Redes sociales
Multa a Google por $16 millones: salió desnudo en Street View
Un vecino de Bragado fue fotografiado desnudo en su casa por Street View y recibirá una compensación tras años de reclamos judiciales.
Lo que tenés que saber
- Google deberá pagar $16,5 millones a un hombre de Bragado por difundir su imagen desnuda.
- La foto fue capturada por Street View en 2017 y causó burlas en su comunidad.
- El afectado era policía y denunció daños a su honra, reputación e intimidad.
- El juez de primera instancia desestimó el caso, pero fue revertido en Cámara.
- La Justicia ordenó eliminar la imagen bajo pena diaria de $100 mil por incumplimiento.
Google condenado por difundir imagen íntima de un vecino en Bragado
La Sala H de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil falló contra Google Argentina SRL y Google Inc., condenando a ambas entidades a pagar una indemnización de 16,5 millones de pesos. La sentencia responde a una demanda impulsada por un vecino de la localidad bonaerense de Bragado, quien fue fotografiado desnudo, de espaldas, dentro de su domicilio, y cuya imagen fue publicada sin su consentimiento en la plataforma Street View.
La imagen en Street View y el inicio del conflicto
El caso se originó en 2017, cuando el hombre descubrió que su imagen había sido capturada y publicada en Google Maps. Aunque su rostro no era visible, la combinación de la dirección exacta y el tamaño reducido de la localidad —de 44.972 habitantes— permitió que muchos lo identificaran con facilidad.
La difusión de la foto provocó burlas por parte de vecinos y generó un fuerte impacto en su entorno laboral. El afectado se desempeñaba como policía y afirmó que la situación afectó su autoridad y lo llevó a recluirse en su casa.
El rechazo inicial de la demanda y su posterior apelación
En primera instancia, el juez Eduardo Caruso rechazó la demanda y falló a favor de Google. El magistrado argumentó que el hombre tuvo una “conducta inmoral” por estar desnudo en su domicilio y expresó que “las verdaderas víctimas del acto impúdico fueron sus propios vecinos”.
El damnificado apeló el fallo, y la Cámara resolvió revocar la sentencia. Los jueces José Benito Fajre, Liliana Abreut de Begher y Claudio Kiper reconocieron el daño ocasionado, considerando que la publicación vulneró derechos personales. En el fallo afirmaron: «Nadie quiere aparecer a los ojos del universo tal como Dios lo envió al mundo».
Fundamento legal y condena económica
La resolución se basó en el artículo 1757 del Código Civil y Comercial de la Nación, que establece que «toda persona responde por el daño causado por el riesgo o vicio de las cosas, o de las actividades que sean riesgosas o peligrosas por su naturaleza, por los medios empleados o por las circunstancias de su realización».
Además de la indemnización, el tribunal ordenó a Google eliminar la imagen publicada, bajo pena de una multa diaria de 100 mil pesos por cada día de incumplimiento.
Situación de los medios de comunicación
En la causa también fueron involucrados algunos medios que replicaron la imagen en sus publicaciones. Sin embargo, el fallo de Cámara determinó que esos medios no tenían responsabilidad legal directa en la captura ni en la publicación original de la imagen en la plataforma de mapas, por lo que fueron absueltos.
Educación
Deepfakes en las aulas: cuando la IA se convierte en una nueva herramienta de violencia de género
Estudiantes varones de los colegios Nacional Buenos Aires y Carlos Pellegrini circularon y comercializaron imágenes de sus compañeras alteradas con inteligencia artificial para mostrarlas desnudas. La justicia interviene ante un vacío legal mientras las comunidades educativas activan protocolos de género y las voces de quienes vienen advirtiendo sobre la violencia digital cobran nueva urgencia.
Las comunidades educativas de dos de los colegios secundarios más prestigiosos de la Argentina atraviesan una crisis sin precedentes. En el Colegio Nacional de Buenos Aires y en la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini, ambas dependientes de la Universidad de Buenos Aires (UBA), se confirmó que alumnos varones circularon y comercializaron imágenes de sus compañeras intervenidas con inteligencia artificial (IA) para mostrarlas con sus rostros reales y cuerpos desnudados de manera sintética. El escándalo expone, una vez más, la brecha entre el avance tecnológico y la respuesta del sistema legal y educativo frente a nuevas formas de violencia de género.
Cómo comenzó el escándalo
El caso tomó estado público a fines de junio, cuando alumnas de segundo año del Carlos Pellegrini encontraron un archivo compartido en Google Drive que contenía sus nombres, fotos intervenidas y hasta un precio asignado a cada imagen. Las fotos mostraban los rostros reales de las estudiantes sobre cuerpos generados o «desnudados» mediante aplicaciones de IA, muchas de ellas tomadas sin consentimiento de sus redes sociales. Luego se supo que estudiantes del Nacional Buenos Aires también estaban involucrados y que existían indicios de que el fenómeno se extendía a otras instituciones. La mayor parte de los alumnos señalados cursan segundo año y tienen alrededor de 14 años.
La magnitud del hecho quedó subrayada por el cinismo con que fue respondido dentro de las propias aulas: tras el estallido del escándalo, apareció escrito en un pupitre de una de las instituciones la frase «Ustedes nos pueden delatar, pero no vamos a parar de desnudarlas y venderlas». La frase condensa la naturaleza del problema: no se trata de una travesura tecnológica sino de una práctica sistemática de cosificación, violación de la privacidad y comercialización del cuerpo ajeno.
La Justicia frente a un vacío legal
La fiscal Daniela Dupuy, a cargo de la Unidad Fiscal Especializada en Delitos y Contravenciones Informáticas (UFEDyCI), fue contundente al describir la situación: «Nosotros constantemente estamos recibiendo este tipo de denuncias». Al mismo tiempo, advirtió que la investigación enfrenta un obstáculo central: el ordenamiento jurídico argentino no tipifica con precisión estos delitos. «Debemos impulsar a los legisladores a que de una buena vez lo incorporen en sus legislaciones penales», señaló la funcionaria. Para Dupuy, el delito se consuma cuando una imagen real de una persona es llevada al desnudo mediante IA, porque «afecta el bien jurídico protegido, que es la libertad en el desarrollo de la sexualidad».
En ambas instituciones se activaron los protocolos de violencia de género para contener a las víctimas y regular la convivencia, pero las estudiantes afectadas enfrentaron la situación extrema de tener que compartir aulas con quienes las victimizaron. La ausencia de un marco penal claro convierte a la respuesta institucional en el único muro de contención inmediato, y ese muro es notoriamente insuficiente.
La cultura que lo habilita: el análisis de Laura Sánchez
La voz de Laura Sánchez, madre de Ema Bondaruk (la adolescente que se suicidó tras la difusión no consentida de imágenes de su intimidad), adquirió en este contexto una resonancia particular. Sánchez, quien milita desde entonces por la sanción de legislación específica sobre violencia digital, lo dijo sin rodeos: «Es doloroso y pone a la vista que la violencia digital de género dejó de ser una problemática emergente para convertirse en urgente».
Para Sánchez, el caso del Nacional y del Pellegrini no es un hecho aislado protagonizado por adolescentes fuera de control. Es el síntoma de algo más profundo: «El problema no son sólo los chicos que difundieron, es la cultura que lo habilita». Desde la Guía Ema, el documento pedagógico que lleva el nombre de su hija y está diseñado para abordar la violencia digital en el ámbito escolar, Sánchez propone que las instituciones adopten «un convenio de corresponsabilidad digital firmado por estudiantes, institución y familias», con un trabajo que involucre a toda la comunidad educativa.
Un fenómeno que no para de crecer
La alteración de imágenes reales mediante IA para producir contenido de desnudez no consentida es una modalidad de deepfake que se expande a nivel global. En Argentina, el caso del Nacional y el Pellegrini se suma a una serie de denuncias similares que se acumulan en fiscalías, escuelas y organizaciones de acompañamiento a víctimas de violencia digital. La UFEDyCI ya viene procesando este tipo de planteos de manera recurrente, según confirmó la propia fiscal Dupuy.
El marco normativo vigente en Argentina incluye la Ley Olimpia, aprobada en 2023, que reconoció la violencia digital como modalidad específica de violencia de género. Sin embargo, la tipificación de los deepfakes pornográficos como delito autónomo aún espera tratamiento legislativo en el Congreso Nacional, donde iniciativas como la denominada Ley Belén buscan avanzar en esa dirección. La demora tiene un costo concreto y humano: cada día que transcurre sin legislación específica, las víctimas quedan desprotegidas y los responsables se mueven en un limbo jurídico que facilita la impunidad.
Lo que revelan las aulas del Nacional y el Pellegrini
Que esto haya ocurrido en dos de las escuelas con mayor nivel académico del país no es un dato menor. No porque las instituciones sean las responsables directas, sino porque desmiente el argumento de que la violencia digital es un problema vinculado exclusivamente a la marginalidad o a la falta de educación formal. Ocurre en cualquier entorno donde la cultura patriarcal no sea confrontada explícitamente y donde el cuerpo de las mujeres y adolescentes siga siendo tratado como un bien apropiable, transable y punible.
Las organizaciones especializadas en la materia, entre ellas Faro Digital, Ley Olimpia Argentina y Defensoras Digitales, vienen advirtiendo desde hace tiempo que el abordaje de la violencia digital en las escuelas no puede limitarse a reaccionar ante los casos sino que debe integrar la educación digital con perspectiva de género como contenido curricular obligatorio. La urgencia es hoy más evidente que nunca.
Puntos clave
- Alumnos varones del Nacional Buenos Aires y el Carlos Pellegrini circularon y vendieron imágenes de compañeras «desnudadas» con inteligencia artificial.
- La fiscal Daniela Dupuy confirmó que la UFEDyCI recibe este tipo de denuncias de manera constante y alertó sobre el vacío legal existente.
- Los protocolos de violencia de género se activaron en ambas instituciones, pero las estudiantes debieron seguir compartiendo espacios con los denunciados.
- La Ley Olimpia (2023) reconoce la violencia digital como modalidad de género, pero la tipificación de deepfakes pornográficos aún no tiene legislación específica en Argentina.
- Laura Sánchez, madre de Ema Bondaruk, advirtió que «la violencia digital de género dejó de ser una problemática emergente para convertirse en urgente».
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