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Fosas, ropa y desaparecidos: el horror descubierto en un campo de reclutamiento en Jalisco
Investigadores y colectivos de búsqueda ingresaron al rancho donde operaba un centro de reclutamiento criminal en Jalisco. El hallazgo de prendas y restos humanos conmociona al país.
Lo que tenés que saber
- La Fiscalía General de la República asumió la investigación tras denuncias sobre negligencia estatal.
- Colectivos de búsqueda encontraron ropa, zapatos y restos calcinados en el predio de Teuchitlán.
- En septiembre pasado, la policía estatal intervino el rancho, pero lo dejó sin resguardo adecuado.
- El Gobierno federal anunció medidas para mejorar la coordinación forense y de investigación.
- El lugar fue apodado «el Auschwitz mexicano» por el impacto de las imágenes divulgadas.
Un recorrido por el horror en Teuchitlán
Siete autobuses escoltados por la Guardia Nacional y el Ejército ingresaron al rancho Izaguirre, en Jalisco, donde recientemente se descubrió un presunto campo de reclutamiento del crimen organizado. La comitiva, compuesta por fiscales, periodistas y colectivos de búsqueda, se adentró en el terreno seco y polvoriento, donde las huellas de la violencia quedaron al descubierto.
Un portón negro perforado por disparos marca la entrada al sitio, mientras que el suelo está repleto de excavaciones recientes. Bandas rojas señalan posibles hallazgos forenses. Dentro de las precarias instalaciones, las evidencias sugieren que en el lugar operaba un centro de entrenamiento para jóvenes reclutados a la fuerza. Entre los vestigios, se encontraron pesas rudimentarias hechas con cemento y latas, lo que sugiere que se obligaba a los reclutas a ejercitarse.
Indicios de un campo de reclutamiento narco
El rancho Izaguirre comenzó a generar sospechas tras el ingreso de un grupo de buscadoras el 5 de marzo. En el sitio, descubrieron prendas de vestir, objetos personales y restos óseos calcinados. Sin embargo, fue la imagen de cientos de zapatos sin dueño lo que encendió las alarmas en redes sociales y medios de comunicación. La comparación con un campo de exterminio se viralizó de inmediato.
Los testimonios sugieren que el crimen organizado utilizaba el rancho como un centro de entrenamiento y sometimiento de jóvenes, captados en distintas regiones del país para integrarlos a sus filas. Hasta ahora, no se ha confirmado cuántas víctimas pasaron por este lugar ni el destino de aquellos que fueron llevados allí.
Críticas a las autoridades y omisiones en la investigación
El caso despertó una ola de críticas contra las instituciones encargadas de la seguridad y la justicia. La fiscalía de Jalisco ingresó al rancho en septiembre de 2024, detuvo a diez personas, rescató a dos víctimas y encontró un cadáver. Sin embargo, el sitio no fue resguardado adecuadamente, lo que permitió que cualquiera entrara y saliera sin restricciones.
En aquel momento, la policía local no realizó peritajes exhaustivos ni aseguró pruebas fundamentales. Incluso, vehículos que quedaron bajo custodia en esa intervención fueron posteriormente robados, lo que refuerza la sospecha de negligencia o complicidad dentro de las fuerzas de seguridad.
⭕ El rancho de Teuchitlán abre sus puertas: “Aquí ya no hay nada, ya lo han sacado todo”
— EL PAÍS México (@elpaismexico) March 20, 2025
📌 Cientos de personas se adentran en el terreno donde hubo un campo de reclutamiento del narco, en el que se han encontrado decenas de zapatos, ropas y objetos de muchachos desaparecidos… pic.twitter.com/wlqwifySVH
El Gobierno federal responde al escándalo
La presidenta Claudia Sheinbaum abordó la crisis con un anuncio de medidas para mejorar la coordinación entre fiscalías estatales y la federal. Se comprometió a fortalecer los servicios forenses con nuevas tecnologías y recursos destinados a la identificación de cadáveres.
La cifra oficial de personas desaparecidas en México supera las 124.000, muchas de ellas víctimas de la violencia del crimen organizado. Casos como el de Teuchitlán reafirman la magnitud del problema y exponen las fallas del sistema de justicia en el país.
Mientras la Fiscalía General de la República toma el control de la investigación, la pregunta que persiste es si este caso logrará esclarecerse o si, como tantos otros, quedará envuelto en la impunidad.
Trabajo
Cabot cierra su planta en Campana y deja a 150 familias a la deriva
**El ajuste económico suma otra víctima: la multinacional química anunció el cierre definitivo de su planta bonaerense, donde producía negro de humo para la industria del neumático. Los trabajadores marcharon este lunes para exigir garantías sobre sus indemnizaciones.**
150 trabajadores sin empleo: Cabot cierra y el modelo Milei destruye otro eslabón industrial
La empresa multinacional Cabot Corporation resolvió el cierre definitivo de su planta ubicada en la localidad bonaerense de Campana, dejando sin trabajo a 150 personas entre empleados directos y tercerizados. La firma, especializada en la producción de negro de humo y materiales químicos de alto rendimiento, comunicó la decisión el martes pasado a través de directivos llegados desde Brasil, quienes reunieron al personal en el comedor de la planta para anunciar el cese total de las operaciones en Argentina.
La noticia que nadie esperaba
La modalidad del anuncio encendió las alarmas entre los trabajadores: sin previo aviso colectivo, sin instancias de negociación previas y con la sola mención de que «un estudio jurídico se encargaría del tema». La incertidumbre sobre el cobro de las indemnizaciones se instaló de inmediato. Agustín, operario de la planta y padre de dos hijos, describió la situación con crudeza en declaraciones televisivas : «Vino uno de los gerentes de Brasil, juntó a todos los trabajadores en el comedor y anunció que la firma iba a cerrar su operación en Argentina y que un estudio jurídico se iba a encargar del tema. No sabemos si nos van a pagar o no. Están queriendo meter el preventivo de crisis para pagarnos un 50% menos. A nosotros no nos han pagado, no nos han echado, estamos a la deriva.»
El recurso del preventivo de crisis, un mecanismo legal que habilita a las empresas a reducir las indemnizaciones a la mitad, fue señalado por los propios trabajadores como la estrategia que la compañía planea utilizar para minimizar sus obligaciones laborales. Si se aplica, implicaría una pérdida económica directa y significativa para cada uno de los afectados.
Una lucha con décadas de historia en juego
Este lunes, los trabajadores de Cabot se movilizaron desde la planta hasta la plaza principal de Campana para presentar un petitorio ante el municipio y exigir garantías concretas. La imagen de obreros con años y décadas de trabajo al hombro reclamando en la calle resume, en términos humanos, lo que los índices macroeconómicos no siempre logran mostrar.
Mario Di Paolo, secretario general del Sindicato Único de Trabajadores del Negro de Humo, ratificó los hechos y marcó la dimensión del golpe: «El martes vinieron dos directivos de Brasil, juntaron a toda la gente en el comedor y notificaron el cese total de las tareas y el cierre definitivo de Cabot Argentina. Yo hace 15 años que estoy en Cabot y estamos con la lucha con los compañeros.» Di Paolo advirtió además sobre la situación concreta que enfrentan los operarios en el mercado laboral actual: «Con este modelo económico está muy difícil conseguir trabajo. Los compañeros son todos mayores de 40 años, se les va a complicar mucho empezar a trabajar de vuelta.»
El drama individual de cada trabajador ilumina la magnitud del daño. Gustavo, de 52 años y con 16 años de antigüedad en la planta, expresó: «Es una sorpresa grande para todos. Ya no voy a conseguir laburo en ningún lado. Hay que remarla. Sin trabajo no hay dignidad y no hay nada. Es una vergüenza lo que hicieron.» Agustín, por su parte, señaló el impacto sobre sus compañeros de mayor trayectoria: «Tenemos compañeros con más de 30 años en la fábrica que saben que no consiguen más trabajo, porque uno con esa edad para el sistema ya queda obsoleto.»
Una decisión «netamente comercial» en un contexto de desguace
Uno de los testimonios más contundentes fue el de un trabajador con 26 años de antigüedad en la empresa, quien rechazó los argumentos de la firma: «Siempre pusimos el pecho en todas las crisis, pasamos por muchas, por eso es inentendible la situación que nos plantean hoy. No es un problema de productividad, es una decisión netamente comercial. Es una pena que tomen esta decisión y dejen a 150 familias sin trabajo.»
En el sector señalan que la crisis en la industria del neumático, agravada por las dificultades atravesadas por FATE, uno de los principales clientes históricos de la producción de negro de humo de la planta, contribuyó a deteriorar la ecuación comercial de Cabot en Argentina. Sin embargo, los propios trabajadores insisten en que la decisión responde a una estrategia corporativa global, no a un problema de desempeño local.
El costo humano del modelo
El cierre de Cabot no es un episodio aislado. Se inscribe en un proceso de desindustrialización acelerada que distintos relevamientos privados y sindicales estiman en más de 320.000 puestos de trabajo perdidos y alrededor de 15.000 industrias cerradas en todo el país desde diciembre de 2023. Ese proceso tiene coordenadas precisas: apertura importadora, contracción del mercado interno, retracción del consumo y deterioro sostenido del poder adquisitivo, factores que la gestión de Javier Milei asume como costos necesarios del «saneamiento macroeconómico.»
El propio contexto inflacionario agrava la situación de quienes pierden el empleo. Según datos del INDEC de marzo de 2026, la Canasta Básica Total (CBT) registró una variación interanual del 30,4%, lo que significa que los trabajadores desplazados enfrentan simultáneamente la pérdida de ingresos y un costo de vida que se mantiene en niveles críticos. A eso se suma que el gasto primario del Estado cayó un 5,1% interanual adicional en el primer trimestre de 2026, según datos del Foro Economía y Trabajo, reduciendo aún más la red de contención disponible para quienes quedan fuera del mercado laboral.
En ese marco, la promesa oficial de que el ajuste tiene un horizonte de alivio choca con la realidad cotidiana de trabajadores que, a los 40, 50 o 52 años, saben que el sistema productivo argentino actual no tiene lugar para ellos.
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