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Seguridad social

Detalles del régimen previsional especial a nivel nacional

Durante 2020 los policías y penitenciarios provinciales ganaron un 121% más que los jubilados «comunes», pero los beneficiarios del Servicio Exterior un 1.089% más y los del Poder Judicial un 1.278% más.

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El régimen previsional general en la órbita de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses) coexiste con una cantidad de regímenes de excepción de difícil cuantificación, como resultado de más de un siglo de decisiones que se fueron tomando tanto por leyes como por decretos, resoluciones ministeriales y hasta ordenanzas municipales.

Las recientes declaraciones del presidente Alberto Fernández y el ministro de Economía, Martín Guzmán, en el sentido de avanzar con una revisión de los regímenes jubilatorios de magistrados judiciales y personal del servicio exterior, reactualizaron un debate que lleva décadas y que hasta el momento no sólo no pudo resolverse, sino que, a juzgar por el peso que esos regímenes tienen en el plano fiscal, no hizo más que agravarse con el transcurso de los años.

«En sus orígenes, a principios del siglo pasado, el sistema previsional argentino era el resultado de una acumulación de esquemas autónomos, organizados por rama de actividad u ocupación, con reglas de participación y requisitos para la obtención de beneficios heterogéneos», indicó Rafael Rofman, director de Protección Social del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec).

Para ser más precisos, se puede establecer a 1904 como el inicio de los regímenes de excepción, con la creación de uno destinado a funcionarios públicos nacionales.

De todos modos, «podría decirse que, en la práctica, todo el sistema previsional era un conglomerado de regímenes diferenciales, aun cuando no existía un régimen general del cual diferenciarse», reconoció Rofman en una investigación especial.

Dentro del concepto amplio de «regímenes de excepción», con el que se busca agrupar a todos aquellos que no forman parte de la modalidad general, se reconocen dos vertientes.

Por un lado, los regímenes diferenciales, destinados a proteger a trabajadores que desarrollan actividades arduas o riesgosas que podrían derivar en envejecimiento prematuro.

Un ejemplo difundido en todo el planeta es el de los mineros, aunque también se incluyen al personal dedicado a tareas relacionadas con el manejo de explosivos, residuos peligrosos o con actividades que demanden una ausencia prolongada de sus hogares (alta mar, hidrocarburos, etc).

Por el otro, los especiales, por lo general justificados por cuestiones de mérito (y que incluyen a la mayoría de los programas dirigidos al funcionariado público) y especificidad, como pueden ser, precisamente, el Poder Judicial y la diplomacia.

Rofman analizó la diferencia entre ambos subgrupos: «mientras que los regímenes diferenciales habitualmente se consideran razonables y justificados (más allá de posibles abusos o excesos en su definición), en los regímenes especiales se suele reconocer un origen vinculado al poder de presión sobre el Estado de distintos grupos».

«Es habitual que se refiera a estos últimos como ‘regímenes de privilegio’, con una obvia connotación negativa», añadió.

Entre los diferenciales, Rofman contabilizó hasta 2021 la vigencia de «al menos 38», con tareas tan disímiles como trabajadores de minas subterráneas y bailarines y cantantes líricos del Teatro Colón, pero si se suman los especiales y los provinciales, la cantidad supera los 170.

Los criterios utilizados para cada régimen son heterogéneos, aunque podrían resumirse con tres parámetros comunes: edad mínima de retiro, años de servicios requeridos y tasas adicionales de aportes y/o contribuciones.

En la actualidad hay siete regímenes especiales administrados por la Anses: Docencia no universitaria, Docencia universitaria nacional, Poder Judicial, Servicio Exterior, Trabajadores/as de Luz y Fuerza, Trabajadores/as de Yacimientos Carboníferos Fiscales Río Turbio y Policía y Servicios Penitenciarios de sistemas provinciales transferidos.

Sus niveles salariales son superiores a los del régimen general en proporciones diferentes, aunque tomando los promedios de 2020, Rofman llegó a conclusiones que pueden sorprender a muchos: los policías y penitenciarios provinciales ganaron un 121% más que los jubilados «comunes», pero los beneficiarios del Servicio Exterior un 1.089% más y los del Poder Judicial un 1.278% más.

Economía 💲

“Anticristo, momias y miserables”: el relato de Caputo que no resiste los datos

El ministro de Economía insultó a Kicillof y, por otro lado, a los empresarios que piden devaluar, y les pidió a los jubilados que valoren sus ingresos. La mínima con bono apenas supera los $505.000, el bono lleva 32 meses congelado y las canastas de pobreza suben más rápido que la inflación.

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El Argentino Diario-Toto Caputo-Axel Kicillof.
"Anticristo", "momias" y "miserables": el ministro que pide a los jubilados valorar $505.000.

Con una inflación interanual que todavía orilla el 33,5% y canastas de pobreza que suben más rápido que el índice general, el ministro de Economía eligió defender el plan con un vocabulario más cercano al púlpito que a la economía. «El kirchnerismo es el infierno y Kicillof es el anticristo, así está visto realmente, y yo entiendo que la gente lo ve así, porque efectivamente lo es», disparó. Cuando los números no alcanzan para convencer, el Gobierno recurre al demonio.

El autor de la frase fue Luis Caputo, ministro de Economía de Javier Milei, durante una exposición de casi una hora ante empresarios y financistas en el CFO Summit 2026, organizado por el diario El Cronista. El blanco principal fue el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, pero la lista de destinatarios fue más larga: tildó de «momias» y «miserables» a los empresarios que reclaman una devaluación y les pidió a los jubilados que valoren sus ingresos, que según él subieron un «14%» desde la llegada de Milei a la Casa Rosada.

Una confesión disfrazada de insulto

«Hay sectores que retraen la inversión. (Axel) Kicillof es el anticristo. En ese caso, el escenario es tan malo que tiene impacto», afirmó Caputo. Agregó que el mandatario bonaerense «quiere a la gente pobre» y que «le molesta que la gente viaje al exterior». También sostuvo que «hay que desmitificar el temor político que tienen algunos que hoy está generando en mucha gente, en muchos tomadores de decisión, una especie de retracción a la inversión».

Detrás de la agresión hay una admisión que el ministro prefirió no subrayar. El propio responsable de la economía reconoció que la inversión se frena y le atribuyó la culpa a un gobernador que no maneja ni el Banco Central ni el Palacio de Hacienda. Después de casi tres años de gestión, de un Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) presentado como la llave del crecimiento y de un acuerdo récord con el FMI, la explicación oficial para la cautela empresaria es el miedo a una elección que todavía no ocurrió.

«Momias» y «miserables»: la guerra con la industria

«Los que piden una devaluación son momias o miserables que solo piensan solo en sí mismos y quieren una Argentina pobre donde puedan pagar salarios, pobres con una economía cerrada así la gente les subsidia los precios de venta y juegan a ser megaempresarios», sostuvo el ministro, que además planteó que «la productividad no se genera pagándole sueldos de US$300 a los obreros».

Los calificativos llegaron menos de un mes después del áspero cruce que mantuvo con el sector fabril. En el acto por el Día de la Industria, el vicepresidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Guillermo Moretti, lo cuestionó sin nombrarlo: «Estamos manejados por un endeudador, un trader que no sabe lo que es un torno». En aquella ocasión, Moretti también señaló que las finanzas personales del ministro crecieron un 37% en dólares en un año mientras el país se endeudaba. El presidente de la UIA, Martín Rappallini, se despegó de esos dichos y los calificó como «una posición personal o provincial». Caputo respondió entonces que su tarea era «defender los intereses de 48 millones de argentinos, no de determinados empresarios».

El ministro que habla de salarios de 300 dólares es el mismo que firmó la devaluación de diciembre de 2023, la que pulverizó los ingresos en los primeros meses de esta gestión. Aquel salto cambiario disparó una inflación del 25,5% en diciembre de 2023 y del 20,6% en enero de 2024, según el INDEC.

Jubilados: el 14% que no llega a la mesa

Caputo les pidió a los jubilados que valoren su nivel de ingresos porque, según su cuenta, subió un «14%» desde diciembre de 2023, frente a una caída del 40% durante el gobierno anterior. Los números oficiales de octubre dibujan otra escena. Según la Resolución 284/2026 de ANSES, la jubilación mínima quedó en $435.748,51. El Decreto 1108/2026, publicado en el Boletín Oficial, volvió a fijar el bono extraordinario en $70.000, el mismo monto desde marzo de 2024. El ingreso total de quien cobra la mínima llega así a $505.748,51.

Cuando el refuerzo nació, con el Decreto 177/2024, la jubilación mínima era de $134.445,30 y el bono representaba cerca de la mitad del haber. Hoy equivale a apenas un 16%. Si se hubiera actualizado al mismo ritmo que la mínima, superaría los $226.000. El congelamiento del bono durante 32 meses es un ajuste silencioso que el ministro omitió en su celebración.

La comparación también choca contra la canasta: según el INDEC, en agosto una familia tipo necesitó más de $1.600.000 para no caer en la pobreza. Frente a esa cifra, los $505.748,51 de la mínima con bono ilustran con crudeza qué significa «valorar» los ingresos en la Argentina libertaria.

Una inflación «alta» que el ministro minimiza

El ministro reconoció que la inflación sigue alta «para los índices internacionales», pero pidió paciencia: «En todo proceso de estabilización la convergencia a los niveles internacionales lleva su tiempo». Los datos del INDEC muestran que en agosto el IPC subió 1,7%, acumuló 21,3% en ocho meses y marcó 33,5% interanual.

El detalle más incómodo está en las canastas. La Canasta Básica Alimentaria y la Canasta Básica Total, que definen las líneas de indigencia y pobreza, registraron subas interanuales del 39,6% y del 38,3%, respectivamente. Los bienes que determinan quién es pobre en la Argentina suben más rápido que el índice que el Gobierno exhibe como trofeo.

El blindaje de 2027: swaps, FMI y promesas

Caputo aseguró que no hay motivos para temer problemas con el dólar en el año electoral y enumeró cuatro razones: la base monetaria en mínimos históricos, el estiramiento de los vencimientos de la deuda en pesos, la compra de reservas y el ingreso de divisas por inversiones del RIGI y por la balanza comercial. Estimó que el Banco Central podría comprar hasta US$30.000 millones si se cumplen las proyecciones más optimistas de Economía. «Teníamos una meta implícita de compra de US$10.000 millones con el FMI y a la situación actual vamos a estar cerca de los US$20.000 millones», afirmó.

El cierre del argumento fue revelador: «Además, tenemos el swap con China y Estados Unidos y eso son los US$75.000 millones que dice el presidente». Un programa que presume de solidez necesita anunciar un colchón de 75.000 millones de dólares, en buena parte prestados, para atravesar un año electoral. La meta de reservas pactada con el FMI, citada por el propio ministro, confirma que la política cambiaria sigue atada a los compromisos con el organismo.

Sobre los próximos pasos, Caputo descartó un «plan platita» porque, dijo, está probado que «no funciona», y prometió más de lo mismo: «Nos vamos a concentrar en seguir bajando el costo argentino y lo haremos con las mismas herramientas que lo estamos haciendo».

La «tomada de pelo»

El ministro cerró con un mensaje electoral: «A mí me parece que la mayoría de la gente no va a votar volver al pasado, creer eso es una tomada de pelo, una subestimación muy alta para todos los argentinos. Los argentinos no son tontos». La frase encierra su propia paradoja. Quien afirma que los argentinos no son tontos les pide a los jubilados de la mínima que celebren medio millón de pesos y responde a las críticas con demonios y momias.

Lo que tenés que saber:

  • Luis Caputo calificó a Axel Kicillof como el «anticristo» y al kirchnerismo como «el infierno» durante el CFO Summit 2026.
  • Llamó «momias» y «miserables» a los empresarios que piden una devaluación, menos de un mes después de su cruce con la UIA.
  • Pidió a los jubilados valorar sus ingresos, pero la mínima con bono de octubre es de $505.748,51 y el bono de $70.000 sigue congelado desde marzo de 2024.
  • La inflación de agosto fue de 1,7% mensual y 33,5% interanual; las canastas de indigencia y pobreza subieron 39,6% y 38,3%.
  • Para 2027, el ministro apoyó su blindaje cambiario en compras de reservas, metas del FMI y swaps con China y Estados Unidos.
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