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Pontifex ✝️

María Elena Bergoglio: la última familiar directa del Papa Francisco

Mantenían un vínculo cercano mediante llamadas y cartas.

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La muerte del Papa Francisco conmovió a millones de personas alrededor del mundo. Entre ellas, a su única hermana viva, María Elena Bergoglio, quien a sus 77 años permanece en una residencia religiosa de la provincia de Buenos Aires. Enferma y alejada de los medios, María Elena atraviesa el duelo desde el silencio de la intimidad, sin haber podido volver a ver a su hermano desde que fue elegido Sumo Pontífice en 2013.

Un lazo profundo marcado por la distancia

María Elena fue la menor de los cinco hijos de María Regina Sívori y Mario José Bergoglio. A lo largo de los años, mantuvo un vínculo afectuoso y constante con Jorge Mario Bergoglio, incluso después de su elección como Papa.

“Cuando escuché el Habemus Papam me instalé frente al televisor. Ni se me ocurría que iba a ser mi hermano, él no quería ser Papa”, recordó en una entrevista con La Nación en marzo de 2013. “Me largué a llorar y no paré. La emoción me superó”, añadió.

Pocos días después del anuncio, el nuevo Papa la llamó por teléfono: “Hola, soy Jorge”, le dijo. Aquella comunicación marcó el último contacto directo entre ambos. Según ella misma relató, su hermano le pidió que tranquilizara al resto de la familia, ya que “no podía llamarlos a todos”.

Entre cartas, llamadas y recetas familiares

A pesar de los kilómetros y la investidura papal, Francisco mantuvo el contacto con su hermana a través de cartas y llamadas esporádicas. Compartían recuerdos de infancia, anécdotas familiares y el amor por la cocina heredado de su abuela italiana. “Le encanta hacer sus calamares rellenos o los risottos de hongos, que aprendió de una receta heredada de nuestra abuela italiana”, rememoró María Elena hace más de una década.

Sin embargo, nunca volvieron a encontrarse. Francisco nunca regresó a la Argentina durante sus doce años de pontificado. Bajo los mandatos de Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri, Alberto Fernández y Javier Milei, el Papa evitó viajar a su país natal, y el reencuentro con su hermana quedó trunco para siempre.

La soledad del duelo

Con la confirmación oficial del fallecimiento del Sumo Pontífice a los 88 años en su residencia de Santa Marta, Roma, por parte del camarlengo Kevin Farrell, María Elena quedó como la última testigo directa de la infancia de Jorge Bergoglio. Su figura, ahora silenciosa, guarda un costado humano y fraternal del líder religioso más influyente del siglo XXI.

Mundo 🌐

León XIV pidió perdón por el rol de la Iglesia en legitimar la esclavitud

En su primera encíclica, *Magnifica Humanitas*, el pontífice calificó la conducta histórica del Vaticano como una «herida en la memoria cristiana». Es la primera vez que un papa reconoce públicamente el papel de la Santa Sede en legitimar el sometimiento de pueblos enteros durante la era colonial.

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#El Papa reconoce que la Iglesia legitimó la esclavitud y pide perdón

El Papa León XIV dio un paso sin precedentes en la historia de la Iglesia católica al pedir perdón, en su primera encíclica, por el rol que la institución desempeñó durante siglos en la legitimación de la esclavitud. En el documento, titulado Magnifica Humanitas (Magnífica Humanidad), el pontífice calificó esa conducta como una «herida en la memoria cristiana» y reconoció que la Sede Apostólica intervino en la Edad Moderna para regular y, en algunos casos, legitimar la reducción a la esclavitud de los denominados «infieles».

Una disculpa sin precedentes en la historia pontificia

Se trata de la primera ocasión en que un papa reconoce públicamente y solicita perdón por el rol que jugaron pontífices del pasado al otorgar a soberanos europeos autoridad explícita para someter y esclavizar pueblos enteros. León XIV escribió en la encíclica: «Es inevitable sentir un profundo dolor al considerar el enorme sufrimiento y humillación que la esclavitud ha significado para tantas personas, en contraste con la dignidad sin límites de cada una de ellas, amadas infinitamente por el Señor. Por eso, en nombre de la Iglesia, pido sinceramente perdón.»

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La disculpa responde a décadas de reclamos por parte de católicos afroestadounidenses, activistas y académicos que exigieron que la Santa Sede reconociera su propio papel en el comercio de seres humanos durante la era colonial.

Las bulas del siglo XV y la complicidad institucional

El documento papal reconoce que «ya en la Edad Moderna la Sede Apostólica romana, instada por las peticiones de los soberanos, intervino en varias ocasiones para regular y legitimar las modalidades de sometimiento y, en algunos casos, de reducción a la esclavitud de los ‘infieles'».

León XIV subrayó que no resulta posible juzgar la moralidad de las decisiones del pasado con los estándares éticos del presente, pero añadió que «no podemos negar ni minimizar el retraso con el que la Iglesia y la sociedad condenaron el flagelo de la esclavitud».

El pontífice también recordó que en la antigüedad y la Edad Media incluso instituciones de la propia Iglesia tenían esclavos, y que su homónimo, el papa León XIII, fue el primer pontífice en condenar explícitamente la esclavitud en 1888, mucho después de que numerosos países ya la hubieran abolido. El Vaticano, señaló el Papa, no logró en dieciocho siglos «explicitar de manera oficial la total incompatibilidad de la esclavitud con dicha dignidad».

Inteligencia Artificial y nuevas formas de esclavitud

La encíclica fue publicada en conmemoración del 135° aniversario de la histórica encíclica social Rerum novarum de León XIII (1891) y tiene como eje central la reflexión sobre la Inteligencia Artificial (IA) y los desafíos éticos que plantea para la humanidad. En ese marco, el Papa conectó el pasado esclavista de la Iglesia con las nuevas formas de dominación que, según advirtió, alimenta la revolución digital: el trabajo no regulado para la extracción de minerales raros necesarios para los chips de IA, la automatización militar con armas autónomas, y la vulnerabilidad de los menores en el ecosistema digital.

León XIV fue categórico al afirmar que la Iglesia hoy debe condenar firmemente todas las formas de trata de personas vinculadas a la revolución tecnológica digital, «si no queremos pedir perdón en el futuro por no haber sido fieles al tesoro de la dignidad humana que contiene nuestra fe». La advertencia no es menor: la encíclica advierte contra el riesgo de construir una «Babel tecnológica» donde los algoritmos y las herramientas digitales dejen de estar al servicio de las personas para quedar en manos de unos pocos concentradores de poder.

El texto, que consta de una introducción, cinco capítulos y una conclusión, exige marcos de transparencia y regulación internacional y un diálogo abierto entre la teología, las ciencias humanas y los líderes de la industria tecnológica.

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