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Colapso financiero en el campo: Speedagro se suma a Los Grobo y SanCor

La firma santafesina especializada en insumos agrícolas inició el proceso judicial de reestructuración en un contexto crítico del sector rural.

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Lo que tenés que saber

  • Speedagro inició un concurso preventivo para evitar la quiebra
  • La empresa argumenta problemas climáticos y logísticos como causas
  • Opera más de 100.000 hectáreas, 6.000 propias en Santiago del Estero
  • Se suma a Los Grobo, Agrofina, Surcos y SanCor en la crisis del agro
  • La facturación del sector cayó 27,4% en dólares durante 2024

Speedagro enfrenta una crisis financiera y busca evitar la quiebra

La empresa agroindustrial Speedagro, fundada en 2001 en la ciudad de Coronda, provincia de Santa Fe, inició un proceso de concurso preventivo de acreedores ante la imposibilidad de cumplir con sus compromisos financieros. En la presentación judicial, la compañía solicitó un acuerdo con sus acreedores que permita preservar su operatividad.

Desde Speedagro comunicaron que “Speedagro busca reestructurar sus compromisos y mantener la continuidad operativa”, en medio de un panorama económico adverso.

Factores que afectan a la agroindustria

La firma atribuyó su situación a una combinación de variables negativas que impactaron de manera directa en su economía. “Esta combinación impactó en la capacidad de pago de Speedagro, motivando la convocatoria”, detallaron desde la empresa, refiriéndose a condiciones climáticas desfavorables y problemas en la cadena de suministro.

Producción agrícola y estructura de negocio

Speedagro se especializa en la fabricación de coadyuvantes y fitosanitarios, insumos esenciales para la producción agrícola. Desde 2016, la empresa incorporó una unidad dedicada a la producción de commodities como soja, maíz, trigo, girasol y algodón. Actualmente opera cerca de 100.000 hectáreas, de las cuales 6.000 son de propiedad en el norte de Santiago del Estero, y el resto están bajo esquemas de producción asociada con productores de distintas regiones del país, principalmente Quimilí, el sur de Santa Fe y el norte bonaerense.

Concurso preventivo y situación judicial

La convocatoria prevé la formación de una junta de acreedores, instancia clave donde se expondrán y votarán las propuestas de pago. Esta etapa judicial definirá si Speedagro logra reestructurar su deuda o debe avanzar hacia un proceso de liquidación.

“Nosotros nacimos en el año 2001, crisis terminal de Argentina y bueno, en esas crisis son momentos de decisión son épocas de oportunidades”, afirmaba Víctor Escalas, fundador de Speedagro. “No hay épocas difíciles, yo creo que la época difícil es dar el paso hacia adelante”.

Empresas del agro que transitan procesos similares

Speedagro no es la única afectada. Se suma a otras compañías agroindustriales que atravesaron situaciones similares en los últimos meses. Entre ellas se encuentran Los Grobo, Agrofina, Surcos y SanCor.

Los Grobo entró en default en diciembre, inicialmente por una deuda de 100 mil dólares, lo que comprometió a Agrofina, su subsidiaria dedicada a agroquímicos. Posteriormente, en enero, se sumó otro default por 30 millones de dólares. La deuda total del grupo se estima en más de 200 millones de dólares.

Surcos, por su parte, anunció el incumplimiento de pagos por 300 millones de pesos, un monto que, pese a su volumen, representa una cifra menor dentro del contexto económico del sector.

Contexto general del agro argentino

La situación financiera de las empresas agroindustriales ocurre en medio de un contexto marcado por una caída del 30% en la facturación del sector, a pesar de la quita de retenciones implementada por el gobierno.

Un informe del periodista Matías Longoni, publicado en marzo, señaló que las ventas en dólares de insumos químicos para el agro cayeron 27,4% en 2024 respecto al año anterior, pasando de 4.320 millones de dólares en 2023 a 3.143 millones.

Mientras tanto, desde el gobierno nacional se impulsa la liquidación de unos 3 mil millones de dólares por parte del sector rural.

Consumo

Pascuas con sabor a ajuste: el pescado también se vuelve un lujo en Semana Santa

Un relevamiento de precios mostró valores elevados en productos clave. En un contexto de caída del poder adquisitivo, el consumo se adapta entre tradiciones y bolsillos ajustados.

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En la antesala de la Semana Santa, el pescado vuelve a ocupar un lugar central en la mesa de muchas familias argentinas. La tradición religiosa (que evita el consumo de carne roja, especialmente el Viernes Santo) impulsa la demanda, pero también tensiona los precios en un contexto económico adverso.

Un relevamiento de precios actuales mostró los valores actuales, que muestran una brecha importante entre productos básicos y opciones más exclusivas.

La lista de precios, producto por producto

En la pescadería Santa Bárbara, los precios exhibidos son los siguientes:

Filete de merluza: $13.900 el kilo

Filete de lisa: $13.900 el kilo

Pollo de mar: $11.800 el kilo

Pejerrey: $10.900 el kilo

Trucha: $33.900 el kilo Salmón rosado: $39.000 el kilo

Paella de mariscos: $40.000 el kilo

Media docena de empanadas de pescado (congeladas): $12.900

El abanico refleja una fuerte segmentación: mientras algunas opciones buscan sostener cierto acceso, otras quedan directamente fuera del alcance de amplios sectores.

No hay por qué aumentar”: la estrategia del comercio

Diego, dueño del local, aseguró que decidió no remarcar precios pese al pico de demanda. Según explicó, la mercadería llega de forma directa desde Mar del Plata, lo que le permite sostener costos.

“Se está vendiendo bien. Tratamos de tener precios que la gente se pueda pueda pagar. La idea es que los clientes se vayan contentos”, sostuvo.

En la misma línea, planteó una lógica que contrasta con la especulación estacional habitual:

“Hay que cuidar al cliente. Es un momento donde la gente hace lo que puede para llegar a fin de mes”.

Tradición religiosa vs. crisis económica

El consumo de pescado en estas fechas no es solo cultural, sino también litúrgico. Sin embargo, en un escenario de deterioro del ingreso, muchas familias ajustan cantidades, reemplazan especies o directamente resignan la tradición.

Se priorizan cortes más económicos Se reduce el volumen de compra Crecen alternativas como productos congelados

Lo que históricamente fue una práctica extendida hoy aparece condicionado por la capacidad de compra.

Entre la demanda estacional y la pulseada por el consumo

Aunque algunos comercios buscan sostener precios para mantener el flujo de ventas, en el sector reconocen que la Semana Santa sigue siendo un momento donde suele haber remarcaciones. La lógica es simple: mayor demanda, mayor precio.

Sin embargo, el dato que empieza a repetirse es otro: incluso en fechas clave, el consumo ya no responde como antes. La tradición persiste, pero el bolsillo manda.

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