agregó: “Sentencias emblemáticas de la Corte como el resonado caso FAL, Sisnero o decisiones de política judicial como la creación de la Oficina de Violencia de Género y la Oficina de la Mujer -por citar algunas- no son casualidad sino causalidad de un Máximo Tribunal integrado por mujeres, con vivencias personales y profesionales muy diferentes a la de los varones que no solo amplían y enriquecen las funciones de la Corte, sino que también las complejiza e interpela a la vez en clave de igualdad de géneros”.

La historia del máximo Tribunal

La Corte comenzó a funcionar en 1863 y su primera integrante mujer fue Margarita Argúas, una doctora en jurisprudencia y docente que fue designada en 1970 por el presidente de facto Roberto Levingston.

Pero la novedad no duraría mucho tiempo, porque Argúas renunció en 1973 y habría que esperar nada menos que 30 años para que se produjera un nuevo ingreso femenino, que, por decisión del entonces presidente Néstor Kirchner, fue por partida doble. 

Tras el juicio político a dos integrantes de la Corte menemista y la renuncia de otros tres para evitar ese proceso, el santacruceño propuso a Argibay y Highton de Nolasco para ocupar dos de los puestos vacantes.

Esta cuota de equidad que se había asegurado en la Corte durante una década, sufrió un retroceso en 2014 con el fallecimiento de Argibay y siete años después, con la renuncia de Highton. En 2021, el cuarto piso del Palacio de Tribunales volvió a ser un territorio sólo poblado por magistrados hombres.

En diálogo con Somos Télam, la exletrada de Argibay, Flora Acselrad, aseguró que la escasa presencia de mujeres en los 161 años de historia de la Corte “deja en claro que no se trata de una cuestión coyuntural”. 

“No es algo sólo de las preferencias de este nuevo Presidente, sino que se trata de una cuestión más compleja, estructural que requiere una reflexión más profunda. Se trata de la persistencia de los prejuicios y estereotipos en torno a las condiciones para acceder a esa instancia, donde las cualidades en torno a lo culturalmente asignado a lo masculino y su jerarquía, tienen preeminencia a la hora de pensar en la elección del candidato”, subrayó Acselrad.

La exfuncionaria judicial, autora del proyecto que devino en la Ley Micaela, afirmó también que “por eso una Corte sólo de varones, no solo deja afuera la diversidad y la experiencia diferencial que pueden aportar las mujeres, sino que reproduce los estereotipos que nuestro país, está obligado a erradicar”. 

En este contexto, las candidaturas formalizadas por el Ejecutivo “implican un gran retroceso en el cumplimiento de las obligaciones internacionales suscriptas por Argentina”. 

De esta forma, se puede “perder la oportunidad de la diversidad que supone la voz de una mujer en esos lugares”, fundamentó Acselrad, quien recordó “lo que en pocos años logró la gestión en el máximo tribunal la ministra Carmen Argibay”. 

Con una conformación enteramente masculina, “se desaprovecha el florecimiento intelectual de toda una generación de mujeres de nuestro país, que, desde los ámbitos jurídicos, académicos y hasta políticos, vienen preparándose para ocupar los lugares de mayor decisión judicial”.

A la pregunta de si basta con que sean mujeres para dotar de perspectiva de género a ese tribunal, la especialista concedió que “no se trata de una condición hormonal sino de formación lo que nos asegura una mirada comprometida con la desigualdad estructural derivada de la condición de género”. 

“En cuanto a los candidatos, entiendo que más allá de su posición respecto de temas específicos, ambos tienen mucha formación, y por lo tanto comprenden perfectamente y conocen las obligaciones asumidas por nuestro país en materia de igualdad”, apuntó en relación al decreto 222 los tratados suscriptos por Argentina.

En ese sentido, Acselrad puntualizó que “más allá del honor y reconocimiento que puede significar una propuesta para integrar el Máximo Tribunal de justicia del país, ambos pueden tomar sus propias decisiones y son responsables de la aceptación o no de una designación que claramente contraría los mandatos constitucionales”.

“En este punto, solo quiero recordar que, cuando Néstor Kirchner llamó a Carmen María Argibay para ofrecerle el cargo de Ministra, ella le advirtió que no podía hacerlo porque aún no había terminado su función en el Tribunal Internacional para la ExYugoslavia, y no quería hacer quedar mal a nuestro país, dejando el juicio por una ambición personal. Como sabemos, el entonces Presidente le dijo que la esperaría y por eso Highton asumió antes que ella. El ejemplo, creo que es bastante explicativo, de que, para Carmen Argibay, primero estaba su país”, observó.

Por su parte, Herrera destacó además que “el último informe país que emitió en 2016 el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW)” -que es el órgano de expertos independientes que supervisa la aplicación de la Convención del mismo nombre-, “se recomienda al Estado argentino la aprobación de varios proyectos de ley que en ese momento se encontraban a estudio del Congreso de la Nación relacionados con la paridad de género”.

“En particular, que pidió que se aprueben los proyectos de ley que establecen la paridad de género en el poder ejecutivo, en el Tribunal Supremo y en los cargos electivos. Por lo tanto, el CEDAW estaría recomendando a Argentina adoptar la paridad de género en la Corte Federal, postura contraria a la que adopta el gobierno nacional violándose un principio constitucional-convencional clave como lo es el de progresividad y no regresividad de los derechos”, dijo.

En un comunicado emitido el miércoles por la Asociación de Mujeres Jueces de Argentina esta organización instó a “la postulación de una mujer como candidata a suplir la vacancia en el cargo de Juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, como un paso crítico hacia el cumplimiento efectivo de los mandatos de progreso social y equidad de género”.

“A lo largo de su historia, la Corte Suprema de Justicia de la nación ha tenido 108 jueces varones, y solo tres fueron mujeres. Esto representa un desalentador 2,7% de participación femenina en el máximo tribunal de la Nación. Es hora de garantizar una representación equitativa en la más alta instancia de justicia del país. Más mujeres más justicia. Juntas somos más”, dijeron en sus redes sociales al momento de difundir el comunicado.

El Colectivo de Mujeres del Derecho también emitió un comunicado para manifestar “su enérgico rechazo a que las vacantes de la Corte Suprema de Justicia de la Nación sean cubiertas con varones” con los lemas #UnaMujerEnLaCorteSuprema #SinMujeresNoHayJusticia.

“Exigimos que las vacantes en la Corte Suprema de Justicia de la Nación sean cubiertas por mujeres; máxime en un país que cuenta con grandes juezas, académicas y expertas jurídicas. Por lo tanto, el Poder Ejecutivo Nacional debe nominar mujeres para cubrir esos cargos, so pena de incurrir en responsabilidad internacional”, dijeron.

Por su parte, las organizaciones Amnistía, ELA, Feim, Cels, ACIJ, CEJIL, Mujeres en Igualdad, GQual, Fundación Siglo 21 realizaron un pronunciamiento conjunto para reclamar “Queremos juezas con perspectiva de género en la Corte!” porque “el Estado está en deuda con la igualdad de género en la Justicia”.

“El poder judicial está compuesto por 130.880 personas, de las cuales el 57% son mujeres. Sin embargo, hay 1 mujer cada 2 varones en el nivel máximo de autoridad; y 46% son mujeres en el cargo de magistratura, procurador/a, Fiscal o Defensor/a”, dijeron 

“Esto da cuenta de que el “techo de cristal” aparece para las mujeres en el nivel de la Magistratura, y más aún, en el máximo nivel de autoridad”, concluyeron.

Espectáculos 🎭

Femicida en pantalla: la película «Barreda» no escapa del relato del asesino

El 15 de noviembre de 1992, Ricardo Barreda asesinó a su esposa, sus dos hijas y su suegra en La Plata. Tres décadas después, Prime Video estrena una película protagonizada por Luis Machín que reconstruye el caso, el juicio y la figura de las víctimas, aunque no todo lo que muestra tiene respaldo documental.

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La pantalla volvió a poner en el centro de la escena uno de los crímenes más impactantes de la historia argentina. «Barreda», la película de Prime Video dirigida por Daniela Goggi (El Rapto), llegó a la plataforma este viernes y reconstruye el cuádruple femicidio cometido por el odontólogo Ricardo Barreda en su casa de La Plata.

Luis Machín encarna al femicida; Carla Peterson interpreta a su esposa Gladys McDonald; Mercedes Morán da vida a la suegra Elena Arreche; y Maite Lanata y Margarita Páez encarnan a las hijas Cecilia y Adriana. La producción recorre el crimen, el juicio oral de 1995 y algunas dimensiones más íntimas de la vida familiar del femicida, combinando hechos verificados con escenas de elaboración ficcional.

El arma que regaló la suegra: un dato confirmado

Uno de los elementos más fuertes del relato tiene sustento documental. La película muestra que la suegra de Barreda, Elena Arreche, le obsequió la escopeta con la que el odontólogo posteriormente mató a las cuatro mujeres de su familia. Se trata de una Víctor Sarasqueta calibre 16, un arma de origen español que el femicida utilizaba para la caza.

Durante el juicio oral, el propio Barreda declaró que el arma había sido un regalo de su suegra. El dato también aparece registrado en distintas reconstrucciones periodísticas del caso. Según la declaración del acusado, después de los asesinatos se deshizo del arma arrojándola en la zona de Punta Lara, en Ensenada, episodio que la película también recrea.

Pirucha, la vidente: personaje real con un rol todavía discutido

El personaje interpretado por Paola Barrientos es uno de los que más puede generar dudas entre quienes no conocen el caso en detalle, pero tiene existencia real. María de las Mercedes Guastavino, conocida como «Pirucha», fue una vidente que mantuvo un vínculo cercano con Barreda y que declaró en el juicio de 1995.

Según distintas reconstrucciones del caso, la mujer lo habría persuadido de que las mujeres de su familia practicaban magia negra contra él y querían matarlo. La película fiel a ese relato muestra a Pirucha alimentando los miedos del odontólogo. También se retrata que, luego de cometidos los crímenes, Barreda pasó por su casa en busca de ayuda. De acuerdo al relato del psiquiatra forense que lo peritó, Miguel Maldonado, el asesino le dijo al llegar: «Me mandé una macana». La influencia real de Pirucha sobre las decisiones de Barreda fue debatida durante el proceso judicial, sin que se llegara a una conclusión definitiva sobre su responsabilidad.

Las hijas: vidas que la historia oficial silenció

La película reconstruye a Cecilia y Adriana Barreda como dos mujeres jóvenes con proyectos concretos: Cecilia planeaba mudarse con su pareja e instalar un consultorio odontológico en la casa familiar, mientras que Adriana estaba próxima a casarse. En la vida real, la historia de las víctimas quedó durante décadas relegada frente al relato construido alrededor de su asesino. Hay registros que confirman que el novio de Cecilia declaró como testigo en el juicio en contra de Barreda. Amigas de las jóvenes le dijeron al periodista Enrique Russo, en 1992, que evitaban ir a la casa porque Barreda «era mano larga». Las escenas que recrean vínculos y conversaciones cotidianas de las hijas pueden partir de datos fragmentarios, pero en buena medida se completan con elaboración ficcional.

La venta de la casa y el divorcio: sin respaldo documental

Uno de los elementos que la película presenta como detonante de la violencia es la intención de Gladys McDonald y su madre de vender la propiedad, junto con el deseo de Gladys de separarse definitivamente de Barreda. Sin embargo, no hay registros documentales que confirmen que la familia estuviera planeando vender la casa en los términos que plantea el film. Distintas reconstrucciones del caso sí señalan que Barreda y su esposa habían atravesado una separación previa al crimen, aunque continuaban conviviendo bajo el mismo techo. La decisión de incorporar ese elemento como disparador dramático responde a una licencia narrativa de la dirección.

«Conchita»: el apodo que tal vez nunca existió

Durante el juicio, Barreda sostuvo que las mujeres de su familia lo apodaban «Conchita» como forma de humillación y que esa degradación constante había sido el motor de los crímenes. Con el tiempo, ese apodo se convirtió en uno de los elementos más recordados del caso.

La película va un paso más lejos: muestra que el propio Barreda construyó la idea de que lo llamaban así como parte de una estrategia de defensa, algo que no tiene una prueba definitiva. En 2011, el periodista Rodolfo Palacios publicó Conchita, el hombre que no amaba a las mujeres, donde puso en duda la veracidad del apodo y planteó que Barreda pudo haberlo inventado para justificar la masacre familiar y evitar la condena. La película toma esa hipótesis y la presenta como un hecho, cuando en rigor sigue siendo una versión periodística sin confirmación judicial.

Una historia que siempre corrió el riesgo de reproducir el relato del asesino

El caso Barreda fue durante años un ejemplo de cómo el sistema mediático y judicial argentino tendió a construir el relato desde la mirada del perpetrador, relegando a las víctimas a meros datos del expediente. La película de Goggi hace un esfuerzo visible por devolverle humanidad a Gladys, Elena, Cecilia y Adriana, mostrando sus vínculos, sus proyectos y sus voces antes de los disparos.

Ese gesto no es menor en términos simbólicos. Al mismo tiempo, la producción no escapa del todo a la lógica del true crime que fascina con la figura del criminal, algo inherente al género y que el espectador tendrá que procesar con perspectiva crítica. «Barreda» llega a Prime Video en un momento en que el femicidio en Argentina sigue siendo una crisis estructural sin respuesta institucional suficiente, lo que hace que la pregunta sobre qué historia se cuenta y desde qué lugar no sea un detalle menor.

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