Salud 🩺
Tras el anuncio de Larreta, el Cofesa impulsó continuar con el uso del barbijo
También la OPS, la SAP y UNICEF, «han recomendado continuar con el uso obligatorio del barbijo incluyendo los ámbitos escolares dada la época del año y la posible circulación concomitante de distintos virus respiratorios».
Los ministros de Salud de todo el país reforzaron la necesidad de seguir utilizando el barbijo en espacios interiores y mantener los ambientes ventilados, mientras que también acordaron suspender la obligatoriedad del cumplimiento del distanciamiento de dos metros.
El Consejo Federal de Salud (Cofesa) informó después de su reunión de este viernes que tanto el comité de expertos que asesora al ministerio de Salud de la Nación, como la mesa de trabajo Salud Educación, de la que participan la Organización Panamericana de la Salud, la Sociedad Argentina de Pediatría y UNICEF, «han recomendado continuar con el uso obligatorio del barbijo incluyendo los ámbitos escolares dada la época del año y la posible circulación concomitante de distintos virus respiratorios».
La recomendación del Cofesa se conoció este viernes por la noche, luego de que los distritos de Mendoza, Tierra del Fuego y Ciudad de Buenos Aires, decidieran el carácter optativo del barbijo a partir del lunes próximo.
En este contexto, el ministro de Educación, Jaime Perczyk, informó a través la red social Twitter que «desde ahora, cada jurisdicción educativa podrá tomar la decisión de utilizar el barbijo o no, en línea con lo que decidan sus ministerios de salud».
Perczyk realizó esta publicación durante una visita a la provincia de Tierra del Fuego, sobre la que tuiteó que «junto con el gobernador @gustavomelella, la vicegobernadora @monica_urquiza, la ministra de Educación @analiacubino y la ministra de Salud, Judith Di Giglio, acordamos que a partir del lunes el uso del barbijo en el sistema educativo de Tierra del Fuego será optativo».
En tanto, la ministra de Salud, Carla Vizzotti, advirtió hoy que los organismos especializados en infancias «son enfáticos en sostener el uso del barbijo» en las escuelas debido a la circulación del coronavirus y otros virus respiratorios.
«Ayer tuvimos una reunión para revisar recomendaciones para escuelas con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) y fueron muy enfáticos en sostener el uso del barbijo», dijo Vizzotti esta mañana en declaraciones radiales.
Por su parte, el ministro de Salud bonaerense Nicolás Kreplak afirmó esta mañana en declaraciones radiales: «nosotros tenemos definidos la obligatoriedad del barbijo y la ventilación de buena calidad en las aulas. Con eso más la vacunación, estamos bien. Hay que sostener esto, hay que ver cómo responde la pandemia a otras condiciones», indicó y agregó: «Por el momento es obligatorio (el uso de barbijo) para cuidar a los chicos y chicas». Asimismo, señaló que se evaluarán «estas condiciones durante abril para ver qué se hará en mayo» y advirtió que «hay que ser responsable» antes de cualquier modificación.
Esta tarde, el gobierno porteño anunció que los alumnos de todos los niveles de las escuelas de la Ciudad de Buenos Aires quedarán liberados de la obligación del llevar colocado el tapaboca dentro del aula a partir del lunes próximo, desde cuando su utilización será optativa.
El jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, destacó que esta decisión no abarcará al personal docente y aseguró que se busca «mejorar el bienestar socioemocional de los chicos al recuperar las dinámicas en las aulas y los vínculos con sus docentes y sus compañeros»
La medida replica la decisión tomada en la provincia de Mendoza, donde también desde el lunes próximo el uso del tapaboca será optativo en las escuelas.
Esta tarde, el Consejo Federal de Salud consensuó que «ante esta etapa de transición ingresando en época invernal con circulación de otros virus respiratorios e incertidumbre acerca del comportamiento de SARS-CoV-2, se reforzó la necesidad de mantener las medidas de prevención que son transversales para todos los virus respiratorios como la utilización de barbijos en espacios interiores».
Habló además de «asegurar la ventilación adecuada de ambientes, el lavado frecuente de manos, evitar acudir a actividades laborales, educativas o lugares públicos ante la presencia de síntomas y suspender la obligatoriedad del cumplimiento del distanciamiento de 2 metros».
Análisis
La culpa es nuestra: cómo la ciencia y los medios siguen apuntando a las madres cuando se habla de autismo
Cómo se envidencia en la nota de análisis de Clarin, rara vez se pregunta «¿qué hizo el padre?».
Machismo en la ciencia: el cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia
Un estudio publicado en el British Medical Journal sobre exposición laboral tóxica y autismo fue reencuadrado mediáticamente en clave de culpa materna. Una tradición que la ciencia superó, pero el machismo resiste.
Un estudio reciente de investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins y de la Universidad de Harvard, publicado en el British Medical Journal (The BMJ), analizó 1.702 casos de niños diagnosticados con trastorno del espectro autista (TEA) en Dinamarca entre 1973 y 2012.
Sus conclusiones son técnicas, acotadas y explícitas: las madres que trabajan en entornos con exposición frecuente a sustancias tóxicas (plomo, solventes, gases de escape, derivados de combustibles) o con niveles elevados de estrés laboral crónico tienen mayor probabilidad de tener hijos con TEA. Las profesiones identificadas incluyen transporte terrestre, defensa militar y administración pública.
Lo que el estudio dice, con precisión, es que ciertas condiciones laborales tóxicas afectan el neurodesarrollo fetal. Lo que ciertos medios transmitieron, en cambio, fue otra cosa: que el problema son las profesiones de las madres. Que el problema, una vez más, son ellas.
El regreso de la «madre culpable»: una historia que no termina
La narrativa que conecta al autismo con la conducta materna tiene una historia larga y vergonzosa. A mediados del siglo XX, el psiquiatra Bruno Bettelheim popularizó el concepto de la «madre nevera» (refrigerator mother), según el cual la frialdad emocional de las madres era la causa del autismo en sus hijos. La teoría fue desacreditada décadas después por la propia comunidad científica, pero el daño en miles de familias, y especialmente en miles de mujeres que cargaron durante años con una culpa que no les correspondía, fue irreparable.
Hoy, la ciencia acumulada es contundente en la dirección opuesta. Un estudio financiado por el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de los Estados Unidos (NICHD), que involucró a casi 2 millones de participantes, determinó que los factores genéticos hereditarios representan aproximadamente el 80,8% del riesgo de TEA, mientras que los llamados «efectos parentales maternos» representan entre el 0,4% y el 1,6% del riesgo, una cifra considerada estadísticamente insignificante por los propios autores. Ese mismo estudio advirtió, además, que no analizó los factores paternos, como la edad del padre, que la literatura científica también asocia con el riesgo de autismo.
La entidad Autismo España, en su portal institucional, señala que la investigación apunta a una «tasa aproximada de recurrencia del 20% en las familias» con un componente genético complejo y aún no completamente dilucidado. La organización también documenta que en los últimos años creció el diagnóstico de padres y madres después de que sus hijos fueran diagnosticados, lo que refuerza el peso de la herencia biológica compartida.
Lo que el estudio realmente dice (y lo que el titular omitió)
La investigación publicada en The BMJ no estudia si las madres trabajan o no. Estudia la exposición a agentes tóxicos y el estrés como factores de riesgo ambientales en el desarrollo fetal. La diferencia no es semántica: es política.
Afirmar que «las profesiones de las madres» tienen un «patrón común» en casos de autismo, sin contextualizar que lo que se mide es la exposición a plomo, solventes industriales, gases de escape y estrés crónico, es construir un titular que, deliberada o negligentemente, pone el foco en quién trabaja y no en qué condiciones laborales son toleradas por el Estado y los empleadores. Es trasladar la responsabilidad de una falla sistémica (la falta de regulación de ambientes laborales tóxicos) a las mujeres que los habitan.
Los propios investigadores del estudio son explícitos: el hallazgo requiere «investigar más en profundidad sobre las exposiciones laborales» y su relación con el neurodesarrollo, «usando metodologías que aborden estas exposiciones de manera específica y temporal». Es decir, la conclusión científica apunta a la regulación laboral y a la salud ocupacional, no a la maternidad como variable de riesgo en sí misma.
El doble estándar: padres invisibles, madres sospechosas
El sesgo de género en la investigación científica sobre autismo no es nuevo. La pregunta «¿qué hizo la madre?» estructura buena parte del campo desde sus orígenes, mientras que la pregunta «¿qué hizo el padre?» rara vez se formula con igual insistencia.
Sin embargo, la evidencia científica disponible indica que la edad paterna avanzada es también un factor de riesgo documentado para el TEA, asociado a mutaciones de novo en el esperma. Investigaciones publicadas en la revista Science, con datos de 2.600 familias, identificaron variantes genéticas raras heredadas paternamente como factores relevantes en el espectro autista.
El estudio de The BMJ, significativamente, no analizó las ocupaciones paternas. Esta asimetría metodológica no es neutral: refleja un sesgo histórico en la construcción de las preguntas científicas, que tiende a ver al cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia y al cuerpo paterno como un dato secundario.
Discapacidad en la Era Milei: un gobierno que recorta, criminaliza y señala
La circulación de este tipo de narrativas no ocurre en el vacío. En la Argentina de Javier Milei, el Estado retrocedió de manera sistemática sobre las políticas de discapacidad. La Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), creada para centralizar y garantizar derechos, fue disuelta en diciembre de 2025 mediante el Decreto 942/2025 y reconvertida en una Secretaría de menor rango bajo la órbita del Ministerio de Salud, movimiento que más de 400 organizaciones de personas con discapacidad y de derechos humanos calificaron como un «retroceso al modelo médico-rehabilitador» y un abandono del modelo social de la discapacidad.
El ajuste fue contundente: los $30 mil millones de presupuesto que tenía la ANDIS fueron redirigidos al Tesoro al momento de la disolución, según denunció la diputada peronista Roxana Monzón en la Cámara de Diputados de la Nación. La Justicia federal declaró inconstitucional parte de la reestructuración, pero el Gobierno apeló y, a mayo de 2026, solo reglamentó ocho artículos de la ley de emergencia en discapacidad, dejando diecisiete sin aplicar.
En ese marco, el gobierno impulsó además una nueva normativa presentada bajo el título «Contra el Fraude de Pensiones por Invalidez», que restringe los criterios de acceso a las pensiones y habilita suspensiones preventivas ante cualquier inconsistencia detectada.
Organizaciones como la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) documentaron que el relato oficial sobre el crecimiento «injustificado» de las pensiones por discapacidad utilizó datos manipulados para justificar el recorte, según publicó la propia ACIJ en su portal institucional.
Es en este contexto donde adquiere una dimensión adicional la circulación de estudios presentados de forma sesgada: cuando el Estado abandona a las familias que conviven con el autismo y recorta los apoyos que necesitan, resulta funcional instalar la idea de que el problema tiene nombre de mujer y que la solución está en las decisiones individuales de las madres, no en las políticas públicas ausentes.
Machismo de guardapolvo blanco
Culpar a las mujeres que trabajan por la condición neurológica de sus hijos no es ciencia: es ideología con bata blanca. Es el mismo mecanismo que durante décadas señaló a las madres que trabajaban fuera del hogar como responsables de los problemas emocionales de sus hijos, que culpó a las mujeres que no amamantaron, que patologizó a las que estudian, a las que tienen proyectos propios, a las que no se «sacrifican» en silencio.
La ciencia del neurodesarrollo lleva décadas construyendo una imagen cada vez más compleja del autismo: multicausal, con fuerte base genética, mediada por factores ambientales que incluyen desde la edad paterna hasta la exposición a pesticidas, desde infecciones durante el embarazo hasta complicaciones perinatales. En ese cuadro multifactorial, la ocupación laboral de la madre es, según el propio consenso científico, un factor menor y circunscripto a condiciones de exposición tóxica específicas, no al hecho de trabajar.
Presentarlo de otro modo no es divulgación científica. Es misoginia con estadísticas.
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