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La CPM rechaza la represión en Jujuy mientras Morales la quiere llevar a nivel nacional

En medio de los enfrentamientos, el gobernador jujeño defendió la reforma de la Constitución de su provincia, pero la Comisión por la Memoria advirtió que la modificación de la Carta Magna provincial pretende «quitar los instrumentos elementales del pueblo en el ejercicio de su soberanía”.

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La Comisión Provincial por la Memoria (CPM) de la provincia de Buenos Aires rechazó este sábado el intento de restringir la protesta social a través de la reforma de la Constitución de la provincia de Jujuy, aprobada en la madrugada de ayer, y advirtió que se pretende «quitar los instrumentos elementales del pueblo en el ejercicio de su soberanía”.

Por su parte, el gobernador de Jujuy y precandidato presidencial de la UCR, Gerardo Morales, defendió este sábado la aprobación parcial de la reforma de la Constitución de esa provincia y dijo que la prohibición de los cortes de ruta y calles, que está contemplado en el nuevo texto, tiene que ser discutido «a nivel nacional».

Al respecto, desde la CPM aseguraron que “a 40 años del fin de la última dictadura cívico-militar, y en el marco de las reflexiones que como sociedad argentina debemos realizar en torno a este aniversario, queremos señalar nuestra preocupación y rechazo ante diversas iniciativas y decisiones de legislaturas y gobiernos provinciales que son altamente regresivas en materia de derechos humanos”.

“En los primeros años de esta democracia, renacida sobre el horror de la dictadura, el consenso mayoritario de todos los sectores políticos, organizaciones sociales y amplios sectores de la ciudadanía, sostenía que la democracia es el sistema político que permite alcanzar la plena vigencia de los derechos humanos”, indicaron en un comunicado.

Sostuvieron que “lo es, es en la medida que los pueblos tengan garantizado el derecho a tener derechos, es decir, a demandarlos mediante la expresión pública y la protesta, para conquistarlos o para obligar su cumplimiento si ya están en el plexo normativo”.

La CPM resaltó que “la propuesta de reforma de la Constitución de la provincia de Jujuy cercenando el derecho a la protesta es un paso más que pretende modelar la carta magna al servicio de las políticas regresivas en materia de derechos, quitando los instrumentos elementales del pueblo en el ejercicio de su soberanía”.

Se afirmó luego que “la democracia argentina ha registrado muchos avances en materia de derecho, pero, al mismo tiempo, por las políticas implementadas por distintos gobiernos en diversas materias, la vulneración de derechos es una constante”.

“La democracia se asienta sobre una enorme brecha social, que ha ensanchado la desigualdad y condenado a la precariedad a millones de ciudadanos y ciudadanas”, se aseguró.

La Comisión analizó que “la represión, la criminalización de la protesta y su prohibición son el peor camino” e hizo un llamado a los diferentes partidos políticos, gobiernos, funcionarios y legisladores “a cambiar de rumbo y retomar aquel consenso construido al calor de la memoria del horror: la democracia es la plena vigencia de los derechos humanos”.

Morales defendió su reforma y quiere llevar ese modelo a nivel nacional

El gobernador defendió la aprobación parcial de la reforma constitucional de su provincia y dijo que la prohibición de los cortes de ruta y calles tiene que ser discutido «a nivel nacional».

«La Constitución de Jujuy va a ser la primera Constitución que pone en debate un tema que tenemos que discutir a nivel nacional: el corte de ruta y el corte de calle está prohibido. Ya se aprobó la Constitución por unanimidad con esta reforma parcial que venimos anunciando desde septiembre con esos ejes», dijo esta mañana Morales a radio Mitre.

En ese marco, el gobernador jujeño defendió la reforma -aprobada en la madrugada de ayer- que viene generando multitudinarias protestas en la provincia así como repudios por parte de organizaciones sociales y gremiales que denuncian que se busca limitar el derecho a la protesta social, y que derivó esta mañana en una represión policial en localidades como Purmamarca.

«Es una reforma moderna, elimina las reelecciones indefinidas, elimina los fueros de la política, todos los privilegios de la política, prohíbe la Ley de Lemas, prohíbe los indultos para casos de corrupción y femicidio, establece sistemas para el sufragio con medios electrónicos, que vamos a tratar de poner en marcha lo más inmediatamente posible en la provincia», dijo Morales.

El postulante a la presidencia por el radicalismo explicó además que el texto aprobado «establece nuevos derechos, derechos para las comunidades indígenas, como la consulta previa informada, la paridad de género con rango constitucional» y remarcó que es «la primera Constitución que aborda y regula la Inteligencia Artificial, y establece el derecho a la inclusión digital».

«También mantiene el artículo 32 de la Constitución: la manifestación es un derecho por el que no hay que pedir permiso, pero en tanto sea pacífica y sin armas», aclaró.

Y precisó: «Lo que sí hemos agregado es un artículo que regule la manifestación en los términos de los parámetros de Naciones Unidas, que establece que está prohibido estigmatizar y criminalizar, pero prohíbe los cortes de ruta, cortes de calles y las usurpaciones de edificios públicos, porque cortar rutas no es un derecho, es un delito».

«Hay quienes creen que cortar una ruta, una calle son una modalidad de protesta, entonces tiene que haber una ley que establezca y que ordene el ejercicio de ese derecho, ningún derecho, ni los que tiene usted ni los que tengo yo establecidos en la Constitución nacional son absolutos», expresó el mandatario.

Para Morales, hay que «darnos un debate sobre esto a nivel nacional porque jode al que va a trabajar y no puede circular, o al que tiene que llevar a los chicos a la escuela».

«Veamos la normativa que hay en Washington en Ginebra, donde está la sede de Naciones Unidas, y se tiene que avisar 2 días antes si se va a hacer una marcha para que la policía tome precauciones y pueda comunicar a las personas. Esto está regulado y planteado en cualquier lugar del mundo», según indicó.

Morales dijo además que en Jujuy «hubo un embate político muy fuerte, cabalgando sobre un reclamo justo de los docentes a quienes les hicimos una oferta de las 5 mejores del país en cuanto a las remuneraciones, en un marco de una situación de inflación, pero donde el gobierno ha financiado a los gremios, ha venido gente de afuera, han venido de organizaciones motorizadas por el kirchnerismo».

«La propia ministra de Trabajo ha planteado que va a hacer una acción de inconstitucionalidad sobre este artículo que prohíbe los cortes de rutas y calles, que el artículo 194 del Código Penal establece que son un delito», afirmó Morales.

Ayer, se conoció que el Gobierno nacional, a través de la cartera laboral, pedirá que se declare la inconstitucionalidad de los artículos de la Constitución jujeña, según adelantó la ministra Kelly Olmos.

«El Ministerio emitió un documento para que el Gobierno de Jujuy revise la legislación sobre derechos laborales institucionales, que buscan llevar al nivel penal lo que son derechos laborales absolutamente institucionalizados en la Argentina», afirmó Olmos en declaraciones a radio Provincia.

En este sentido, remarcó: «Di la directiva para presentar la inconstitucionalidad de los artículos de esta reforma de la Constitución».

«El derecho a la protesta y de huelga son derechos laborales instituidos por nuestra Constitución y también está la adopción de acuerdos internacionales que tienen jerarquía constitucional, por eso no solo elaboramos el documento estableciendo claramente cuál era la posición de nuestro Gobierno, sino que di la directiva de que se analice qué fue incorporado específicamente en la Constitución y nos vamos a presentar pidiendo la inconstitucionalidad de esos artículos», explicó Olmos.

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A 71 años del bombardeo a Plaza de Mayo: la masacre impune que sigue sin condena

El 16 de junio de 1955, aviones de la Aviación Naval y la Fuerza Aérea lanzaron 14 toneladas de bombas sobre la Plaza de Mayo en un intento de magnicidio contra Juan Domingo Perón. Más de 350 civiles murieron. A 71 años, la masacre permanece impune y el odio político que la impulsó sigue mutando de forma.

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A 71 años: el bombardeo a Plaza de Mayo de 1955 que dejó más de 350 muertos y sigue impune.

El 16 de junio de 1955, aviones de la Aviación Naval y la Fuerza Aérea lanzaron 14 toneladas de bombas sobre la Plaza de Mayo en un intento de magnicidio contra Juan Domingo Perón. Más de 350 civiles murieron y alrededor de 2.000 resultaron heridos. A 71 años, la masacre permanece impune y el odio político que la impulsó sigue mutando de forma: donde antes caían bombas, hoy caen sentencias judiciales fabricadas a medida.

El día que las Fuerzas Armadas atacaron al pueblo

El jueves 16 de junio de 1955 amaneció como un día de confrontación abierta entre el gobierno de Juan Domingo Perón y sectores del establishment eclesiástico, militar y empresarial que buscaban su caída. A media mañana, decenas de aviones de la Aviación Naval y parte de la Fuerza Aérea despegaron con un objetivo preciso: asesinar al presidente constitucional y derrocar el gobierno peronista.

Las bombas cayeron sobre la Plaza de Mayo y las calles aledañas. Las aeronaves, que llevaban inscripta la leyenda «Cristo vence» como símbolo de la alianza entre el catolicismo conservador y los sectores golpistas, atacaron sin distinción a los civiles congregados. Uno de los proyectiles impactó directamente contra un trolebús repleto de pasajeros. El saldo de la masacre fue de más de 350 muertos y cerca de 2.000 heridos, en lo que representó el mayor ataque armado a la población civil en suelo argentino hasta entonces.

Perón se refugió en el Edificio Libertador. Las tropas leales al Gobierno frenaron el alzamiento esa misma tarde. Los golpistas que no lograron escapar fueron sometidos a consejos de guerra, pero los principales responsables se exiliaron en Uruguay, donde el presidente Luis Batlle les otorgó asilo político. Entre los implicados en los hechos de aquella jornada figuraba un joven oficial, Eduardo Emilio Massera, quien años después encabezaría uno de los comandos de la dictadura genocida de 1976.

El contexto político: lo que no podían ganar en las urnas

El ataque del 16 de junio no fue un hecho aislado. Se inscribió en una estrategia política de sectores que comprendían que el peronismo era imbatible en elecciones libres. En 1954, el oficialismo había obtenido el 62,54% de los votos, consolidando una base popular que ninguna fuerza opositora podía erosionar por vías democráticas. A esa fortaleza electoral se sumaba una distribución del ingreso sin precedentes en América Latina: bajo la gestión peronista, los trabajadores alcanzaron una participación de alrededor del 53% en el PBI, un dato que irritaba profundamente a las élites económicas tradicionales.

El conflicto con la Iglesia Católica, desatado tras la sanción de la ley de divorcio y la eliminación de la educación religiosa en las escuelas públicas, les proveyó a los sectores conservadores una coartada moral para acelerar el camino del golpe. La masacre del 16 de junio fue la primera expresión de esa alianza entre el poder económico concentrado, la jerarquía eclesiástica y fracciones de las Fuerzas Armadas.

La impunidad como política de Estado

El bombardeo fracasó como golpe de Estado en junio, pero logró su objetivo tres meses después. El 16 de septiembre de 1955 la autodenominada Revolución Libertadora derrocó a Perón, quien partió al exilio y no regresaría al país hasta 1973, luego de 18 años de proscripción. Los crímenes cometidos el 16 de junio nunca fueron juzgados con la profundidad que merecían. La masacre permaneció impune, borrada del relato hegemónico durante décadas, mientras se amplificaba mediáticamente la reacción espontánea de militantes que indignados incendiaron algunas iglesias aquella misma noche.

La Revolución Libertadora proscribió al peronismo, persiguió a sus militantes y sindicalistas, fusiló opositores en los basurales de José León Suárez y firmó el primer acuerdo con el Fondo Monetario Internacional en la historia argentina. El ciclo de violencia política inaugurado aquel 16 de junio no se cerró en 1955: se prolongó, con diferentes intensidades y métodos, durante décadas.

71 años después: la misma matriz, distintas herramientas

A 71 años del bombardeo, el odio al peronismo sigue vigente aunque ya no cae desde el cielo en forma de bombas. Opera hoy en los tribunales, en los sets de televisión, en los escritorios de jueces funcionales al poder económico. La condena a Cristina Fernández de Kirchner en la causa Vialidad, en diciembre de 2022, debe leerse en esa continuidad histórica: una proscripción no por medios militares, sino judiciales; no con aviones, sino con sentencias diseñadas sin pruebas directas. Tal como señalaron organismos de derechos humanos y juristas de distintas corrientes, la instrucción de esa causa estuvo plagada de arbitrariedades, escuchas ilegales, filtraciones mediáticas y operaciones de prensa.

Esta estrategia de persecución jurídica a líderes populares, conocida como lawfare, combina jueces, grandes medios de comunicación y servicios de inteligencia para desacreditar e inhabilitar políticamente a quienes representan al campo nacional y popular. El mecanismo fue reconocido y analizado por decenas de organizaciones de derechos humanos, académicos y juristas en Argentina y en el mundo. No es una teoría conspirativa; es una metodología documentada.

En 1955, sectores de la Sociedad Rural, la jerarquía eclesiástica y fracciones castrenses empujaron el golpe. Hoy son grupos mediáticos concentrados, grandes poderes económicos y una parte del Poder Judicial quienes reproducen esa misma lógica. El objetivo tampoco cambió: restaurar un orden donde el mercado imponga las reglas y el Estado abandone toda función redistributiva. En 1955 se habló del «tirano prófugo». Hoy se construye la figura de la «jefa de una asociación ilícita». La estigmatización es una constante que atraviesa décadas y adapta su lenguaje a cada época.

La resistencia como hilo histórico

El intento de asesinar a Perón fracasó, pero logró su proscripción por 18 años. La condena judicial a Cristina, en 2022, no pudo borrarla del escenario político. En ambos casos, la resistencia popular fue la respuesta. Los hijos de los fusilados de José León Suárez militaron en unidades básicas. Las Madres de Plaza de Mayo, cuyo origen como movimiento de lucha está indisolublemente ligado a las consecuencias políticas del ciclo abierto en 1955, marcharon durante décadas reclamando Memoria, Verdad y Justicia. Y las nuevas generaciones reconocen en esa historia una continuidad que ninguna sentencia ni ninguna bomba logró interrumpir.

Recordar el bombardeo del 16 de junio de 1955, a 71 años de aquella masacre impune, no es un ejercicio nostálgico. Es comprender que los mismos intereses que ordenaron lanzar bombas sobre trabajadores siguen operando, con otras herramientas y otros actores, contra cualquier proyecto político que coloque al pueblo en el centro de las decisiones.

Puntos clave

  • El 16 de junio de 1955, aviones de la Aviación Naval y la Fuerza Aérea bombardearon la Plaza de Mayo con más de 14 toneladas de explosivos, dejando más de 350 muertos y alrededor de 2.000 heridos.
  • El ataque buscó asesinar al presidente constitucional Juan Domingo Perón, quien había sido reelecto en 1954 con el 62,54% de los votos; fracasó ese día, pero derivó en el golpe de la Revolución Libertadora tres meses después.
  • Los responsables de la masacre nunca enfrentaron una condena proporcional a sus crímenes; el bombardeo permanece impune 71 años después.
  • El odio político al peronismo adopta hoy la forma del lawfare: persecución judicial, mediática y de inteligencia contra líderes populares como Cristina Fernández de Kirchner, con métodos distintos pero idéntica matriz.
  • La resistencia popular frente a cada intento de proscripción es el hilo histórico que conecta las generaciones de 1955 con las actuales.
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